La vida es una ficción que quiere ser leída

La vida es una ficción que quiere ser leída

Bonita Ficción

<span class="entry-title-primary">Bonita</span> <span class="entry-subtitle">Ficción</span>

Sus padres en realidad no querían tener hijos, hasta que descubrieron que acababan de concebir.

Cuando su madre estaba embarazada de dos meses la mordió un perro. Y no pasó nada.
Un mes después de la mordida se cayó de sentón de una escalera, limpiando una lámpara. Y no pasó nada.
Unas semanas después, subiendo a un elevador la empujaron cuando las puertas cerraban, apretando su vientre. Y no pasó nada.

Días antes de nacer, su mamá tuvo una crisis de ansiedad donde intentó abortar. Y no pasó nada.

Cuando nació, el doctor les dijo que tenía un soplo en el corazón, que el bebé no era como los demás ni siquiera en la enfermedad, debían operarle lo más pronto posible y de no ser así, no podría correr, brincar, jugar… o caminar sin ayuda de un respirador y un tanque de oxígeno en la espalda.
La esperanza de vida era de 4 años.
Y sus padres sólo pensaron que con un tanque en la espalda, no sería bonita.

La nombraron al año de haber nacido, porque tenían miedo de ponerle el nombre equivocado y determinarla. La operaron con una cirugía de corazón abierto a los dos años: No pasó nada.

Dos días en una cama casi vertical, acomodada como lo que sus papás vieron: “una mariposa disecada”
Dormida, sin voz, sin movimiento y pensaron: “Se ve bonita.”

Tres años
Sus padres trabajan todo el día para no verla. La dejan al cuidado de una niñera. Aprende a leer. No pasa nada.

Cuatro años
No puede relacionarse con otros niños. Habla sola. Sus padres empiezan a preguntarse si hicieron bien en operarla. Le miran la cicatriz y piensan en una cirugía estética, encuentran esa marca como un mal recordatorio de que no querían tener hijos.
Procuran no tocarla en esa certeza.
La niñera le regala libros y libretas.
Entretenida y detrás de la ventana se ve bonita.

Cinco años
Comienza a tener cambios de humor espontáneos. No entienden cómo de la felicidad pasa a la rabia o a la tristeza. “Sonriendo se ve más bonita”. Piensan que sólo quiere llamar la atención y en esos momentos procuran no mirarla ni de reojo.
La mudan a un cuarto más grande, con menos juguetes y más libros.
Y no pasa nada.

Seis años
Conoce a Sabines. Sabe poemas de memoria y pregunta sobre el amor. Sus papás entienden con tantas preguntas, que tal ya no se aman. Que probablemente nunca lo hicieron.
No la abrazan; siempre está fría. Mirarla comienza a ser una carga.

Siete años
Aumentan sus cambios de humor; ahora también es agresiva. No teme a decir lo que piensa, y tampoco teme a ninguna clase de autoridad. Su volubilidad se ve también en la fuerza de su voz. Sus padres no se acercan porque le temen.
De lejos, dormida, se ve bonita.

Ocho años
Gana un concurso de oratoria. Dudan de si un día podrá ser como las demás: serena, obediente, sociable. Hace todas sus cosas sola. Autosuficiente, les dijeron los psicólogos. Se sienten satisfechos, no depende de ellos.
La dejan mucho tiempo sola.
Y no pasa nada.

Doce años
Conoce a un chico. Tiempo después es su novio. Cuando terminan, él le dice a sus amigos: “Ella no es bonita. No es como las demás.” Ella llora. Llora todo el día. Hay más cambios de humor. Rompe una ventana y se hace una cicatriz en el puño por eso.
Se da cuenta de que no amigos.

Quince años
Nadie la mira. Cuando está sola, se alza la falda para marcarse un número más en los muslos. Llora. Ensucia toallas de tela que entibia intentando recuperarse y lee a Pizarnik, a Vestrini. La encuentran en el baño. Sus papás piensan: “Con tanta cicatriz, nunca va a ser bonita”
Conoce a una chica. Desconoce lo que siente.
Y así desea que no pase nada.

Veinte años
Un papel clínico. “Trastorno Afectivo Bipolar”. La golpean e intenta defenderse, le abre la pierna a un hombre en ese ataque de ira, en el momento en que se siente indefensa, al regañarla sus padres le gritan: “Enojandote no eres bonita”
La encierran. Cuenta los días en las páginas de La campana de cristal.
Toma todas sus pastillas.
Y no pasa nada.

Veintidós años
Conoce a una chica. Reconoce lo que siente y al mirarla piensa:“No soy tan bonita”.
Va a clases de literatura y escribe cuentos que le regala a la ciudad; los deja en asientos, ventanas, manos desconocidas, bolsas, mochilas, jardines. Sus padres miran su letra. Y no es bonita.
Intenta hablar con los demás, no puede.
Y no pasa nada.

Veinticinco años
No era como las demás: Nunca lo imaginó. Nunca quiso.
Acostada, desnuda, fría, en silencio: es bonita.
Y ya no pasa nada.



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