La renuncia progresiva

La renuncia progresiva

Desde hace tiempo me ha rondado en la cabeza el que siempre he comido mucha azúcar. Muchísima. Durante un tiempo lo controlé de una mejor forma porque estaba en el gimnasio y con dieta, lo que me obligaba a cuidarme mejor. Pero cuando lo dejé, de nuevo volví a estos horribles hábitos.

Incluso con pura voluntad he intentado dejar los refrescos, pero poco a poco me cacho volviendo. Igual con los dulces. Ahora no compro paquetes completos de dulces o chocolates, pero cuando separo mi basura, me doy cuenta de todo lo que consumo.
¡Y todo lo que gasto!

Así que me propuse ahora hacer un detox progresivo de azúcar, para luego pasar a la comida chatarra, que es lo que más me cuesta.

Sé que tengo un problema con el consumo de refresco: desde que estaba en la preparatoria, comía dulces, cafés frappés con muchísima crema chantillí y diario una coca cola de medio litro y una de lata. Durante un tiempo consumí más. A veces menos. Ahora de nuevo estoy entre una y dos latas diarias. He pensado hasta en comprar los paquetes de botellas chiquititas y tenerlas en el refri para tomarme una diaria, pero sé que me va a ganar y como caricatura, voy a terminar tomando todas en un sentón y llorando por la ansiedad.

Estuve leyendo algunos artículos (1) y parece ser que la adicción al azúcar es una de las más difíciles por dejar, produce un síndrome de abstinencia muy cabrón (y a penas leyéndolo me di cuenta que lo he pasado dos o tres veces y recaigo peor por un tiempo) y como todos los productos empacados tienen altos niveles de azúcar, pues se pone difícil soltarlo. Además está comprobado que comer azúcar favorece a la depresión y la ansiedad. Y definitivamente estas temporadas horribles, no es algo a lo que quiera regresar: tardé muucho en salir de ella, trabajo cada día como para hacer que lo que como me devuelva a ese sitio (2)

La alimentación siempre ha sido un tema delicado para mi: tengo una relación amor-odio con la comida. No entiendo ni conozco bien los extremos, o como mucho o como muy poco. Como un tiempo demasiadas grasas y en otra época, solo verduras, en otra solo azúcar, en otras solo cosas hervidas…

Mi primer intento será:

1: Menos refresco y más agua y té
Descubrí que tener cerca vasos con popote me ayuda a tomar más agua. ¿Por qué? No sé, aún no lo descubro, pero me tomo dos litros más rápido en vasos bonitos que en vasos normales. ¿Una estupidez? Probablemente. Pero estoy tan apenada y nerviosa conmigo, que si es una forma, la tomaré. Así que sigo usando mi vaso con brillitos y popote. Lo llevo a todos lados y pienso ¿Puedo servirme agua de la llave en lugar de refresco? Bueno, intentemos. ¿Se me antoja algo con sabor? Hagamos un té helado o agua de frutas.
Leí también a penas que hay mamás que pintan el agua de colores a sus hijos y así, aunque no sepan a nada, se las toman. No lo haré porque no tengo colorantes y es más trabajo, pero en algún tiempo lo pensé.
Ahora, sé que no voy a dejar de tomar refresco así, nomás. Mi objetivo es tomarlo a veces y enfocarme en reducirlo progresivamente, no comprar por adelantado nada, y ahora en lugar de elegir la botella o la lata, elegir el frasco más pequeño.

Soda italiana de frutos rojos

2: Menos dulces y más frutas
Esta es la parte que más me va a costar, porque casi no como fruta. Pero descubrí ahora que puedo comer manzana (No me gusta, pero bueh) mandarina, plátano y fruta de dragón (que sí me gustan)
Como igual sé que no voy a lograrlo de un día a otro, por ahora me voy a comprar una fruta de dragón, tres manzanas y tres mandarinas. Con comerme la mitad cada que tenga un antojo, me daré por servida.

Progresivamente mi plan es comerme una fruta al día. Por ahora con comer fruta estará bien. Ojalá por las mañanas, pero poquito a poco.

Mandarinas o Clementinas

3: Dejar de comer por emociones
Esto es algo que he trabajado mucho en terapia. Como cuando me estreso. Como cuando estoy triste. Como cuando estoy aburrida o asustada. Básicamente porque todas mis emocionas las somatizo en el estómago, así que lo que hago es comer, para no sentirla mal y repensar. Luego entonces acabo súper llena, con ganas de vomitar de todo lo que como y el estómago revuelto por la emoción. Sé que la somatización no se me irá, porque es algo que entre todo, me gusta. Así que ahora mi propósito es más bien comer en automático… apios, porque sé que el apio es básicamente agua. Así si necesito comer, al menos no me hará daño, al mismo tiempo reconocer e intentar romper el impulso por comer, tal vez tomando un vaso de agua antes de comer cualquier cosa. De todos modos seguiré investigando.

No más comida chatarra, por fa.

Sumado a todo esto, quiero meter el equivalente de todas esas compras en una alcancía, en función de lo que gaste. Igual y para fin de Febrero ya tengo ahorrado algo (y ojalá me duela el alma de pensar que podría tener el doble)

Y cada que salga, traer una fruta, mi vasito de agua y chicles sin azúcar en la bolsa. Por si a caso.

Ya les iré contando el resumen en dos semanas.

(1) Sobre el síndrome de abstinencia:
Gaines Lewis Jordan. Here’s what happens to your brain when you give up sugar for Lent.
CNN. What happens to your brain when you give up sugar
(2) Sobre el azúcar y la depresión y ansiedad:
Murphy, Michelle; Mercer, Julian. Diet-regulated anxiety
Knüppel, Anika; Shipley, Martin; Llewellyn, Claire; Brunner, Eric . Sugar intake from sweet food and beverages, common mental disorder and depression: prospective findings from the Whitehall II study

Siete semanas

Usualmente hablar de mi periodo suele ser algo divertido, sin embargo esta última vez incluso hablarlo conmigo fue un fastidio.

Por más que hice repasos de la última vez que tuve el periodo, nada cuadraba, pero estaba dentro del rango en el que aparece: Entre 28 y 70 días. A penas llevaba un mes, tres semanas más o menos, pero igual había tanta angustia en mi ser, porque los tres periodos pasados habían sido bastante exactos. En fin.

Total, que empezaron a darme cólicos más o menos el 17 de Noviembre. Me regresaba el alma al cuerpo de una u otra forma. Solo era cuestión de esperar y esperar. Cuatro días con cólicos; nada. Los pechos empezaron a dolerme hasta por el roce, mareos. dolores de cabeza, náuseas, ascos.

Hacer cuentas y cuentas y cuentas. Cada vez más estrés.
Tengo anemia, así que también esto dificulta muchísimo las cosas respecto a mis periodos y mis síntomas en general.

Estuve tomando un nuevo medicamento y me advirtieron que podría marearme. No estuve comiendo a mis horas, así que náuseas. Todo parecía tener razones bastante lógicas, pero el nervio no se iba.

No tengo una razón específica por la cual volverme loca… más allá del que amo tener el control sobre todo, claro.

Así que algo estaba en mi mente como en el background salió a relucir en mi terapia: ¿Y si estaba embarazada? Y es decir, no es que hubiera una posibilidad grande, sin embargo la idea estaba allí y a veces mirarla me asustaba. A partir de que mi terapeuta me sugirió hacerme la prueba de embarazo casera “para quitar todas las dudas”

Y la idea dio vueltas y vueltas en mi cabeza. Una semana. Una semana me la pasé leyendo cosas sobre embarazos ectópicos, embarazos sin síntomas, embarazos incluso con doble método anticonceptivo.
Una semana intentando convencerme de que ese no era mi caso. y cuando lo dije en voz alta, no solo parecía irracional, vacío e improbable, también parecía real. Ese día descansé emocionalmente.

Y me prometí que para quitarme todas las dudas, haría lo que mi terapeuta me había pedido: ir por una prueba casera de embarazo.

El período:

2 de Diciembre

Desayuné y fui a la farmacia por la prueba. Todo el desayuno me costó trabajo, entre las náuseas y el nervio sentí que no podía comer bocado. Entonces llegué a casa y corrí al baño. Al bajar las bragas para poder hacerme la prueba, me di cuenta de algo: Una mancha. Una consistente mancha de sangre.

Me reí muchísimo, con la prueba cerrada en la mano. Justo había imaginado esta situación tres o cuatro veces, en estos momentos en que ‘sabía’ que no podía estar embarazada.

Entonces decidí en ese instante cómo viviría esta vez mi periodo: No tenía toallas desechables porque la vez pasada que usé la copa, decidí no volver a comprar. No quería usar la copa porque tenía nervio del dolor que me da la burbuja que se me forma y siento como un jalón.

Tal vez era momento de probar el sangrado libre, que básicamente consiste en no usar nada y sólo poner atención a tu cuerpo para que puedas aprender cómo se siente cuando vas a tener una ‘descarga’, entonces vas al baño, dejas que caiga y listo.

Antes de dormir puse un poco de papel de baño en las bragas deseando no mancharlas.

Esta foto es de Rupi Kaur. <3

3 de Diciembre

Casi no tuve flujo. Me puse súper nerviosa por cómo iba a pasar la noche. Me veía completamente con todos los pantalones llenos de sangre y las sábanas. Que además es una pesadilla lavar las sábanas. Hasta soñé con eso. Y al levantarme: Nada. Nada en absoluto en mi cama. Pero sentí ese “algo” en el vientre y corrí al baño. Justo a tiempo, hice pipí y sentí el bajón del chorrito, quité el papel de baño que había puesto y aunque estaba manchado, estaba completo y no tan mojado como pensé que estaría.

Vi a mi copa, mi copa me miró a los ojos. Nah, las dos lo dejamos en paz.

Decidí bañarme y ponerme las bragas más viejiitas que tenía. Total.

Pensé que sería complejo saber cuando tendría que ir corriendo al baño, pero nada. Supe perfecto cuando venía una descarga, me daba mi tiempo, experimenté con tardar un poco más o un poco menos. En ninguna ocasión me manche, y agradecí mucho hacer los ejercicios de Kegel.

Pensé en volver a poner el papel en mis bragas, pero creí que me iba a resecar la vulva y que era innecesario. Lo dejé. Incluso me preparé para amanecer manchada. Total, si no era de esto, sería una mancha de chocolate. ¿No?

4 De Diciembre

¿Y los cólicos? No, en serio. Estoy muy acostumbrada a que esto me duela demasiado y todo el tiempo. Incluso a que en algunos momentos me de el calambre tan intenso, que me mareo. Pues nada. Ni cólico, ni dolor, ni susto, ni cansancio, ni molestia: Nada.

Este fue el día más pesado en mi período pero no hubo tanto problema con el flujo. Además casi no tenía coágulos. Otra cosa que me preocupaba muchísimo era el aroma; pensé que andaría súper apestosa y que mi perra estaría constantemente detrás de mi. Pues nada. Ni apestaba, ni mi perra me olía a cada rato.

Casi no salí de casa, pero cuando salí empecé por un momento a sentir esa paranoia del “Me voy a manchar, se van a dar cuenta y me va a dar vergüenza” , trabajé muchísimo para que no me diera vergüenza y al final no pasó. Volví a mi casa tan tranquila, sin descarga pública y listo.

la foto también es de Rupi Kaur

5 de Diciembre

¿Listo? ¿Neta me lo juras que ya terminó? Ah bueno. Ni me enteré.

Desperté y corrí al baño; No hubo descarga. Al limpiarme me percaté de tener menos sangre tanto en la taza como en el papel. Vaya. Así de rápido. ¿Pueden ser más así mis periodos? Nada de gasto, nada de energía en la preocupación, nada de dolor.

Para el final del día, ya no tenía sangrado, ni manchas restantes. Me metí a bañar, me revisé y lavé: Nada.

Ya veremos qué tal lloro la siguiente vez.

Cortar el lazo.

Algo que mi madre desde siempre me ha dicho es que fui una niña deseada y esperada. Entre mi familia, tengo un tío al que adoro con el alma y sin embargo decidí hace unos 7 años dejar de tener contacto con él.

Recuerdo que desde que era niña, era “mi tío favorito”
Siempre me defendía de mi madre, siempre estaba de acuerdo conmigo y de una u otra forma, me alcahueteaba y entendía distinto las cosas que yo había pasado tanto desde niña, como el huracán que estoy consciente que fui de adolescente y adulta joven. Siempre fue mi respaldo y mi zona de confort. Me acompañó y abrazó en muchos momentos en que yo sentí que la educación de mis padres era demasiado dura, estricta e inflexible. Abogó por mi y muchas veces incluso dio la cara por mi cuando parecía que todo lo que había hecho yo, estaba mal. Me enseñó muchas cosas, me ayudaba a ser curiosa, a no quedarme callada, a no permitir que me molestaran, a defenderme, me enseñó que yo era un ser idependiente de mis padres. Me defendió de un ex novio imbécil y me explicó cómo y desde dónde vincularme con algunos varones para no caer en más círculos nocivos.

Sin embargo recuerdo perfectamente la primera cosa que sentí como agresión y que fue el parteaguas para analizar su comportamiento para con otras mujeres. Yo había subido de peso en la preparatoria. Ni siquiera era algo para alarmarse en realidad, pero se notaba. Todos me decían “Te ves más gorda, baja de peso” y todas las opiniones acababan en el mismo lugar: en el bote de basura mental. Entonces llegó él, me saludó y me dijo: “Hija, estas muy gorda, ningún hombre quiere una novia gordita, nos gustan así flaquitas, bonitas” y sonrió, como quien no dice nada malo y ayuda en magnánima benevolencia al otro. En mi cabeza me dije: ¿Y quién verga quiere un novio? Si un bato va a quererme, mi sobrepeso es de las últimas cosas que le harán alejarse de mi. Pero tambien recuerdo cómo al escucharlo de él, me subió la ira a la cabeza. No dije nada. Me limité a hacer “como que era cualquier cosa” porque si antes no me habían importado de nadie esos comentarios ¿porqué sería diferente esta vez?

Después, casi por instinto, empecé a poner más atención a lo que otras mujeres alrededor de mi decían de él: Era infiel, mentiroso, patán, cero responsable afectivamente y al parecer con la única persona que no había sido así, era conmigo… hasta ese momento. Tal vez no hice tanto caso a mi intuición porque no tenía forma de enunciarlo, no podía decir: “Esto es machismo, es ghosting, es violencia” pero algo dentro me decía que algo no estaba bien y me hacían sentir incómoda, de una u otra forma me recordaba a muchas cosas que mis ex novios me habían hecho en algún momento.
Tiempo después al relacionarme con él, empecé a ver más cosas que no me cuadraban, comentarios tipo “preséntame a tus amiguitas” que pasaron de significar solo un chiste para mi y empezaron a sentirse como amenaza. Y muchas veces pensé que eran mis celos. Que era yo que no quería compartir la atención de mi tío, ese que siempre había estado para mi. Por alguna razón con el tiempo nos frecuentabamos menos, así que no me inundaba el pensamiento.

Entonces sucedió lo que me reveló qué era lo que me molestaba:

Entre sus relaciones, tuvo una con una morra a la que si bien, yo no adoraba con el alma, tampoco la odiaba. Ella nos cuidó a mi hermano y a mi cuando mis papás empezaron a vivir separados. Ella nos ayudó y apoyó de la forma en que podía desde donde estaba. Por las razones que les correspondan, ya no estuvieron juntos, pero la historia no terminó bien. Empezaron con su temporada de duelo y era la típica situación de ver en estados de facebook las indirectas, era escuchar cada 15 días en casa de mi abuela cómo “se habían peleado esta vez” y cosas así. Pasó el duelo. Dejaron de pelear. Ella dejó de ser frecuente alguien para mi. La saqué de mis redes y círculos, un poco porque estaba harta de la situación, un poco porque en realidad no sentía que pudiéramos compartir mucho. Sin embargo, cada vez que lo escuchaba a él, incluso después de mucho tiempo, seguía escuchando este discurso de: “Es que era una infiel” – Ok, pero tú también lo has sido.. siempre. “Es que era una puta” – Ok pero igual no tenían ustedes un acuerdo, además siempre decías que no te importaba- “Es que descuidó a su hijo”-ok, pero también es tu hijo. Y entonces salieron todos los mandatos patriarcales y de machismo que no había sabido cómo llamarles. Todas esas cosas que esperaba de ella, cuando él era toda la construcción del típico macho mexicano y lejos de “asustarme” me enojó.
La última vez que hablé con él, fue precisamente en un estado de Facebook, donde algo dijo de ella y yo contesté algo como: “Por el mínimo respeto a tu hijo y a ella, deberías callarte. Decirle puta no la hará volver” Palabras más, palabras menos.

Entonces decidí alejarme. Y no es que ahora lo ignore y no le hable o lo evite. Simplemente corté ese vínculo con él. Si lo veo, lo saludo, por ejemplo, en familia. Pero no entablo conversación. No me acerco y definitivamente no me vinculo, incluso no lo escucho ni me río de sus chistes. No me permito respaldar acciones en las que no estoy de acuerdo, donde sé que mi opinión va a pasar desapercibida y que no habrá forma de hacerle ver lo que hay del otro lado. Todos nos compramos nuestro discurso, yo le hice saber cuando no estaba de acuerdo y porqué y decidí no invertir energía afectiva ni intelectual allí cuando podía ofrecerla en lugares donde sí haría la diferencia. En círculos de mujeres, por ejemplo.

No estoy diciendo que mi tío sea una horrible persona.
Estoy diciendo que lo quiero, que me encanta haber pasado cosas tan importantes de mi infancia con él, que gracias a él entendí que la educación de las infancias no sólo radica en los padres. Amo y agradezco que haya sido siempre el apoyo que necesité de las formas que lo hizo, que me haya cuidado, sé y entiendo que partes clave de mi “no quedarme callada” se fundamentan en la forma en que él le hacía frente al mundo respecto a mi. Digo también que es una persona que le gusta crecer, aprender y salir adelante en sus formas y colores. Pero también digo que mi amor, respeto y admiración por él y mi vínculo para con él no modifican que tenga estos patrones y repercusiones patriarcales. Que sea un amor conmigo no quita que haya sido quien fue con otras mujeres, con mujeres que yo conocí y que atesoré. Incluso con mujeres que no me caían bien. Que todo de lo que a mi me salvó el lo ejerció con otras mujeres. Que yo lo ame no hace que deje de ser un agresor activo y pasivo.

Cuando me declaré feminista a cal y canto, entendí que había afectos más sencillos de cortar que otros. Este para mi, fue uno de esos que me pusieron a prueba, sin embargo no lo dudé y no dudo que sea una decisión correcta. Con él ha sido uno de mis puntos más fuertes de confrontación de mi discurso feminista. Muchos dicen “No pierdas familia por gente que no conoces” pero en este sentido, y para mi ya no se trata de desconocidas, porque en esas desconocidas también estoy yo. La violencia que ejercen sobre ellas, también la ejercen sobre mi. Renunciar a su afecto y a su contacto es también renunciar a apoyar que trate así a otras mujeres. Es disentir de que nos traten así y dejemos de esconder a los otros detrás de la pantalla de “hombres buenos” por cómo son en lo individual: Somos el ejercicio personal, público y político.

Morras: No es de a huevo cortar de inmediato lazos con agresores de otras. Todas las rupturas llevan tiempos y procesos, pero sobre todo confrontaciones personales. No se trata solo de cortar rupturas con los violentadores de otras, es entender cómo esas violencias también te afectan. Entender que las otras son un espejo de nosotras. ¿Tienes un amigo que es violentador de otras y no tienes los recursos emocionales para terminar con esa relación? No te desesperes, date tiempo, evalúate. Empieza con cosas pequeñas: redirige tu atención y tus afectos que solían ser hacia él. Redirige tus pensamientos hacia otras morras, elige a las personas en tu entorno. Elabora tu propia escala de límites duros y blandos. Cuando estés lista, tira del cordón hasta donde para ti sea sano. Sé congruente con tu discurso y contigo, pero sobre todo, con tu autocuidado.

Yo lo hice casi sin la noción de lo que estaba haciendo y me tardé casi 6 años en poder hablarlo.
Es la primera vez que lo digo así, completo.
¿Y sabes qué?
Está bien.

Consejo para Noviembre

Ya que está abierto el espacio en el ambiente, nuestra mente y el corazón para las rupturas, cambios y renovaciones, les traigo por aquí el consejito para Noviembre.

Deseo que esta lectura nos ayude a ver más claramente lo que necesitamos para no temerle a esta época de oscuridad, que nos ayude a vernos como somos, a recordar quienes somos, qué queremos y desechar todo eso que ya no nos pertenece.Abrirnos a que la oscuridad también nos acerque a nosotros y dejemos de idealizar ser perfectos: no sólo admitir errores. También admitir que hay errores de los que sentimos orgullo.

Entre tanto, voy dejando por acá cada uno de los significados <3

Carta 1 (Izquierda)
Rey de Bastos.
Este momento en el que te reconoces, te está llenando de una energía y una emoción que solo podemos comparar con el fuego. Has traído muchísimas ganas de quemar todo lo que no te sirve: Cartas, ropa, recuerdos, sensaciones, emociones, incluso relaciones que sientes que ya no te funcionan. De hechoya que empezaste a depurar algunas cosas, te sientes cada vez más fuerte y poderosa. Te va nutriendo el alma (y tal vez también un poco el ego) y esto ayuda directamente a tu realización de metas.
Vi que hay alguien que de manera casi indirecta ha estado presente en tu vida y de pronto se “reveló” de una manera más directa: Disfrútalo, estas preguntas que te causa no son recriminatorias, dale un poquito de ese espacio que estás limpiando de todo lo que NO se queda a estas nuevas experiencias y deseos. Está bonito y está bien. Abraza la adrenalina PERO elige y toma tus decisiones fuera del impulso. Eres fuerte, valiente y muy querida. Rodéate de eso. Déjate querer y apapachar. Permítete la consentidera, aprovecha tu voluntad y quédate con la seguridad de toda la belleza que eso tiene y requiere.

Me encanta esta energía de reto, de buscar salir adelante. Permítete disfrutar ese subidón casi “irracional” de fuerza que estás teniendo.
Toma un papelito y escribe qué es lo que quieres lograr este mes, pero sobre todo, es buen momento de hacer un plan a largo plazo.

Si esperabas una señal, es esta:
Eres un rey, decide como rey.
QUEMA TODO LO QUE NO TE SIRVA.

Carta 2 (Centro)
Reina de Bastos

Estás en tu energía más fértil, tanto como para evocar tus deseos y necesidades. También andas muy en el canal de enseñar, educar y reformar todo aquello que no te ha sido útil. Es perfecto para la limpieza que dejaste de lado por andarle jugando a la espirituala un rato (que no está mal, pues, pero te nos ibas de lado)
Ya basta de ayudar a otros hasta dejar de atenderte, ni que fueras ONG. Céntrate en ti. No le tengas miedo a nada ni a nadie respecto a las cosas que tengas que decir: Lo que estás viendo es real. Tus malestares y felicidades también lo son y si algo te falta o te sobra, este es el momento. Recuerda que si quieres algo exactamente como lo imaginas, quien se tiene que encargar de esas cosas eres tú, tienes el potencial, los medios, las inteciones. Quema la desidia que traes cargando desde hace tiempo. Que te da miedo, pues sí. Que puede salir mal, ajá. Pero son cosas tuyas. TUS errores. TUS aciertos. TUS experiencias.
Ya basta de sentirse chiquita, párale a tu tren de autocompasión, porque sabes perfectamente que este miedo que traes arrastrando, lo estás ocupando para hacerte que la virgen te habla. Puedes con esto. Puedes con más. Deja de temerle a la fiereza que traes dentro y se anda asomando en ratitos como mal humor: deja que tu fuerza salga desde donde tenga que salir, para que no se trasmute en agresividad.

Si esperabas una señal, es esta:
La reina no solo disfruta el manjar, también sabe prepararlo todo.
QUEMA TODOS TUS MIEDOS.

Carta 3 (Derecha)
8 de Espadas

Yo sé, esta temporada ha sido súper difícil. Esta preocupación que traes en la cabeza no te deja vivir tranquilamente, sientes que por más que intentas verle una solución, no logras ver nada. ¿No te has puesto a pensar que estás demasiado metida en aquello que quieres resolver, que olvidas que hay muchas otras cosas que no dependen de ti? Sé paciente con los otros pero sobre todo para contigo, no quieras solucionar todo con una mano mientras con la otra te bañas y preparas café para cien personas. Acuérdate que eres más que los aciertos que puedes colgarte en la bolsa, también nos construímos de los errores y sobre todo de las cosas que decidimos que no queremos/podemos/deseamos hacer.

Piensa bien qué de todo realmente te corresponde y puedes solucionar tú, que únicamente te atañen. Deshaz esa meta en pequeños pasos y enfócate en lo que sí te toca. Si pretendes confrontar a alguien, intenta hacerlo desde la empatía más que desde lo contestatario, porque se te puede ir de las manos fácilmente y terminar en llanto pero nada más quedaría claro. Reconócete todo lo que has hecho (que no es poco, también tú deja de minimizarte por fi) y ten mucho amor contigo para con las cosas que en este momento no tienes la capacidad de atender. Sana primero contigo, admite primero esto para que las cosas se redimensionen y tomen su justo lugar.

Si esperabas una señal, es esta:
Tu insomnio no es el problema, es el síntoma
QUEMA TU NECESIDAD DE CONTROLARLO TODO.

PS: Esta lectura se hizo con: The Illuminated Tarot
PS2: Si te interesa una lectura personalizada, mándame mensaje haciendo click aquí

Tres años después.

Como buena autostalker, todos los días ando revisando mis recuerdos de facebook. Tengo uno de hace tres años, cuando la hecatombe tocó a mi puerta, donde me escribo una carta larguísima y me platico justo a esta Mariana de hoy, todo lo que duele, lastima y hiere. También todo el goce del dolor que tenía. Toda la ira, tristeza, impotencia, enojo, lástima, autocompasión.

Hace tres años más o menos, nos abrimos G y yo a la no monogamia. En otro post contaré la historia con cada gesto y señal, a lo que vengo ahora es que fue súper doloroso porque Long-Story-Short: la noticia y la forma pegó de frente con los pilares de la confianza, la fidelidad, el amor eterno y la exclusividad. Además estaba en un punto súper triste personalmente, no me sentía feliz ni a gusto con nada, mi trastorno se puso peor y empecé a medicarme de nuevo. Había perdido amigos, salí de un trabajo de mierda para entrar a otro trabajo que aunque no era de mierda, le fui perdiendo el amor poco a poco.

Sentí que todo estaba saliendo mal y que no podía tomar ninguna decisión correcta. También sentía que era insuficiente y que no iba a poder nunca ser feliz ni acompañar a ser felices a las personas que amo.

En ese momento, todo parecía derrumbarse en mis manos. Recuerdo perfecto que la sensación era como si todo aquello que tocara se volviese polvo fino, casi ceniza, sentí que no tenía salida, que las cosas nunca iban a salir bien y que estaba destinada a vivir una vida miserable donde todos eligieran todo por mi, porque claramente lo que yo quería o elegía no le importaba a nadie más que a mi. Fue la forma más difícil también de aprender que el amor para siempre no tiene que mantener unidas a las personas, y que el mundo sigue girando, que jamás te va a pedir permiso porque es parte de su naturaleza: que las personas también somos así. Seguimos creciendo y no pedimos permiso para caminar. Sólo lo hacemos. Sólo nos pertenecemos a nosotros e incluso no tenemos que ser coherentes con nosotros todo el tiempo.

La sensación que prevalecía es que mi palabra importaba menos que nada: Cuando tu palabra vale “nada” al menos se te permite exteriorizarla. Yo ni siquiera de eso había tenido oportunidad para conmigo.

Sin embargo, con terapia, medicamentos, acompañamiento, amigos, redes de contención y mucho mucho amor de G y el enamoramiento y todo el amor que fluyó con T, me recuperé de una manera bien maravillosa, nada rápida. La verdad es que todos (incluyéndome) me tuvieron tanta paciencia que aún no entiendo de dónde sacaron la fuerza para mantenerse a flote mientras también yo estaba intentando no ahogarme.

Cada año vuelvo a esta carta, porque me recuerda que siempre, no importa cuánto intente ahogarte la marea, hay decisiones que tomar. Y que todos decidimos entre estar o no estar, de acuerdo a nuestras capacidades y oportunidades, que debo dejar de juzgar a mi yo del pasado con la visión de mi presente. Pero sobre todo terminé de entender este año qué fue lo que realmente me partió el alma en pedacitos con esta confrontación y fue no sentirme incluida.

Es decir, en su momento no me sentí parte activa ni siquiera de las decisiones que se habían tomado en mi relación: Mi relación principal había cambiado frente a mis ojos y sin que yo me diera cuenta. Toda la vorágine fue porque no fui parte de la evolución ni de la sucesión de eventos.

Hoy tengo claro que lo que más me gusta alimentar en mis relaciones afectivas, es la complicidad y la diversión. No siempre puedo, a veces me falla el tacto, la percepción y el entender que no siempre se trata de mi. A veces se me atora entender que no sólo mi visión es la importante en las cosas que cambian. Pero intento siempre recordar que mis parejas, además de mis parejas son también mis cómplices: Me acompañan, me aconsejan, alientan o detienen. Y yo intento ser también esa persona para con ellxs.

Y no es que hacia estos tres años me haya perdonado todo: hay cosas que aún no logro superar completamente, pensamientos que aún tengo que en cuanto aparecen, siento como me empieza a hervir la sangre, pero mi responsabilidad radica más en aprender a gestionar esa ira y usarla en algo que me sirva, dejar la presión de parecer perfecta todo el tiempo y dejarme fluír incluso en las emociones que me asustan. Aún hoy tengo varios asuntos personales y para con los otros qué resolver, pero ya no me presiono y sobre todo, ya no me castigo. Tanto.

Así que si algo quiero extenderles es que sean compañeros de vida, pero en serio. No sólo en lo que queremos que el otro vea porque es bonito. Seanlo en todo. Hasta en el momento más mierda. Hasta en las dudas, las inseguridades, las culpas y la ira. Sean parte de la vida del otro. No se trata de llevar un diario o contar un itinerario, pero sí se trata de aprender a darle a cada cosa su justo valor, equilibrar lo que queremos y lo que necesitamos saber del otro y de nosotros mismos. También de ser pacientes cuando el otro no puede ser honesto consigo mismo y aún no pasa ciertos procesos.

No se trata de exterder las manos para ser uno, sino extender las manos para ayudar a que el otro, sea realmente el otro.

Tres años después, puedo decir:
Mariana del pasado, nuestra vida ha cambiado en muchos sentidos y en la mayoría para bien. El peor día de este año ha sido un lunes en la mañana de lo que tú estás viviendo ¿Y sabes qué? Vas a dejar de resistir para comenzar a avanzas.
Y se siente súper chingón.

“Usa la copita” decían

Hace unas semanas una amiga me regaló una copita menstrual, de hecho la Angel Cup Grande. Me asesoró todo lo que pudo antes de que eligiera una para mi, me regaló el instructivo y también todas las explicaciones del mundo. En realidad no es la gran ciencia, pero el nervio hace que todo se maximice cual película de Tarantino. Tuve el período de nuevo a penas dos semanas después de mi regalo, creo que se retrasó una semana, pero todo bien dentro de lo que cabe. Sinceramente me lo esperaba porque siempre me hace cosas así. Esta vez, ya sin DIU y ya sin medicamentos ni nada, los cólicos fueron super cortos aunque sí bastante dolorosos. En fin, supongo que mi cuerpo aún está resentido por tanto movimiento dentro.

Entonces un día antes de que me bajara, intenté colocarme la copa. (Esto fue el 3 de Octubre)
La primera vez, fue un suplicio. No entraba, yo estaba súper nerviosa y por lo tanto, estrecha y dura. Intenté colocarla en forma de “C” y lo único que logré introducir, fueron nervios, miedo y dolor a mi canal vaginal. Entonces empecé a preguntarle a todas mis amigas y recordé que había visto una imagen súper ilustrativa de las diferentes formas de colocarla. Dejé el tema en paz por unas tres horas, en lo que me bajaba la irritación y el dolor.

La siguiente vez que lo intenté fue muchisimo más sencillo, ya que intenté otra forma de colocarla, como en forma de alcatraz. Insertarla me fue tan fácil que lo logré a la primera. Pero me daban muchos nervios tenerla allí adentro. En fin, la coloqué y me levanté. Los pensamientos que me rondaban eran todos tipo ¿Y si se me queda atorada? ¿Y si termino llamando a emergencias porque se me fue a las anginas? ¿Y si termino arrancándome un ovario cuando me la quite porque no sé cómo hacerlo bien?

De más está decir que eso evidentemente no sucedió. Mantuve colocada la copa, caminé, me puse a hacer otras varias cosas y para mi sorpresa no la sentía. Y claro, como nada sale bien a la primera, mi pensamiento de inmediato fue ¿Y si no la coloqué bien? Había leído en muchísimos blogs que el apéndice o la “colita” de la copa les lastimaba y raspaba por dentro. ¿porqué no siento nada? ¿Cómo sé que ya hizo “plop”? ¿Y si no hace? ¿Y si la copa está muy grande? ¿Y si estoy tan nerviosa que no permito que ni mi flujo salga realmente?

No me gusta aceptarlo pero en realidad estaba demasiado nerviosa. Lo platicaba con G y me decía “relájate, no te preocupes, estás bien” Y en mi cabeza contestaba cosas como: Si tú trajeras la copa no podrías estar tranquilo.

Intenté relajarme y probar dormir con la copa puesta, por un lado por el experimento a ver qué sentía y por otro y más importante: Eran media noche y yo ya no tenía toallas sanitarias ni nada que pudiera ocupar en una emergencia y la tienda ni de chiste tenía servicio a esa hora. Estaba segura que al día siguiente despertaría con sangre en las bragas, así que, ni modo. La copa era LA SOLUCIÓN.

Otra cosa que debo admitir es que me planee todo esto para no tener pretextos y procrastinar: sé que solita mi hago trampa, así que me preveo antes de hacerme trampa.
Ya sé, es muy raro, a veces ni yo termino de entenderlo bien. En fin.

Esa noche intenté dormir con la copa puesta. Todo iba bien hasta que estaba por acostarme en la cama. Justo en ese movimiento donde tensas el vientre para sentarte en la orilla de la cama fue el primero que plantó una duda gigante en mi cabeza respecto al si “podría” traer la copa o acostumbrarme a ella.

El “plop” fue una sensación ya no sorpresiva sino también dolorosa, que más que un “Se acomodó la copa” yo lo describiría como “Un invento del hombre blanco me succionó las primeras gotas de mi período” e intenté pasarlo por alto. Procuré reírme para no llorar y convencerme de que no fue tan fuerte. Se me pasó la sensación del “plop” pero con el paso del rato y la conciencia de que había algo dentro de mi donde no suelo traer cosas por largo tiempo. Recuerdo que incluso me daba miedo hacer caca y pedorrearme porque sentí que se me iba a salir la copa.
Mis amigas nomás se reían de mis miedos (no las culpo, ahora que lo leo sí me siento bien idiota)
Entonces empezó mi vientre a ponerse más y más y más duro. Los cólicos más fuertes (y en teoría mis dos días de cólicos que parecen contracciones ya habían pasado) y sentía cómo me inflamaba cada vez más.

Me asusté.

De nuevo empecé a pensar que iba a terminar en emergencias como la noticia de la morra más tonta del mundo mundial. Estuve platicando con mi amiga, quien me regaló la copa y todo el rato me decía que era normal, las sensaciones, los miedos, cada pensamiento. Pero yo me quedé con una sensación horrible sobre el “plop” que no sé si puedo considerar normal.
Me di cuenta que conforme avanzaba la noche también me daban más y más nervios de no poder quitármela al siguiente día: en mi cabeza durante la noche la copa se me iba a subir, me iba a hacer una ventosa dentro tan fuerte que no iba a poder sacarla jamás y tendrían que hacerme cirugía para retirarla. Y de paso quitarme los ovarios.
(Ya sé, tengo miedos bien raros con mi útero, intento trabajarlo en terapia todavía)

Entonces mi amiga me recomendó que para bajarle un montón a mi histeria, me quitara la copa durante la noche, ya que claramente me causaba demasiado estrés y nervios. Al final fue la mejor idea, porque estaba segura que si la dejaba dentro, no iba a poder dormir. Ya me había visto en mi visión del futuro: Llorosa, hormonal, de malas, estresada, cansada y triste una copa que estaba aprendiendo a usar.

Y esa es otra: Doña perfecta quiere que todo le salga a la primera, pero cuando no sabe qué esperar, se muere del susto.

Para relajarme, mis amigas me habían contado sus historias de terror: haber dejado el baño como Carrie porque la quitan mal, otras que habían tenido que pedirle ayuda a su pareja porque no podían retirarla, otras que tardaron hasta 4 horas en quitarla porque de los nervios no podían.

Me la quité. Mira, pensé en mi cabeza 60 veces cómo quitármela. Pregunté a amigas y la media promedio de retiro era de 20 – 40 minutos en promedio. Me propuse no tardarme tanto. Para mi sorpresa, salió a la primera. Así, en menos de dos minutos. Aún no termino de entender qué hice bien, pero en fin.

Por supuesto que la retiré bien, todo tranquilo, doña perfecta estaba muy bien y entonces empecé a revisar mi sangre. A primera instancia, me sorprendieron dos cosas: desde que me la puse hasta que me la retiré, habían pasado tres horas y la copa ya tenía casi la mitad lleno. Lo segundo fue: encontré en la copa un líquido transparente (que después mi amix me dijo que era perfectamente normal, que de hecho la sangre tiene un “suero” que puede notarse) y unos granulitos del color de mi flujo diario, con textura cremosa que al final, también son -normales-.*

Cuando terminé de revisar, estaba muy orgullosa porque no había hecho un batidero y entonces quise sacar la foto. Y PUM, justo hice mi batidero. Me puse un protector diario. Noté que ya había empezado mi periodo como tal y descubrí que había estado tan nerviosa todo el rato, que cuando la retiré, la limpié y la guardé todo bien. Me relajé un poco y empecé a temblar muchísimo. Definitivamente estaba MUY estresada.

Jugando y no me digo que es difícil saber si en realidad me quedé dormida o me desmayé de lo impresionante que me fue la experiencia. Total que me fui a dormir y como lo que me había puesto era un protector diario, pues amanecí manchada. ¡Tarán!

4 de Octubre.
Desperté y corrí al baño. Después de bañarme, me coloqué la copa (de nuevo y con mucho mucho orgullo digo esto) a la primera. No la sentía. Me puse de cuclillas, alcé una pierna y nada. Alcé la otra, nada. Ninguna sensación. “Equis” dije. “igual y anoche me la coloqué mal”

Me puse a limpiar la casa en mood Cenicienta. En algún punto me ganó el sueño y el frío y me quedé dormida en mi sillón.

Justo cuando me acosté completamente y estiré mis piernas, volví a sentir el quesque “Plop” pero ahora sentí que también me absorvía las entrañas. Se me salió un quejido horrible de la garganta. Hasta mi perrita se espantó. Me quedé dormida, chipil y chillona.

Desperté más o menos una hora después, sin inflamación pero tiesa. Como no queriendo moverme “por si se sentía”
Mentalmente hasta sentarme o agacharme rápido era toda una odisea. Aunque quería actuar con normalidad, el miedito no me dejaba. Sentí cómo me iba inflamando y entonces pensé que hacer Ejercicios de Kegel era buena idea. Barrí, escribí, seguí con mi día con toda la normalidad que pude, hasta que mis miedos volvieron a aparecerse y decidí mejor quitármela de nuevo. No quería un episodio de estrés como el de la noche anterior.

Al retirarla me di cuenta de nuevo de la cantidad de sangre que había: No olía a nada en absoluto. Era mucho más oscura y estaba tibia. Incluso los coágulos eran menos y mucho más suaves y menos elásticos. Fue impresionante verlo.

Al final sopesé el volver a sentir el “plop” VS a traer 12 horas la copa puesta y decidí no volver a sentir que me succionaban hasta el alma que ya vendí. Había sido demasiado para mi por dos días. Corrí a la tienda por unas toallas sanitarias y traicioné a la ecología.

Me sorprendió darme cuenta que terminé mi período antes. Para el sábado 5 Mi flujo había básicamente terminado, pero ya sólo traje toallas sanitarias.

Ahora estoy pensando utilizar al menos durante los siguientes meses la copa durante 6 horas seguidas. A ver si aguanto. Leí también que la media promedio de aprendizaje de uso es de 3 a 4 meses y que al final te acostumbras a ese “plop” aunque no sé si es un precio que yo quiera pagar. Lo seguiré pensando. De cualquier forma, eso sólo me hace querer correr con la doctora a ver si no me arranqué un pedazo de, no sé, conciencia cuando retiré la copa.

Lo más bonito de toda esta experiencia fue el acompañamiento que tuve con todas las mujeres de las que me rodeo: estuvieron allí para escucharme, acompañarme y apapacharme. Hasta para reírse de mis tonterías.
Hoy, 7 de Octubre, que definitivamente ya terminó mi ciclo, me voy a reír un ratito de la Mariana del pasado y esperaré a que la Mariana del futuro se preocupe por el siguiente “plop” ya no sólo en la vagina, sino también en la vida.

¿Y a ustedes cómo les fue?

  • *Me falta corroborar esa “normalidad” con la ginecóloga, btw. Así que seguirá entre comillas hasta que no tenga la respuesta de mi doctora.

Consejo para Octubre

¿Qué tal les fue con Septiembre? Este mes sucitó muchos cambios bien importantes y necesarios para nosotros.
Y está bien hermoso estar abriendo paso a los cierres definitivos de ciclos, las limpiezas y los asentamientos de todas las decisiones: Octubre nos espera con las manos abiertas para descubrir las cosas que tenemos que reformular para nosotros. Así que aquí te traigo el consejito de este mes, para caminar en la oscuridad que este décimo mes nos trae. 

Carta 1 (Izquierda)
Rey de Copas Invertido
Ojo con tus emociones; andas sintiendo que de pronto se te mete el espíritu de Carrie porque de pronto sientes que todas las emociones que tienes te abruman o te sobrepasan. Yo sé que si la gente te hiciera caso y tuvieras el control completo, el mundo sería más fácil, pero si no tienes cuidado en las formas en las que intentas o quieres convencer a los otros de lo que tú ves (aunque tengas la razón) puedes caer súper fácil en la manipulación y las dos sabemos que el querer cambiar voluntades nunca sale bien. Recuerda qué se sentía cuando alguien que te quiso mucho te responsabilizaba de sus emociones porque no podía hacerse cargo de ellas. Justo esa sensación que tenías de “No quiero ser costal de basura emocional de nadie” es la misma sensación que podrían estarse gestando en otros si no aprendemos mecanismos de gestión emocional más eficientes. Ahora, el punto no es que no sientas, sino qué cosas te estás dando permiso de hacer o qué acciones estás justificando con estas emociones.
Yo sé que esta relación en la que estás pensando con el ejemplo ha sido todo un reto emocional, ha puesto a prueba tu cordura y tu capacidad de comprensión y justo está en una cuerda floja para ti, precisamente por el tema del control. Lo mejor que puedes hacer y que puedes elegir absorber es aprender que todo va a cambiar constantemente y que esas mutaciones y diferencias no necesariamente son malas, pero tienen que ver mucho con cómo nos narremos las cosas que están sucediendo alrededor. Este mes de inicio de ciclo de cierres será para ti también un mes de decisiones importantes respecto a qué es lo que quieres que suceda ahora para ti. Incluso en tu trabajo. Descubrir qué harás con tus emociones, qué será sano y qué será constante, te resultará un cierre de situaciones que no habías querido ver pero están allí y te lastiman. Aprende a enunciarlas para poder darles carpetazo.

Carta 2 (Centro)
Sota de Bastos

Yo sé que tienes un pendiente de proyecto dándote vueltas en la cabeza, que parece perfecto y que ya tienes que hacerlo, pero algo siempre te detiene.; entre ayer y hoy has tenido la sensación de frustración por no poder concretar esta situación: sobre todo se trata de cerrar proyectos, concretar citas, viajes y nuevos espacios, etc. Lo que puedo ver sobre todo es que este “estancamiento” o frustración ha derivado directamente en un cuestionamiento de tu capacidad y de si mereces o no lo que quieres que suceda, y al tener estos pensamientos empiezas a tener impulsos muy en plan “Ay, lo voy a hacer si de todos modos va a salir mal” Sin embargo no es momento para que tomes esas decisiones, muy en tu inconsciente hay un hilo delgadito que te detiene de aventarte al abismo: esa es tu intuición. Date la oportunidad de distinguir entre tu impulso y tu intuición, porque a partir de eso tendrás la fuerza y la capacidad para tomar las decisiones más importantes y detalles pequeños sobre este plan que llevas tanto tiempo elaborando, date chance, está casi todo listo, ya no revises dos veces la misma check-list. Ahora date la oportunidada de abrazarte por todo aquello que has logrado, antes de dar ese paso a algo nuevo, reconócete las veces que has podido evitar saltar al abismo de a gratis.

Por otro lado, veo que piensas en una persona en particular mientras visualizas ciclos para cerrar: Es justo el momento en que tienes oportunidad de alejarte de esta persona sin desarrollar más dobles lazos o sogas que te atraigan de nuevo, como gravedad. También es tiempo de cancelar lugares y circunstancias: Todo aquello que te haga sentir chiquita, insuficiente o pequeña ¡Va pa’fuera! Utiliza toda la energía que tiene esta época de oscuridad para desprenderte de aquello que no necesitas. Aprende a decir “no necesito esto” más allá del si lo quieres o no y sobre todo reconcíliate con el error. No te prometas que no lo vas a cometer, por ahora limítate a concentrarte en que pasó, es parte de ti, pero no te define.

Carta 3 (Derecha)
Rey de Bastos

¡Andas pero con todo! Ya empiezas a saborear los frutos de las temporadas anteriores: andas súper instalada en querer disfrutar todo aquello por lo que trabajaste y compartirlo con todos aquellos que estén dispuestos a sentarse y escuchar cómo los sembraste y erigiste hasta este punto. Tu energía en este momento está en sintonía para tomar el control de todo aquello que sientes que no está funcionando; además tienes en este momento la oportunidad de acompañar y escuchar a otros que están pasando por las cosas que tú ya superaste y por un lado te está ayudando a terminar de darle perspectiva y reforzando las lecciones que aprendiste, por otro te están dando la oportunidad de ayudar a otros a seguir adelante con el camino algo más pavimentado que el tuyo. Ya sé que andas en busca de un nuevo desafío dónde fijar tu atención, sobre todo que ponga a prueba toda esta energía arrebatadora que casi sientes que salió de la nada. Poco a poco irás descubriendo que esa energía está emanando del amor y el cuidado que los que están a tu alrededor te procuran, porque te quieren y respetan: has hecho muchas cosas por mucha gente y este es el momento en que sienten también la capacidad de retribuirte todo aquello que diste por ellos. Confían en ti y te quieren sin esperar que hagas algo más por ellos.

En un par de días tal vez empiece a darte miedo de nuevo de que este estado no dure para siempre, sin embargo necesitas aprender a recibir los frutos de todo aquello que labraste y trabajaste, este estado de regocijo y felicidad durará lo suficiente para que dejes de sentirte vulnerable y redescubras todas esas cosas que no te habías permitido ver por miedo a caer en la tiranía. Ahora, sí, es verdad que puedes tender a eso, pero confía en que la gente que está a tu lado así como te colma de bendiciones, también te ayuda a aterrizar: como un Rey, aprende a escuchar, a tomar decisiones y agradecer la oportunidad de tomarlas.

¡Recibe un abrazo, muchos besitos y buenas vibras! 

PS: Esta lectura se hizo con: Scratch & Create Magical Tarot
PS2: Si te interesa una lectura personalizada, mándame mensaje haciendo click aquí

Solo un pequeño cólico

Cuando empecé a tener una vida sexual activa a voluntad y con toda consciencia, tenía más o menos 18 años. Poco más, tal vez. Después de platicarlo con mi pareja de ese entonces, sólo nos estábamos cuidando de no embarazarnos (en ese entonces éramos 10000% monógamos y heteros) entonces empezamos con la planeación de cuidados.

Después de una larga charla e indignación sobre para quién y desde dónde estaban pensados los anticonceptivos, entonces sí, empezamos a calificar uno a uno a ver cuál era más eficaz para nuestra situación. Yo siempre he tenido mi sistema hormonal súper delicado, con lo que ciertos métodos con hormonas no eran buena idea. Además del que jamás he sido buena para la puntualidad de hacer cosas, tomarme una pastilla anticonceptiva me iba a resultar en una ruleta rusa. Al final, decidí que sería el DIU. Él más que decir “sí” o “no” se dedicó a apoyarme, buscar información, costos, etc. Total, que el DIU, que no era de mantenimiento tan caro, sinceramente era súper barato, no dependía de si me acordaba o no, y la mejor parte: dura años. Muy chingona yo, al siguiente lunes no fui a la escuela, y como en la escuela me dan seguro, pues fui al seguro. Muy chingona yo, pido que me atiendan, me pasan, me hacen una evaluación, me muestran el DIU y me pasan a camilla. Resultado de imagen para ginecóloga consultaEstoy acostada, con las piernas separadas, viendo como una enfermera acomoda todo, otra intenta distraerme y la doctora sentándose para hacer el procedimiento, me miran la vulva. La doctora se quita y le dice a una practicante: “Colócalo tú” Me dan nervios. Me abren el canal vaginal con unas como pinzas. Siento frío. Me hacen el tacto vaginal para descartar inflamación o infecciones. Todo bien, pero no puedo evitar ponerme rígida y moverme hacia atrás: fue mi instinto. La doctora me pide que abra y cierre los dedos de los pies y las manos, que me relaje y me enseñan el Dispositivo. “es de tres centímetros” me dice “sólo sentirás un ligero cólico cuando te lo coloquen, sólo te abrimos 5 milímetros del canal vaginal para poder colocarlo” Y yo, dentro de mi, sentía que me habían abierto como para parir. “Te lo coloco, una… dos…” y no llega al tres cuando lo coloca. Siento un dolor distinto. En mi cabeza lo que había pasado, era que el dispositivo había tocado la parte más alta de mi útero y me lastimó. “¿Todo bien? Estás muy pálida. ¿Vienes con alguien?” dice la enfermera. Y me introduce unas tijeras para cortar los hilos restantes del dispositivo: unas tijeras que para mi, parecían de pollero y que seguuuuro me iban a terminar cortando algo dentro. Ya me veía volviendo en dos meses a que me retiraran la matriz por un corte hecho sin querer por las tijeras de pollo. Me piden que baje de la camilla y siento que todo se mueve a mi alrededor. Casi me caigo. Me coloco una toalla nueva en las bragas, me las pongo. Subo mi pantalón. “¿No vienes con nadie?” insiste la doctora. Yo: “No, mi mamá ni siquiera sabe que vine. Mi pareja no puede venir hasta acá a esta hora” Se queda seria. Me mira, me da dos ibuprofeno, una receta para más calmantes. Me da instrucciones, un folleto y yo la verdad no recuerdo mucho. Ella dice “quédate aquí hasta que llegue otra paciente o te sientas mejor. Te dolió mucho y fue la impresión que hace que casi te desmayes” Cómo es que no me desmayé alv. Espero media hora, me siento “mejor” y decido irme. ¿Qué hago ahora? con el dolor en el abdomen parece un suicidio ir a la universidad. Quiero ir a casa y lo único que se me ocurre es ir caminando a la biblioteca delegacional, a dormirme un rato. Esperar unas cuatro horas, hacer tarea y regresar a casa para que mamá no sospeche nada. Al fin que el semestre está terminando. Salgo despacito y con algo de lagrimitas en mis ojos por el dolor. Justo pasa una combi a mi lado y Tarraráaaan: se baja mi mamá al verme. Se pone súper de malas y entre su enojo y su sorpresa empieza a regañarme, a intentar investigar qué hacía allí. Yo solo digo “me sentía mal y vine a que me revisaran, no tengo nada” Pero mi mamá no me cree e insiste hasta que le digo ME VINE A PONER EL DIU, MAMÁ. Se enoja. Lo piensa y me dice algo como: “Estoy tan enojada que podríamos ir ahorita mismo a que te lo arranquen”Resultado de imagen para DIU Yo me río y le digo: “¿Y embarazarme?” Se queda callada. Justo ese fin de semana estábamos terminando de mudarnos. (Ya sé, nunca fui muy hábil para planear esa clase de cosas. No contaba con que dolería GENIO) y mi mamá seguía enojadísima. Entonces hubo la charla. nos sentó a mi y a G para decirnos “Yo no estoy de acuerdo y no tienen mi permiso para tener relaciones sexuales” G y yo nos miramos y no tuvimos que hacer nada más para carcajearnos por dentro. Sufrí de dolores abdominales bien intensos por dos meses. Los dos meses más horribles del mundo. Fui a revisarme y me decían que era normal. Dejé de alarmarme. A partir de aquí iba cada 6 meses a revisarme al seguro de la universidad. Después empecé a pagarme consultas con un ginecólogo particular. Me duró 9 años. Jamás tuve ningún problema o conflicto, supongo que por una parte por mi paranoia de ¿Y SI AHORA ME DICEN QUE SÍ ESTOY ENFERMA Y QUE ME TIENEN QUE EXTIRPAR LA MATRIZ? Lo que sí, es que mis periodos se hicieron más esporádicos, dolorosos y largos. Cada vez que iba a tener el período, por lo menos una semana antes me sentía incómoda, como si un músculo de mi pierna se trabara y no podía dormir bien. Además, mis hormonas se alocaban muchísimo, los barritos me salían en los barritos, el sangrado era largo y abundante, también los cólicos eran un suplicio, dos o tres veces me desmayé de lo fuertes que me daban. Las demás veces a penas podía pararme del sillón o la cama del dolor, el cansancio y el mal humor, excepto el último año, que en realidad fue una bendición: Ya no dolía tanto, me avisaba dos o tres días antes de que me bajara, mis periodos eran de dos o tres días, flujo regular a escaso. Sin embargo “fuera de eso” no pasó nada. Siempre me dijeron que todo iba bien pero que qué loca de ponerme el DIU con el útero tan chiquito. Creo que fue una de las mejores decisiones que tomé respecto a los anticonceptivos pero no me lo volvería a colocar. Demasiada preocupación. Muchos malestares en el período para mi gusto. Pero es una buena opción de bajo costo de mantenimiento. Cuando fui a quitarmelo, dos meses antes lloré y lloré de la angustia. ¿Y si me dolía demasiado? ¿Y si estaba encarnado? ¿Y si se me salía el útero cuando me lo quitaran? ¿Y si se atoraba? ¿Y si…? Total, llegó la fecha. Fui con mi ginecóloga y lo mismo: “Señora, acuéstese, relájese, abra las piernas, suba las rodillas ¿Cómo ha estado? ¿Cómo se ha sentido? ¿Ya se va a embarazar o busca otra alternativa? ¿Quiere tratamiento hormonal? No le va a doler…” Empecé a platicarle todos estos pensamientos random, dudas y miedos mientras ella acomodaba todo lo que iba a necesitar. Se sentó frente a mi, y me pidió que respirara profundo. Iba a medio respiro cuando sentí un jaloncito, escuché algo caer en la canasta de metal y me dijo: “Listo, termina de respirar, el dispositivo ya está afuera” Respiré de alivio. Tuve un pequeño sangrado, pero nada fuera de lo común. Lo miré: Una cosa de tres centímetros que me evitó muchos problemas. Una cosa de tres centímetros que me cuidó y me martirizó también por ratitos. Hasta me lo quería llevar, para recordarme que las decisiones se sienten en las entrañas. Me tomé un ibuprofeno y salí feliz. Todo estaba bien. Salí caminando, crucé la calle, subí las escaleras, entré a mi casa, me bañé y me puse a leer.   Y la vida siguió como si nada.   *Edit 1: Mientras escribía esto me di cuenta que mi memoria muscular respecto a ese dolor está muy clara: Me volvió a doler el alma *Edit 2: Ja, me acabo de acordar: Me coloqué el DIU una semana antes de navidad. *Edit 3: Oigan ¿Nadie ha pensado en hacer los instrumentos ginecológicos menos… ¿intimidantes? Esas cosas las ves y lloras.

Tocona

"Nosotras olfateábamos el proceso de descomposición
de las sangres nuevas, limpias.
Por qué el cambio, por qué
los labios cerrados. Nos frotábamos la adolescencia contra
los dedos, buscando.
Incluso entonces olíamos distinto."
Carmen Juan

No va a ser sorpresa cuando les diga que todo lo que tengo que decir sale de un post de Facebook.
El otro día navegando encontré un post donde preguntaban en un grupo de mujeres, algo como “¿Y ustedes suelen masturbarse?” Y aunque muchas decíamos gustosas que sí, que con gusto, me encontré también una colección gigante de mujeres que decían que no y las razones eran variadas. -Les da pena -No sienten nada -Después de tocarse les da mucha culpa -Después del orgasmo se sienten solas o vacías -No pueden erotizarse solas -No encuentran su cuerpo deseable -No les gusta su cuerpo -Consideran que sería un acto lésbico tocarse y mejor así porque son hetero, pero la que más me sorprendió fue una “No sé cómo hacerlo. No me toco porque no me sé cachondear sola, no sé que me gusta ni cómo me gusta. Me siento ridícula de saberme gimiendo sola.”

Me puse a pensar en la primera vez que me toqué, que fue un descubrimiento “sin querer” y después buscaba cada oportunidad para poder hacerlo. De inicio imaginaba, sí, estar con un hombre, pero como hasta ese punto no sabía que era la penetración ni cómo funcionaba, me quedaba imaginando muchas otras cosas. Besos, caricias, pellizcos, gotitas de agua, cosas así. También viéndolo en retrospectiva está bien cabrón porque estaba muy chiquita, pero supongo que tiene que ver con lo prohibitivo del sexo en general. Así que no me voy a juzgar muy duro por eso, al menos hoy. Mi punto es que en ese momento mi único problema era que mis papás no me cacharan, más allá de si estaba con alguien o no, de si había otro que me tocara o no. Y la verdad, es que ese encuentro fue bien peculiar: entendí cómo se conecta mi cuerpo conforme me iba permitiendo tocarlo. Supe que podía tener diferentes tipos de orgasmos si hacía distintos tipos de presión, encontré que mi piel reaccionaba a ciertas formas de tocarme, en la ducha entendí que también había temperaturas que podían provocar cosas  bien interesantes en mis reacciones. Y pensar que todo empezó un día que estaba súper cansada y me dolían las piernas, entonces puse mi almohada entre ellas para “descansar”

Pero como el mundo no es color de rosa, por mucho colorante que le pongamos, cayó en mi el peso de la heteronorma en forma de un pene: Tuve mi primera relación sexual con un bato. Omitiré el intro del tormento de relación que fue afectivamente y me enfocaré en eso que hoy nos atañe: lo sexual. Me acosté con él muchas veces. Algunas de ellas consensuadas, la mayoría de ellas, obligada o coaccionada, chantajeada. Y entonces me di cuenta que sí, en ocasiones estar con él me prendía mucho, pero en otras, ni el hielo seco era tan frío como mi libido. Pero también poco a poco, con muchas voces de diferentes personas con las que en su momento me abrí a hablarlo (claro que todo en forma de supuestos porque ¿Cómo alguien de 15 años iba a tener inquietudes sexuales?) tocamos el tema de la masturbación (e incluso con un par de adultos) la respuesta era que al tener vida sexual activa con un otro, tu autodescubrimiento era obligatorio llevarlo a cabo a partir de ese otro. Como si tener a alguien acompañándonos (y ojalá fuese siempre acompañándonos y no usándonos) nos obligara a mantenernos únicamente descubriendo en función del otro. Pero bien o mal, me tragué el cuento.

Dejé de masturbarme. Estuve mucho tiempo en una relación donde mi mayor acercamiento a un orgasmo era el calentón que se me iba a la primer penetración y el tener que cubrirme moretones en el cuerpo cuando “no me iba tan bien”

Seguí creciendo e interioricé mucho el: “si no es con alguien, no es con nadie” “El cuerpo sólo se erotiza a partir del otro” Y todo el argumento que ello carga. En serio, incluso aprendí a excitarme con el porno, porque era todo lo que tenía. Aprendí a sentir cosquillas cuando alcanzaba a ver videos “interactivos” (diría al que ahora considero el peor maestro de matemáticas del mi preparatoria) y olvidé cómo era poder disfrutarme sin tener que necesitar al otro.

Tuve mucho tiempo libre, otras parejas sexuales, algunas casuales y otras estables.
Me enamoré perdidamente de un hombre nuevo, uno que me trató bien y diferente y lo subí de a poquito en un pedestal, sin darme cuenta. Me entregué a él en toda la vorágine del amor romántico. Tuve mi primer encuentro sexual con él en las escaleras de mi casa y entonces no paramos de estar juntos. Recordé en sus manos qué era tener un orgasmo, sentir la piel erizada, el calentón en pleno elevador, el no querer quedarme quieta cuando salíamos a cenar, lo divertido de las miradas furtivas y de los fajes en los portones y entendí a que se referían con que “cuando estás con otro, no es necesario masturbarse” porque justo en ese momento, me satisfacía muchísimo estar con él.

Sin embargo y al hablarlo, descubrí que él lo hacía. Y al inicio sentí una conmoción durísima. ¿Cómo que su libido no me pertenecía? ¿Qué significaba que no me deseara A MI todo el tiempo? ¿Porqué me dolía saber que había estado con otras mujeres si yo misma había estado con otros hombres? Y de la purititita rabia, me masturbé. Recordé que era redescubrirme sola, y me fue mucho más fácil explicar qué me gustaba. Ahora agregaba cosas, como fantasías: Ya sabía qué se sentía estar con un otro y cómo era ser erotizada con el otro, entonces tenía un campo más grande de acción en mi imaginación. Además había descubierto casi al mismo tiempo a Erika Lust, la música de Florence and The Machine y andaba muy entusiasmada con conocer mi ciclo menstrual y las muchas y mágicas cosas buenas que tiene la masturbación en las diferentes fases del ciclo. Volví a masturbarme aunque siempre como en plan “Voy a investigar qué para decirle y lo hagamos”

Poco a poco recuperé el hábito aunque fuera con otro enfoque. Ya no me frustraba ni me quedaban “con las ganas” porque podía solita despacharme.

Tiempo después (Años, pues) empezamos a vivir en pareja y no es secreto que las dinámicas de todo cambian cuando están todo el tiempo en el mismo lugar dos personas conviviendo. Pero tuve otro proceso rarísimo en el que toda mi afirmación emocional y autoconfianza la proyectaba en el sexo y de pronto lejos de ser un “algo” chido que pasaba y disfrutaba, se volvía una cosa muy rara que yo “necesitaba” para sentirme querida. Empecé a toquetearme más seguido y justo, empecé a desarrollar ese vacío del “es que sin él me siento triste” “si estoy sola, sí siento el orgasmo pero también el vacío” y muchísimas cosas por el estilo.

Descubrí con el tiempo que justo era esa reafirmación del amor por medio del sexo lo que me estaba mermando la capacidad de disfrutar mi cuerpo sólo por poder hacerlo. La necesidad canalizada de sentirme única, de sentirme fuerte, especial y “The one” sólo a partir de cuántas veces cogíamos al mes. Y me puse a pensar ¿porqué nos enseñan a sentir culpa por descubrirnos? ¿porqué tenemos esa necesidad bien loca de sentirnos queridos a partir del sexo con quien amamos? ¿Desde dónde validamos nuestros encuentros sexuales? Y aunque ahora mi respuesta se reduce bien fácil a “Es el estúpido patriarcado de mierda” También veo que se trata el sexo desde un mecanismo de propiedad: Deslegitimamos todo aquello que no le pertenece a un otro, como los espacios públicos y damos por hecho que lo nuestro lo sabemos, como nuestra casa. Tengo en este momento la firme creencia de que mientras sigamos viendo el deseo como un bien intercambiable y de propiedad, nunca vamos a poder ser verdaderamente dueñas de nuestro placer. En fin. Sigo con mi historia.

Me quedé entonces en que sí me toconeaba cada que quería pero sintiendo culpa y percibiéndome malquerida. Luego lueeeego fui a terapia y le bajé a mis percepciones autodestructivas. Empecé a quererme y “despacharme” (como dice G) cada que se me antojaba porque que rico querer mi cuerpo y darme muchos besitos y no necesitar de otros para sentirme mimada y amada.

PERO, Pero, pero el cambio más grande que tuve respecto a mis hábitos autoexploratorios fue cuando me asumí bisexual y enamorada y con ganas de toquetear a otra mujer. Ese fue mi punto de quiebre en tres sentidos. El primero: ¿Cómo iba a pretender tocar a un cuerpo similar al mío si yo no conocía bien lo que yo sentía y cómo lo sentía? ¿Cómo me iba a salir de la heteronorma que mayormente penetra y nada explora? Así que empecé a masturbarme de muchas nuevas formas. Incluso dejé de buscarme el placer en el clítoris directamente para concentrarme en la piel, en los sonidos y los olores, en sensaciones, texturas incluso sabores. Empecé a entender diferente las dinámicas de juego y coqueteo. Descubrí muchas otras formas de sentir atracción, juego, placer y que ninguna tenía que ver con tener sexo. En su momento esto fue una impresión tan fuerte que me volví abstemia durante un tiempo: no quise estar con nadie hasta que yo me sintiera tranquila y satisfecha conmigo, con lo que yo sabía, descubría y pensaba.
Aquí me gustaría recordar para ser noble conmigo: Nunca se me dieron bien los cambios, me cuestan trabajo y necesito mi tiempo para revelarlos. Y está bien.

Mi segundo quiebre fue: ¿Cómo voy a poder decir qué clase de acercamientos y formas me gustan si yo misma estoy acostumbrada solo a un tipo de desenvolvimiento. Y no es que esté “bien” o “mal” sino ¿que tal si en medio de todo esto descubro que lo que yo sé no es suficiente y bueno, aunque siempre el tema de la suficiencia es TODO un tema para mi, sí me impulsó a investigar, seguir buscando información, seguir descubriendo mi cuerpo y viendo o platicando en otros entornos, como otras mujeres reaccionan, experimentan y mantienen nuevos encuentros. ¿Desde dónde? Si no existe en ese momento un medio de comunicación ¿cómo puedes establecer un diálogo? ¿Cómo lees un cuerpo como el tuyo si no te diste tiempo de escuchar el tuyo? ¿Qué cosas nos dicen los cuerpos? Y es que aquí, y con toda mi reconstrucción desde el feminismo, empecé a tener una cantidad grandísima de miedos respecto al consentimiento, a las prácticas alternas y no vainilla, incluso fetiches (aquí descubrí que la idea de amarrar y ser amarrada era algo que de verdad TENGO que intentar un día) Incluso hasta muy entrados los 26 experimenté con vibradores.

Y el tercero, que además creo es el más importante: ¿Cómo logro apreciar un cuerpo similar al mío, si no logro apreciar el mío? Y esto fue mi punto de partida para reaprender a erotizarme sola y disfrutar mi cuerpo completo, con todo lo que rompe el estereotipo de ser una mujer “bonita”, empezar a disfrutar apretujarme las lonjas, pues, a tocarme los senos, las nalgas, aprender a verme en el espejo desnuda y aceptar que a veces con el roce de algunas telas o las temperaturas de algunas sudaderas también siento cosas. Que puedo sentirlas sola, que puedo disfrutarme con la cortina entreabierta para que entre sol y me caliente solo algunas áreas. Empecé a ver mi cuerpo desde afuera y de una manera bien particular, esto me ayudó también a dejar de querer cambiar todo por no tener cuerpo de Barbie. Empecé a tomarme fotos, a permitirme caminar desnuda por mi casa.

Ahora me masturbo cuando me pega la gana. Sola o acompañada. A la hora que se me ocurra. Hay cosas que comparto e intento con alguna de mis parejas. Hay otras experiencias, sensaciones y reacciones que guardo solo para mi. Mi orgasmo y mi masturbación (genital o no) se vuelve para mi un ritual de autodescubrimiento constante, como alguien que cambia todos los días. Se vuelve todo un proceso en el que honro y agradezco a mi cuerpo por ser como es, estar y mantenerse, por ayudarme a destejer y entender diferente cada experiencia de mi vida. Ya no me obsesiono con estar con alguien, ya no tengo esa urgencia de acostarme con alguien para sentirme amada. Me mimo y me cuido sola. Me vuelvo autogestiva. Me dejo descansar del sexo cuando lo necesito y retomo mis maratones multiorgásmicos cuando me es necesario.

Y luego sigo con mi vida como cualquier Lunes por la mañana.

Consejo para la Septiembre.

¡Ya vamos a la mitad de Septiembre y la temporada de cierre de ciclos está más cerca cada vez ¿No les emociona?

Si estás aquí, vamos a asumir que ya elegiste tu carta y que tenemos todo listo para poder recibir este consejo que nos aguarda. Esta semana, la lectura nos ayudará a observar más puntualmente aquello sobre nuestro conflicto para poder acercarnos a la solución de formas más eficaces y cortar con esto en las siguientes fiestas de Samhain.
Seguro esta semana será muy productiva.

¡A los consejos!

Carta 1 (Izquierda)

El Loco- Steve Jobs

El loco TE representa. Es decir, es esta persona que está fuera de la simple contemplación, es el actor de la situación. Básicamente habla de una persona en una constante búsqueda, pero también en una resolución para algo nuevo.
Esta carta, representada por Steve Jobs, dice que así como él con el diseño del iPhone ¡Lánzate, pero no a ciegas!

Traes una empresa allí cargando que está desde hace tiempo dándole vueltas a tu cabeza. Que si ya hablas del tema, que si por fin ahorras o por fin te gastas este dinerito, que si ya te le declaras, que si ya le dices sus verdades: Este es el momento.

Necesitas YA empezar a actuar porque si esperabas una señal para avanzar, es esta. Recuerda que a veces también para hacer renuncias existe una parte activa en lo que necesitamos. Sí, queremos que esta incertidumbre que sientes se termine de una vez por todas, pero no se irá volando nada más porque ya dimos el grito de conmemoración de independencia. Sí canalizaste pero no es suficiente. ¿Cuál es el siguiente paso? ¿Qué te hace falta? Si tu respuesta es “nada” entonces mantente más confiando en tu intuición y tu decisión. Todo lo que has edificado se proyecta en este cruce. ¿De verdad estás dispuesta a dejar que se te pase? Toma decisiones y avanza, avanza, avanza. Apuesta por lo que ya tienes claro, deja de tenerle miedo a la respuesta.

Que tu camino de ida de esta situación compleja sea también el camino de partida a un momento mejor para ti.

¿Quieres saber más de él? Da click aquí 

Carta 2 (Centro)

La Justicia – Malala Yousafzai

Usualmente la Justicia es aquel sistema que toma decisiones desde lo calculable, lo tangible y racional.
Malala al estar invertida en esta ocasión, nos dice que tal vez es momento de actuar más desde la intuición y no tanto desde la razón. Se te ha atorado muchísimo este conflicto que estás pasando, porque buscas crear el momento perfecto, las palabras adecuadas, el lugar ideal… Y aunque regularmente es como funcionas para poder enfrentar las situaciones que se asemejan a esta, en esta ocasión necesitas más bien dejar que las cosas fluyan de manera natural. En este problema en particular, tanta preparación podría hacer sentir el terreno “preparado” como algo ficticio y no ayudará en nada al mensaje que tienes que comunicar.
Al mismo tiempo, esta carta nos dice que dejemos de tratarnos desde el castigo y la culpa: la justicia no es desde el castigo sino desde la necesidad de ver todo con la misma medida para poder entenderlo, no te maltrates por los errores que ya cometiste y mejor enfócate en dejar que aquello que tengas y duele supure para que pueda limpiarse. Reconoce tu error y avanza. Mantén el dedo en la línea pero no en la yaga.

Que esta semana te sea provechosa para reconocer y limpiar tus heridas, para de allí sacar fuerza y entonces seguir adelante: como Malala.

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Carta 3 (Derecha)

La estrella / Sophie Calle

Un día donde todo iba normal, a Sophie Calle le llegó un mail larguísimo que le heló la sangre: Su pareja estaba terminando con ella. Su última línea decía “Cuídate mucho”
A Sophie al inicio no le hizo NADA de gracia, pero con el tiempo tomó ese “cuídate mucho” como la apertura para algo maravilloso; casi como un faro en plena oscuridad.  Este correo se lo envía a 107 mujeres para que todas hicieran “algo” con esa información que no pudo procesar e hizo una obra de arte con TODO lo que salió de allí.
Si tienes cuidado con lo que te acabo de contar, te darás cuenta que toda esa mala experiencia fue la gasolina ante la cerilla. Sin esa parte no tan divertida, Sophie no habría podido hacer la exhibición tan divertida de ese “¡Cuídate mucho!”
Este es justamente en el proceso en que tú estás. Sé que vienes de un rush muy fuerte de buena ondez respecto a muchas personas cercanas (a una en especial que acabas de conocer) pero toda esa energía ahora que se asienta empieza a hacer mella y progresivamente te darás cuenta de todas las cosas que cambiaron en cuestión de dos minutos. Dos de ellas son paradigmas bien personales que traías papaloteando y no sabías dónde acomodar pero de los que tampoco te podías desprender. No te mortifiques. Sí, el paso no será sencillo y desprenderse de estas dos cosas va a ser bien complejo, pero poco a poco podrás ver cómo te acercas más a ese punto de prosperidad.

Sophie aquí nos recuerda: Para poder tener, primero hay que perder.
¿Quieres saber más sobre ella? Da click aquí

 

¡Recibe un abrazo, muchos besitos y buenas vibras! 

PS: Esta lectura se hizo con: El Tarot Místico Mágico de las Estrellas Pop.
PS2: Si te interesa una lectura personalizada, mándame mensaje haciendo click aquí

La oscura vereda de enfrente

Estoy en la sala de mi casa, con la lap enfrente y el buscador con la frase “Instrumentos de defensa personal”
Inmediatamente después pienso en lo patético que resulta tener que comprar estas cosas. Lo que nos orilla a esto, en lo indispensable que se vuelve. Que lo triste de los objetos de defensa personal es que tengan que existir, que tengamos que comprarlo, que tenga que formar parte de nuestro habitus tenerlo en la bolsa y mantenernos alerta, siempre siempre.
Hace rato estaba caminando directo a mi casa, por una calle larguísima que sin duda podría ser una avenida de haber tenido otra suerte. Es la primera vez después de un par de semanas que vuelvo en medio de la noche caminando a casa. La última vez, un tipo bajó de un taxi y comenzó a seguirme, segundos posteriores, el taxi dio vuelta en U para poder alcanzarme. Corrí. Y lo primero que pensé fue en usar un gas pimienta. En clavarle el bolígrafo que tenía en la bolsa directo en el ojo.
En el semáforo de peatones parpadea el verde. Corro. Cruzo la avenida lo más rápido que puedo. Justo cuando el chico intenta cruzar, comienzan a avanzar todos los autos. No pueden moverse de donde están, pasa el trolebús y sube mucha gente. Me cuelo entre el desastre visual que me otorga la acera.
Y pienso.
Pienso que tuve suerte, pienso en no acercarme a las ventanas para que no me alcancen a ver, para que no tengan idea de dónde estoy. Desde ese día decido regresarme en Uber. Y recuerdo lo incómodo que me resulta volver en taxis o uber desde que leo todas las historias de personas agredidas. Las veces que los conductores manejan como locos el auto para llegar antes, que aceleran al máximo para hacer alguna broma estúpida. Que cuando vengo con un hombre en el mismo auto, ni de chiste hacen ese tipo de cosas. Que me frikea que un Uber ponga los seguros de las puertas. La náusea que me provoca ver que por alguna razón no están siguiendo la ruta que indiqué.
Recuerdo entonces todas las veces que me he salvado.
Esta vez me regresé en transporte público, pensando en que no puedo mantenerme sintiendo miedo por la ciudad y por su gente; intento enfocarme en mis amigos, en la gente maravillosa que conozco. Intento pensar y reconocer en cada rostro a alguien que, como yo, sólo intenta llegar a casa.
Y estoy cansada. Estoy cansada de sentirme segura solamente en la vereda oscura donde cabe una persona, esa que es tan recta que puedes saber perfectamente si hay alguien por entrar del otro lado. La misma vereda que te avisa cualquier mínimo ruido por la parte trasera. Estoy harta de sentirme agobiada por no poder estar acompañada y de pronto reluce otro de mis miedos: El abandono. Entiendo que tal vez y sólo tal vez este miedo al peligro, este miedo al no volver a casa acrecienta mi deseo de estar siempre acompañada. Y estoy caminando sola por la vereda oscura.
Aquí, ya en casa, tranquila, pienso en mis amigas. En lo horrible de preocuparse por el otro, en que ahora preocupa más no tener datos por no poder mandar una ubicación que por estar en Facebook.
Miro una y otra vez mi lista de artículos de defensa personal: 3,500 pesos.
Aún no sé cómo voy a pagarlos.
Y la peor parte, es que sé que nada de esto garantiza mi seguridad.

Marrón

La primera vez que tuve el período, yo debí tener como 11/12 años. Resultado de imagen para mancha sangre bragas
No recuerdo bien mi edad. Mis papás ya estaban divorciados y vivíamos a unas cuadras de casa de mi papá.  Recuerdo haberme puesto una toalla sanitaria y que mi madre lo descubrió. Tengo en las manos y en la mente muy grabadas la necesidad de esconderlo todo. La vergüenza que me dio que mi madre lo descubriera. No diré si mi mamá me dio la charla o no sobre la menstruación, sí diré la verdad desde mi trinchera: No lo recuerdo.
Mi mamá era muy joven y yo era la primera mujer a la que criaba: Siempre había cuidado hombres en su vida.
Quiso enseñarme a colocarme la toalla pero yo ya sabía. Quiso explicarme cada cuanto cambiármela, pero ya sabía. Me revisó la que tenía puesta y yo ya no estaba sangrando. Sentí aún más vergüenza, me sentí una acelerada mentirosa.

Un par de años después, en la confianza que sentía en la casa de mi papá, como a los 12/13, alguno de esos fines de semana me metí a bañar, me quité la toalla, la dejé fuera para revisar mi sangrado y luego me metí a bañar. En la premura por hacer alguna cosa que hoy ya no recuerdo, no tiré a la basura la toalla usada: La dejé en el lava manos. Me coloqué una nueva, me vestí y salí al cuarto. Justo en ese momento mi papá entró al baño. Escuché cómo ocupó el baño y al salir, me miró y me dijo: ¿Ya te pasan “esas” cosas? Debes tener cuidado, ya tiré “eso”. Pero me hubieras dicho, era importante que me dijeras para saber que estás cambiando.

No me había sentido diferente hasta ese momento en que me manifestaron que lo era: Yo YA era diferente.
Nunca hablamos del tema más allá del:
-Papá ¿Me compras brassieres?
-Papá, me hacen falta toallas

Esta fotografía es de Vice
Vice

En los años posteriores, no recuerdo problemas para con mi mamá, más allá de la cantidad de toallas que gastaba en cada período.

Con el tiempo cargaba siempre con dobles bragas. Aprendí a ponerme la toalla sanitaria y envolverla en papel. Me enseñaron a poner kleenex hechos rollito en mi culo para que no se saliera la sangre por allí y me ensuciara la ropa. Aprendí a bañarme esos días seguidos. A ponerme shorts que me apretaran lo suficiente para que no se me notara lo hinchada. A no comer dulces. A comer demasiados dulces. A ponerme compresas en el vientre que en realidad no me calmaban ningún dolor. A esconder mis sábanas manchadas. A ponerme doble pijama. Pensé en algún punto hasta ponerme pañales (esto al final no lo hice porque mi mamá se daría cuenta y me daba demasiada pena que lo supiera)

Después empecé a usar ropa negra. Ahora que lo pienso, casi todas las cosas poco convencionales me pasaron en casa de mi papá.
Fuimos varios a la Merced, aunque sólo recuerdo a mi papá manejando y a una de mis primas. Yo debía tener más o menos 14 años. Me había puesto un pantalón negro de brillanta, blusa y tennis. Volviendo de allá, me senté en la parte de atrás, sentí cómo mi toalla estaba súper mojada y cómo en cada tope o movimiento, yo me iba escurriendo más. Manché el pantalón y para mi “mala suerte” también manché el auto. Me levanté y mi prima vio la mancha en el sillón,

dijo: ¿Qué es eso?
Yo- Creo que es de mi periodo
Ella- No creo, se ve muy raro, a lo mejor te sentaste en algo y te manchaste o algo de la comida se chorreó
Yo- No, es mi período
Ella- No, es otra cosa
Yo- bueno, como sea.

Nunca supe si mi papá supo que fui yo. O si supo qué era. Ese día aprendí a vestirme con ropa negra absorbente.

En la preparatoria, alguna vez manché una de las bancas de afuera de los salones: Las bancas eran blancas. Se veía el manchón naranjoso/rojo allí, frente a toda la escuela, que en mi paranoia creía que todos sabían que había sido yo. ¿Quién más? no había otra chica en toda la escuela que supiera yo, tuviera el período ese día. Por supuesto que todos lo iban a notar.

Si lo notaron o no, nunca supe. A partir de eso, siempre me ponía un tampón y una toalla “No vaya a ser que me chorree” Imagen relacionada

Llegaron los cólicos más fuertes. Más  seguido manchaba mi ropa de cama. Cada vez odiaba más tener el período: no podía moverme, todo el tiempo tenía hambre y sueño. Era incómodo, me sentía observada y avergonzada.

Alguna vez me bajó y no fue a tiempo. Manché mi ropa y no tenía nada para proteger mi ropa. Una extraña me salvó regalándome una toalla. Aprendí también a siempre siempre llevar toallas y tampones en la mochila, a llevarlos cada vez al baño, por si otra lo necesitaba. A veces los pegaba en la puerta de los baños, deseando que quien tuviera una urgencia pudiera encontrarlas (esta es una costumbre que aún tengo, sobre todo en baños públicos)

Empecé a sentir un verdadero terror cuando me fui a vivir con mi pareja y empezamos a vivir juntos. A mis 22 años sentí que ya tenía todo resuelto, hasta que me tocó bañarme con él cuando estaba en mi período. Él siempre fue muy gentil, pero yo no dejaba de hervir de vergüenza, de sentir que estaba sucia, que apestaba, que era desagradable. Manché las sábanas y yo pensé que pelearíamos, que tendría que lavar a mano esa ropa para tranquilizarme. Cuando se dio cuenta, me abrazó, me dio un beso y me dijo “no importa”

Esta foto es de @BeatriceHarrodsAprendí a compartir mis ciclos. Aprendí a decirle: Pásame una toalla, necesito que me compres un paquete, guarda esto en tu bolsa. Aprendí a no avergonzarme en mis espacios y  en mi casa por cosas que me pasan y que son completamente naturales.

Poco a poco dejé de tenerle miedo a mi periodo. Dejé de ponerme dobles bragas, de colocarme un tampón y una toalla, dejé de envolver las toallas en papel y de poner el kleenex en mi culo. Progresivamente dejé de tenerle miedo a ensuciarme las manos.

Entonces empecé a compartir mi vida también con una mujer. Y mi relación con mi período mejoró en muchos sentidos. Viendo sus cambios y los míos aprendí a entender mi cuerpo. Aprendí a ver más claramente la señales, a identificar cuando estamos en spm, cuando estamos muy receptivas, cuando el comercial de Telcel sí es muy bonito o cuando no lo es pero estamos muy sensibles. Aprendí que me duelen los pezones cuando estoy terminando de ovular, que me da un calentón pre-regla. Que cuando me masturbo y siento mi útero duro, es porque estoy cerca del spm.

He dejado de tenerle miedo a “ensuciarme” porque dejé de pensar que la sangre era sucia. Descubro formas de cuidarme y descubrirme a partir de mi periodo: empecé a aceptarlo como es, a ir a ginecólogo y buscar alternativas naturales para mi cuidado y como consecuencia los cólicos ya no duelen tanto, la sangre ya no es tan espesa, ya no me paraliza el dolor ni la paranoia, las manchas en mi cama ahora me dan risa y en lugar de cambiar las sabanas diario, me la pienso dos veces y solo quito con cuidado la mancha, para lavar las sábanas después. Ya no escondo mi ropa sucia ni mi basura. Dejé de usar toallas desechables tan seguido. Aún me asusta tener alguna mancha cuando camino por la calle, sentir la descarga cuando me levanto o toso.

Empiezo a sentirme feliz y orgullosa cada que mi periodo llega.
Me dan ganas de ensuciar mis manos en lo que ahora me significa una sangre sagrada.

Ahora quiero dejar de tener miedo a que al Jean se le note el círculo marrón. Quiero ser provocadora y mostrar que sí: que mi sangre está bien.
Que ya no quiero sentir vergüenza.

 

Edit: Hoy tengo cólicos, estoy cansada, tuve pesadillas, no quiero moverme y cuando fui al baño, pum, la maravillosa mancha marrón en mis bragas <3
Edit 2: Decidí hoy no ponerme toalla, tampón, copa… nada. Decidí hoy luchar con mi instinto de permanecer “limpia”

Crisis

De las muchas cosas que tengo consciencia desde hace tiempo es que el trastorno que tengo es cíclico: de una u otra forma volveré a los estados que pude haber dejado atrás. Regresar a ellos es a veces paulatino y a veces un tren que me arrolla los huesos mientras duermo. En ocasiones inician con cosas sutiles, un tono de voz, un gesto, una mirada, un aroma, a veces como hoy, es un sueño, un presentimiento (que la mayoría de las veces es un síntoma de mi ansiedad) y miedo, llanto incontrolable y ganas desesperadas de moverme y al mismo tiempo de no hacer nada. Es como estar encerrada en una casa sin paredes.

Hoy me pasó así. Desperté teniendo uno de los sueños más terribles que he tenido. Fue tan intenso y tan vívido, me revela tantos miedos que he tenido muy a raya por mucho tiempo, he trabajado en ellos y los he modificado: yo misma me siento diferente respecto a ellos. Pero hoy sentí el mismo miedo que hace tres años. La misma incertidumbre, el mismo dolor. Se instalaron en mi cabeza como una daga en el corazón del dios al que este país tan raro le reza. Me siento desesperada. El único miedo que ronda por mi cabeza es que me voy a quedar sola. Sola. Vacía. Intento llorar para sacarlo pero no sale mi llanto, se atora como una capa borrosa en mis ojos que se mantiene al límite para reabsorberse, como si mis ojos tuvieran pena de estar una vez más aquí.

Mi mejor amigo estuvo quedándose varios días en mi casa. Me agradó su compañía. El saber que estaría aquí y que aunque no hagamos nada con el otro, para el otro o por el otro, estamos acompañados.
Sé que traigo una muerte simbólica arrastrando desde hace días.
Hoy todos se fueron. Mi vínculo salió, mi mejor amigo volvió a su casa y yo no pude salir de la mía. No pude. Hay una garra que toma mis pies y los siembra en un piso de cerámica barato que además se está cuarteando.

Y volvieron a mi, todos y cada uno de los pensamientos del inicio. Y estoy muy cansada.
Estoy cansada de volver a ser siempre esta que llora porque algo se modifica. De volver a sentir miedo y ni siquiera saber claramente de dónde sale.
Sé que todo está bien. Lo sé. Lo veo. Ayer mismo hablaba de esta tranquilidad de que no pasara nada. Que es tan extraña la paz que se siente. Que tengo todo el tiempo del mundo en mis manos, que nada me apremia ni me carcome. Y sin embargo de un momento a otro volví a sentir una soga en el cuello que se ciñe a no sé cuál árbol y aprieta sin una caída libre.

En la mañana volví a notar que el cabello se me está cayendo por mechones y me asusta y preocupa, pero al mismo tiempo no me importa. Caigo en la trampa de no darle atención a las cosas que me impactan. Pienso en hacer algunas cosas y cuando tengo que hacerlas mi energía me lo impide. Estoy frustrada. Estoy triste. Y al mismo tiempo sólo siento calma.

Creo que me bastan pocos días para acostumbrarme a la compañía. La disfruto, pero cuando se van, me confronto con algo que no siempre sé saludar de buenas formas y es ese espacio vacío aunque después me alegre estar allí. Me reviso y me doy cuenta de que estoy bien, que no pasa nada. Que las cosas son mejores de lo que solían ser. Que yo soy diferente. Que lo he logrado, que sigo adelante. Pero no puedo creerme en este momento. Porque me siento abandonada.

¿Sabes qué es lo cagado? Siento que no puedo decirle a nadie porque tampoco tengo las fuerzas para recibir la atención de nadie. Me mantengo al margen porque no quiero preguntas ni respuestas, no quiero hablar y tampoco estoy segura de querer la compañía. Hay algo en mi, muy muy dentro que me grita algo en un lenguaje que no entiendo. Y no puedo llorar. Ya no puedo. Siento como si todas las lágrimas se hubieran acabado la última vez que purgué todo en forma de llanto. E intento caminar. Y al mismo tiempo, en este vacío de energía, en esta soltura de la situación, decido no decirle a nadie para no preocuparlos, para no hacer más grande esto que sé que me durará hasta mañana, para no darle importancia a algo tan líquido.

Me entra mucha nostalgia de momentos antiguos que ahora parecen tan raros, donde sé que vivía una felicidad súper intensa y que después venía la bajada de la montaña rusa. Me da miedo

no sentir ya las cosas tan intensas: he estado tanto tiempo tan acostumbrada al caos, al desajuste y al frenesí de todas las emociones, que ahora sentirlas en una frecuencia mucho más baja me asusta. Me da mucha paz, descanso mejor, pero a veces siento que no me es suficiente. Y al recordar esos bajones tan profundos dudo de si querer que todo vuelva a ser como era. Pienso en las batallas, tanto en las ganadas como en las perdidas y siento tanto cansancio que dudo demasiado de si quiero seguir intentando avanzar, al mismo tiempo siento que llevo demasiado tiempo sin moverme.

Me acuerdo de la antigua yo y la extraño. La veo y al mismo tiempo no la quiero de vuelta. Me siento muy confundida e intranquila y al mismo tiempo por fuera mantengo en este momento la paz de un espejo de la que yo misma estoy asombrada.

Sé que hoy todo está bien. Pero también hoy, algo en mi cabeza no lo entiende.
Sé que todo estará bien mañana.

Salir del clóset

Hace tiempo fui a ver a mi madre y platicamos sobre cosas que nunca le había preguntado. Entre la conversación dijo algo respecto a otras personas que me hizo sentir muy tranquila. Pero vamos a contar esta historia despacio:

Cuando le conté a mi mamá sobre la no monogamia, lo primero que me dijo fue: No estoy de acuerdo, a mi me parece que si su relación ya no funciona entonces deberían terminar. Pero no sé qué decirte, si a ti te funciona está bien, yo debería estar acostumbrada a que siempre rompas mis esquemas y hagas las cosas diferentes.

También le dije que me gustan las mujeres, le pregunté si en algún momento lo había sospechado (con eso de que las mamás lo saben todo, pues igual y ella ya sabía y como siempre la que intentaba verse la cara de tonta era yo solita) Y entonces ella me dijo que nunca se habría dado cuenta porque siempre me gustó vestir de ciertas formas y hacer ciertas cosas y que jamás se imaginó que fuera diferente.

Me quedé callada.

Con el tiempo, la no monogamia es algo que casi no tocamos. Yo le cuento de mis dos vínculos, como para las dos irnos acostumbrando a que el tema existe y a que los dos vínculos son importantes para mi en sus variantes, momentos y significados. Ella regularmente no dice mucho, sólo sonríe amablemente o se queda callada.
La última vez que fui a comer a su casa, hablábamos de algunos de sus amigos y la relación de pareja que tienen: es mucho nuestro tema de conversación porque a mi no me caen bien pero son los mejores amigos de mi madre, así que siempre están en la mesa, lo sorprendente con el tiempo es que ambas tenemos percepciones muy similares a la de la otra respecto a ellos y justo nuestras experiencias nos hacían quedarnos o no. Evidentemente yo decidí no quedarme. El punto es que la hacer observaciones sobre su relación y lo que aprendíamos de ellos y cómo lo aplicamos para nosotras, ella me dijo algo que me hizo sentir mucho más cómoda porque es algo que de alguna forma también habla de mi.

 

“Las relaciones son personales y no le incumben a nadie más. A cada pareja les resultan bien cosas diferentes y es algo sobre ellos. No tiene que gustarme y si sus acuerdos son así y ellos son felices, lo que yo opine o no, no importa”

Entonces me volvió el alma al cuerpo de muchísimas maneras. Me sentí feliz e incluída, pero sobre todo, me sentí tranquila. Tranquila de poder compartirle poquito a poquito cada vez más de lo que siento, quiero y espero, con menos miedo de que me juzgue o me señale.
Algo que aprendimos las dos cuando me salí de su casa es que no soy una extensión de ella y que ninguna de las dos tiene la obligación de ser lo que la otra quiere, porque al final, la vida que cada uno vive es propia. Y cada uno, por más que se entrelace en la vida de otros, se encuentra en una individualidad bien cabrona que no puedes desarticular, pero la conciencia de ella te lleva a tomar decisiones de una forma diferente, más meditada, mucho más asertiva y a largo plazo. A tomar mejor las cosas a corto plazo.

Entonces dejas de emitir opiniones que no te pidieron y a autocriticarte.
¿Y saben qué?

Se siente bien rico hablar de dos vínculos sin miedo y saber que aunque los demás no lo vean, estás creciendo. Que aunque no lo veas, los demás también están cambiando.

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