Mi manual para la tristeza

Desde hace años tengo una tendencia a la tristeza intermitente e irracional. Así, sale de la nada, se dirige a cualquier parte y aterriza en mi sillón favorito. La mayoría de veces acepto mi tristeza, la vivo y la mantengo dentro de mi todo el tiempo que me es soportable, pero a veces me rebasa, me fastidia y prefiero animarme. Y es que hay una gran diferencia entre abrazar la tristeza y mantenerla dentro haciendo mella. Sí, todo esto es una aclaración: No huyo de mi, no taponeo mis emociones, no cubro mis dolencias. Las quiero y las acepto, pero no las mantengo más del tiempo que pareciera estrictamente necesario y así no sumirme en una espiral horrible de miseria autoinventada y destructiva.

Así que entre terapia, tratamiento y una convicción propia por no mantenerme atada a ese sentimiento, me dediqué a hacer listas tipo manuales de 10 cosas que me levantan el ánimo. Tiene mucho tiempo que hago estas listas (que también me ayudan a autodescubrirme, por cierto). Sin embargo me di cuenta que tiene tanto que las hago y tantas veces, que he desgastado las actividades que se me ocurrían y todo empieza a ser cíclico, por tanto monótono, así que termino por no resolver nada en absoluto. Hace unos días pedí ayuda en diversos grupos de apoyo de temas variados. (El grupo de Poliamor, el de Lecturas Feministas, de Sororidad, en mi grupo de amigos) y recibir diversas respuestas me entusiasmó muchísimo.

Descubrí a las muchas manos que hay afuera dispuestas a ayudar, pero también que una forma de volver a uno mismo es dimensionar esas emociones después de un tiempo, darles el tiempo y la formación adecuada para poder enfrentarlas.

El punto es que con todas las respuestas que recibí, hice más manuales con cosas nuevas y mejores formas de enfrentarme a ello. Más herramientas, caminos…
Y compañías.

En fin, si quieren las listas, las dejo aquí abajo.
Tengo link de descarga en PDF de todas las listas y también colocaré una plantilla donde puedas colocar todas las cosas para tu lista personalizada.
También tengo aquí las playlist que logré armar con las recomendaciones de todos_

Y ojalá te ayude.
¿Tienes más actividades?
Déjalas aquí abajo, seguro podemos anexarlas.

Por cierto: Si tú te sientes triste ahora, recuerda mucho mimarte bonito, darte besitos en el corazón.

 

 

Ver para leer

Mi nombre es éste y no otro, porque in-afortunadamente no elegí mi nombre, sino, me fue asignado como a todos nosotros; por mis padres. }
Mis padres, que leyeron dos textos con dos personajes tan opuestos y complementarios y que tienen el mismo nombre, que decidieron que yo fuera así: Una Mariana. 
Y así es como mi nombre contiene las historias de dos Marianas que no conozco y nunca conoceré en persona, pero que tengo la fortuna de ser como ellas. Ahora, cada que leo mi nombre me acuerdo de ellas. Y cada que mis padres leen sobre ellas, se acuerdan de mi. Y somos eso, historias y recuerdos.

Un día descubrí que si todo lo que pronuncias tiene recuerdos, tiene entonces, una historia. Y si tiene una historia, puede leerse. Todo el tiempo estamos leyendo una cantidad gigante de cosas y no nos damos cuenta. Eso incluye las etiquetas del shampoo cuando estamos en el baño, o los estados de Facebook de nuestros amigos cuando estamos “haciendo tarea”. O los twitts que revisamos en clase de química o literatura. Pero no hablo de sólo esa lectura. Antes de ello, hay otro tipo de lectura más personal, más íntima y que por ser tan constante pasa desapercibida: Leemos el mundo. Y es que, piensa en cuando tienes frío: La forma en la que los vellos de tus  brazos se erizan, como castañean tus dientes, la sensación que tiene tu piel, y así es como te explico: Estás leyendo tu cuerpo.

¿Recuerdas el aroma de la cocina de tu mamá cuando acaba de hacer sopa? Al recordar, estás leyendo tu memoria, pero cuando reconoces el olor, estás leyendo con tu olfato… ¡El aire!

Ahora, pensemos en algo que nos enseñaron desde pequeños: Antes de cruzar la calle mira a los dos lados. Así es como tus padres te enseñan a leer la circulación vial.
El último ejercicio: Piensa en las veces que te intentaste servir agua en un vaso, pero viste el garrafón casi vacío. Así lees los envases. Entonces piensa todas las infinitas formas en que leemos absolutamente todo: Los olores, colores, climas, temperaturas, texturas, formas, sabores, sonidos, tipos de flores, estados de la materia… Todo. Y si para la mayoría de lecturas, vemos… todas las cosas vemos que pueden leerse. En los álbumes lees fotos, que tienen protagonistas, historias y secretos. En las revistas lees imágenes que tienen un diseño y un producto. En las series lees a los personajes y que todos tienen un conflicto a resolver. En las películas… ¿Qué no leemos en las películas?

¿Te ha pasado que alguna vez te identificas con algún personaje de una película? ¿O que uno de ellos representa muchas cosas que son sumamente importantes para ti? ¿Que alguno de ellos hace exactamente lo que tú harías en su lugar? ¿Que lloras? ¿Que ríes? ¿Que te hace sentir un nudito en la panza o en la garganta?

Y eso sucede porque estás leyendo la película. No solo la imagen, no solo la emoción y los efectos especiales: La película misma. Esta parte, cuando te ves dentro del papel, cuando eres un personaje dentro de la película de una manera involuntaria, te vuelves parte de la película. El cómo eso afecta después tu forma de leer, pensar o ver un suceso, una posición o un objeto en el mundo, es leer. Cómo cambian tus miedos, cuando desaparecen, cuando se refuerzan, en cada instante en que cambia una idea o perspectiva para dar paso a un nuevo pensamiento… Es leer. Y esa es otra forma, cuando identificas la realidad, de la fantasía, los efectos especiales, las escenas de miedo, de tensión, de tristeza o de infinita felicidad, también estás leyendo la película. Cuando al ver el rostro de un actor entiendes que está feliz o triste. Cuando sabes que está mintiendo. Cuando su tono de voz te hace sospechar y comienza la música instrumental…

Estás leyendo una película. Yo lo descubrí en el momento en que después de ver una película me quedaba con unas ganas inmensas de reír o llorar. Y al final, cuando te sientes incómodo, satisfecho o triste, feliz, angustiado y con ganas de más, o abrumado, aburrido, ensimismado, pensativo…  Estás, a partir de la película, leyéndote.

Y es que, todo se resume a eso: Conocerte y reconocerte a partir de la forma y la capacidad que tengas de leer el mundo.