Una conversación

Mi depresión cambia de forma constantemente,
Un día es tan pequeña
como una luciérnaga en la palma de un oso,
al otro día es el oso.
En esos días me hago la muerta
hasta que el oso me deje sola.
A los días malos les llamo
“días oscuros”

Todos me dicen:
-Prueba prendiendo velas-
cuando veo una vela,
veo la carne de la iglesia,
el destello de una llama.

Las chispas de una memoria más joven
que el mediodía.
Estoy de pie junto a su ataúd abierto
y así aprendí que todas las personas que conozco
un día morirán.

Sin embargo no me asusta la oscuridad
y quizá eso sea parte del problema.
Así que me dicen:
“Pensé que el problema era
que no podías levantarte de la cama”

No. no puedo:
la ansiedad me mantiene como un rehén
dentro de mi casa, dentro de mi cabeza.

Así que preguntan: ¿De dónde salió la ansiedad?
La ansiedad es el primo que viene desde afuera
y que la depresión tuvo que invitar a la fiesta
¡Y la fiesta soy yo!
Solo que soy la fiesta a la que nadie quiere asistir.

Entonces me preguntan:
¿Por qué no intentas ir a fiestas reales
y ver a tus amigos?
Lo intento:
hago planes pero no quiero ir.
Hago planes porque sé que debería querer ir,
sé que algunas veces he querido ir.

No es tan divertido tratar de pasarlo bien
cuando no quieres pasarlo bien.

Verás: Cada noche el insomnio me atrapa
en sus brazos
y me sumerge en el pequeño brillo
de la estufa de la cocina.
El insomnio tiene esta manera tan romántica
de hacer que la luna luzca
como la mejor compañía.

Y me recomiendan:
¿Por qué no intentas contar ovejas?
Pero mentalmente solo puedo encontrar
razones para mantenerme despierta.
Así que camino
pero mis rodillas tartamudean
sonidos metálicos de cucharas sostenidas
por grandes y perdidos antebrazos.
Resuenan en mis oídos
como unas torpes campanadas de iglesia
que me recuerdan que estoy
caminando dormida en un océano de felicidad
donde no me puedo bautizar.

Me recuerdan: “la felicidad es una decisión”
pero mi felicidad es hueca
mi felicidad es una fiebre altísima
que está a punto de romperse.

Me gritan que soy buena exagerando
y simplemente me preguntan
si me da miedo la soledad o la muerte.
¡No, carajo! ¡Me da miedo seguir viviendo!
¡No me da miedo la soledad, estoy sola!

Creo que me lo enseñaron todas mis ausencias
un momento antes de irse:
Cómo convertir la rabia
en tristeza
y la tristeza en preocupaciones.

Así que cuando digo que he estado
muy ocupada últimamente,
me refiero a que he estado durmiendo en el sofá
viendo HBO
para no tener que confrontar
a un lado vacío en mi cama.
Pero mi depresión siempre me arrastra
de vuelta,
hasta que mis huesos de vuelven
fósiles olvidados
de una esquelética ciudad sumergida
y mi boca, un huesudo patio de dientes
que se rompieron para morderse a sí mismos.
Un auditorio hueco en mi pecho
que se desmaya por los ecos
de un simple latido de mi corazón.

Y yo simplemente soy
una descuidada turista aquí.

Nunca sabré realmente en qué lugares he estado
y aún nadie lo entiende.
¿Por qué no pueden ver
que tampoco yo puedo entenderlo?

Mi círculo vicioso.

Como todos, siempre tengo un lugar al que invariablemente vuelvo. Como un ancla, algo que me recuerda a dónde voy y qué estoy haciendo. O en todo caso, que me hace detenerme para volver a mirar las cosas que estoy haciendo y pensando. Evaluar mis decisiones y de una manera implícita, evaluarme.

Me pidieron hace días que hiciera un top10 de los “mejores libros” para mi.
En lugar de eso lo que haré es platicarles porqué estos libros son mis lugares recurrentes.
Aquí se los dejo, con mucho cariño. Descarga este texto en PDF aquí.

1.- La cresta de Ilión; Cristina Rivera Garza.
Sinopsis:
Una inclemente noche de tormenta, alguien llama a la puerta de una casa enclavada en un agreste y solitario lugar frente al océano. Su dueño, un médico dedicado a paliar el dolor de los enfermos terminales y que trabaja en un mortecino hospital denominado Granja del Buen Descanso, abre la puerta sin sospechar que, cuando deje entrar a aquella joven desconocida que aguarda en el umbral, su vida va a transformarse de modo irreversible. La joven, que dice llamarse Amparo Dávila, se instala en la casa con la autoridad de los fantasmas.

Mi opinión:
Al inicio pensé que Amparo era un fantasma del pasado del doctor que él no se había dado permiso de recordar. Después pensé que era el pasado de la Traicionada, y por eso se llevaba tan bien con ella. Ahora estoy confundida.
Por eso amo a Rivera Garza. Tiene una maravillosa forma de desdibujar todos los bordes de una historia, de condensarlos en una historia donde todos son uno. Siempre me hace plantearme millones de preguntas sobre cosas que creí tener claras; me marea, me enloquece, me confunde: Me reta.

 

2.- El último lector; David Toscana

Sinopsis:
A pesar de que alguna vez fue una yacimiento marino, Icamole es ahora un pequeño pueblo perdido en la geografía mexicana donde hace mucho que no llueve. El paisaje es seco y polvoriento, la tierra está resquebrajada y todos los pozos están agotados; salvo el de Remigio, quien al ir en busca del líquido vital para él y su árbol de aguacates, se encuentra con una niña muerta en el fondo del yacimiento. Ante la la sorpresa, Remigio avisa a su padre Lucio, el agrio bibliotecario de un pueblo donde nadie lee. Contaminado por sus lecturas, gracias a las cuales mezcla realidad y ficción de modo que la segunda le ‘ayuda’ a vivir en la primera, Lucio le recomienda a Remigio que entierre a la niña, que es bautizada bajo su árbol como Babette, heroína de uno de los libros preferidos del bibliotecario.

Mi opinión:
Estoy enteramente enamorada del protagonista. De cómo poco a poco te cuenta múltiples historias: de su forma de mostrarnos que precisamente la literatura retrata la vida. Que mientras más libros existan, también hay más historias que merecemos vivir y hacer parte de nuestra existencia; que no podemos vivir una historia que no haya sido escrita, besada, odiada o en su caso, maltratada por tantas inclemencias. Y que esa línea divisoria entre lo imaginario y lo real, lo determina cada uno.

 

3.-El club de la buena estrella; Amy Tan

Sinopsis
En 1949, cuatro mujeres chinas que recientemente han emigrado a San Francisco inician una serie de reuniones durante las que comen dim sum, juegan al mah-jong y hablan. Unidas por lo que comparten, la pérdida y la esperanza, se hacen llamar El Club de la Buena Estrella. Se  explora la conexión a veces dolorosa y a veces tierna, pero siempre profunda, entre las protagonistas y sus hijas ya nacidas en Estados Unidos, un mundo tan distinto al suyo. A medida que cada una de ellas nos va revelando sus secretos y nos van mostrando la verdad sobre sus vidas, los hilos se van entrelazando de una manera casi mágica.

Mi opinión:
Amo a Amy, es trágica, enérgica, cargada de mala suerte y decisiones azarosas que terminan siendo el destino único. Me llama, me grita, me encierra, me hace anhelar, sentir y no desesperar. Me enamora. Me calma. Me arrebata los sentidos, Amo a Amy, es trágica, enérgica, cargada de mala suerte y decisiones azarosas que terminan siendo el destino único. Me llama, me grita, me encierra, me hace anhelar, sentir y no desesperar. Me enamora. Me calma. Me arrebata los sentidos.
Me encontré cosas, personas e historias maravillosas que me erizan la piel y complementaron mucho de mi idea del “encontrarse en alguien más.
4.-El país de las últimas cosas; Paul Auster

Sinopsis:
Anna Blume cuenta en una carta a su novio, enviada desde una ciudad sin nombre, lo que sucede en el país de las ultimas cosas. Anna esta allí para buscar a su hermano William, y describe una tierra en la que la búsqueda de la muerte ha reemplazado a los avatares y negocios de la vida: las clínicas de eutanasia y los clubes para el asesinato florecen, mientras que los atletas y corredores no se detienen hasta caer literalmente muertos de cansancio, y los saltadores se arrojan de los tejados. Pero Anna intentará sobrevivir en ese país devastado, donde todo lo que existe es posiblemente el último ejemplar de su especie.

Mi opinión:
Difícilmente podría soltarme de este libro. Es tan embriagador, y las preguntas que hace, parten como rayos. Encuentras cuestiones éticas, morales y de lenguaje que se van desvaneciendo con la progresión del tiempo en un lugar donde realmente nada existe; todo es tan azaroso y al mismo tiempo existe mientras lo tengas en las manos. Es un miedo que te invade y congela cada milímetro de piel, un nudo en la garganta.

 

5.- La tejedora de sombras; Jorge Volpi

Sinopsis:
Cuando se encuentran en Nueva York en 1925, Henry Murray es un ambicioso médico de Harvard, casado con una rica heredera de Boston, y Christiana Morgan una tormentosa estudiante de arte, esposa de un veterano de guerra.
Atraídos por una fuerza que los sobrepasa, los dos viajan a Suiza para ser analizados por Carl Gustav Jung, quien sumerge a Christiana en profundos estados de trance. Las visiones de la joven, fielmente dibujadas en sus cuadernos, se convertirán en el punto de partida de un experimento en busca del amor absoluto que se prolongará durante los siguientes cuarenta y dos años.

Mi opinión:
De pronto vi alguna de mis relaciones reflejada en esto; el futuro de lo que no fue, el fruto de una frustración constante. Así, con éste libro lo dejo ir, a donde sea que su recuerdo y su calor pertenezca, sabiendo que a diferencia de Christiana, me di permiso de ser honesta conmigo, con él y con el universo en qué eramos capaces de ser, de alcanzar y de tener. Me deja siempre una sensación de melancolía, un vestigio de tristeza y depresión tan leve que es casi imperceptible para mi, pero vívido e intenso para mi entorno. Gracias, Christina; por enseñarme a no ser lo que creí que debía ser: Aunque pertenezco al mar, no pertenezco a las profundidades y a la soledad del océano en su punto más áspero y más profundo.

 

6.-Sofía de los presagios; Gioconda Belli

Sinopsis:
A su paso por el pueblo del Diria, los gitanos dejan olvidada a una niña de piel morena lavada. Nunca regresan a buscarla. Sofía crece con identidad extraviada, jugando con los poderes mágicos de su raza y rodeados por los augurios de quienes ven en ella la sombra del infortunio…

Mi opinión:
Tengo el corazón hecho un nudo en la gargata, Jamás me había reconocido tanto en un personaje. Ni siquiera tanto por la sangre gitana o la forma de su cuerpo, es Sofía, lo que ésta Sofía representa. Es encantadora la imagen de una yegua indomable que toma forma en cada rizo de su cabello. Me encanta cómo es que simplemente las cosas que pasan siempre tienen que ver con la magia que emana de sus raíces, de aquellas cosas que ella creía insoldables y eternas, y simultáneamente, donde creía no pertenecer a ningún lado: existir en el mundo simplemente como el eslabón en el espacio que va forjando su camino, con las manos en el lodo, y al mismo tiempo sin hacer mucho para evitar ensuciarse. Es como una niña pequeña intentando jugar con las palmas de las manos a cambiar la luz del sol.
Sofía, mi pequeña Flavia, me impactas, me dueles, me pegas. Me llegas a partir como un rayo el corazón. Te lloro cada noche desde que te leí, y al mismo tiempo te río y te siento cuando el sol sale por la ventana.

 

7.- El Aleph; Jorge Luis Borges

Sinopsis:
La mayoría de los cuentos reunidos en este libro pertenecen al género fantástico. Algunos surgieron, a partir de crónicas policiales, de pinturas o simplemente de la visión de algún conventillo; otro explora el efecto que la inmortalidad causaría en los hombres; hay una glosa al Martín Fierro, sueños sobre la identidad personal y fantasías del tiempo. El cuento “El Aleph”, publicado por primera vez en 1945, aborda uno de los temas recurrentes en la literatura de Borges: el infinito.

Mi opinión:
Cada uno de los cuentos escritos por Borges nos regala un descalabre mental y al mismo tiempo es una nueva perspectiva, un nuevo modo de ver las cosas que pasan, que pasaron o que pasarán. Encontrando un hilo de singularidades que unen todos y cada uno de los cuentos. Siempre con ese sabor de boca que dice: ¡Esto lo he leído antes! ¡¿Cómo no lo había visto?! y con esa característica redacción que puede ser al inicio confusa. Sin embargo siempre es deliciosa.
Mi experiencia lectora es cada vez más extraña con este libro. Este pequeño titán nos habla de tantas cosas en tan reducidas páginas, que podría llevarnos a volvernos locos de la emoción de encontrarnos tantas veces y de diferentes maneras.

 

8.-Historia de O; Pauline Réage

Sinopsis:
La historia de O relata la progresiva y deliberada degradación de una joven y bello fotógrafo de moda parisino, O, que no quiere nada más que ser esclava de su amante, René. La prueba es severa: sexual en el método, psicológica en la sustancia… El interés artístico aquí tiene precisamente que ver con el uso no sólo de los materiales eróticos, la estimulación deliberada del lector como parte del todo: una auténtica experiencia literaria.

Mi opinión:
Estoy sumamente sorprendida de las cosas que llega a describir. El misticismo, misterio y todo el rito que proyecta de un acto tan increíble. Es decir: la sumisión más allá de lo sexual, emocional y psicológico al que puede llegar una persona, pero sobre todo a acceder y me hace preguntarme ¿No también el que somete, termina sometido a la respuesta del segundo? ¿Qué pasará el día que el sometido se niegue a mantenerse allí? Además, las descripciones de las prácticas, me atraen y repelen simultáneamente. Supongo que aquí mi imaginación fue la parte más tramposa…

 

9.-Love Story: Erich Segal

Sinopsis: 
Oliver Barret, un jugador de Jockey, hijo de una familia adinerada y estudiante de Harvard conoce a Jenny Cavilleri, una chica de familia obrera que estudia música en Radcliffe y es bibliotecaria. Ellos dos son opuestos en casi todos los sentidos, pero son también espíritus afines de mundos muy distintos. Cayendo profunda y poderosamente en su atracción, desafían los pronósticos de todos, ya que comparten una pasión mucho mayor que cualquier cosa que ellos soñaron posible… y exploran la maravilla de un amor que debe terminar (casi) demasiado pronto.

Mi opinión:
El planear las cosas es parte de la vida, sí.
Pero en momentos llegan cosas inesperadas: un encuentro, un saludo, un café, un amor, un matrimonio. Y Así también llega la hora de decir ¡Adiós!
Hay personas que llegan a nuestra vida únicamente para dejarle el paso más claro a las personas que ya están en ella.
Así es Love Story.

 

10.- Jane Eyre; Charlotte Brontë

Sinopsis:
Dueña de un singular temperamento desde su complicada infancia de huérfana, primero a cargo de una tía poco cariñosa y después en la escuela Lowood, Jane Eyre logra el puesto de institutriz en Thornfield Hall para educar a la hija de su atrabiliario y peculiar dueño, el señor Rochester. Poco a poco, el amor irá tejiendo su red entre ellos, pero la casa y la vida de Rochester guardan un estremecedor y terrible misterio.

Mi opinión:
Por mucho, uno de los mejores libros en mis manos.
Pues nos enseña entre muchas otras cosas, que si no tienes opción al sufrir, al menos haz que valga la pena. Que cada cosa que haces, sea por ti, sea ética. Que hay fuegos que jamás han de apagarse .
Jamás el calor de un deseo ha de extinguirse.

 

11.- Nada; Jeanne Teller.

Sinopsis:

Pierre Antón deja el colegio el día que descubre que la vida no tiene sentido. Se sube a un ciruelo y declama a gritos las razones por las que nada importa en la vida.Tanto desmoraliza a sus compañeros que deciden apilar objetos esenciales para ellos con el fin de demostrarle que hay cosas que dan sentido a quiénes somos. En su búsqueda arriesgarán parte de sí mismos y descubrirán que sólo al perder algo se aprecia su valor. Pero entonces puede ser demasiado tarde.

Mi opinión:
No sé cómo comenzar a describir este libro. Es maravilloso. Macabro. Mágico. Llego a mis manos en un momento ideal.
Es la historia de Pierre Anton, que deja de ir a la escuela porque un día descubre que nada vale la pena y por tanto no importa nada. Pero sus compañeros de clase intentan demostrarle que no es así.
En esta búsqueda por un algo que valga, que tenga ese sentido se encuentran en un proceso evolutivo de desprendimiento de sí mismos, para confrontarse con cosas que pueden gustarles. O no.
Con sus miedos, sus demonios.
Es un cuestionamiento directo al deber ser, a la cotidianidad, a lo seguro. Al miedo. A lo diferente.

 

12.- Al volver la esquina; Carmen Laforet

Sinopsis:

La novela inédita de Carmen Laforet en la que personajes y sentimientos desembocan en una de las obras cumbre de la novela española. En una época de carencias y pobreza, el protagonista, un pintor bohemio que busca sentido a su existencia, se deja llevar por antiguos sentimientos amorosos y decide compartir su vida con una familia ajena dada a la extravagancia y a la frivolidad, junto a una niña que, en principio, sólo le acompañaba en un viaje de dos días y que, a la postre, acabará también convirtiéndose en un miembro más de esa extraña composición familiar

Mi opinión:
Entendí de otra forma el pertenecer a algo. Que el pertenecer a un algo/alguien no te ata, ni te mantiene. Que siempre perteneces a donde quieras, y al mismo tiempo a ningún lado. Estoy frustrada. Estoy enojada conmigo, con mi manera de ver el mundo, con la forma en que me he desenvuelto. Me siento auto engañada. Y al mismo tiempo me parece un sabor dulcísimo saber que el amor no detiene, que alimenta e impulsa, que hace viajar, llorar, volver.

Que te hace moverte.

 

Así les dejo un pedacito de mi vida y de las muchas Marianas. Y deseo que si los leen, me digan qué les parecieron 😀

Los amo y los abrazo.

Todos somos booktubers.

Un día me senté frente a mi cámara grabando y empecé a decir todo lo que se me ocurría. Como siempre que comienzo a hablar, terminé platicando de libros.
De mi historia con los libros, así que esta vez comenzaré de esa misma forma:

Mi nombre es éste y no otro, porque des-afortunadamente no elegí mi nombre, sino, me fue asignado como a todos nosotros; por mis padres. Mis padres, que leyeron dos textos con dos personajes tan opuestos y complementarios y que tienen el mismo nombre, que decidieron que yo fuera así: Una Mariana.
Y así es como mi nombre contiene las historias de dos Marianas que no conozco y nunca conoceré en persona, pero que tengo la fortuna de ser como ellas. Ahora, cada que leo mi nombre me acuerdo de ellas. Y cada que mis padres leen sobre ellas, se acuerdan de mi. Y somos eso, historias y recuerdos.
Descubrí que si todo lo que pronuncias tiene recuerdos, tiene entonces, una historia. Y si tiene una historia, puede leerse.

Todo el tiempo estamos leyendo una cantidad gigante de cosas y no nos damos cuenta. Eso incluye las etiquetas del shampoo cuando estamos en el baño, o los estados de Facebook de nuestros amigos cuando estamos “haciendo tarea”. O los twitts que revisamos en clase de química o literatura. Pero no hablo de sólo esa lectura. Antes de ello, hay otro tipo de lectura más personal, más íntima y que por ser tan constante pasa desapercibida: Leemos el mundo.
Y es que, piensa en cuando tienes frío: La forma en la que los vellos de tus brazos se erizan, como castañean tus dientes, la sensación que tiene tu piel, y así es como te explico: Estás leyendo tu cuerpo. ¿Recuerdas el aroma de la cocina de tu mamá cuando acaba de hacer sopa? Al recordar, estás leyendo tu memoria, pero cuando reconoces el olor, estás leyendo con tu olfato… ¡El aire!
Ahora, pensemos en algo que nos enseñaron desde pequeños: Antes de cruzar la calle mira a los dos lados. Así es como tus padres te enseñan a leer la circulación vial. El último ejercicio: Piensa en las veces que te intentaste servir agua en un vaso, pero viste el garrafón casi vacío. Así lees los envases. Entonces piensa todas las infinitas formas en que leemos absolutamente todo: Los olores, colores, climas, temperaturas, texturas, formas, sabores, sonidos, tipos de flores, estados de la materia… Todo.

Comencé a leer a los tres años, porque mis papás no encontraban forma de mantenerme quieta. Y desde ese momento comencé a hablar sobre libros siempre que podía. Hasta que con el paso del tiempo, y notar que muchos de mis amigos no tenían el mismo interés, empecé a buscar foros y lugares donde pudiera hablar sin tener que restringirme.
Así crecí, hasta que llegué a la secundaria y pude usar internet sin vigilancia de mis padres. Y conocí a gente muy peculiar a la que podía (y puedo) pasarme el día escuchando todo lo que tengan que decir, y hablan de esto que amo y me interesa:
Aquellos que llamamos booktubers.

Pero ¿Qué es un booktuber?
Son simplemente chicos como cualquiera de nosotros que se atrevieron, justamente a tomar una cámara y hablar de algo que estaban experimentando y abrazando: Los libros que les gustaban. O no.
Y de pronto, este titán que es internet nos abrió una nueva forma de comunicarnos entre lectores. Ya no solo eran los foros, grupos o blogs: ahora también podíamos vernos y dialogar entre nosotros. Y siempre me he preguntado ¿Por qué es que nos gusta tanto hablar de esto que hacemos?
Llegué a mi conclusión de una forma poco rápida:
Si es verdad que amamos algo, queremos gritarlo al mundo, todo el tiempo. Queremos que todos se enteren y parte de nuestro sueño, es que el mundo pueda ver con el mismo amor aquello que amamos. Por eso compartimos todo el tiempo. Por eso nos emocionamos cuando nuestro equipo de fútbol metió un gol, o cuando a nuestra amiga le regalan ese boleto para el concierto de su cantante favorito, cuando estamos en una fiesta con nuestros mejores amigos, cuando nos regalan algo.
Y lo gritamos.
Subimos fotos a Facebook, twitter, Instagram.
A cuantos lugares podamos.
Y es que a veces pareciera que las cosas no son reales, hasta que las compartimos: Así la lectura. Así el conocimiento. Así las emociones. A veces tenerlas no es suficiente. Y gritarlo es solo la primera parte.
Pasa algo bien padre con la literatura: vive a partir de las comunidades. Mientras más gente lea algo, más vida tiene ese algo. Se mueve. Escuchas a mucha gente opinar, amando, odiando o siendo indiferentes, pero lo están haciendo vivir. Por eso es tan trascendental que hablemos todo el tiempo de lo que amamos, con todos los que podamos.

Hay algo bien padre en los videos.
Y es que cuando te grabas, puedes verte pensando: puedes leerte teniendo todos tus pensamientos y encuentras en ese video, algo que encuentras en el libro; un espejo donde siempre podemos aprender a conocernos. A reconocer lo que hay afuera de mi, sin que tenga que ser otro, y al mismo tiempo, cuando me veo en una pantalla, soy otro. Es confuso, lo sé. Pero es la parte más intrigante.

A mi me gusta grabarme hablando de algún libro, porque es un lugar donde puedo hablar de lo que estoy sintiendo sin sentirme juzgada. Donde puedo entregar todo aquello que experimenté en las manos de otro, confiando en que no sentirá lo mismo, pero en que probablemente sentirá algo, y que el la diferencia de esta experiencia podamos establecer un diálogo que nos una. Y es que, nos enseñan que leer es para “aprender” pero ¿Sí es para eso? Pero sobre todo ¿para aprender qué? A lo mejor nos quieren enseñar matemáticas cuando nosotros queremos aprender historia. O no.

Así cuando escribimos o grabamos un comentario o una opinión sobre un algo en particular, cada like o cada respuesta se vuelve para nosotros un laboratorio donde podemos provocar que cada tubo de ensayo reviente, o que los líquidos cambien de color. Y es igual de importante si estamos de acuerdo que si no lo estamos: establecer ese contacto con el otro y esa comunicación con el otro es lo que nos mantiene vivos, y, como les decía antes, mantener esto que amamos, vivo. Latiendo.

Y me han preguntado últimamente: ¿cómo es que grabo un video de algo que leí?
Y es sencillo.
Solo comienzo platicando de las cosas que sentí, que pensé, que viví mientras estaba leyendo el texto. Lo que sea. Se convierte en parte de tu vida, y al platicarlo con el otro, te vuelves parte de su vida.

Hay que mantener siempre claro que no a todos nos gustará lo mismo, pero esas
opiniones encontradas, casi completamente opuestas, son lo que nos incitará a aprender, conocer y cambiar.
Para mi, hacer videos de esto, que amo, se ha convertido en una forma de comunicarme conmigo, de decirme qué es lo que está pasando en mi vida, y también es una forma de hablar con otro, con alguien más que no necesariamente conozco que no está solo, que yo también estoy pasando por eso. Que río, lloro y lo acompaño en este proceso tan maravilloso que es leer.

Pero mejor aún, que lo escucho y lo leo en este acto tan valiente que es opinar.


La cámara y el video es un pretexto para dar una opinión: simplemente comienza un día a platicar con todos de lo que lees en el mundo, en las noticias, en la tele, en los libros, en los parques. Comienza a hablar de aquello que amas. Y sé que seremos muy afortunados si entonces un día te dan muchas ganas, tomas una cámara y te vemos en Youtube.

 

 

De bibliotecóloga a librera.

Me preguntaron muchas veces cómo es que después de estudiar Bibliotecología y el “tan sagrado arte de la organización”, terminé trabajando en una librería. Y la respuesta es simple, pero no por eso fácil.

Desde niña he sabido que lo mío son los libros: en todas sus formas, tamaños y temas. El elegir la carrera fue una situación casi obligada. Así que con el paso del tiempo, me di cuenta de las muchas variables que existen dentro de la profesión.

Entre mis sueños siempre estuvo trabajar en una cafetería y en una librería. No sé. Siempre creí que eran la clase de experiencias que no podía perderme ni de chiste. Lo necesitaba. Casi como un motor.
Siempre me ha hecho mucha ilusión la difusión de lectura, y estar cerca de libros, librerías, ferias del libro, y todo
lo que viene amarrado en el paquete. Me causa mucha emoción. Incluso las bibliotecas siempre han sido para mi un titán al que le admiro por iguales partes su capacidad de belleza, abstracción y espíritu de compartimiento.

La carrera me ofrecía algo similar, pero no tanto. Aunque se dedica también amorosamente al mundo del libro, en realidad su enfoque es hacia la información y más recientemente a la tecnología de la información. No deja de lado este amor romántico que se tiene por el sistema analógico, pero siempre va en función a la organización. Y eso a mi no me llena. Lejos de querer ordenar mi vida, quiero desordenar las ideas de las personas. Me llena más.

Así que no fue suficiente la carrera. Porque a me interesa el lector: aquel que hace que cada letra tenga sentido. El que provoca que sin problemas te acerques un poco al espejo en que se convierte un libro, me interesa la forma en que las ideas, percepciones y conceptos cambian a partir de una línea que puede llegar a tocarnos y convencernos que el mundo es muy diferente a lo que creemos que es. Así que, tuve muchos trabajos organizando información: trabajé en Archivos (De RH, de patentes, de ventas) trabajé en bibliotecas (En área de conservación, restauración, servicio al público, administración). En una agencia de publicidad en el área de Social Media (por aquello de la difusión). Hasta que llegué a donde estoy: Una librería de barrio. Y combina perfecto las cosas que más me gusta: Café y libros. Me dedico completamente a hacer de cada visitante un nuevo lector de cada una de las travesías que tenemos estampadas aquí. Me siento en casa y haciendo lo que siempre quise.
No solo hago eso, claro. También me dedico con una devoción inmensa a mis talleres. A compartir con todo aquel que quiera escuchar, el amor que le tengo a los libros, a cada libro y a cada lectura: En sí, el amor que le tengo a la humanidad, de alguna forma.

Ayer que desperté me di cuenta que estoy cumpliendo los sueños de mi vida.
Así que puedo borrar de mi lista trabajar en una cafetería, y trabajar en una librería.
Por ahora el tiempo se detuvo y me instalo indefinidamente en este sueño:
Mientras empiezo a construir más.

¿Aprendemos a ser lectores?

-Este artículo fue escrito originalmente para el Blog de Librería del Ermitaño.

 

 

¿Alguna vez te han enviado de tarea ayudar a leer a alguien? O en su defecto ¿Te dejaron de tarea leer algo? (aunque sea una vez, aunque sea hace tiempo)

 

Y es que, pareciera que el mayor fomento a la lectura que se ha hecho en niveles generales es ayudarnos a memorizar letras, palabras, definiciones, o formar frases complicadas y repetir incansablemente dichos que a veces sólo creemos saber que entendemos. Y así avanzamos los primeros años; los más importantes, leyendo letra a letra, palabra a palabra intentando interpretar.

 

Hasta que llega el día en que el profe “X” nos deja leer: “El periquillo Sarniento” así, de la nada, sin decirnos más, con el único interés de terminar el temario. De cumplir con el horario y la norma, porque somos demasiados en un salón como para explicar, o siquiera intentar atraernos. Te obligan a leer 30 minutos diarios en casa, de hoy a un mes. Te piden que anotes en una hoja a cada personaje, su relevancia, un acontecimiento. Una opinión que nunca va más allá del: “Me gustó, es padre, ojalá leyéramos más libros así.” O alguna copia de un artículo Wikipedia al que le quitamos palabras, para aparentar.

Pero Wikipedia no nos hace sentir. Y si no lo sientes ¿Realmente lo leíste?

 

De esa misma forma se nos fue el hipotético “amor por la lectura” que intentaron infundirnos, alimentarnos: con reseñas buscadas en google, con casas sin libros, niños sin conocer librerías, maestros que solo querían llegar a casa, chicos castigados en las bibliotecas de las escuelas, papás que se saltan esa tan importante tarea, porque era una de las que no se notaba la ausencia.

 

O eso creíamos.

 

Y así es como vamos por la vida creyendo saber leer, pero ¿saber leer nos hace lectores?
Porque una pareciera eslabón de la otra. Suenan igual, y hablan de lo mismo. Pero más que aprender un idioma, o una forma de comunicación con el otro, la lectura en realidad (y hablo de una realidad particular en construcción) es aquello que nos hace comunicarnos con nosotros. Que nos hace enfrentarnos a un nosotros.

 

Pero nadie nos lo dice.

 

Sólo lo descubrimos en medida de nuestro acercamiento a algún mensaje: al que sea, aunque sea mínimo. Pero es ese puente entre el leer y ser lector, el que nunca podemos ver tangible, y que nos cuesta trabajo reconocer. Sin embargo, a pesar de todo esto, habemos muchos que comenzamos a leer por “no sé qué clase de brujería”: cosas tan sencillas como tener un libro en casa. O varios. Llevar a nuestros niños a las bibliotecas, a las librerías, escucharlos leer, explicarles qué significan las palabras en nuestro mundo, y preocuparnos más por lo que sienten cuando leen que por lo que queremos que entiendan.

 

Reivindicar al libro de ese limitado papel de “aprendizaje” y “diversión”, para acompañarlo a ser nuestro amigo, nuestro guardia. Aquel que nos acompaña día y noche, en el tráfico, en el metro, en los días de sol, el que nos cuenta de cosas maravillosas o secretos aterradores:

 

Aquel en el que podemos reconocernos.
Desconocernos.

 

Dejar de hacer del libro, y el texto un bien material. Y hacerlo un amigo incondicional.

Leyendo.