De bibliotecóloga a librera.

Me preguntaron muchas veces cómo es que después de estudiar Bibliotecología y el “tan sagrado arte de la organización”, terminé trabajando en una librería. Y la respuesta es simple, pero no por eso fácil.

Desde niña he sabido que lo mío son los libros: en todas sus formas, tamaños y temas. El elegir la carrera fue una situación casi obligada. Así que con el paso del tiempo, me di cuenta de las muchas variables que existen dentro de la profesión.

Entre mis sueños siempre estuvo trabajar en una cafetería y en una librería. No sé. Siempre creí que eran la clase de experiencias que no podía perderme ni de chiste. Lo necesitaba. Casi como un motor.
Siempre me ha hecho mucha ilusión la difusión de lectura, y estar cerca de libros, librerías, ferias del libro, y todo
lo que viene amarrado en el paquete. Me causa mucha emoción. Incluso las bibliotecas siempre han sido para mi un titán al que le admiro por iguales partes su capacidad de belleza, abstracción y espíritu de compartimiento.

La carrera me ofrecía algo similar, pero no tanto. Aunque se dedica también amorosamente al mundo del libro, en realidad su enfoque es hacia la información y más recientemente a la tecnología de la información. No deja de lado este amor romántico que se tiene por el sistema analógico, pero siempre va en función a la organización. Y eso a mi no me llena. Lejos de querer ordenar mi vida, quiero desordenar las ideas de las personas. Me llena más.

Así que no fue suficiente la carrera. Porque a me interesa el lector: aquel que hace que cada letra tenga sentido. El que provoca que sin problemas te acerques un poco al espejo en que se convierte un libro, me interesa la forma en que las ideas, percepciones y conceptos cambian a partir de una línea que puede llegar a tocarnos y convencernos que el mundo es muy diferente a lo que creemos que es. Así que, tuve muchos trabajos organizando información: trabajé en Archivos (De RH, de patentes, de ventas) trabajé en bibliotecas (En área de conservación, restauración, servicio al público, administración). En una agencia de publicidad en el área de Social Media (por aquello de la difusión). Hasta que llegué a donde estoy: Una librería de barrio. Y combina perfecto las cosas que más me gusta: Café y libros. Me dedico completamente a hacer de cada visitante un nuevo lector de cada una de las travesías que tenemos estampadas aquí. Me siento en casa y haciendo lo que siempre quise.
No solo hago eso, claro. También me dedico con una devoción inmensa a mis talleres. A compartir con todo aquel que quiera escuchar, el amor que le tengo a los libros, a cada libro y a cada lectura: En sí, el amor que le tengo a la humanidad, de alguna forma.

Ayer que desperté me di cuenta que estoy cumpliendo los sueños de mi vida.
Así que puedo borrar de mi lista trabajar en una cafetería, y trabajar en una librería.
Por ahora el tiempo se detuvo y me instalo indefinidamente en este sueño:
Mientras empiezo a construir más.

Paseos

Hay un chico que ha venido todas las tardes-noches a acompañarme cuando cierro la librería.
Sin falta saca a pasear a su perro a eso de las 8.
Está sentado en las bancas exteriores de la librería unos 30 minutos tomándose un americano.
Entonces me paga.
Va a dejar a su perro y vuelve.
Me ayuda a meter las bancas y se queda platicando conmigo sobre libros,
sobre el café, las revistas, el clima.
Sobre la vida.
De cualquier cosa que se le ocurre.

Por primera vez no siento esa necesidad latente de ser la que domina la conversación.
Tenía la peculiar sensación de escuchar atentamente su conversación sin buscar un punto por corregirle, sin necesitar un pretexto para llamar su atención. Solo me siento desinteresada por lo pequeño y escucho todo lo que puedo, procuro entenderlo, o al menos caminar al paso de sus pensamientos.
Me regaló muchas y buenas ideas. Antenoche estuvimos hablando sobre las manifestaciones que tiene el Dios particular de los individuos en la vida de cada uno.
De las casualidades y la bondad.
Pidió un americano para llevar.

 
Anoche besé a mi novia por la tarde en la puerta corrediza de la librería.
En la noche, llegó sin su perro, pidió de la forma más cortante un Espresso doble, para llevar.
Ni una palabra más.

Anoche él no volvió.

Hoy tampoco.

Cambios

Mucho tiempo estuve intentando aferrarme a una estabilidad que me cuesta trabajo aceptar que no existe. A partir de eso tuve dos epifanías respecto a esto.

1: En el mundo jamás nada es estable. Lo “estático” está muerto. Y lo muerto no está.
2: El mundo gira por personas que más que querer ser estables buscan crecer y mover las cosas que no les gustan, dar paso a mejores horizontes y sobre todo a hacer lo que te apasiona. Y todo esto comenzó aquí.

 

A pesar de que he sido muy feliz trabajando en la agencia de mkt en la que estaba, un día por mi cabeza pasó un ¿Qué estoy haciendo para acercarme a mi sueño? Y me vi más cerca que antes, pero poco más lejos de lo que esperaba verme. Y comencé a buscar una solución. Lo gracioso es que apareció frente a mi en cuestión de… 3 o 4 minutos en el feed de facebook.

Y es que, siempre he sido una persona que se alimenta de comunidades y procura alimentar comunidades. Considero que mi tiempo dedicándome a ellas me ayuda a empatizar con muchas de una forma más sencilla, y la prueba perfecta fue en la agencia, porque a pesar de tener gente a mi cargo, en realidad somos amigos y una comunidad de trabajo. Ese fue el primer momento en que comencé a recordar las cosas tan maravillosas que debía retomar por mi, por mi pasión, por mi necesidad de hacer más cosas y diferentes.

Pero no fue fácil: estar donde estaba me suponía un lugar increíble donde mi comunidad, mis amigos, estas personas maravillosas y su compañía tan increíble me hacían dudar. Elegir entre un lugar donde encajo (que es algo que he estado buscando locamente) y enfrentarme a algo que me apasiona, fue sentir un miedo enorme en la médula. Ver al abismo en el centro de los ojos. Decidir entre lo que he formado y lo que podía alimentar.

Lo decidí. Fui a ver qué pasaba en la librería, y sentí tan lindo que toda mi experiencia, precisamente con las comunidades fuera lo que me respaldara en éste lugar. Y me recibieron tan bien, con los brazos cálidos abiertos, y una sonrisa de par en par sabiendo que me sería gratificante poder estar allí, siendo parte de un equipo al que mucho tiempo quise ingresar. De la agencia me fui entre abrazos cariñosos, besitos en las mejillas, cartas y cervezas. Buenos deseos, promesas de reencuentros, proyectos…

 

Dicen que uno decreta las cosas conforme las menciona.

A lo mejor ese es el verdadero secreto.

 

Así que decidí irme y explorar nuevos lugares, descubrirme a partir de otras experiencias. Y lo maravilloso es que las personas que me han importado millones, me apoyan como si no hubiera mañana. Siguen mis pasos y mis ideas, para compartirlas conmigo. Se sientan a mi lado. Llegan a mi casa a tomar cerveza y pasar noches maravillosas.

 

Soy feliz de haber sido parte de Hype!
Estoy enamorada del tiempo que pasé allí.
Estoy extasiada y emocionada por poder ser parte de Librería El Ermitaño.
Estoy enamorada de las telarañas que uno va creando.