Solo un pequeño cólico

Cuando empecé a tener una vida sexual activa a voluntad y con toda consciencia, tenía más o menos 18 años. Poco más, tal vez. Después de platicarlo con mi pareja de ese entonces, sólo nos estábamos cuidando de no embarazarnos (en ese entonces éramos 10000% monógamos y heteros) entonces empezamos con la planeación de cuidados.

Después de una larga charla e indignación sobre para quién y desde dónde estaban pensados los anticonceptivos, entonces sí, empezamos a calificar uno a uno a ver cuál era más eficaz para nuestra situación. Yo siempre he tenido mi sistema hormonal súper delicado, con lo que ciertos métodos con hormonas no eran buena idea. Además del que jamás he sido buena para la puntualidad de hacer cosas, tomarme una pastilla anticonceptiva me iba a resultar en una ruleta rusa. Al final, decidí que sería el DIU. Él más que decir “sí” o “no” se dedicó a apoyarme, buscar información, costos, etc. Total, que el DIU, que no era de mantenimiento tan caro, sinceramente era súper barato, no dependía de si me acordaba o no, y la mejor parte: dura años. Muy chingona yo, al siguiente lunes no fui a la escuela, y como en la escuela me dan seguro, pues fui al seguro. Muy chingona yo, pido que me atiendan, me pasan, me hacen una evaluación, me muestran el DIU y me pasan a camilla. Resultado de imagen para ginecóloga consultaEstoy acostada, con las piernas separadas, viendo como una enfermera acomoda todo, otra intenta distraerme y la doctora sentándose para hacer el procedimiento, me miran la vulva. La doctora se quita y le dice a una practicante: “Colócalo tú” Me dan nervios. Me abren el canal vaginal con unas como pinzas. Siento frío. Me hacen el tacto vaginal para descartar inflamación o infecciones. Todo bien, pero no puedo evitar ponerme rígida y moverme hacia atrás: fue mi instinto. La doctora me pide que abra y cierre los dedos de los pies y las manos, que me relaje y me enseñan el Dispositivo. “es de tres centímetros” me dice “sólo sentirás un ligero cólico cuando te lo coloquen, sólo te abrimos 5 milímetros del canal vaginal para poder colocarlo” Y yo, dentro de mi, sentía que me habían abierto como para parir. “Te lo coloco, una… dos…” y no llega al tres cuando lo coloca. Siento un dolor distinto. En mi cabeza lo que había pasado, era que el dispositivo había tocado la parte más alta de mi útero y me lastimó. “¿Todo bien? Estás muy pálida. ¿Vienes con alguien?” dice la enfermera. Y me introduce unas tijeras para cortar los hilos restantes del dispositivo: unas tijeras que para mi, parecían de pollero y que seguuuuro me iban a terminar cortando algo dentro. Ya me veía volviendo en dos meses a que me retiraran la matriz por un corte hecho sin querer por las tijeras de pollo. Me piden que baje de la camilla y siento que todo se mueve a mi alrededor. Casi me caigo. Me coloco una toalla nueva en las bragas, me las pongo. Subo mi pantalón. “¿No vienes con nadie?” insiste la doctora. Yo: “No, mi mamá ni siquiera sabe que vine. Mi pareja no puede venir hasta acá a esta hora” Se queda seria. Me mira, me da dos ibuprofeno, una receta para más calmantes. Me da instrucciones, un folleto y yo la verdad no recuerdo mucho. Ella dice “quédate aquí hasta que llegue otra paciente o te sientas mejor. Te dolió mucho y fue la impresión que hace que casi te desmayes” Cómo es que no me desmayé alv. Espero media hora, me siento “mejor” y decido irme. ¿Qué hago ahora? con el dolor en el abdomen parece un suicidio ir a la universidad. Quiero ir a casa y lo único que se me ocurre es ir caminando a la biblioteca delegacional, a dormirme un rato. Esperar unas cuatro horas, hacer tarea y regresar a casa para que mamá no sospeche nada. Al fin que el semestre está terminando. Salgo despacito y con algo de lagrimitas en mis ojos por el dolor. Justo pasa una combi a mi lado y Tarraráaaan: se baja mi mamá al verme. Se pone súper de malas y entre su enojo y su sorpresa empieza a regañarme, a intentar investigar qué hacía allí. Yo solo digo “me sentía mal y vine a que me revisaran, no tengo nada” Pero mi mamá no me cree e insiste hasta que le digo ME VINE A PONER EL DIU, MAMÁ. Se enoja. Lo piensa y me dice algo como: “Estoy tan enojada que podríamos ir ahorita mismo a que te lo arranquen”Resultado de imagen para DIU Yo me río y le digo: “¿Y embarazarme?” Se queda callada. Justo ese fin de semana estábamos terminando de mudarnos. (Ya sé, nunca fui muy hábil para planear esa clase de cosas. No contaba con que dolería GENIO) y mi mamá seguía enojadísima. Entonces hubo la charla. nos sentó a mi y a G para decirnos “Yo no estoy de acuerdo y no tienen mi permiso para tener relaciones sexuales” G y yo nos miramos y no tuvimos que hacer nada más para carcajearnos por dentro. Sufrí de dolores abdominales bien intensos por dos meses. Los dos meses más horribles del mundo. Fui a revisarme y me decían que era normal. Dejé de alarmarme. A partir de aquí iba cada 6 meses a revisarme al seguro de la universidad. Después empecé a pagarme consultas con un ginecólogo particular. Me duró 9 años. Jamás tuve ningún problema o conflicto, supongo que por una parte por mi paranoia de ¿Y SI AHORA ME DICEN QUE SÍ ESTOY ENFERMA Y QUE ME TIENEN QUE EXTIRPAR LA MATRIZ? Lo que sí, es que mis periodos se hicieron más esporádicos, dolorosos y largos. Cada vez que iba a tener el período, por lo menos una semana antes me sentía incómoda, como si un músculo de mi pierna se trabara y no podía dormir bien. Además, mis hormonas se alocaban muchísimo, los barritos me salían en los barritos, el sangrado era largo y abundante, también los cólicos eran un suplicio, dos o tres veces me desmayé de lo fuertes que me daban. Las demás veces a penas podía pararme del sillón o la cama del dolor, el cansancio y el mal humor, excepto el último año, que en realidad fue una bendición: Ya no dolía tanto, me avisaba dos o tres días antes de que me bajara, mis periodos eran de dos o tres días, flujo regular a escaso. Sin embargo “fuera de eso” no pasó nada. Siempre me dijeron que todo iba bien pero que qué loca de ponerme el DIU con el útero tan chiquito. Creo que fue una de las mejores decisiones que tomé respecto a los anticonceptivos pero no me lo volvería a colocar. Demasiada preocupación. Muchos malestares en el período para mi gusto. Pero es una buena opción de bajo costo de mantenimiento. Cuando fui a quitarmelo, dos meses antes lloré y lloré de la angustia. ¿Y si me dolía demasiado? ¿Y si estaba encarnado? ¿Y si se me salía el útero cuando me lo quitaran? ¿Y si se atoraba? ¿Y si…? Total, llegó la fecha. Fui con mi ginecóloga y lo mismo: “Señora, acuéstese, relájese, abra las piernas, suba las rodillas ¿Cómo ha estado? ¿Cómo se ha sentido? ¿Ya se va a embarazar o busca otra alternativa? ¿Quiere tratamiento hormonal? No le va a doler…” Empecé a platicarle todos estos pensamientos random, dudas y miedos mientras ella acomodaba todo lo que iba a necesitar. Se sentó frente a mi, y me pidió que respirara profundo. Iba a medio respiro cuando sentí un jaloncito, escuché algo caer en la canasta de metal y me dijo: “Listo, termina de respirar, el dispositivo ya está afuera” Respiré de alivio. Tuve un pequeño sangrado, pero nada fuera de lo común. Lo miré: Una cosa de tres centímetros que me evitó muchos problemas. Una cosa de tres centímetros que me cuidó y me martirizó también por ratitos. Hasta me lo quería llevar, para recordarme que las decisiones se sienten en las entrañas. Me tomé un ibuprofeno y salí feliz. Todo estaba bien. Salí caminando, crucé la calle, subí las escaleras, entré a mi casa, me bañé y me puse a leer.   Y la vida siguió como si nada.   *Edit 1: Mientras escribía esto me di cuenta que mi memoria muscular respecto a ese dolor está muy clara: Me volvió a doler el alma *Edit 2: Ja, me acabo de acordar: Me coloqué el DIU una semana antes de navidad. *Edit 3: Oigan ¿Nadie ha pensado en hacer los instrumentos ginecológicos menos… ¿intimidantes? Esas cosas las ves y lloras.