El eterno retorno

Me queda claro que cada uno tenemos un tema al que de una u otra forma volvemos constantemente. La mía tiene que ver muchísimo con mi vientre, mi estómago y las cosas que no he podido hacer.

Todo lo que siento se refleja en mi estómago. Todo. Quiero decir, si estoy feliz, triste, enojada, el primer lugar donde lo percibo es mi estómago y mi vientre. Lo que me ha traído problemas en muchos sentidos: desde una nada maravillosa gastritis, reflujo, dolores de panza, hasta náuseas y vómito de los nervios o la preocupación. Y también va de la mano con mis ciclos del trastorno, usualmente cuando soy más sensible a la tristeza o tengo mi períodos de depresión, tengo más náuseas y vómitos.

Estas dos últimas semanas he tenido más conflictos con mi estómago y también así me di cuenta que mi estado de ánimo estaba cayendo en picada. Los últimos tres días han sido un dolor en el alma de tantas naúseas que tengo. Antier fue un día muy peculiar, tenía un compromiso sumamente importante para mi, y antes de ir a ello, por mi cabeza cruzó que tal vez estaba embarazada. En el fondo sabía que no podía estarlo: siempre me he cuidado muchísimo y por otra parte, mis posibilidades al respecto son mínimas incluso sin cuidarme.

Ayer, por razones que desconozco, tres personas cercanas a mi y que no tienen relación entre ellas me preguntaron si estaba embarazada, mi respuesta automática fue un “No, me estoy cuidando mucho” A lo que las tres personas me hicieron un comentario genérico: “Eso decía (inserte aquí a alguien de sus conocidos) y salió embarazada con todo y su (inserte aquí método anticonceptivo)

Esto me llenó de paranoia. Saliendo del trabajo corrí a una farmacia por una prueba casera de embarazo. Y en cuanto la pagué, sentí que era una completa estupidez porque no hay una sola forma en que en mi estado, pueda tener un bebé. A esto, además, hay que sumarle que en mi trabajo todos los días veo a una bebé preciosa a la que por ratitos me toca cuidar, mimar y distraer, cosa que me ha puesto súper en contacto con el pensamiento de la maternidad. Y aunque siempre me digo “aaay, no, ya para qué” hay muchas noches en que, acostada en la cama, sí pienso: “Igual y sí estaría padre”

Volvieron a mi todas las preguntas que me hice desde el día 1 en que supe que mi situación era compleja. ¿De verdad quiero tener un bebé? ¿Cuánto del que quiera tener un bebé es porque quiero y cuánto es por presión social? ¿Cuánto me he convencido de que no “quiero” porque en realidad -no puedo-? ¿Quiero porque de verdad lo considero un deseo o sólo porque sé que no me sería tan sencillo? ¿Porqué la gente para cualquier malestar piensa en un bebé?

Sentada, frente a la mesa con la prueba de embarazo cerrada, sabía perfectamente que en esta ocasión, todos mis pensamientos al respecto los detonó la presión social. Me sentí ridícula además, sabiendo que todo se me va al estómago y que me he estado comiendo de a poquitos mis preocupaciones y mis miedos.

E intento, todos los días ser bien fuerte y decir: Estoy segura, esto pasará, no es tan relevante. Pero conforme pasan los años, me lo preguntan cada vez más, y me lo pregunto cada vez más. En días como hoy, no sé que hacer.

 

Y sólo puedo confundirme para escribir.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.