Cortar el lazo.

Algo que mi madre desde siempre me ha dicho es que fui una niña deseada y esperada. Entre mi familia, tengo un tío al que adoro con el alma y sin embargo decidí hace unos 7 años dejar de tener contacto con él.

Recuerdo que desde que era niña, era “mi tío favorito”
Siempre me defendía de mi madre, siempre estaba de acuerdo conmigo y de una u otra forma, me alcahueteaba y entendía distinto las cosas que yo había pasado tanto desde niña, como el huracán que estoy consciente que fui de adolescente y adulta joven. Siempre fue mi respaldo y mi zona de confort. Me acompañó y abrazó en muchos momentos en que yo sentí que la educación de mis padres era demasiado dura, estricta e inflexible. Abogó por mi y muchas veces incluso dio la cara por mi cuando parecía que todo lo que había hecho yo, estaba mal. Me enseñó muchas cosas, me ayudaba a ser curiosa, a no quedarme callada, a no permitir que me molestaran, a defenderme, me enseñó que yo era un ser idependiente de mis padres. Me defendió de un ex novio imbécil y me explicó cómo y desde dónde vincularme con algunos varones para no caer en más círculos nocivos.

Sin embargo recuerdo perfectamente la primera cosa que sentí como agresión y que fue el parteaguas para analizar su comportamiento para con otras mujeres. Yo había subido de peso en la preparatoria. Ni siquiera era algo para alarmarse en realidad, pero se notaba. Todos me decían “Te ves más gorda, baja de peso” y todas las opiniones acababan en el mismo lugar: en el bote de basura mental. Entonces llegó él, me saludó y me dijo: “Hija, estas muy gorda, ningún hombre quiere una novia gordita, nos gustan así flaquitas, bonitas” y sonrió, como quien no dice nada malo y ayuda en magnánima benevolencia al otro. En mi cabeza me dije: ¿Y quién verga quiere un novio? Si un bato va a quererme, mi sobrepeso es de las últimas cosas que le harán alejarse de mi. Pero tambien recuerdo cómo al escucharlo de él, me subió la ira a la cabeza. No dije nada. Me limité a hacer “como que era cualquier cosa” porque si antes no me habían importado de nadie esos comentarios ¿porqué sería diferente esta vez?

Después, casi por instinto, empecé a poner más atención a lo que otras mujeres alrededor de mi decían de él: Era infiel, mentiroso, patán, cero responsable afectivamente y al parecer con la única persona que no había sido así, era conmigo… hasta ese momento. Tal vez no hice tanto caso a mi intuición porque no tenía forma de enunciarlo, no podía decir: “Esto es machismo, es ghosting, es violencia” pero algo dentro me decía que algo no estaba bien y me hacían sentir incómoda, de una u otra forma me recordaba a muchas cosas que mis ex novios me habían hecho en algún momento.
Tiempo después al relacionarme con él, empecé a ver más cosas que no me cuadraban, comentarios tipo “preséntame a tus amiguitas” que pasaron de significar solo un chiste para mi y empezaron a sentirse como amenaza. Y muchas veces pensé que eran mis celos. Que era yo que no quería compartir la atención de mi tío, ese que siempre había estado para mi. Por alguna razón con el tiempo nos frecuentabamos menos, así que no me inundaba el pensamiento.

Entonces sucedió lo que me reveló qué era lo que me molestaba:

Entre sus relaciones, tuvo una con una morra a la que si bien, yo no adoraba con el alma, tampoco la odiaba. Ella nos cuidó a mi hermano y a mi cuando mis papás empezaron a vivir separados. Ella nos ayudó y apoyó de la forma en que podía desde donde estaba. Por las razones que les correspondan, ya no estuvieron juntos, pero la historia no terminó bien. Empezaron con su temporada de duelo y era la típica situación de ver en estados de facebook las indirectas, era escuchar cada 15 días en casa de mi abuela cómo “se habían peleado esta vez” y cosas así. Pasó el duelo. Dejaron de pelear. Ella dejó de ser frecuente alguien para mi. La saqué de mis redes y círculos, un poco porque estaba harta de la situación, un poco porque en realidad no sentía que pudiéramos compartir mucho. Sin embargo, cada vez que lo escuchaba a él, incluso después de mucho tiempo, seguía escuchando este discurso de: “Es que era una infiel” – Ok, pero tú también lo has sido.. siempre. “Es que era una puta” – Ok pero igual no tenían ustedes un acuerdo, además siempre decías que no te importaba- “Es que descuidó a su hijo”-ok, pero también es tu hijo. Y entonces salieron todos los mandatos patriarcales y de machismo que no había sabido cómo llamarles. Todas esas cosas que esperaba de ella, cuando él era toda la construcción del típico macho mexicano y lejos de “asustarme” me enojó.
La última vez que hablé con él, fue precisamente en un estado de Facebook, donde algo dijo de ella y yo contesté algo como: “Por el mínimo respeto a tu hijo y a ella, deberías callarte. Decirle puta no la hará volver” Palabras más, palabras menos.

Entonces decidí alejarme. Y no es que ahora lo ignore y no le hable o lo evite. Simplemente corté ese vínculo con él. Si lo veo, lo saludo, por ejemplo, en familia. Pero no entablo conversación. No me acerco y definitivamente no me vinculo, incluso no lo escucho ni me río de sus chistes. No me permito respaldar acciones en las que no estoy de acuerdo, donde sé que mi opinión va a pasar desapercibida y que no habrá forma de hacerle ver lo que hay del otro lado. Todos nos compramos nuestro discurso, yo le hice saber cuando no estaba de acuerdo y porqué y decidí no invertir energía afectiva ni intelectual allí cuando podía ofrecerla en lugares donde sí haría la diferencia. En círculos de mujeres, por ejemplo.

No estoy diciendo que mi tío sea una horrible persona.
Estoy diciendo que lo quiero, que me encanta haber pasado cosas tan importantes de mi infancia con él, que gracias a él entendí que la educación de las infancias no sólo radica en los padres. Amo y agradezco que haya sido siempre el apoyo que necesité de las formas que lo hizo, que me haya cuidado, sé y entiendo que partes clave de mi “no quedarme callada” se fundamentan en la forma en que él le hacía frente al mundo respecto a mi. Digo también que es una persona que le gusta crecer, aprender y salir adelante en sus formas y colores. Pero también digo que mi amor, respeto y admiración por él y mi vínculo para con él no modifican que tenga estos patrones y repercusiones patriarcales. Que sea un amor conmigo no quita que haya sido quien fue con otras mujeres, con mujeres que yo conocí y que atesoré. Incluso con mujeres que no me caían bien. Que todo de lo que a mi me salvó el lo ejerció con otras mujeres. Que yo lo ame no hace que deje de ser un agresor activo y pasivo.

Cuando me declaré feminista a cal y canto, entendí que había afectos más sencillos de cortar que otros. Este para mi, fue uno de esos que me pusieron a prueba, sin embargo no lo dudé y no dudo que sea una decisión correcta. Con él ha sido uno de mis puntos más fuertes de confrontación de mi discurso feminista. Muchos dicen “No pierdas familia por gente que no conoces” pero en este sentido, y para mi ya no se trata de desconocidas, porque en esas desconocidas también estoy yo. La violencia que ejercen sobre ellas, también la ejercen sobre mi. Renunciar a su afecto y a su contacto es también renunciar a apoyar que trate así a otras mujeres. Es disentir de que nos traten así y dejemos de esconder a los otros detrás de la pantalla de “hombres buenos” por cómo son en lo individual: Somos el ejercicio personal, público y político.

Morras: No es de a huevo cortar de inmediato lazos con agresores de otras. Todas las rupturas llevan tiempos y procesos, pero sobre todo confrontaciones personales. No se trata solo de cortar rupturas con los violentadores de otras, es entender cómo esas violencias también te afectan. Entender que las otras son un espejo de nosotras. ¿Tienes un amigo que es violentador de otras y no tienes los recursos emocionales para terminar con esa relación? No te desesperes, date tiempo, evalúate. Empieza con cosas pequeñas: redirige tu atención y tus afectos que solían ser hacia él. Redirige tus pensamientos hacia otras morras, elige a las personas en tu entorno. Elabora tu propia escala de límites duros y blandos. Cuando estés lista, tira del cordón hasta donde para ti sea sano. Sé congruente con tu discurso y contigo, pero sobre todo, con tu autocuidado.

Yo lo hice casi sin la noción de lo que estaba haciendo y me tardé casi 6 años en poder hablarlo.
Es la primera vez que lo digo así, completo.
¿Y sabes qué?
Está bien.

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