No me llamo así.

Quiero llamarte.

Escribir tu nombre en mayúsculas
escondido entre los versos de algún libro.
Me he perdido llamándole a cada objeto
con el nombre mental que mis recuerdos te han impuesto.
Estar abrazada de tantas letras me hace sentir que te leo a cada instante.

 

Te menciono, te llamo y te abrigo 
desde un punto muy profundo
creado en el hueco de mis manos
donde deposito todos mis pensamientos.
Me mantengo atada al susurro
de tus ideas impresas en algún papel.
En los pensamientos más escondidos y frecuentes
de esta trampa que aún no tiene nombre.

Te sueño.
Te sigo.
Te pienso.
Te escribo.

Te dedicaba canciones antes de cantarlas; Onironauta.

Cambios

Mucho tiempo estuve intentando aferrarme a una estabilidad que me cuesta trabajo aceptar que no existe. A partir de eso tuve dos epifanías respecto a esto.

1: En el mundo jamás nada es estable. Lo “estático” está muerto. Y lo muerto no está.
2: El mundo gira por personas que más que querer ser estables buscan crecer y mover las cosas que no les gustan, dar paso a mejores horizontes y sobre todo a hacer lo que te apasiona. Y todo esto comenzó aquí.

 

A pesar de que he sido muy feliz trabajando en la agencia de mkt en la que estaba, un día por mi cabeza pasó un ¿Qué estoy haciendo para acercarme a mi sueño? Y me vi más cerca que antes, pero poco más lejos de lo que esperaba verme. Y comencé a buscar una solución. Lo gracioso es que apareció frente a mi en cuestión de… 3 o 4 minutos en el feed de facebook.

Y es que, siempre he sido una persona que se alimenta de comunidades y procura alimentar comunidades. Considero que mi tiempo dedicándome a ellas me ayuda a empatizar con muchas de una forma más sencilla, y la prueba perfecta fue en la agencia, porque a pesar de tener gente a mi cargo, en realidad somos amigos y una comunidad de trabajo. Ese fue el primer momento en que comencé a recordar las cosas tan maravillosas que debía retomar por mi, por mi pasión, por mi necesidad de hacer más cosas y diferentes.

Pero no fue fácil: estar donde estaba me suponía un lugar increíble donde mi comunidad, mis amigos, estas personas maravillosas y su compañía tan increíble me hacían dudar. Elegir entre un lugar donde encajo (que es algo que he estado buscando locamente) y enfrentarme a algo que me apasiona, fue sentir un miedo enorme en la médula. Ver al abismo en el centro de los ojos. Decidir entre lo que he formado y lo que podía alimentar.

Lo decidí. Fui a ver qué pasaba en la librería, y sentí tan lindo que toda mi experiencia, precisamente con las comunidades fuera lo que me respaldara en éste lugar. Y me recibieron tan bien, con los brazos cálidos abiertos, y una sonrisa de par en par sabiendo que me sería gratificante poder estar allí, siendo parte de un equipo al que mucho tiempo quise ingresar. De la agencia me fui entre abrazos cariñosos, besitos en las mejillas, cartas y cervezas. Buenos deseos, promesas de reencuentros, proyectos…

 

Dicen que uno decreta las cosas conforme las menciona.

A lo mejor ese es el verdadero secreto.

 

Así que decidí irme y explorar nuevos lugares, descubrirme a partir de otras experiencias. Y lo maravilloso es que las personas que me han importado millones, me apoyan como si no hubiera mañana. Siguen mis pasos y mis ideas, para compartirlas conmigo. Se sientan a mi lado. Llegan a mi casa a tomar cerveza y pasar noches maravillosas.

 

Soy feliz de haber sido parte de Hype!
Estoy enamorada del tiempo que pasé allí.
Estoy extasiada y emocionada por poder ser parte de Librería El Ermitaño.
Estoy enamorada de las telarañas que uno va creando.

 

Es difícil

¿Qué es el verdadero amor?

Creo, (y solo creo) que comienza cuando dos personas tienen el mismo pensamiento al mirarse, Aún sin sentirse, solo sabiendose vivos. ¿Eso es amor?

Podría decir que sí.
O que no.
La realidad es que no lo sé.

Tal vez es un laberito que aún no logro ver claramente. Es raro.

Era raro verlos.
Era raro verlos.
Era raro verlos.

Es raro tenernos.

Pude hablarle muchas veces de amor, de amar, de ser amado.  Y ahora no lo recuerdo. ¿Cuál era el punto de todo aquello? Ni siquiera explicarlo lo haría claro.

Mirarlo, eso era. Hacerlo mío y saber que al mismo tiempo no lo era. Era suyo y eso lo hacía mío para mi. Sin embargo aún estando con él y siendo yo mía no sé si él sintió que yo era de él. No sé si quería serlo por completo.

Era difícil verlo. ¿Era amor?

Sentir, también su aroma en cada uno de mis dedos, darme cuenta que se entregaba sin medidas, sin miedos o penas. Sin nada en las manos que me hiriera, excepto su energía, su tacto, su mirada y esa voz que queriendolo en un buen sentido, siempre me perturbaba. Y yo, yo nunca podía ser completamente yo.

Era difícil tocarlo. ¿Era amor?

Escucharlo, suspensamientos, sueños, necesidades que buscaban un momento en su vida, el oportuno, sin verlo y dejarlo pasar cuando lo vivía, por buscarlo, entender lo que quería cuando lo quería. Como quería. Me quería. Y me quería suya, para él. Desear sus sueños solo porque eran verdaderos difusos, irreales.
Desearlos para él, sin encontrarme dentro. No escucharme en sus decisiones aunque sí en sus planes.

Escucharlo era difícil ¿Era amor?

Desarmarlo, encontrar el modo y la razón para desnudarle todo, quitarle rencor, desatarlo, soltar sus cadenas, desarmar sus paredes, romper barreras, romeperlo, herirlo, lastimarlo, sangrarlo, conocer su constitución, reconocerlo vestido, agresivo, desnudo, descuidado, provocarlo cuando no tenía armas. Cuando tenía los puños gastados. Y sentirme miserable. Conocerlo.

Escucharlo era difícil. ¿Era amor?

No era amor hacer todo eso por él, intentarlo por él, ir en contra de mi por él. Eso era amor. Buscar su bien, estar con él, abrazarlo y saber que cada cosa mía repercutiría en él. Pensarle sin que lo supiera, que lo creyera y a veces, sin que lo necesitara. Era quererme para él aunque no pudiera y lo supiera desde siempre. Ni mi cuerpo, ni mi mente o mi alma. Entregarme sin perderme en él. Era eso.

Él. Yo.

¿Estaba enamorada de él o de mi idea de quien soy con él?
Estaba enamorada, Estuve enamorada.

Era difícil amarlo. ¿Es amor?

Es raro verlos juntos.

¿Por qué leemos?

Me di cuenta de mi issue con los libros: voy proyectando en mi vida lo que leo. Voy proyectando lo que vivo en mis lecturas.

He convertido a mis libros en mis gurús de la vida, de mi vida y al mismo tiempo a partir de eso manejo y todo mis decisiones.

También, al mismo tiempo, voy buscando partes de mi en cada libro, como si algo en el fondo de mi corazón fuera indicandome los caminos por los que hay que andar para poder salir adelante, para poder mirar el mismo atardecer con otros ojos.
Si es verdad que cada vez que recordamos algo, lo recordamos diferente, es un hecho entonces, que cada vez que vivimos algo, es una experiencia nueva, por repetitiva que sea.

Por lo tanto, cada vez que leemos algo, es algo diferente.

¿Será que cambiamos tan rápido como las palabras, a pesar de lo inamovibles que parecen?

 

No sé, tenía que decirlo.

 

Aurora boreal.

Hay cosas que solo pueden ser vividas para entenderlas: jamás transmitidas.

Por cosas del destino y azares que no entiendo, terminé una estación después de la parada donde regularmente bajo del transporte para llegar a casa. Y es allí donde puedo encontrar un espacio para caminar por donde no había andado antes, so pretexto de no necesitarlo.

Así que de pronto ante la oportunidad aparecieron muchas variaciones en mi día con las que no contaba.
El aire comenzó a volverse rosa, como pocas veces he visto. No sé cómo expresarlo. Era rosa, y las nubes entre naranja fluorescente que me removió recuerdos de hace algunos años. Otras nubes eran borgoña, y las últimas, eran rosa pastel, tan tenue y estridente que no sé si en realidad era un color.

 

Estuve allí, admirando la belleza que tenía ese instante, ese momento inamovible donde solo era yo y el cielo empezando a alejar el sol de mi percepción.

Me sentí como si hubiera gastado mucho tiempo en cosas tan poco importantes que me olvidé de mirar el cielo.
Me sentí triste por que solo durara dos minutos esa pequeña ilusión de un momento mío.
Me sentí feliz por poder estar allí.

Tuve en ese instante la imperiosa necesidad de amar el momento y compartirlo con el mundo.
Nunca he visto una aurora boreal, pero seguro se siente así.