La renuncia progresiva

Desde hace tiempo me ha rondado en la cabeza el que siempre he comido mucha azúcar. Muchísima. Durante un tiempo lo controlé de una mejor forma porque estaba en el gimnasio y con dieta, lo que me obligaba a cuidarme mejor. Pero cuando lo dejé, de nuevo volví a estos horribles hábitos.

Incluso con pura voluntad he intentado dejar los refrescos, pero poco a poco me cacho volviendo. Igual con los dulces. Ahora no compro paquetes completos de dulces o chocolates, pero cuando separo mi basura, me doy cuenta de todo lo que consumo.
¡Y todo lo que gasto!

Así que me propuse ahora hacer un detox progresivo de azúcar, para luego pasar a la comida chatarra, que es lo que más me cuesta.

Sé que tengo un problema con el consumo de refresco: desde que estaba en la preparatoria, comía dulces, cafés frappés con muchísima crema chantillí y diario una coca cola de medio litro y una de lata. Durante un tiempo consumí más. A veces menos. Ahora de nuevo estoy entre una y dos latas diarias. He pensado hasta en comprar los paquetes de botellas chiquititas y tenerlas en el refri para tomarme una diaria, pero sé que me va a ganar y como caricatura, voy a terminar tomando todas en un sentón y llorando por la ansiedad.

Estuve leyendo algunos artículos (1) y parece ser que la adicción al azúcar es una de las más difíciles por dejar, produce un síndrome de abstinencia muy cabrón (y a penas leyéndolo me di cuenta que lo he pasado dos o tres veces y recaigo peor por un tiempo) y como todos los productos empacados tienen altos niveles de azúcar, pues se pone difícil soltarlo. Además está comprobado que comer azúcar favorece a la depresión y la ansiedad. Y definitivamente estas temporadas horribles, no es algo a lo que quiera regresar: tardé muucho en salir de ella, trabajo cada día como para hacer que lo que como me devuelva a ese sitio (2)

La alimentación siempre ha sido un tema delicado para mi: tengo una relación amor-odio con la comida. No entiendo ni conozco bien los extremos, o como mucho o como muy poco. Como un tiempo demasiadas grasas y en otra época, solo verduras, en otra solo azúcar, en otras solo cosas hervidas…

Mi primer intento será:

1: Menos refresco y más agua y té
Descubrí que tener cerca vasos con popote me ayuda a tomar más agua. ¿Por qué? No sé, aún no lo descubro, pero me tomo dos litros más rápido en vasos bonitos que en vasos normales. ¿Una estupidez? Probablemente. Pero estoy tan apenada y nerviosa conmigo, que si es una forma, la tomaré. Así que sigo usando mi vaso con brillitos y popote. Lo llevo a todos lados y pienso ¿Puedo servirme agua de la llave en lugar de refresco? Bueno, intentemos. ¿Se me antoja algo con sabor? Hagamos un té helado o agua de frutas.
Leí también a penas que hay mamás que pintan el agua de colores a sus hijos y así, aunque no sepan a nada, se las toman. No lo haré porque no tengo colorantes y es más trabajo, pero en algún tiempo lo pensé.
Ahora, sé que no voy a dejar de tomar refresco así, nomás. Mi objetivo es tomarlo a veces y enfocarme en reducirlo progresivamente, no comprar por adelantado nada, y ahora en lugar de elegir la botella o la lata, elegir el frasco más pequeño.

Soda italiana de frutos rojos

2: Menos dulces y más frutas
Esta es la parte que más me va a costar, porque casi no como fruta. Pero descubrí ahora que puedo comer manzana (No me gusta, pero bueh) mandarina, plátano y fruta de dragón (que sí me gustan)
Como igual sé que no voy a lograrlo de un día a otro, por ahora me voy a comprar una fruta de dragón, tres manzanas y tres mandarinas. Con comerme la mitad cada que tenga un antojo, me daré por servida.

Progresivamente mi plan es comerme una fruta al día. Por ahora con comer fruta estará bien. Ojalá por las mañanas, pero poquito a poco.

Mandarinas o Clementinas

3: Dejar de comer por emociones
Esto es algo que he trabajado mucho en terapia. Como cuando me estreso. Como cuando estoy triste. Como cuando estoy aburrida o asustada. Básicamente porque todas mis emocionas las somatizo en el estómago, así que lo que hago es comer, para no sentirla mal y repensar. Luego entonces acabo súper llena, con ganas de vomitar de todo lo que como y el estómago revuelto por la emoción. Sé que la somatización no se me irá, porque es algo que entre todo, me gusta. Así que ahora mi propósito es más bien comer en automático… apios, porque sé que el apio es básicamente agua. Así si necesito comer, al menos no me hará daño, al mismo tiempo reconocer e intentar romper el impulso por comer, tal vez tomando un vaso de agua antes de comer cualquier cosa. De todos modos seguiré investigando.

No más comida chatarra, por fa.

Sumado a todo esto, quiero meter el equivalente de todas esas compras en una alcancía, en función de lo que gaste. Igual y para fin de Febrero ya tengo ahorrado algo (y ojalá me duela el alma de pensar que podría tener el doble)

Y cada que salga, traer una fruta, mi vasito de agua y chicles sin azúcar en la bolsa. Por si a caso.

Ya les iré contando el resumen en dos semanas.

(1) Sobre el síndrome de abstinencia:
Gaines Lewis Jordan. Here’s what happens to your brain when you give up sugar for Lent.
CNN. What happens to your brain when you give up sugar
(2) Sobre el azúcar y la depresión y ansiedad:
Murphy, Michelle; Mercer, Julian. Diet-regulated anxiety
Knüppel, Anika; Shipley, Martin; Llewellyn, Claire; Brunner, Eric . Sugar intake from sweet food and beverages, common mental disorder and depression: prospective findings from the Whitehall II study

Siete semanas

Usualmente hablar de mi periodo suele ser algo divertido, sin embargo esta última vez incluso hablarlo conmigo fue un fastidio.

Por más que hice repasos de la última vez que tuve el periodo, nada cuadraba, pero estaba dentro del rango en el que aparece: Entre 28 y 70 días. A penas llevaba un mes, tres semanas más o menos, pero igual había tanta angustia en mi ser, porque los tres periodos pasados habían sido bastante exactos. En fin.

Total, que empezaron a darme cólicos más o menos el 17 de Noviembre. Me regresaba el alma al cuerpo de una u otra forma. Solo era cuestión de esperar y esperar. Cuatro días con cólicos; nada. Los pechos empezaron a dolerme hasta por el roce, mareos. dolores de cabeza, náuseas, ascos.

Hacer cuentas y cuentas y cuentas. Cada vez más estrés.
Tengo anemia, así que también esto dificulta muchísimo las cosas respecto a mis periodos y mis síntomas en general.

Estuve tomando un nuevo medicamento y me advirtieron que podría marearme. No estuve comiendo a mis horas, así que náuseas. Todo parecía tener razones bastante lógicas, pero el nervio no se iba.

No tengo una razón específica por la cual volverme loca… más allá del que amo tener el control sobre todo, claro.

Así que algo estaba en mi mente como en el background salió a relucir en mi terapia: ¿Y si estaba embarazada? Y es decir, no es que hubiera una posibilidad grande, sin embargo la idea estaba allí y a veces mirarla me asustaba. A partir de que mi terapeuta me sugirió hacerme la prueba de embarazo casera “para quitar todas las dudas”

Y la idea dio vueltas y vueltas en mi cabeza. Una semana. Una semana me la pasé leyendo cosas sobre embarazos ectópicos, embarazos sin síntomas, embarazos incluso con doble método anticonceptivo.
Una semana intentando convencerme de que ese no era mi caso. y cuando lo dije en voz alta, no solo parecía irracional, vacío e improbable, también parecía real. Ese día descansé emocionalmente.

Y me prometí que para quitarme todas las dudas, haría lo que mi terapeuta me había pedido: ir por una prueba casera de embarazo.

El período:

2 de Diciembre

Desayuné y fui a la farmacia por la prueba. Todo el desayuno me costó trabajo, entre las náuseas y el nervio sentí que no podía comer bocado. Entonces llegué a casa y corrí al baño. Al bajar las bragas para poder hacerme la prueba, me di cuenta de algo: Una mancha. Una consistente mancha de sangre.

Me reí muchísimo, con la prueba cerrada en la mano. Justo había imaginado esta situación tres o cuatro veces, en estos momentos en que ‘sabía’ que no podía estar embarazada.

Entonces decidí en ese instante cómo viviría esta vez mi periodo: No tenía toallas desechables porque la vez pasada que usé la copa, decidí no volver a comprar. No quería usar la copa porque tenía nervio del dolor que me da la burbuja que se me forma y siento como un jalón.

Tal vez era momento de probar el sangrado libre, que básicamente consiste en no usar nada y sólo poner atención a tu cuerpo para que puedas aprender cómo se siente cuando vas a tener una ‘descarga’, entonces vas al baño, dejas que caiga y listo.

Antes de dormir puse un poco de papel de baño en las bragas deseando no mancharlas.

Esta foto es de Rupi Kaur. <3

3 de Diciembre

Casi no tuve flujo. Me puse súper nerviosa por cómo iba a pasar la noche. Me veía completamente con todos los pantalones llenos de sangre y las sábanas. Que además es una pesadilla lavar las sábanas. Hasta soñé con eso. Y al levantarme: Nada. Nada en absoluto en mi cama. Pero sentí ese “algo” en el vientre y corrí al baño. Justo a tiempo, hice pipí y sentí el bajón del chorrito, quité el papel de baño que había puesto y aunque estaba manchado, estaba completo y no tan mojado como pensé que estaría.

Vi a mi copa, mi copa me miró a los ojos. Nah, las dos lo dejamos en paz.

Decidí bañarme y ponerme las bragas más viejiitas que tenía. Total.

Pensé que sería complejo saber cuando tendría que ir corriendo al baño, pero nada. Supe perfecto cuando venía una descarga, me daba mi tiempo, experimenté con tardar un poco más o un poco menos. En ninguna ocasión me manche, y agradecí mucho hacer los ejercicios de Kegel.

Pensé en volver a poner el papel en mis bragas, pero creí que me iba a resecar la vulva y que era innecesario. Lo dejé. Incluso me preparé para amanecer manchada. Total, si no era de esto, sería una mancha de chocolate. ¿No?

4 De Diciembre

¿Y los cólicos? No, en serio. Estoy muy acostumbrada a que esto me duela demasiado y todo el tiempo. Incluso a que en algunos momentos me de el calambre tan intenso, que me mareo. Pues nada. Ni cólico, ni dolor, ni susto, ni cansancio, ni molestia: Nada.

Este fue el día más pesado en mi período pero no hubo tanto problema con el flujo. Además casi no tenía coágulos. Otra cosa que me preocupaba muchísimo era el aroma; pensé que andaría súper apestosa y que mi perra estaría constantemente detrás de mi. Pues nada. Ni apestaba, ni mi perra me olía a cada rato.

Casi no salí de casa, pero cuando salí empecé por un momento a sentir esa paranoia del “Me voy a manchar, se van a dar cuenta y me va a dar vergüenza” , trabajé muchísimo para que no me diera vergüenza y al final no pasó. Volví a mi casa tan tranquila, sin descarga pública y listo.

la foto también es de Rupi Kaur

5 de Diciembre

¿Listo? ¿Neta me lo juras que ya terminó? Ah bueno. Ni me enteré.

Desperté y corrí al baño; No hubo descarga. Al limpiarme me percaté de tener menos sangre tanto en la taza como en el papel. Vaya. Así de rápido. ¿Pueden ser más así mis periodos? Nada de gasto, nada de energía en la preocupación, nada de dolor.

Para el final del día, ya no tenía sangrado, ni manchas restantes. Me metí a bañar, me revisé y lavé: Nada.

Ya veremos qué tal lloro la siguiente vez.