Tres años después.

Como buena autostalker, todos los días ando revisando mis recuerdos de facebook. Tengo uno de hace tres años, cuando la hecatombe tocó a mi puerta, donde me escribo una carta larguísima y me platico justo a esta Mariana de hoy, todo lo que duele, lastima y hiere. También todo el goce del dolor que tenía. Toda la ira, tristeza, impotencia, enojo, lástima, autocompasión.

Hace tres años más o menos, nos abrimos G y yo a la no monogamia. En otro post contaré la historia con cada gesto y señal, a lo que vengo ahora es que fue súper doloroso porque Long-Story-Short: la noticia y la forma pegó de frente con los pilares de la confianza, la fidelidad, el amor eterno y la exclusividad. Además estaba en un punto súper triste personalmente, no me sentía feliz ni a gusto con nada, mi trastorno se puso peor y empecé a medicarme de nuevo. Había perdido amigos, salí de un trabajo de mierda para entrar a otro trabajo que aunque no era de mierda, le fui perdiendo el amor poco a poco.

Sentí que todo estaba saliendo mal y que no podía tomar ninguna decisión correcta. También sentía que era insuficiente y que no iba a poder nunca ser feliz ni acompañar a ser felices a las personas que amo.

En ese momento, todo parecía derrumbarse en mis manos. Recuerdo perfecto que la sensación era como si todo aquello que tocara se volviese polvo fino, casi ceniza, sentí que no tenía salida, que las cosas nunca iban a salir bien y que estaba destinada a vivir una vida miserable donde todos eligieran todo por mi, porque claramente lo que yo quería o elegía no le importaba a nadie más que a mi. Fue la forma más difícil también de aprender que el amor para siempre no tiene que mantener unidas a las personas, y que el mundo sigue girando, que jamás te va a pedir permiso porque es parte de su naturaleza: que las personas también somos así. Seguimos creciendo y no pedimos permiso para caminar. Sólo lo hacemos. Sólo nos pertenecemos a nosotros e incluso no tenemos que ser coherentes con nosotros todo el tiempo.

La sensación que prevalecía es que mi palabra importaba menos que nada: Cuando tu palabra vale “nada” al menos se te permite exteriorizarla. Yo ni siquiera de eso había tenido oportunidad para conmigo.

Sin embargo, con terapia, medicamentos, acompañamiento, amigos, redes de contención y mucho mucho amor de G y el enamoramiento y todo el amor que fluyó con T, me recuperé de una manera bien maravillosa, nada rápida. La verdad es que todos (incluyéndome) me tuvieron tanta paciencia que aún no entiendo de dónde sacaron la fuerza para mantenerse a flote mientras también yo estaba intentando no ahogarme.

Cada año vuelvo a esta carta, porque me recuerda que siempre, no importa cuánto intente ahogarte la marea, hay decisiones que tomar. Y que todos decidimos entre estar o no estar, de acuerdo a nuestras capacidades y oportunidades, que debo dejar de juzgar a mi yo del pasado con la visión de mi presente. Pero sobre todo terminé de entender este año qué fue lo que realmente me partió el alma en pedacitos con esta confrontación y fue no sentirme incluida.

Es decir, en su momento no me sentí parte activa ni siquiera de las decisiones que se habían tomado en mi relación: Mi relación principal había cambiado frente a mis ojos y sin que yo me diera cuenta. Toda la vorágine fue porque no fui parte de la evolución ni de la sucesión de eventos.

Hoy tengo claro que lo que más me gusta alimentar en mis relaciones afectivas, es la complicidad y la diversión. No siempre puedo, a veces me falla el tacto, la percepción y el entender que no siempre se trata de mi. A veces se me atora entender que no sólo mi visión es la importante en las cosas que cambian. Pero intento siempre recordar que mis parejas, además de mis parejas son también mis cómplices: Me acompañan, me aconsejan, alientan o detienen. Y yo intento ser también esa persona para con ellxs.

Y no es que hacia estos tres años me haya perdonado todo: hay cosas que aún no logro superar completamente, pensamientos que aún tengo que en cuanto aparecen, siento como me empieza a hervir la sangre, pero mi responsabilidad radica más en aprender a gestionar esa ira y usarla en algo que me sirva, dejar la presión de parecer perfecta todo el tiempo y dejarme fluír incluso en las emociones que me asustan. Aún hoy tengo varios asuntos personales y para con los otros qué resolver, pero ya no me presiono y sobre todo, ya no me castigo. Tanto.

Así que si algo quiero extenderles es que sean compañeros de vida, pero en serio. No sólo en lo que queremos que el otro vea porque es bonito. Seanlo en todo. Hasta en el momento más mierda. Hasta en las dudas, las inseguridades, las culpas y la ira. Sean parte de la vida del otro. No se trata de llevar un diario o contar un itinerario, pero sí se trata de aprender a darle a cada cosa su justo valor, equilibrar lo que queremos y lo que necesitamos saber del otro y de nosotros mismos. También de ser pacientes cuando el otro no puede ser honesto consigo mismo y aún no pasa ciertos procesos.

No se trata de exterder las manos para ser uno, sino extender las manos para ayudar a que el otro, sea realmente el otro.

Tres años después, puedo decir:
Mariana del pasado, nuestra vida ha cambiado en muchos sentidos y en la mayoría para bien. El peor día de este año ha sido un lunes en la mañana de lo que tú estás viviendo ¿Y sabes qué? Vas a dejar de resistir para comenzar a avanzas.
Y se siente súper chingón.

Tocona

"Nosotras olfateábamos el proceso de descomposición
de las sangres nuevas, limpias.
Por qué el cambio, por qué
los labios cerrados. Nos frotábamos la adolescencia contra
los dedos, buscando.
Incluso entonces olíamos distinto."
Carmen Juan

No va a ser sorpresa cuando les diga que todo lo que tengo que decir sale de un post de Facebook.
El otro día navegando encontré un post donde preguntaban en un grupo de mujeres, algo como “¿Y ustedes suelen masturbarse?” Y aunque muchas decíamos gustosas que sí, que con gusto, me encontré también una colección gigante de mujeres que decían que no y las razones eran variadas. -Les da pena -No sienten nada -Después de tocarse les da mucha culpa -Después del orgasmo se sienten solas o vacías -No pueden erotizarse solas -No encuentran su cuerpo deseable -No les gusta su cuerpo -Consideran que sería un acto lésbico tocarse y mejor así porque son hetero, pero la que más me sorprendió fue una “No sé cómo hacerlo. No me toco porque no me sé cachondear sola, no sé que me gusta ni cómo me gusta. Me siento ridícula de saberme gimiendo sola.”

Me puse a pensar en la primera vez que me toqué, que fue un descubrimiento “sin querer” y después buscaba cada oportunidad para poder hacerlo. De inicio imaginaba, sí, estar con un hombre, pero como hasta ese punto no sabía que era la penetración ni cómo funcionaba, me quedaba imaginando muchas otras cosas. Besos, caricias, pellizcos, gotitas de agua, cosas así. También viéndolo en retrospectiva está bien cabrón porque estaba muy chiquita, pero supongo que tiene que ver con lo prohibitivo del sexo en general. Así que no me voy a juzgar muy duro por eso, al menos hoy. Mi punto es que en ese momento mi único problema era que mis papás no me cacharan, más allá de si estaba con alguien o no, de si había otro que me tocara o no. Y la verdad, es que ese encuentro fue bien peculiar: entendí cómo se conecta mi cuerpo conforme me iba permitiendo tocarlo. Supe que podía tener diferentes tipos de orgasmos si hacía distintos tipos de presión, encontré que mi piel reaccionaba a ciertas formas de tocarme, en la ducha entendí que también había temperaturas que podían provocar cosas  bien interesantes en mis reacciones. Y pensar que todo empezó un día que estaba súper cansada y me dolían las piernas, entonces puse mi almohada entre ellas para “descansar”

Pero como el mundo no es color de rosa, por mucho colorante que le pongamos, cayó en mi el peso de la heteronorma en forma de un pene: Tuve mi primera relación sexual con un bato. Omitiré el intro del tormento de relación que fue afectivamente y me enfocaré en eso que hoy nos atañe: lo sexual. Me acosté con él muchas veces. Algunas de ellas consensuadas, la mayoría de ellas, obligada o coaccionada, chantajeada. Y entonces me di cuenta que sí, en ocasiones estar con él me prendía mucho, pero en otras, ni el hielo seco era tan frío como mi libido. Pero también poco a poco, con muchas voces de diferentes personas con las que en su momento me abrí a hablarlo (claro que todo en forma de supuestos porque ¿Cómo alguien de 15 años iba a tener inquietudes sexuales?) tocamos el tema de la masturbación (e incluso con un par de adultos) la respuesta era que al tener vida sexual activa con un otro, tu autodescubrimiento era obligatorio llevarlo a cabo a partir de ese otro. Como si tener a alguien acompañándonos (y ojalá fuese siempre acompañándonos y no usándonos) nos obligara a mantenernos únicamente descubriendo en función del otro. Pero bien o mal, me tragué el cuento.

Dejé de masturbarme. Estuve mucho tiempo en una relación donde mi mayor acercamiento a un orgasmo era el calentón que se me iba a la primer penetración y el tener que cubrirme moretones en el cuerpo cuando “no me iba tan bien”

Seguí creciendo e interioricé mucho el: “si no es con alguien, no es con nadie” “El cuerpo sólo se erotiza a partir del otro” Y todo el argumento que ello carga. En serio, incluso aprendí a excitarme con el porno, porque era todo lo que tenía. Aprendí a sentir cosquillas cuando alcanzaba a ver videos “interactivos” (diría al que ahora considero el peor maestro de matemáticas del mi preparatoria) y olvidé cómo era poder disfrutarme sin tener que necesitar al otro.

Tuve mucho tiempo libre, otras parejas sexuales, algunas casuales y otras estables.
Me enamoré perdidamente de un hombre nuevo, uno que me trató bien y diferente y lo subí de a poquito en un pedestal, sin darme cuenta. Me entregué a él en toda la vorágine del amor romántico. Tuve mi primer encuentro sexual con él en las escaleras de mi casa y entonces no paramos de estar juntos. Recordé en sus manos qué era tener un orgasmo, sentir la piel erizada, el calentón en pleno elevador, el no querer quedarme quieta cuando salíamos a cenar, lo divertido de las miradas furtivas y de los fajes en los portones y entendí a que se referían con que “cuando estás con otro, no es necesario masturbarse” porque justo en ese momento, me satisfacía muchísimo estar con él.

Sin embargo y al hablarlo, descubrí que él lo hacía. Y al inicio sentí una conmoción durísima. ¿Cómo que su libido no me pertenecía? ¿Qué significaba que no me deseara A MI todo el tiempo? ¿Porqué me dolía saber que había estado con otras mujeres si yo misma había estado con otros hombres? Y de la purititita rabia, me masturbé. Recordé que era redescubrirme sola, y me fue mucho más fácil explicar qué me gustaba. Ahora agregaba cosas, como fantasías: Ya sabía qué se sentía estar con un otro y cómo era ser erotizada con el otro, entonces tenía un campo más grande de acción en mi imaginación. Además había descubierto casi al mismo tiempo a Erika Lust, la música de Florence and The Machine y andaba muy entusiasmada con conocer mi ciclo menstrual y las muchas y mágicas cosas buenas que tiene la masturbación en las diferentes fases del ciclo. Volví a masturbarme aunque siempre como en plan “Voy a investigar qué para decirle y lo hagamos”

Poco a poco recuperé el hábito aunque fuera con otro enfoque. Ya no me frustraba ni me quedaban “con las ganas” porque podía solita despacharme.

Tiempo después (Años, pues) empezamos a vivir en pareja y no es secreto que las dinámicas de todo cambian cuando están todo el tiempo en el mismo lugar dos personas conviviendo. Pero tuve otro proceso rarísimo en el que toda mi afirmación emocional y autoconfianza la proyectaba en el sexo y de pronto lejos de ser un “algo” chido que pasaba y disfrutaba, se volvía una cosa muy rara que yo “necesitaba” para sentirme querida. Empecé a toquetearme más seguido y justo, empecé a desarrollar ese vacío del “es que sin él me siento triste” “si estoy sola, sí siento el orgasmo pero también el vacío” y muchísimas cosas por el estilo.

Descubrí con el tiempo que justo era esa reafirmación del amor por medio del sexo lo que me estaba mermando la capacidad de disfrutar mi cuerpo sólo por poder hacerlo. La necesidad canalizada de sentirme única, de sentirme fuerte, especial y “The one” sólo a partir de cuántas veces cogíamos al mes. Y me puse a pensar ¿porqué nos enseñan a sentir culpa por descubrirnos? ¿porqué tenemos esa necesidad bien loca de sentirnos queridos a partir del sexo con quien amamos? ¿Desde dónde validamos nuestros encuentros sexuales? Y aunque ahora mi respuesta se reduce bien fácil a “Es el estúpido patriarcado de mierda” También veo que se trata el sexo desde un mecanismo de propiedad: Deslegitimamos todo aquello que no le pertenece a un otro, como los espacios públicos y damos por hecho que lo nuestro lo sabemos, como nuestra casa. Tengo en este momento la firme creencia de que mientras sigamos viendo el deseo como un bien intercambiable y de propiedad, nunca vamos a poder ser verdaderamente dueñas de nuestro placer. En fin. Sigo con mi historia.

Me quedé entonces en que sí me toconeaba cada que quería pero sintiendo culpa y percibiéndome malquerida. Luego lueeeego fui a terapia y le bajé a mis percepciones autodestructivas. Empecé a quererme y “despacharme” (como dice G) cada que se me antojaba porque que rico querer mi cuerpo y darme muchos besitos y no necesitar de otros para sentirme mimada y amada.

PERO, Pero, pero el cambio más grande que tuve respecto a mis hábitos autoexploratorios fue cuando me asumí bisexual y enamorada y con ganas de toquetear a otra mujer. Ese fue mi punto de quiebre en tres sentidos. El primero: ¿Cómo iba a pretender tocar a un cuerpo similar al mío si yo no conocía bien lo que yo sentía y cómo lo sentía? ¿Cómo me iba a salir de la heteronorma que mayormente penetra y nada explora? Así que empecé a masturbarme de muchas nuevas formas. Incluso dejé de buscarme el placer en el clítoris directamente para concentrarme en la piel, en los sonidos y los olores, en sensaciones, texturas incluso sabores. Empecé a entender diferente las dinámicas de juego y coqueteo. Descubrí muchas otras formas de sentir atracción, juego, placer y que ninguna tenía que ver con tener sexo. En su momento esto fue una impresión tan fuerte que me volví abstemia durante un tiempo: no quise estar con nadie hasta que yo me sintiera tranquila y satisfecha conmigo, con lo que yo sabía, descubría y pensaba.
Aquí me gustaría recordar para ser noble conmigo: Nunca se me dieron bien los cambios, me cuestan trabajo y necesito mi tiempo para revelarlos. Y está bien.

Mi segundo quiebre fue: ¿Cómo voy a poder decir qué clase de acercamientos y formas me gustan si yo misma estoy acostumbrada solo a un tipo de desenvolvimiento. Y no es que esté “bien” o “mal” sino ¿que tal si en medio de todo esto descubro que lo que yo sé no es suficiente y bueno, aunque siempre el tema de la suficiencia es TODO un tema para mi, sí me impulsó a investigar, seguir buscando información, seguir descubriendo mi cuerpo y viendo o platicando en otros entornos, como otras mujeres reaccionan, experimentan y mantienen nuevos encuentros. ¿Desde dónde? Si no existe en ese momento un medio de comunicación ¿cómo puedes establecer un diálogo? ¿Cómo lees un cuerpo como el tuyo si no te diste tiempo de escuchar el tuyo? ¿Qué cosas nos dicen los cuerpos? Y es que aquí, y con toda mi reconstrucción desde el feminismo, empecé a tener una cantidad grandísima de miedos respecto al consentimiento, a las prácticas alternas y no vainilla, incluso fetiches (aquí descubrí que la idea de amarrar y ser amarrada era algo que de verdad TENGO que intentar un día) Incluso hasta muy entrados los 26 experimenté con vibradores.

Y el tercero, que además creo es el más importante: ¿Cómo logro apreciar un cuerpo similar al mío, si no logro apreciar el mío? Y esto fue mi punto de partida para reaprender a erotizarme sola y disfrutar mi cuerpo completo, con todo lo que rompe el estereotipo de ser una mujer “bonita”, empezar a disfrutar apretujarme las lonjas, pues, a tocarme los senos, las nalgas, aprender a verme en el espejo desnuda y aceptar que a veces con el roce de algunas telas o las temperaturas de algunas sudaderas también siento cosas. Que puedo sentirlas sola, que puedo disfrutarme con la cortina entreabierta para que entre sol y me caliente solo algunas áreas. Empecé a ver mi cuerpo desde afuera y de una manera bien particular, esto me ayudó también a dejar de querer cambiar todo por no tener cuerpo de Barbie. Empecé a tomarme fotos, a permitirme caminar desnuda por mi casa.

Ahora me masturbo cuando me pega la gana. Sola o acompañada. A la hora que se me ocurra. Hay cosas que comparto e intento con alguna de mis parejas. Hay otras experiencias, sensaciones y reacciones que guardo solo para mi. Mi orgasmo y mi masturbación (genital o no) se vuelve para mi un ritual de autodescubrimiento constante, como alguien que cambia todos los días. Se vuelve todo un proceso en el que honro y agradezco a mi cuerpo por ser como es, estar y mantenerse, por ayudarme a destejer y entender diferente cada experiencia de mi vida. Ya no me obsesiono con estar con alguien, ya no tengo esa urgencia de acostarme con alguien para sentirme amada. Me mimo y me cuido sola. Me vuelvo autogestiva. Me dejo descansar del sexo cuando lo necesito y retomo mis maratones multiorgásmicos cuando me es necesario.

Y luego sigo con mi vida como cualquier Lunes por la mañana.

Salir del clóset

Hace tiempo fui a ver a mi madre y platicamos sobre cosas que nunca le había preguntado. Entre la conversación dijo algo respecto a otras personas que me hizo sentir muy tranquila. Pero vamos a contar esta historia despacio:

Cuando le conté a mi mamá sobre la no monogamia, lo primero que me dijo fue: No estoy de acuerdo, a mi me parece que si su relación ya no funciona entonces deberían terminar. Pero no sé qué decirte, si a ti te funciona está bien, yo debería estar acostumbrada a que siempre rompas mis esquemas y hagas las cosas diferentes.

También le dije que me gustan las mujeres, le pregunté si en algún momento lo había sospechado (con eso de que las mamás lo saben todo, pues igual y ella ya sabía y como siempre la que intentaba verse la cara de tonta era yo solita) Y entonces ella me dijo que nunca se habría dado cuenta porque siempre me gustó vestir de ciertas formas y hacer ciertas cosas y que jamás se imaginó que fuera diferente.

Me quedé callada.

Con el tiempo, la no monogamia es algo que casi no tocamos. Yo le cuento de mis dos vínculos, como para las dos irnos acostumbrando a que el tema existe y a que los dos vínculos son importantes para mi en sus variantes, momentos y significados. Ella regularmente no dice mucho, sólo sonríe amablemente o se queda callada.
La última vez que fui a comer a su casa, hablábamos de algunos de sus amigos y la relación de pareja que tienen: es mucho nuestro tema de conversación porque a mi no me caen bien pero son los mejores amigos de mi madre, así que siempre están en la mesa, lo sorprendente con el tiempo es que ambas tenemos percepciones muy similares a la de la otra respecto a ellos y justo nuestras experiencias nos hacían quedarnos o no. Evidentemente yo decidí no quedarme. El punto es que la hacer observaciones sobre su relación y lo que aprendíamos de ellos y cómo lo aplicamos para nosotras, ella me dijo algo que me hizo sentir mucho más cómoda porque es algo que de alguna forma también habla de mi.

 

“Las relaciones son personales y no le incumben a nadie más. A cada pareja les resultan bien cosas diferentes y es algo sobre ellos. No tiene que gustarme y si sus acuerdos son así y ellos son felices, lo que yo opine o no, no importa”

Entonces me volvió el alma al cuerpo de muchísimas maneras. Me sentí feliz e incluída, pero sobre todo, me sentí tranquila. Tranquila de poder compartirle poquito a poquito cada vez más de lo que siento, quiero y espero, con menos miedo de que me juzgue o me señale.
Algo que aprendimos las dos cuando me salí de su casa es que no soy una extensión de ella y que ninguna de las dos tiene la obligación de ser lo que la otra quiere, porque al final, la vida que cada uno vive es propia. Y cada uno, por más que se entrelace en la vida de otros, se encuentra en una individualidad bien cabrona que no puedes desarticular, pero la conciencia de ella te lleva a tomar decisiones de una forma diferente, más meditada, mucho más asertiva y a largo plazo. A tomar mejor las cosas a corto plazo.

Entonces dejas de emitir opiniones que no te pidieron y a autocriticarte.
¿Y saben qué?

Se siente bien rico hablar de dos vínculos sin miedo y saber que aunque los demás no lo vean, estás creciendo. Que aunque no lo veas, los demás también están cambiando.

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La Malcogida y el sexting

Dentro de las muchas preguntas que me he hecho para con mi sexualidad, no es sólo mi preferencia (que además he descubierto que es como un interruptor que puedo modificar a voluntad) sino también las prácticas que tengo al respecto. Y es que hablando únicamente del sexo hetero: hace mucho aquello del mete-saca se me ha quedado corto para sentirme satisfecha, a veces si quiera cómoda.También no es secreto que soy súuuuper delicadita para compartirme sexualmente con alguien y es que le tengo un TERROR a las infecciones y enfermedades: una vez en mi vida he tenido una infección vaginal y con esa he tenido para ser sumamente cuidadosa y fijada todo el tiempo.

Inherentemente pienso en todas las personas con las que indirectamente estoy teniendo un contacto sexual con alguien nuevo y recuerdo en que la mayoría de las “protecciones” son en realidad anticonceptivos. Tampoco es noticia estelar la renuencia que muchas personas tienen por los condones y porque quitarse el condón es signo de confianza. Con lo que, teniendo un panorama bien claro de lo que veo, es bastante notorio el porqué el mete saca me queda corto y porque soy tan mamona.

Pero sobre todo: me enfada la idea de que tanto esfuerzo por salir de mi casa para ni siquiera quedar satisfecha. Porque además es algo que me ha pasado incluso con parejas estables con las que hay una comunicación y conocimiento del otro. Y la última: me desespera que mucha gente coja para llegar a un orgasmo, cuando hay un panorama súper amplio y mucho más allá de los 15 segundos que dura -ese- placer: como si fuera el único o el objetivo. Creo que a mi, me gusta más ver y sentir cuerpos, entenderme con ellos.

De cualquier forma en algún momento lo intenté: ser más abierta porque demandarle todo a una sola pareja está horrible y es egoísta. Así que descargué una app, empecé a buscar, hice varios matches con hombres y sólo a dos les dí mi número de whatsapp después de muuucho rato platicando en la app y viendo que me caían bien y que no eran patancillos. Hablando por whatsapp súper respetuoso todo el asunto, me dejaron en claro que ellos no harían ningún movimiento a menos que yo diera una pauta explícita para eso, y que no me preocupara. Así que he confiado. Han pasado varias semanas y aunque la comunicación no es constante, seguimos platicando. Todo bien.
Un día de estos en los que estaba súper horny y ni quién me aguantara, intenté hacer una sugerencia al respecto a uno de estos morros: el que me caía mejor y con el que tengo debates y pláticas mucho más intensas en plan debate o discusión. En algún punto de esas conversaciones empecé a sentir una especie de atracción sexual por él, y es que haré un paréntesis muy cagado, me he dado cuenta que me súper calienta debatir con el otro siempre y cuando me deje una posición donde tenga que replantearme mucho de mi discurso. Sino existe ese punto, probablemente sólo haya tenido una muy buena plática. Total, empecé a sentir eso con este man. Hice la sugerencia de que tal vez sería divertido sextear un rato y ver qué pasaba. Pensé también en: wey, otra vez va a empezar mi etapa súper sexual y ya he tenido conflictos por eso, mejor evitarlo y tomar alternativas de una vez.
Paréntesis dos: no es la primera vez que sexteo con alguien desde mi no-monogamia. Usualmente es con una de mis parejas y es bastante divertido, lo disfruto mucho y es súper chido. Sin embargo cuando llegué a hacerlo con extraños fue bastante… deprimente.
Al final: este dude aceptó. Y empezamos a “sextear” y oh, sorpresa. Una vez más fue angustioso, triste y rápido. No importaba la manera en que yo intentara sacar miles de eufemismos, figuras retóricas, imágenes bastante cercanas a lo que quería y pensaba, no podía sacarle nada más que un “quiero cogerte, penetrarte muy duroSe acabó la magia después de dos minutos. Los dos minutos más largos y aburridos de mi vida sexual. Recordé las experiencias que he tenido con extraños y siempre me ha dejado al final esa sensación rara: No saben hacer otra cosa. No conciben el placer si no está en su glande. Su placer radica en saber que “la tienen más dura” “más grande” y pueden “metertela muy rápido” Se vienen y termina. No hay un coqueteo. No hay un juego al respecto, deja de ser lúdico a ser únicamente la búsqueda de un orgasmo. Y no hay nada que me aburra más que eso, porque verás, para eso tengo mis vibradores, que solita me llevo en dos minutos a gritar como foca y retorcerme como playera en centrifugado.

Pensé también en algún momento en que tal vez era yo que soy taaan de lenguaje y no me despego de ello y que debería ser más flexible.
Pero ¿flexible en qué?
Me siento como un bicho raro y no tengo por ahora más herramientas para abrirme a estar con más personas, por más que le pienso, se me ocurren únicamente variantes a esta. A veces siento que estoy súper mal y que hay algo equivocado conmigo. La parte más horrenda es que siempre veo memes respecto a weyes jalándosela mientras sextean y morras aburridísimas viendo tele o a punto de dormirse.¿Soy/somos demasiado exigente(s) o sólo estamos acostumbrados a malas/aburridas prácticas?
Y algo en mi cabeza me dice: Eso te pasa por meterte con heteros, pero ¿Qué hago si también me gusta?
Con todo esto: 1) haré una playera que diga MALCOGIDA y dejaré de verlo como un insulto a mi (como culturalmente está estructurado) a ser un grito por nuevas y mejores prácticas sexuales. 2) Usaré el sexting como otra herramienta de filtro.

Responsabilidad emocional.

Imagina esto: Estás en bici tranquilamente por la calle, llega una moto y te arrolla. El dude en cuestión levanta su moto y se va. Cuando lo denuncias, se escuda en que “Quien se cayó, fuiste tú en tu bici, y como es tu bici, tú lo arreglas” Y le creen. Es más, en el MP lo apoyan. Por qué nos es tan claro ver que está mal este peo’ cuando se trata de algo físico, pero no cuando se trata de algo emocional?

¿Somos parte del desastre que se causa tras el impacto de nosotros en sus vidas. Si bien no somos responsables de sus acciones, sí de los momentos en que causamos el dolor inicial.

Deslindarse del otro como: “Es tu pedo, tú lo arreglas” se articula de la misma forma que la violencia y el abuso emocional.

Tener relaciones unilaterales, donde YO decido y TÚ te chingas y ves qué haces con eso, no es tener relación con el otro, sino una utilitariedad del otro: estoy y lo aprovecho mientras me complace.

Ejemplos: Oscar y Daniela son novios. Un día deciden irse a vivir juntos. Daniela tenía otro novio y entonces hace que los tres estén juntos. Daniela no le pregunta a Oscar si quiere estar con Fausto. Ni a Fausto si quiere estar con Oscar. Ella les dice que si quieren estar con ella, eso tiene que pasar. No les pregunta si quiere. Sólo determina que para ella eso es lo mejor. A Daniela no le importa que sus afectos la estén pasando mal porque ella vive su ideal de relación afectiva V. Daniela ve que sus afectos la pasan mal pero se justifica en “Son adultos, que piloteen sus inseguridades” y cuando intentan hablar con Daniela, resulta que si no es así, entonces no es y todos a sus casas otra vez, incluso cuando todos gastaron todo lo que tenían en mudarse. Daniela no quiere verlos si no es bajo sus circunstancias. Oscar sabe que no aguanta la presión porque es muy distinto a Fausto y a Fausto definitivamente no le cae bien Oscar. Los dos sienten condicionado su amor a Daniela porque tiene que ser como ella diga. pero eso ¿Está chido? ¿no Daniela se está pasando un poquito de.. ehm.. egoísta? No deja que Oscar o Fausto desarrollen herramientas porque todo es nuevo y justamente de allí, Daniela saca una ventaja. Todo eso se llama abuso emocional.

Victor se va a Australia porque ha sido el sueño de su vida y le avisa a Sandra, Natalia y Eder desde que tiene inquietud. Victor les dice que se irá. Que los ama mucho pero igual debe seguir sus ideales. Sandra, Natalila y Eder se ponen super tristes pero saben que es parte de Victor y se alegran por él. Hasta lo acompañan a comprar cosas para su viaje y están pendientes de él siempre que pueden. Victor ha sido claro desde el inicio con su propósito. Sandra, Natalia y Eder viven una tristeza que pueden manejar porque sabían que este momento llegaría. Víctor les reafirma siempre que los quiere. Todos están tristes, sí. Pero tranquilos. ¿Y se lee chido, no? Nadie está pasando encima de los otros, todos lo tenían claro desde el inicio, todos lo apoyan y aunque construyeron sus vidas en conjunto, saben que todo estará bien.

Es válido decir: “Yo no puedo con esto” “Esto es demasiado para mi” Pero hay una gran diferencia entre ser parte de un conflicto y luego lavarse las manos, que ver desde afuera el conflicto y decir: “Nel, yo no quiero esto” Y es que de pronto es bien fácil caer en el juego del “como soy autónomo, autosuficiente y responsable sólo de mi, entonces los demás tienen que arreglárselas solos” Y es que sí, no puedes ir haciéndote cargo de los demás todo el tiempo, pero… Si tú eras el cochista y empujaste a un ciclista, lo mínimo que debes hacer por responsabilidad civil es ayudar al otro a levantarse y revisar que esté bien y pueda seguir andando… ¿O no?

Celos nivel 6

Después de la letanía que les conté, me siento obligada a decir que estuve mucho tiempo en terapia para poder terminar de confrontar todo lo que estaba pasando. Lo que me resultó de estos celos, fue darme cuenta que estaba enfocando mi forma de vivir el amor de una manera no necesariamente funcional para mi, pero sí bien parecida a lo que nos enseñan del amor romántico. Sentía que tenía que recomponerme completa, que dos de mis pilares en la relación se habían fracturado muchísimo y me habían puesto a dudar incluso de mi. Me sentía rota.

Tenía que tomar una decisión: Quedarme y chingarle con todo lo que estaba sintiendo y pensando, empezar de nuevo y darme la oportunidad de intentar hacer algo diferente, o simplemente pasar de esto que habíamos construido en conjunto (y en mi cabeza) y empezar de cero una historia con alguien más aunque eso implicara cometer errores similares. Salí adelante no sólo con terapia, sino con un grupo de apoyo y acompañamiento que siempre estuvo allí para mi. Desarrollé mis herramientas de confrontación: Me enfrenté a mis miedos y a toda esa parte “oscura” de mi que había enterrado y ocultado, me mire como soy “con el rifle en la mano y la granada en la boca, destripando a la gente que amo” Diría la Vestrini. Decidí quedarme, decidí que por mi valía la pena volver a intentarlo pero antes tenía que definir mis límites, mis capacidades y posibilidades.

Lo hice. Me senté frente a él pero también frente a mi. Me fui sincera. Puse todos los puntos sobre las íes. Enuncié de la manera más clara posible todas mis expectativas, mis necesidades, mis miedos y dolores. Escuché todas sus expectativas, miedos y dolores. Y no fue fácil descubrir que aunque nos conocíamos, había partes del otro que nos habían sido inaccesibles por mucho tiempo. Poco a poco recuperé la confianza tanto en mi, como en él y la relación. Decidí volver a confiar. Elegí darme de nuevo esa confianza.

La segunda vez que me dieron celos, sin embargo, fue con mi otra pareja. Y fue una experiencia completamente diferente. Ya teníamos establecidos los primeros acuerdos. Ya nos habíamos escrito los límites y era todo bastante claro. Yo me sentía súper orgullosa porque no había sentido celos en absoluto de nuestra relación, confiaba en que como estaba cimentada desde otro lugar y con otras experiencias al respecto, sería diferente. Pero el día llegó y yo sentí que el estómago se me iba a los pies. De nuevo tuve mucho frío y no podía parar de llorar, imaginaba cosas que para sacar de mi cabeza dije como una afirmación. Y re-descubrí que mi problema es tener información a medias o no tenerla. Que la incertidumbre del otro me mata. Que los vacíos en las historias provocan que yo auto completo con cosas que no son reales por mi necesidad de tener una certidumbre. Pero además de todo eso sentí mucha vergüenza porque de nuevo estaba en ese lugar oscuro al que nunca quise volver. Volvió mi impulso por vomitar todo, por no poder decir todo lo que sentía, por no querer admitirlo. Y sin embargo, todo fue distinto esta vez. Esta pareja a pesar de todo, se sentó conmigo a responderme todas las preguntas que yo tenía. A escuchar cada duda y cada incertidumbre, me extendió las manos como red para que me rindiera ante lo que sentía. Tenía yo muchas más herramientas emocionales. Y aunque dolía, era otro tipo de dolor. Uno mucho más líquido, podía beber un poco de ello cada día y aún así mantenerme viva. Dejé de vomitar a los dos días. Sus re afirmaciones de amor me mantuvieron a salvo. Su comprensión y paciencia dejaron de alimentar al Kraken que había en mi cabeza. Y sin embargo me sentía culpable de volver a estar allí y de arrastrarla conmigo. Me di cuenta que pasé mis inseguridades de una persona a otra y entonces volví a sentarme frente a mi. A cagarme. A llorar de desesperación porque volvía a sentirlo todo. Tenía mucha rabia. Sin embargo, esta nueva persona de la que sentí celos, era súper diferente a la primera, ni siquiera la conozco y sin embargo me cae bien. Me vibra diferente, mucho más ameno. Mi primera pareja me enseño a confiar en las personas a las que eliges y por lo tanto en sus decisiones. Entiendo también ahora que esa otra nueva persona no necesita ni agradarme, ni caerme bien, ni conocerla para respetarla. Entiendo racionalmente (aunque emocionalmente no siempre me es claro) que mis vínculos pueden tener más vínculos y que esta sensación de vacío y de abandono sólo me corresponde a mi sanarla, a partir de mi.

Al mismo tiempo, que se me haya pasado “tan pronto” o que haya podido manejarlo de una mejor forma no me quita esa sensación de incomodidad. Porque me encantaría ser inmune a los celos. Porque por más activista del “Tener celos es normal, lo complejo es qué haces con ellos” igual siento que fallo, que me fallo.
Y tengo que lidiar ahora con esa sensación y contra la meritocracia del “Si siento celos, no merezco que me quieran sanamente” “si siento celos soy una persona súper dañina y no merezco una relación sana”
Yo estoy consciente que necesito mucha re afirmación de amor.
Hasta de mi.

Así que, esta es mi conclusión: Desmontar el amor y los apegos no saldrá a la primera; es un camino de ida y vuelta y siempre existe la posibilidad de que falles, la buena noticia es que cada vez tienes más herramientas para enfrentarlo y puedes decidir qué hacer con eso.
No se trata de aguantar ni de resistir sino de enfrentar. De enfrentarte.

Descubrí más de mi que de cualquiera en mis celos. E intento reafirmarme, constantemente revisar y modificar todo aquello que no me gusta de mi. Ser una mejor persona de mi, para mi.

Celos Nivel 10

Siempre supe que era celosa.
No me gustaba que la gente que conocía estuviera con otras personas que no fuera yo, me sentía abandonada. Si alguien replicaba mis ideas, pensamientos o sentimientos en otros lugares lo sentía como un robo, y simultáneamente una traición.
Lloraba muchísimo cuando soñaba que la gente que quiero se iba.

Jamás había sido celosa con G porque nunca había sentido ese miedo.
La primera vez que sentí sospecha, fue porque en su trabajo conoció a una chica super bonita, inteligente y que se dedicaba a la misma área que él. Cada vez que hablaba de ella, el se veía genuinamente emocionado y yo completamente amenazada, pero nunca dije nada.
Hasta que un día, por casualidad me enseño una foto de ella que él le había tomado. Y sentí como todo se me caía en pedazos por dentro: las sensaciones físicas fueron -Frío -Vacío en el estómago -Nudo en la garganta -Llanto llenándome los ojos. G se dio cuenta y me preguntó por qué me sentía así.

Se lo dije todo.
Le dije como me sentía con la foto, como me sentía respecto a ella y porque lo sentía. Él me dijo que no era nada y yo le creí. Decidimos cambiar algunas cosas sobre nuestra relación.

Descubrí que mis celos son autolesivos en el sentido más literal del concepto el día Cero: me dijo que amaba a otra chica. 
Esta vez mis sensaciones no sólo fueron las pasadas. También sentí como mi útero se ponía muy duro, mi fuerza abandonaba a cada extremidad y literalmente podía sentir cómo el corazón se me rompía en pedazos. El pecho me quemaba, ni todo el aire del mundo podía evitar que me asfixiara en una vorágine de pensamientos que me gritaban que claro, que alguien como yo nunca iba a poder ser “suficiente” para alguien como él. Que por supuesto que se iba a enamorar de otras personas porque yo jamás cabría en ese espacio, que me quedaba grande, que era yo poquita cosa.

Según yo, había creado mi relación con G fuera de los parámetros y estereotipos de una relación. Ese día me di cuenta que no, que de hecho se parecía muchísimo a todo aquello que había criticado por tanto tiempo de otros y de mi en otras relaciones.

Lo peor que pude hacer cada vez que salía el tema, era vomitar. Dejar que la angustia me consumiera hasta hacer de mi un fantasma. Herirlo en mi dolor y dejar que mi dolor me lastimara físicamente. Acepté traspasar límites que no sabía que tenía. Permití pasar por encima de mis necesidades en el deseo de ser “suficiente” para alguien más. Lloré hasta que me sequé. Grité. Le reclamé cada error (real o imaginario) y jamás lo escuché. Pase seis meses de mi vida ahogada en llanto, vómito y una sensación constante de fracaso y menosprecio que a veces lograba mitigar, pero que constantemente estaba allí haciéndome la vida imposible. Deje de rendir en mi trabajo, dejó de gustarme lo que hacía. No podía dormir, a penas podía comer. Tomaba agua sólo para llorarla durante el día siguiente. Intentaba evitar llegar a casa y al mismo tiempo procuraba pasar el mayor tiempo posible allí porque era mi lugar seguro. Dejé de hablar con mis amigos, paré mi terapia y boté mis medicamentos en pleno rush de pensamiento del amor meritocrático.

Hace años tuve un problema con un trastorno de alimentación (Mia) por problemas de autopercepción. Y es que vomitar mi hacía sentir que al final después del dolor no había nada. Pensaba que tal vez comiéndome mis problemas podría mitigarlos. Y no pasaba. Entonces vomitaba, para ver si mi jugo estomacal lograba desaparecer el nudo en la garganta que no se quitaba con ningún gesto de amor o autocompasión.

 

En esta época, Mia volvió a mi vida de una forma super involuntaria. Pero estaba allí, detrás de cada esquina, en cada guiño, a cada paso, en cada respiración: nunca me dejaba sola.

Hice dos o tres escenas dentro de casa: pelear por cualquier cosa, gritar, llorar y reclamar a la más mínima provocación cualquier cosa que tuviera que ver con otras personas que no fuera yo. Llegué a querer manipularlo. Llegué a querer obligarlo a no moverse sin mi. Me expuse al peligro muchas veces, muchas otras ni siquiera me daba cuenta. Quise romper cosas. Quise apuñalar sillones y colchones, moría por realizar el impulso frenético de romper ventanas, vasos y todo aquello que resultara en un estruendo. Pero solo podía llorar. Solo podía suplicar por un día volver a ser querida “como antes” ¿Qué me detenía? Aún no estoy segura, pero recuerdo que desde entonces el pensamiento que me perseguía es que yo no quería ser esa persona.

Un día nos planteamos las soluciones extremas. Ese mismo día decidí que era suficiente de llorar y lastimarme por algo que no me correspondía ni cabía en mis responsabilidades. Barajamos la posibilidad de terminar si todo esto me lastimaba de manera tal que no pudiera enfrentarlo. Y había decidido que no quería seguir así. Pensando en salir de esa situación, busqué un terapeuta. La parte graciosa es que mientras me iba sanando, también conocí a otra persona con la que me sentía muy feliz e identificada: me enamoré. Pero aún estaba con G y quería seguir con él.

La decisión fue super difícil, pero hoy creo que es la mejor que he tomado: decidí volver a confiar en nuestra relación, a rehacerla desde cero. De poner claros los límites y necesidades de cada uno. Sabía que quería seguir a su lado, que era muy feliz en su compañía y que yo era más grande que esto, al final de esta situación, lo único que nos quedaba era ser honestos o morir. Elegí, obviamente, la honestidad.

Y mientras tanto, empecé a tener una relación con A. G siempre supo de A.
A siempre supo de G. Y así, a ciegas, me aventé a intentar entender que el mundo no podía ser malo si todos eramos honestos.
Si todos eramos acompañantes.
Que estamos con el otro en medida de nuestras posibilidades y capacidades.

No mentiré ni diré que ya se terminó y soy perfecta y no siento celos: Claro que no. Los sigo sintiendo, a veces se instalan en mi cabeza. Pero ahora lo digo. Encontré un mecanismo con G (Y que voy a replicar con A, pero esa es otra historia para otro lunes) para poder aminorar mis reacciones emocionales, y es describir primero que siento físicamente antes de que se vuelva una emoción. Si puedo detener los pensamientos y las sensaciones antes de que se cree el hoyo en mi pecho, ya tengo la mitad hecho, no se me hace nudo en la garganta y puede que quiera llorar un poco pero es mucho menos complejo que las primeras veces. Y el segundo paso lo que hago es empezar a preguntarme si lo que sentí como celos son realmente celos, o si son pena, tristeza, enojo, miedo al abandono o qué. Y eso me ayuda a preguntarme cosas sobre mi que no siempre son tan sencillas de percibir sin esas experiencias.

Al final de esos seis meses de lluvia sobre ropa mojada, y otro año y medio de momentos raros y un poco incómodos pero cada vez menos dolorosos terminé convencida

El problema no son los celos, el problema es qué haces con ellos.

 

¿Tener un credo me hace menos parte de una ética poliamorosa?

Si tu primera duda es ¿qué es el poliamor? Tal vez te interese checar primero ésta definición de Wikipedia para aclararnos un poquito el panorama.

 

¿Te ha tocado que a veces preguntas algo en una comunidad y en automático empiezan a contestar de una forma u tanto agresiva, como si tu pregunta fuese una pregunta tonta? Es decir: a lo mejor antes de ti el tema esta tan platicado, que volver a ello, pareciera tedioso.

Bueno: pasa en todas las comunidades: se crea una especie de superioridad moral no sé si por la antugüedad y la forma o tiempo que llevamos deconstruyendonos todos, tal vez porque al saber más que el otro, creemos que todos deberán tener el mismo nivel de introspección y aplicamos este poliamorómetro donde tenemos cómo medir “al buen poliamoroso” y al “polifake”, e incluso en esa misma vara vamos midiendo de ocasión en ocasión nuestros vínculos:
que conste, no estoy criticando del todo que exista, sí señalo cuando se usa para minimizar al otro. Me alegra que exista cuando eso hace la autocrítica más puntual.

Ahora, hace unos días me preguntaban si ser católico/cristiano está peleado con ser poliamoroso y que si puedes tener un credo que trata mal a las mujeres. Después de una acalorada discusión, creo que hay mucho que quiero platicarles, y que tengo que condensar de todas las reflexiones que hemos tenido al respecto. Creo que hay que iniciar diciendo independientemente de la cultura y el apego/dinámica social, el credo es una parte de la identidad del individuo que es inherente, podemos notarlo cuando incluso en las fiestas nacionales en muchas regiones se festejan días religiosos, por lo tanto, incluso auque no seas creyente, la religión o ciertos credos son parte de tu vida.

Pero hay personas que la viven mucho más de cerca y tienen una dinámica más apegada a su religión o creencia tradicional. Sin embargo, veo la alarma al respecto por parte de una parte de la comunidad, ya que el credo atenta directamente con la visión que se tiene de la ética, además del trato machista que se tiene hacia la mujer y por supuesto el culto a la monogamia que se tiene y entonces surge la pregunta ¿Puedes seguir una religión y al mismo tiempo ser poliamoroso?

Mi respuesta rápida siempre es un “Sí”, ya que el concepto de poliamor es la destrucción y reestructuración de algunos paradigmas sociales ya establecidos como la única norma y verdad, con lo que cualquier cosa (desde mi punto de vista) que tenga que ver con los vínculos con el otro y pueda/quiera ser cuestionado, puede ser desde la misma forma, destruído o reivindicado. Citar a los textos sería un truco fanático y fácil al cual recurrir, y lo pienso después de ésta forma: Tal vez el amor a un Dios, Diosa o Entidad etérea e inalcanzable es una nueva forma de amar al otro, y de amarse a través del otro, simultáneamente, de amar a lo que nos rodea.

Ahora, no es como si por tener un credo estuvieramos automáticamente banneados de deconstrucción y por lo tanto de espacios: si nuestro entorno se basa en romper y tomar lo que mejor nos va ¿porqué no aplicarla a los credos? ¿por qué no tener la capacidad de crítica de tomar una parte e incorporarla a nuestra vida en una forma positiva?
Es decir, en tiempos actuales, es bastante común tener  ese tipo de instrospección en función de la igualdad, equidad y empatía por nosotros y por el entorno (Me hace pensar incluso que la religión no cambiará si nosotros no la cuestionamos y si no la modificamos, o si seguimos viendola como aquel ente externo, la institución inamovible y todos estos conceptis que también podríamos estar depositando aquí, a falta de otros repositorios).

Aquí es donde entra la interpretación propia sobre cualquier idea que nos han enseñado, que además, no a todos nos han enseñado lo mismo, de la misma forma. Donde podemos debatir con nosotros y con los demás sobre las cosas que parecieran fijas en nuestra manera de relacionarnos.

Hablando del catolicismo ¿Por qué no apropiarnos y aplicar el “Amaros los unos a los otros”?
Quiero decir: Hablamos de la facilidad de romper paradigmas y propiarse de los que nos hagan bien de una forma directa, entonces habríamos de asirnos a aquellos que podemos llevar como parte de una ideología, reforzar nuestras percepciones del mundo y provocar que el entorno en que nos desarrollamos más allá de sentirse agredido, se sepa reinterpretado.

El ejemplo más directo sobre el cambio de paradigmas o la reivindicación de los conceptos, considero que es el del feminismo y la historia machista en las mujeres: Cuando una chica se reivindica como feminista, se le echa en cara la misoginia de la que ha sido parte, como si una naciera feminista y no fuere tanto el machismo como el feminismo un constructo de identificación social que se va modificando y creciendo paulatinamente como cualquier credo o ideología.

Acepta que lo eres/fuiste.
Y modifica aquello que tanto en tu sociedad como a ti, les moleste, para crear vínculos y mejores formas de comunicarnos. Recuerda que toda postura personal es política.

Religión y poliamor puede estar unido, y depende de cada individuo la reinterpretación e incorporación de los elementos en su vida.

El poliamorómetro es una [falsa (y tal vez narcisista)] idea del “correcto o incorrecto” poliamor, ya que éste es (todavía) un experimento entre vínculos que no tiene (y no “pretende” tener) una normalización específica, ni una superioridad moral, sino que su principal preocupación es que las formas de amor, sean éstas las que sean; resulten válidas para todos, y las personas puedan elegir qué quieren hacer con su vida, en este caso siempre con honestidad.

Se trata de una cosa simple: Tener la libertad de elección.

De polialbercas y otras perversiones

Hace un año empecé a interactuar con un grupo de Poliamor, explorando mis formas de vincularme con el otro y encontré una gran comunidad que me abrazó de una manera increíble. Me aceptó y descubrió sin ponerme peros ni discriminarme.

Esta comunidad es sumamente activa, y por lo menos cada mes se ven, además de actividades extra por “grupitos” que llegan a ser hasta dos por semana. Yo jamás había ido a uno de estos eventos, un tanto porque no tenía tiempo y otro tanto porque estaba muy recelosa intentando llevar algunos procesos que me resultaban conflictivos: Lo evitaba un poco, es la verdad. Así que pasé un año intermitente haciendo amistades con cada persona dentro del grupo. Muchos salieron, muchos entraron y otros permanecían. Día a día, platicando de cosas irrelevantes como el clima, o importantes, como la violencia, Poliamor, sexo, drogas, responsabilidad social…

Un día, antes de involucrarme más con el grupo, o de comprometerme de la forma en la que hoy lo hago, un chico dijo que quería organizar una salida a un complejo vacacional, y como me gusta organizar cosas, fui de metiche a ver en qué ayudaba, de tal suerte que terminé organizando. Esto al final fue una albercada con solo miembros del grupo de poliamor

Empecé a hacer las maletas: dos trajes de baño, dos vestidos, bloqueador, flipflops, botiquín, toalla…
El día llegó: A las 6 de la mañana sonó la alarma y salimos corriendo al metro para reunirnos con una de las chicas que nos acompañarían. Nos encontramos y fuimos a la central, esperamos el camión, abordamos y nos quedamos dormidos dos horas. Nos encontramos el primer problema al bajar en la central de destino: no teníamos idea de cómo movernos en el pueblo, y lo más fácil fue llamarle al dueño del lugar en que estaríamos, pero no contestaba, así que nos la arreglamos como pudimos.

Comenzó el primer día en otra casa: llegar, checar, desempacar. Me maravillé con la casa en la que estaríamos, los espacios que son comunes, las camas, el calor, el cielo, la alberca. Y luego llegaron nuestros dos primeros invitados. Los nervios que sentí de verlos y saludarlos. Saber que eran de mi edad, que estaban aquí con la misma intención que yo: conocer, descansar.

Así fuimos a comer, nos paseamos por el pueblito buscando desayunar y empezamos a descubrir quiénes somos y qué está pasando en nuestras vidas. Comenzó con el pie derecho todo. He de ser sincera: organizar me gusta porque me hace sentir que puedo tener cosas bajo control. Nos metimos a la alberca mientras los demás llegaban: casi 8 horas una alberca para 6 personas. Comimos pizza y esperabamos ansiosamente a que los demás se fueran incorporando.

Entonces nos dieron las 11 de la noche ¡Y ya estabamos todos! La experiencia de abrazarnos y sabernos reales fue maravillosa, cenar juntos y empezar a convivir, ser parte de una comunidad con todas sus letras. En momentos ya muy guajiros, pensabamos en una comuna, en compartir nuestra vida como algo diario. Y desistimos a media idea. Pasar la noche jugando, haciendo preguntas y conociéndonos, todo esto con la emoción de quien ve por primera vez a su crush. ¡En serio, esa era la vibra!

El segundo y tercer día nos sirvieron para afianzar la confianza entre nosotros, reconocernos como individuos poliamorosos. Además hablamos de celos, de miedos, incertidumbres, la foma en que lidiabamos con cosas conflictivas en nuestras parejas, la empatía, compersión, las facilidades y dificultades con las que nos encontamos en el camino, el sexo, el género, la desnudez, el machismo, el feminismo, la educación… y es allí donde yo descubrí de una forma más clara: somos una comunidad. Andamos éste camino y no estamos solos; de hecho saber que hay un otro allí a tu lado te ayuda un montón a sentirte parte de un algo más grande que tú.

Llegó el tercer día, y con eso la hora de volver.
Recogimos maletas, rompimos un vaso, limpiamos la casa, nos vinculamos con el otro, olvidamos cargadores, calcetines y playeras. Tomamos nuestras cosas; arribamos a coches y camiones. Y la parte más íntima para mi pasó en este momento: de regreso, 6 personas sentadas en 4 lugares empezamos a hablar de miedos tangibles, de experiencias recientes, del camino complejo que tuvimos que recorrer cuando empezamos este andar, de las sensaciones que los celos nos evocan en el momento, la forma en que impactó nuestra vida el ser poliamorosos y la manera en que vemos el mundo ahora, el trabajo que nos cuesta a veces dormir, los errores que cometimos, los que seguramente tendremos. Lloramos un poco, reímos en la misma cantidad, pero sobre todo, hicimos un espacio seguro donde los seis pudimos establecer un algo que puede compararse con un colchón de emergencia, una red de apoyo para malabaristas, y una amistad bonita.

Al bajar del camión ya en la ciudad, empezamos a planear ir juntos a antros, bares, cocinar alitas, establecer conexiones constantes donde podamos acudir cuando el mundo se venga abajo. Nos dimos cuenta de la cosa más importante, no estamos solos, no estamos en procesos aislados y podemos entendernos, compartirlo y seguir creciendo con más confianza para avanzar en este camino que hemos decidido tomar.
Hice nuevos amigos.

Mi conclusión:

Fue increíble. A pesar de que los conocía únicamente por texto e incluso a algunos ni de allí, nos aventuramos a ir a una casa en renta con 15 personas más de las que no conocíamos más que las letras. Mi sorpresa fue llegar y familiarizarnos con los cuerpos y caras de personas con quienes había compartido cosas tan íntimas y sensibles, que sentí que me desmoronaba cuando los abracé para saludarlos. Podía sentir el amor, la aceptación, empatía y sorpresa de cada uno al saber quiénes eramos y que algunos no nos parecíamos a la foto de perfil que tenemos (me gustaría fuera chiste pero es anécdota). Somos algo más grande que la unión de un todo, y es que, cuando juntas tanto amor en un solo lugar en ciertos días, el resultado, más allá de un fin de semana de descanso; es en realidad la experiencia de sentirse amado, comprendido y retado para poder ser alguien mejor.

Esta situación es lo que me trae ahora a comprometerme tanto con una comunidad a la que amo, sin darme cuenta que ya pertenecía a ella.

 

Y me siento plena.

 

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No tiene edad.

14 Agosto, 2017
Col. Del Valle, Ciudad de México
Letras poliamorosas Vol 6: El poliamor no tiene edad.

 

Llegar a una casa desconocida nunca es sencillo: Ya no solo el tema del tránsito en la ciudad y las calles enredadas que llevan a cualquier lado, también el hecho de ser desconocidos llegando, nos cambia. Siempre he creído que las casas son las partes más íntimas de una sociedad, donde todo es un reflejo de nuestra historia, vida y convergencia con el otro y con uno mismo, por lo tanto, abrir esos espacios siempre me ha parecido uno de los actos de amor más grandes para con el mundo, o para con los que amamos.

Así que, claro, me sentí feliz de poder llegar a una casa desconocida a quien ya apreciaba, y es que, les voy a contar el preludio: hace 1 año me uní al grupo de Poliamor Valle de México, esperando aprender y poder llevar mi vida de una forma mucho más sencilla, así que después de un año de hablar con muchas personas desconocidas, y familiarizarme con fotos, nombres y de vez en cuando voces (en una especie de relación a distancia) por fin me animé a asistir a una reunión de Letras. Al entrar me encontré con una cantidad inmensa de personas que estaban igual de ansiosas, nerviosas y emocionadas por compartir visiones del mundo.

 

Y es que, no puedo terminar de contarles lo maravilloso y divertido que ha sido ponerle cara a cada nombre, y poder abrazar completamente a cada persona con la que he intercambiado una infinidad de palabras, tristezas, alegrías, miedos, certezas, puntos de vista y dudas. Pero sobre todo, con quienes hemos creado una comunidad tan amena y conjunta: llena de una diversidad de colores, opiniones y miradas del mundo.

Entre los textos y las canciones que se presentaron, pudimos sumergirnos no sólo en la diversidad de visiones, sino también abrazar el principio básico del (Poli)amor: amarte para poder amar al otro. Estuvo fascinante escuchar música con Jarana canciones hechas para llegar al corazón de todos como una invitación a amar la música, el ritmo y las muchas notas que tiene cada cuerpo, voz y pensamiento, cuentos infantiles donde intentamos explicar de la forma más clara que amar es simplemente eso, que no es un bien que pueda estar restringido o moldeado a sólo una forma de expresión. Y nos invita a reflexionar la forma en la que educamos a aquellas personitas que irresponsablemente nos gusta llamar “el futuro” pero también, escuchar crónicas sobre la forma de interactuar con cuerpos desconocidos, liberarte no sólo de prejuicios, sino de miedos e incertidumbres hacia uno mismo, y que lejos de percibir un rechazo puedas sentir el apoyo de aquellos a quienes amas. La facilidad con la que puedes desenvolverte en el mundo cuando el amor fluye por tu vida como lo que es: un caudal que no puedes detener: no importa de dónde vengas, cuántos años tienes o hacia donde vas.

 

Debo confesar: la música siempre me emociona mucho, mueve fibras muy delgadas en mi cuerpo, y jamás pensé tener un tan buen recuerdo de una canción de Bon Jovi, sin embargo, en contra de todo pensamiento previo y como buena costumbre de la comunidad poliamorosa, me sorprendí cantando con una sonrisa una canción de desamor, abrazándome al momento y simplemente dejando que toda duda se desvaneciera entre mis dedos, que la lírica acompañara al recorrido que mi vista hacía cada cara, expresión y persona.

 

Percibir las voces y las experiencias tan bonitas concentradas en un sólo lugar, la manera en que la calidez de cada persona toca de formas tan particulares tu vida, tu humor y pensamiento te hace sentir y recordar que estás en un camino que no siempre será tranquilo, pero que puedes todavía dejar una huella en el mundo para facilitar a quien viene  después de ti: Allí, sentada siendo de las más chicas del grupo y entablando una amistad con las personas más grandes del mismo, te das cuenta: para querer, apapachar y conocer al otro, no hay edad.

Y no es todo: Al salir, después de re-conocerte en tantas personas increíbles, maravillosas y distintas, te quedas con una vibra tan linda y limpia que te hace sentir en casa, provoca que puedas estar feliz un mes más…

 

Hasta la siguiente reunión de Letras.