¿Aprendemos a leer para ser lectores?

¿Alguna vez te han enviado de tarea ayudar a leer a alguien? O en su defecto ¿Te dejaron de tarea leer algo? (aunque sea una vez, aunque sea hace tiempo)

Y es que, pareciera que el mayor fomento a la lectura que se ha hecho en niveles generales es ayudarnos a memorizar letras, palabras, definiciones, o formar frases complicadas y repetir incansablemente dichos que a veces sólo creemos saber que entendemos. Y así avanzamos los primeros años; los más importantes, leyendo letra a letra, palabra a palabra intentando interpretar.

 

Hasta que llega el día en que el profe “X” nos deja leer: “El periquillo Sarniento” así, de la nada, sin decirnos más, con el único interés de terminar el temario. De cumplir con el horario y la norma, porque somos demasiados en un salón como para explicar, o siquiera intentar atraernos. Te obligan a leer 30 minutos diarios en casa, de hoy a un mes. Te piden que anotes en una hoja a cada personaje, su relevancia, un acontecimiento. Una opinión que nunca va más allá del: “Me gustó, es padre, ojalá leyéramos más libros así.” O alguna copia de un artículo Wikipedia al que le quitamos palabras, para aparentar.

Pero Wikipedia no nos hace sentir. Y si no lo sientes ¿Realmente lo leíste?

 

De esa misma forma se nos fue el hipotético “amor por la lectura” que intentaron infundirnos, alimentarnos: con reseñas buscadas en google, con casas sin libros, niños sin conocer librerías, maestros que solo querían llegar a casa, chicos castigados en las bibliotecas de las escuelas, papás que se saltan esa tan importante tarea, porque era una de las que no se notaba la ausencia.

 

O eso creíamos.

 

Y así es como vamos por la vida creyendo saber leer, pero ¿saber leer nos hace lectores?
Porque una pareciera eslabón de la otra. Suenan igual, y hablan de lo mismo. Pero más que aprender un idioma, o una forma de comunicación con el otro, la lectura en realidad (y hablo de una realidad particular en construcción) es aquello que nos hace comunicarnos con nosotros. Que nos hace enfrentarnos a un nosotros.

 

Pero nadie nos lo dice.

 

Sólo lo descubrimos en medida de nuestro acercamiento a algún mensaje: al que sea, aunque sea mínimo. Pero es ese puente entre el leer y ser lector, el que nunca podemos ver tangible, y que nos cuesta trabajo reconocer. Sin embargo, a pesar de todo esto, habemos muchos que comenzamos a leer por “no sé qué clase de brujería”: cosas tan sencillas como tener un libro en casa. O varios. Llevar a nuestros niños a las bibliotecas, a las librerías, escucharlos leer, explicarles qué significan las palabras en nuestro mundo, y preocuparnos más por lo que sienten cuando leen que por lo que queremos que entiendan.

 

Reivindicar al libro de ese limitado papel de “aprendizaje” y “diversión”, para acompañarlo a ser nuestro amigo, nuestro guardia. Aquel que nos acompaña día y noche, en el tráfico, en el metro, en los días de sol, el que nos cuenta de cosas maravillosas o secretos aterradores:

 

Aquel en el que podemos reconocernos.
Desconocernos.

 

Dejar de hacer del libro, y el texto un bien material. Y hacerlo un amigo incondicional.

Leyendo.

 

El día que Jane Austen descubrió la risa crítica

Muchas veces hemos pensado en leer y escribir como parte de un proceso de desprendimiento sobre un tema, digamos: en términos de romance, se dice que si quieres olvidar a alguien escribas sobre ello y lograrás sacarlo de tu cabeza. Jane Austen escribió muchas novelas pero lejos de lo que podemos imaginar, ella escribe sobre el todo para criticar y reírse de las situaciones más no para olvidar.

Orgullo y Prejuicio, Jane Austen
Oh, very well, then.

Para ponernos en contexto: Jane Austen nació en una época privilegiada para las artes, además de ser hija de un tutor/clérigo, con lo que tuvo un acceso tanto a educación como a una posición social lo suficientemente acomodada para no tener que trabajar en el campo, sin que necesariamente pertenezca a la alta sociedad inglesa.

Aquí puedes encontrar su biografía

Su crítica sarcástica va en estos tres puntos:

Sus protagonistas no creen en el compromiso largo

Cassandra, la hermana más grande de Jane estuvo enamorada alguna vez, se comprometió con su novio, pero jamás pudo casarse y la forma de criticarlo es por medio del sarcasmo y la comicidad, ridiculizando la figura tan dura que había sobre la mujer que únicamente busca casarse y pertenecer a alguna familia con mayor estatus.

Se ríe de sí misma

También Jane estuvo enamorada alguna vez pero no logró comprometerse; ella pertenecía a un nivel económico inferior a Thomas, que aunque la amaba, no estaba permitido casarse bajo dichas circunstancias.
Posteriormente el primo de Thomas se le declara pero ella lo rechaza. De ésto se ríe con el paso del tiempo y toma esta experiencia como inspiración para un libro, donde también se da el final feliz que estaba buscando.

Critica y reivindica la figura de la mujer

Jane no permite que a sus protagonistas las eduquen únicamente en talentos:
las dota de inteligencia, astucia y razonamiento, alejándose del cliché de la mujer que sólo debe saber bordar y complacer.
Les otorga una voz y una personalidad que exige a su entorno amoldarse a sus deseos, sin despojarlas de humanidad, suponen un reto para el otro, mantienen un completo dominio de sí mismas y las situaciones sin hacerlas locas celosas o controladoras, teniendo como resutado divertidas conversaciones que entablan con otros personajes.

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¡Todos son maravillosos! ¡Ojalá los disfrutes!

Terremotos y libros que tiemblan

Terremoto: la experiencia más impresionante que he vivido hasta este momento, y me afectó de tal forma que se instaló en mi cabeza de una manera yo creí eterna. Mi manera de enfrentarlo y relajar mi cuerpo respecto a esto, ha sido leer. Leer sobre experiencias similares y cosas increíbles que pueden pasar sobre la misma angustia, el mismo temor, la misma necesidad de saber que no estamos solos.

Por eso, dejaré aquí 5 textos que he revisado en estos días, y que me han ayudado de alguna forma, a curarme.

Terremoto 1985

Luz de luciérnagas, Edson Lechuga.


Esa muerte ficticia, esos dolores, esos sinsabores inútiles que nos hacemos cada día hasta el momento de nuestra epifanía me parece un dolor tan tangible y real que casi puedo tocarlo.
Y está allí, acomodadito a un lado de mi pecho, gritando por querer salir.

Tal vez llevo cargando algunas muertes ficticias, mentales desde hace mucho tiempo. Pero no sé si quiero soltar a mis muertos, que se convierten en todos los muertos que tengo, que he visto y a los que he acompañado desde el inicio.
Disponible en: Gandhi

 

 

Terremoto 1985 (2)

No sin nosotros, Carlos Monsiváis

Las consignas “No sin nosotros, “Nunca más un México sin nosotros, responden así a la certeza compartida:
Sólo se avanza en la democratización y en la lucha contra la desigualdad si se le pone límites a la exclusión o si se le elimina.

La primera parte de este libro se dedica a la crónica de algunos procesos primordiales de la sociedad civil en México 1985. En la segunda se reproduce la crónica de Carlos Monsiváis escrita en esos meses de dolor, confianza y energía.

Disponible en: Kobo

 

 

 Nada, Nadie. Las voces del temblor; Elena Poniatowska Terremoto 1985 (3)

Sentir de cerca tantos testimonios contagia de múltiples emociones. Rabia y coraje al enterarse o recordar la incapacidad y torpeza con la que actuaron las autoridades (desde entonces, desde siempre), orgullo de conocer casos de heroísmo y solidaridad ciudadana, asco por la mezquindad de funcionarios y empresarios que pusieron sus intereses por delante de la tragedia humana.

El saberse parte de alguna forma del cambio, avance o manifestación dentro de este gran labertinto que se volvió la ciudad cuando esto ocurrió de una forma tan similar, me provoca una especie de enamoramiento en la boca del estómago, que no me puedo sacar.

Disponible en:  Ediciones Era

 

8.8 El miedo en el espejo, Juan VilloroTerremoto 1985 (4)

 Juan Villoro cuenta cómo estuvo en condiciones de comparar la intensidad de dos de los terremotos más terribles que ha sufrido América Latina: el de 1985 en la ciudad de México y el de 2010 en Santiago de Chile.

Así que convencido de que estos desastres deben contarse con las más representativas de las voces implicadas, Villoro tomó los relatos de sus compañeros de temblor y construyó un concierto de impresiones en el que no faltan el suspenso o el absurdo.

 

Disponible en: Almadía

 

 

Ojalá te sirvan, los disfrutes y como a mi, te ayuden con algo importante.