Carta 113

  • *Está sonando I will follow you into the dark, así que allí justificaré todo, si hay un poco de drama*

Estuve muchos días pensando en si te mandaría mensaje o no.
En si querrías hablar.
En si querrías saber de mi o nos costaría trabajo volver a tener contacto.

Así que pensé en algo que me relajara y me dirigí directamente a mi computadora, a hacer una playlist. Y comencé a hacer una con tu nombre para poder recordarte bien y bonito en todo el día. Me dio mucho gusto saber que aún recuerdo las que solían ser tus canciones favoritas, las mías y lo mucho que compartimos, las veces que caminamos sintiendo que eramos invencibles, lo mucho que criticabamos, que nuestra confianza y comunicación no tenían límites. Y es aquí donde descubrí que estoy curada: que te recuerdo y recuerdo todo lo que pasamos, con mucho cariño, abrazada mucho a toda la nostalgia bonita que me deja haber conocido a una persona como tú, pero más específico, a ti, durante el tiempo que pudimos compartir.

¿Qué pasó en medio? Ya no importa. No a mi. Me he concentrado en recordarte los últimos días como la maravillosa persona que eres, y me di cuenta completamente que todo lo que dije es cierto: que puedo vivir en el mundo sabiendo que respiras, que te estás moviendo y que harás cosas grandes, sepa o no sepa de ti. Que tu crecimiento y tu amor hacia el mundo y los que lo habitan es algo enteramente tuyo e independiente de mi y de todo lo que pude haberte hecho sentir en cualquier sentido.

Ahora, casi un año después de nuestra última conversación, me siento muy feliz y nerviosa por la incertidumbre que supone este espacio en blanco que tengo enfrente en mi vida relativo a ti: Sábete, no espero nada. No deseo nada más que el que seas feliz. Seguiré afirmando la importante persona y figura que eres en mi vida y que aunque espero mis 30 con ansias, lo único que realmente quiero es que estés tranquilo y satisfecho con tu vida. Que no te azotes con tus decisiones, que cambies, crezcas, te multipliques en mil para poder hacer todo lo que quieres hacer, que no te tomes la vida demasiado en serio, que no extrañes lo que fuiste y estés más preocupado en quién eres y quién quieres ser. Que alimentes a tu pedacito de titán todos los días. Todavía tengo tu playera y me causa mucha gracia saber que ya no quepo en ella en un sentido literal y metafórico. Hemos mudado de piel y en serio, deseo que todo esté de maravilla, que tu vida sea lo que habías estado esperando. Que en caso de que algo suceda sepas lo increíble que eres y lo mucho que has modificado la vida de todos los que has conocido. Sé que han pasado muchas cosas en tu vida de las que probablemente no me entere nunca. Que habrá cosas en tu mundo que no podré ver y que todo el entorno en que nos relacionamos es básicamente polar. Siempre he admirado tu fuerza y tu capacidad, pero siempre te diré lo mismo: Úsala sabiamente.

Sé que no lo necesitas, pero aquí estoy. No importa cuántas veces nos alejemos del otro, si me necesitas, estoy porque nada me quita poder estar cerca de alguien a quien he querido tanto. Estoy emocionada ¿sabes? pensar en que hoy para mi es un día especial por tu causa, me emociona mucho, me hace volver un poco a la sensación que tenía hace unos años, a la Mariana que fui, sin extrañarla, sino alegrándome de todo lo que decidí. Y deseo que de verdad, eso esté pasando contigo.

Este último año aprendí algo importante, y es que no importa qué pase, te voy a querer y a recordar con la misma ternura que al inicio. Te respeto, y respetaré si no quieres saber de mi, apreciaré que me lo digas (si quieres, tampoco hay manda u obligación). Sé que muchos años hemos intentado volver a nuestra amistad y nos lo hemos saboteado: no te pido ser mi amigo. Sé feliz. Sé tú. Sé quien quieres ser y haz lo que se te antoje. He admirado siempre la presteza con que resuelves tu vida de lo más cerebral y me colma hasta las lágrimas saber que por un momento pude notar como cambiabas eso y te dejabas sentir el viento entre la ropa.

Ya no me obsesiono con volver a verte, o con cómo sería un reencuentro: si sucede, se dará. No desearé que tu camino se acerque al mío, si no es lo que tiene que pasar. Simplemente dejo que tu recuerdo me inunde, vaya y venga. Otro año, me pasé todo un día orando porque estés bien, porque las cosas se te dificulten para hacerte mejor persona.
Because I knew you, I have been changed for good

Gracias, por todas las risas. Por los buenos momentos, las lluvias internas y externas, las mareas y los huracanes. Eres el mejor, Capitán (Obvio).
Eres un ser maravilloso. Alguien a quien agradezco haber tenido la fortuna de encontrarme en la vida, porque qué bonitos ojos tristes tenías cuando te conocí. Y qué bonito fue verlos brillar, aunque sea por un ratito. Gracias por existir. Por ser parte del mundo. Por haber sido parte de mi mundo. Justo ahora los recuerdos vienen a mi como si fueran peticiones al cielo, y no quiero darle cabida a ninguno, porque el conjunto, este conjunto que simboliza tu existencia me es más importante.

Sábete que tengo un recetario que armé hace un par de años y que hoy me voy a preparar un pastel pensando en lo feliz que quiero que seas. Que me visto de negro festejandote en la distancia. Y que el único deseo que pediré al apagar las velas en tu lugar, es que seas genuinamente feliz.
Siempre que puedas.

 

Gracias.
Gracias.
Gracias.

 

Y terminaré esta carta, con la canción que hace poco menos de un año me ayudó a empezar a descubrir todo esto.

Te quiero.
Mariana.

De polialbercas y otras perversiones

Hace un año empecé a interactuar con un grupo de Poliamor, explorando mis formas de vincularme con el otro y encontré una gran comunidad que me abrazó de una manera increíble. Me aceptó y descubrió sin ponerme peros ni discriminarme.

Esta comunidad es sumamente activa, y por lo menos cada mes se ven, además de actividades extra por “grupitos” que llegan a ser hasta dos por semana. Yo jamás había ido a uno de estos eventos, un tanto porque no tenía tiempo y otro tanto porque estaba muy recelosa intentando llevar algunos procesos que me resultaban conflictivos: Lo evitaba un poco, es la verdad. Así que pasé un año intermitente haciendo amistades con cada persona dentro del grupo. Muchos salieron, muchos entraron y otros permanecían. Día a día, platicando de cosas irrelevantes como el clima, o importantes, como la violencia, Poliamor, sexo, drogas, responsabilidad social…

Un día, antes de involucrarme más con el grupo, o de comprometerme de la forma en la que hoy lo hago, un chico dijo que quería organizar una salida a un complejo vacacional, y como me gusta organizar cosas, fui de metiche a ver en qué ayudaba, de tal suerte que terminé organizando. Esto al final fue una albercada con solo miembros del grupo de poliamor

Empecé a hacer las maletas: dos trajes de baño, dos vestidos, bloqueador, flipflops, botiquín, toalla…
El día llegó: A las 6 de la mañana sonó la alarma y salimos corriendo al metro para reunirnos con una de las chicas que nos acompañarían. Nos encontramos y fuimos a la central, esperamos el camión, abordamos y nos quedamos dormidos dos horas. Nos encontramos el primer problema al bajar en la central de destino: no teníamos idea de cómo movernos en el pueblo, y lo más fácil fue llamarle al dueño del lugar en que estaríamos, pero no contestaba, así que nos la arreglamos como pudimos.

Comenzó el primer día en otra casa: llegar, checar, desempacar. Me maravillé con la casa en la que estaríamos, los espacios que son comunes, las camas, el calor, el cielo, la alberca. Y luego llegaron nuestros dos primeros invitados. Los nervios que sentí de verlos y saludarlos. Saber que eran de mi edad, que estaban aquí con la misma intención que yo: conocer, descansar.

Así fuimos a comer, nos paseamos por el pueblito buscando desayunar y empezamos a descubrir quiénes somos y qué está pasando en nuestras vidas. Comenzó con el pie derecho todo. He de ser sincera: organizar me gusta porque me hace sentir que puedo tener cosas bajo control. Nos metimos a la alberca mientras los demás llegaban: casi 8 horas una alberca para 6 personas. Comimos pizza y esperabamos ansiosamente a que los demás se fueran incorporando.

Entonces nos dieron las 11 de la noche ¡Y ya estabamos todos! La experiencia de abrazarnos y sabernos reales fue maravillosa, cenar juntos y empezar a convivir, ser parte de una comunidad con todas sus letras. En momentos ya muy guajiros, pensabamos en una comuna, en compartir nuestra vida como algo diario. Y desistimos a media idea. Pasar la noche jugando, haciendo preguntas y conociéndonos, todo esto con la emoción de quien ve por primera vez a su crush. ¡En serio, esa era la vibra!

El segundo y tercer día nos sirvieron para afianzar la confianza entre nosotros, reconocernos como individuos poliamorosos. Además hablamos de celos, de miedos, incertidumbres, la foma en que lidiabamos con cosas conflictivas en nuestras parejas, la empatía, compersión, las facilidades y dificultades con las que nos encontamos en el camino, el sexo, el género, la desnudez, el machismo, el feminismo, la educación… y es allí donde yo descubrí de una forma más clara: somos una comunidad. Andamos éste camino y no estamos solos; de hecho saber que hay un otro allí a tu lado te ayuda un montón a sentirte parte de un algo más grande que tú.

Llegó el tercer día, y con eso la hora de volver.
Recogimos maletas, rompimos un vaso, limpiamos la casa, nos vinculamos con el otro, olvidamos cargadores, calcetines y playeras. Tomamos nuestras cosas; arribamos a coches y camiones. Y la parte más íntima para mi pasó en este momento: de regreso, 6 personas sentadas en 4 lugares empezamos a hablar de miedos tangibles, de experiencias recientes, del camino complejo que tuvimos que recorrer cuando empezamos este andar, de las sensaciones que los celos nos evocan en el momento, la forma en que impactó nuestra vida el ser poliamorosos y la manera en que vemos el mundo ahora, el trabajo que nos cuesta a veces dormir, los errores que cometimos, los que seguramente tendremos. Lloramos un poco, reímos en la misma cantidad, pero sobre todo, hicimos un espacio seguro donde los seis pudimos establecer un algo que puede compararse con un colchón de emergencia, una red de apoyo para malabaristas, y una amistad bonita.

Al bajar del camión ya en la ciudad, empezamos a planear ir juntos a antros, bares, cocinar alitas, establecer conexiones constantes donde podamos acudir cuando el mundo se venga abajo. Nos dimos cuenta de la cosa más importante, no estamos solos, no estamos en procesos aislados y podemos entendernos, compartirlo y seguir creciendo con más confianza para avanzar en este camino que hemos decidido tomar.
Hice nuevos amigos.

Mi conclusión:

Fue increíble. A pesar de que los conocía únicamente por texto e incluso a algunos ni de allí, nos aventuramos a ir a una casa en renta con 15 personas más de las que no conocíamos más que las letras. Mi sorpresa fue llegar y familiarizarnos con los cuerpos y caras de personas con quienes había compartido cosas tan íntimas y sensibles, que sentí que me desmoronaba cuando los abracé para saludarlos. Podía sentir el amor, la aceptación, empatía y sorpresa de cada uno al saber quiénes eramos y que algunos no nos parecíamos a la foto de perfil que tenemos (me gustaría fuera chiste pero es anécdota). Somos algo más grande que la unión de un todo, y es que, cuando juntas tanto amor en un solo lugar en ciertos días, el resultado, más allá de un fin de semana de descanso; es en realidad la experiencia de sentirse amado, comprendido y retado para poder ser alguien mejor.

Esta situación es lo que me trae ahora a comprometerme tanto con una comunidad a la que amo, sin darme cuenta que ya pertenecía a ella.

 

Y me siento plena.

 

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No tiene edad.

14 Agosto, 2017
Col. Del Valle, Ciudad de México
Letras poliamorosas Vol 6: El poliamor no tiene edad.

 

Llegar a una casa desconocida nunca es sencillo: Ya no solo el tema del tránsito en la ciudad y las calles enredadas que llevan a cualquier lado, también el hecho de ser desconocidos llegando, nos cambia. Siempre he creído que las casas son las partes más íntimas de una sociedad, donde todo es un reflejo de nuestra historia, vida y convergencia con el otro y con uno mismo, por lo tanto, abrir esos espacios siempre me ha parecido uno de los actos de amor más grandes para con el mundo, o para con los que amamos.

Así que, claro, me sentí feliz de poder llegar a una casa desconocida a quien ya apreciaba, y es que, les voy a contar el preludio: hace 1 año me uní al grupo de Poliamor Valle de México, esperando aprender y poder llevar mi vida de una forma mucho más sencilla, así que después de un año de hablar con muchas personas desconocidas, y familiarizarme con fotos, nombres y de vez en cuando voces (en una especie de relación a distancia) por fin me animé a asistir a una reunión de Letras. Al entrar me encontré con una cantidad inmensa de personas que estaban igual de ansiosas, nerviosas y emocionadas por compartir visiones del mundo.

 

Y es que, no puedo terminar de contarles lo maravilloso y divertido que ha sido ponerle cara a cada nombre, y poder abrazar completamente a cada persona con la que he intercambiado una infinidad de palabras, tristezas, alegrías, miedos, certezas, puntos de vista y dudas. Pero sobre todo, con quienes hemos creado una comunidad tan amena y conjunta: llena de una diversidad de colores, opiniones y miradas del mundo.

Entre los textos y las canciones que se presentaron, pudimos sumergirnos no sólo en la diversidad de visiones, sino también abrazar el principio básico del (Poli)amor: amarte para poder amar al otro. Estuvo fascinante escuchar música con Jarana canciones hechas para llegar al corazón de todos como una invitación a amar la música, el ritmo y las muchas notas que tiene cada cuerpo, voz y pensamiento, cuentos infantiles donde intentamos explicar de la forma más clara que amar es simplemente eso, que no es un bien que pueda estar restringido o moldeado a sólo una forma de expresión. Y nos invita a reflexionar la forma en la que educamos a aquellas personitas que irresponsablemente nos gusta llamar “el futuro” pero también, escuchar crónicas sobre la forma de interactuar con cuerpos desconocidos, liberarte no sólo de prejuicios, sino de miedos e incertidumbres hacia uno mismo, y que lejos de percibir un rechazo puedas sentir el apoyo de aquellos a quienes amas. La facilidad con la que puedes desenvolverte en el mundo cuando el amor fluye por tu vida como lo que es: un caudal que no puedes detener: no importa de dónde vengas, cuántos años tienes o hacia donde vas.

 

Debo confesar: la música siempre me emociona mucho, mueve fibras muy delgadas en mi cuerpo, y jamás pensé tener un tan buen recuerdo de una canción de Bon Jovi, sin embargo, en contra de todo pensamiento previo y como buena costumbre de la comunidad poliamorosa, me sorprendí cantando con una sonrisa una canción de desamor, abrazándome al momento y simplemente dejando que toda duda se desvaneciera entre mis dedos, que la lírica acompañara al recorrido que mi vista hacía cada cara, expresión y persona.

 

Percibir las voces y las experiencias tan bonitas concentradas en un sólo lugar, la manera en que la calidez de cada persona toca de formas tan particulares tu vida, tu humor y pensamiento te hace sentir y recordar que estás en un camino que no siempre será tranquilo, pero que puedes todavía dejar una huella en el mundo para facilitar a quien viene  después de ti: Allí, sentada siendo de las más chicas del grupo y entablando una amistad con las personas más grandes del mismo, te das cuenta: para querer, apapachar y conocer al otro, no hay edad.

Y no es todo: Al salir, después de re-conocerte en tantas personas increíbles, maravillosas y distintas, te quedas con una vibra tan linda y limpia que te hace sentir en casa, provoca que puedas estar feliz un mes más…

 

Hasta la siguiente reunión de Letras.

12 motivos para renunciar

En algunos trabajos he notado que los jefes actúan como si te estuvieran haciendo un favor al darte un trabajo, y en realidad ni te enseñan a mejorar tus actividades o costumbres, ni te permiten mejorar situaciones con prácticas que conoces. Muchas veces, incluso lejos de ayudarte, te enseñan malas prácticas. Y aún así, y otras muchas cosas (que enlisto aquí abajo) pretendo explicarles por qué nunca he renunciado a mis trabajos, pero siempre renuncio a mis malos jefes.

1.- La paga no equivale al trabajo que estás haciendo

Es de las que más me han sucedido. No tengo ni un solo problema en trabajar por el dinero que me gano, regularmente he sido proactiva, pero he llegado a lugares donde eso se va haciendo poco a poco como una obligación: me contrataron de becaria, y casi un año después era coordinadora de un equipo de 4 a 6 personas y evidentenemente mis actividades cambiaron muchísimo… pero seguía ganando como becaria.
Y me seguían tratando como tal.

2.- Evitan reconocer tus talentos para no darte algo más de lo que ellos consideran “justo”

¿Te ha pasado que aunque hagas el mejor diseño de tu vida, tus jefes siempre responden algo como: “Mmmh, está bien….” con cara de fuchi? ¿O que te dicen que “no eres tan bueno/a” en algo donde eres especialista… ¡O peor aún! te ponen a hacer cosas de las que no tienes idea, sin explicarte y esperando que cometas el error para retirarte la tarea asignada… con tal de no otorgarte nada poque “no sabes hacerlo”

3.- El sexismo y misoginia existe en diferentes formas

Esto funciona en mucho sentidos: no necesariamente es hacer comentarios directos hacia ti. En mi caso pasaron cosas como hablar de cualquier otra chica sólo con el adjetivo de: “Esa pendeja” “La puta esa” Y chistes constantes -por constantes me refiero a TODO EL TIEMPO sobre vaginas, tetas, porno, albures, e insinuaciones.
No tiene que ser directa para tener que sentirte ofendido: es sentido común.

4.- “Respeto” es un concepto inexistente

Típico: entre amigos no falta que te digas “wey” “idiota” “tarado” y aunque no es lo ideal, también está basado en un lazo de confianza al otro. Es la forma de manifestar tu conexión con aquel individuo con el que compartes mesa. Pero de eso a que el jefe grite cosas como: “Hablale a la putita esta, la gorda” “Hay que ser pendejo para no entender cómo mandar un mail” hay una GRAN diferencia. La violencia con la que hablas dentro de tus entornos y te diriges suele comunicar mucho del tipo de empresa en el que estás trabajando. Sabemos que las groserías son parte del entorno del mexicano, pero el que sea normal no significa que sea correcto.

5.- El hermano mongol del jefe

Ésta es mi persona favorita en el mundo laboral: siempre hay un dude contratado que no hace nada y nadie sabe por qué está allí. Más que ser Administrador, Community, Programador, Diseñador, Editor, parece que más bien, su trabajo es ser el chismoso que le lleva información al jefe y le pagan sólo hora nalga. Y todo ese trabajo que debía haber hecho esta persona pasa a tus manos. Y así terminas los viernes: con pendientes que no son tuyos a las 8 de la noche, desvelado y estresado porque el material era para ayer.

6.- Ser becario es equivalente a ser pendejo

Te contratan con menos de la mitad del sueldo que deberías tener, con un horario donde ellos entienden que “medio turno” son más de 5 horas, pero menos de 8, te dejan solo ir a sacar las copias y si estás de suerte… a comprar café de todos en la oficina. Cuando te ponen una actividad y la terminas, la revisan 10 personas diferentes que te piden mil modificaciones, para darte cuenta que tu primer borrador era perfecto y además el crédito se lo lleva alguien más. Por si fuera poco, te regañan porque deberías ser más proactivo y ser como “Chuchito” que lo resolvió rápido…

¿Te parece familiar?

7.- No existe inteligencia emocional ni resolución de conflictos

Esto me pasó más de una vez: una entrega se atrasó porque la persona que lo desarrollaba no asistió a la oficina. Y los que seguíamos en el equipo, no teníamos la más mínima idea de que eso nos lo habían pedido. Así que le avisan al jefe que no estaba ese detalle urgente y en lugar de resolver… Me gritó hasta que se cansó, haciendo todo el énfasis del mundo en lo tonta que fui por no adivinar el pensamiento y terminando con un: “Ya sé que no bería gritarte a ti, pero necesitaba sacar mi coraje. Y en realidad ni siquiera estaba enojado, sólo estoy frustrado”
Joyita.
Evidentemente renuncié. Pero si no tienen la capacidad de resolver conflictos pequeños como una porción de código… ¿Contratarías a esa empresa para que te resolviera la imagen pública de algo?

8.- No pagan

La primera vez, te retrasan el pago unos minutos. En RH te dicen que enviaron tu transferencia a las 5 de la tarde y cuando vas al banco descubres que tu pago entra hasta la siguiente semana porque las aprobaciones de transferencias bancarias se cierran a las 4 y por lo tanto la tuya no pasó. La segunda vez te pagan una semana después, porque el cliente se retrasó con los pagos. La tercera una quincena en realidad no sabían qué problema había con el banco pero “ya merito nos depositan” y la cuarta vez, bueno, nos enteramos que la empresa pide un préstamo en el banco porque no hay dinero…

9.- Mentiras desde el contrato

Uno de mis contratos decía que además de mi sueldo, me pagarían un curso escolar/idioma/colegiatura, y aparte mis prestaciones de ley. Oh sorpresa cuando descubrí que ni curso, ni prestaciones y en realidad, tampoco el salario mínimo.

10.- “Esto es lo que hay”

Entiendo que el material de trabajo que te asignan es probablemente el mejor que tienen para tu puesto, ya que las requisiciones lo ameritan pero ¿qué pasa cuando tú debes llevar tus cosas para poder hacer tu trabajo, porque “la empresa no tiene los recursos”? Sinceramente, si no pueden darte el material para trabajar ¿crees que tengan la capacidad de pagarte por tus servicios o conocimientos?

11.- No existe libertad de toma de decisiones / propuestas

Sí. Entiendo. Existe una jerarquía de puestos y está bien. Pero siempre te piden propuestas para realizar un proyecto y te topas con que si no es lo mismo que el jefe dice, entonces tu opinión no vale. O peor, que cuando estructuras un proyecto tiene que pasar por 4 personas y cuando llega al jefe ya está obsoleto, o debería tener muchas mejoras, y eso te convierte en el dinosaurio de los métodos. Hay una opción aún mejor: estás en junta, das tu opinión y te callan con un “los becarios/nuevos sólo entran a junta para aprender”

 

12.- “El cliente siempre tiene la razón”

Estás en un proyecto donde eres un expertazo: entonces comienzas a planear estrategias de trabajo y nuevas formas de revolucionar un “algo”, además te súper luces con tu equipo de trabajo y optimizas todo lo posible tanto costos como personal, equipo… para que tu jefe te diga: “Ok. Esta padre, pero el cliente quiere esto y eso es lo que le vamos a dar porque él siempre tiene la razón” a sabiendas de que el producto está mal. Y parece que no tienes otra opción más que aceptar.

 

La primera vez que renuncié fue súpe raro: amaba lo que hacía pero  me

sentía sumamente infeliz de la forma en que me desarrollaba en mi entorno. Con el paso del tiempo solo pueden pasar dos cosas; o te acostumbras y normalizas cosas tan simples como hacer algo de mala calidad, a más graves como la violencia introyectada de cualquier persona. Todas estas experiencias las coleccioné a lo largo de varios trabajos en diversas áreas, pero una cosa me queda muy clara:

 

Desde que cumplen uno de estos puntos, yo empiezo a dudar del trabajo y mis alertas rojas se encienden. Eso sí, nunca dejo que pasen al tercer strike.

 

 

 

*Todas las ilustraciones pertenecen a Magoz. Su blog aquí*

Saber pedir ayuda.

Como en todo, las altas y bajas emocionales me traían vuelta loca. Poco a poco fui descubriendo que había cosas que no podia manejar, ya no sólo de mi caracter, sino también del cómo me afectaban las cosas siempre. La manera en la que enfrentaba al mundo. Empecé a notar que en las mañanas me costaba un trabajo inhumano despertarme o levantarme de la cama; ya era mucho más difícil encontrar algo que me moviera y me motivara para bañarme, por poner otro ejemplo. Simplemente todas esas cosas que antes hacía de una manera tan sencilla me parecían actividades titánicas: todo rebasaba mi capacidad para mantenerme si quiera atenta.

Y así pasaron los días. Estaba intentando procurar que “no me afectara demasiado” y mantener mi discipolina (En estos días entendí la importancia de ésta, y es que cuando no tienes más motivos para poder avanzar, la disciplina es la que te ayuda a mantener un ritmo en tu vida, aunque éste sea muy bajo) pero me di cuenta que las cosas estaban sobrepasandome. No había cosa con la que no llorara e incluso comer se puso difícil para mi.
No comía porque no tenía hambre, pero cuando lo hacía simplemente no podía parar.

Empecé a darme cuenta que estoy era mucho más grande que yo, cuando no podía controlar nada en absoluto: mi enojo, rabia, tristeza, preocupación e inseguridad explotaban como si todo el tiempo fuera una olla exprés. Pero la parte más dolorosa: la “Epifanía” se dio cuando vi a las personas alrededor mío siendo afectadas por algo que yo no podía parar. Y comencé a preguntarme si “un día pasaría” si de verdad “estaba bien” y si “podía con esto sola” porque “siempre habia podido”. Y es que, con el paso del tiempo te crees estas cosas, porque sí, vivimos en esta clase de sociedad donde nos meten en la cabeza que todo el tiempo, tu único deber es SER FELIZ, aún cuando haya cosas que en sí mismas no generen felicidad; como la muerte de alguien. Y es que, piénsalo: Siempre te dicen “pero no llores, mejor alégrate porque estuvo vivo”
No dude. No.
Creo que hay un gran error en querer que todos estemos todo el tiempo felices: no somos capaces de mantener una vida solo así, y no es posible porque somos personas cambiantes que tienen un entorno fuera de sí que no pueden controlar.

Volviendo al tema:
Vi a todas estas personas cercanas a mi siendo igual de lastimadas que yo, porque no podía yo expresar otra cosa más que mi pesar, y porque tienen problemas propios. También me di cuenta de la comodidad que de alguna forma implica la tristeza: Sientes que toda la atención se centra en ti, y puede que sea verdad.. un rato, porque tanto terminas siendo una carga emocional para ti e inevitablemente no importa lo que los demás digan, no dejas de sentirte triste.

Al final del día, existieron muchísimas reflexiones que me hicieron darme cuenta que no tenía que hacerlo sola. Y por segunda vez en mi vida, y a pesar del miedo que le tengo, busqué una terapeuta en quién apoyarme y estuve un buen rato buscando a la persona adecuada para mi, alguien con quien me sintiera en confianza, segura y tranquila, pero sobre todo que su método fuera algo que a mi me pareciera bien y sintiera que me acomodaba para poder avanzar.

Terminé con una psicóloga mexicana que actualmente vive en Españan y da terapias vía Skype. Me ha acomodado increíble y me ha ayudado a mejorar, además de muchas otras cosas que implementé  y personas que conocí de a poquito en mi vida y me impulsan a seguir adelante.

No te voy a mentir: Todavía hay días en que la vida es una basura y no quiero moverme de mi cama. Pero justo esos días es cuando más puedo ver el avance que la terapia y las opersonas me han ayudado a alcanzar: mi tristeza si bien, existe, ya no me vence. No me tira. Y empiezo a usarla más como combustible de cambio, que pretexto para no comer.

¿Quieres alguna recomendación? Creo que en general lo que puedo decir es que necesitamos ser más honestos con nosotros. Pregúntate qué sientes y siempre hay que recordar que los sentimientos son verdaderos pero no necesariamente reales.

¿Pensar es no disfrutar?

Hace días leí en un grupo a algunas personas que opinaban que por teorizar o analizar algún tema estamos dejando de disfrutar todo lo que aquel tema nos otorga de manera práctica. Y me voló un poco los sesos pensarlo. Fue casi como si me dijeran que no puedes saborear mientras comes: como si usar la cabeza implicara la ruptura de una sensación.

¿Pero realmente es así?
La primera pregunta real que me surge es ¿En qué momento pensar y disfrutar son dos cosas que están “peleadas”? Porque hasta donde alcanzo a ver, en realidad son cosas que compaginan perfectamente: de: La clasificación del entorno es algo que hacemos todo el tiempo de una manera inconsciente, nuestro cerebro está educado para hacerlo de una forma automática. De hecho, en el momento en que reconoces la emoción/sensación o simplemente en el saber si algo te gusta o no, ya estás en automático usando la cabeza, y eso de una manera inmediata te lleva a la reflexión, con cosas simples o pequeñas “quiero hacerlo de nuevo” “ojalá -x- estuviera aquí” “Me hace falta…”

De alguna forma, para mi conlleva una clasde de irresponsabilidad intelectual el no pensar ni reflexionar lo que están haciendo y continuar por el simple hecho de “hacer” algo. Es como el típico (Y mal usado) “dejar fluir” donde atribuimos a cosas externas a nosotros un algo, para no responsabilizarnos de nada. Decir que el cosmos, que el cielo, que no estabamos pensando, para  no tener que hacer frente a la consecuencia de aquello a lo que nos enfrentamos.

¿No implica también una forma de desconocimiento de uno mismo? Es decir. Si sólo “disfrutas” y no piensas en ese disfrute ¿Cómo puedes hacer que algo suceda o no de nuevo? Lo pienso de una forma sencilla, muchas personas dicen que cuando tienes sexo no piensas, simplemente te dejas llevar. Yo creo que justo son esos momentos donde más piensas, para poder volver a disfrutar, con cosas tan simples como seguir haciendo una u otra cosa, o las posiciones en las que estás. Pero si simplemente sentimos, supongo que eso explica la facilidad de contagio de ETS, y embarazos no deseados. (Ojo aquí, evidentemente sólo estoy hablando de una práctica sexual consensuada)

 

Y es que es bien fácil, en este caso, no ponerse un condón y luego ser la víctima del “No pensé que me pasaría” Y ejemplos como éste, muchos.
Ahora, no mentiré no es fácil enfrentarse al tener que pensar: el pensar ocasionalmente duele, pero es gratis, y como decía mi jefe: “Lo gratis, nadie lo desperdicia”

Tal vez sea hora para todos de hacernos conscientes de que la comida tiene sabor, y entonces comer y saborear al mismo tiempo. Y de pensar en nuestra salud y ponernos un condón para tener sexo con alguien.  De pensar y hacer el mismo tiempo. Porque es el primer paso de ser responsables de nuestra vida y comenzar a vivirla en serio.