La vida es una ficción que quiere ser leída

La vida es una ficción que quiere ser leída

(Ll)Orar.

(Ll)Orar.

Solo una vez he estado en un templo orando.

Una vez.

Y es que las cosas empezaron a ser tan complicadas durante un gran y largo tiempo. De pronto me percaté de las estrías que comenzaba a tener en mi cadera, de lo mucho que había perdido en un lapso casi insignificante y del caos que provoqué con silencios y medias palabras. Con dudas. Indecisiones.
De pronto me vi sumergida en una espiral interminable de consecuencias con las que sentí que no podía seguir, ni siquiera intentar continuar.

Me vi, en un templo, sobre mis rodillas y mis muñecas, orando en mi cabeza y llorando como si no hubiera un mañana.
(Ll)oré por mi, por mi pasado, por mis heridas, por todas las cosas en el mundo que me habían dolido y jamás acepté. Hasta que tuve el valor de mirarme a los ojos y enfrentarme.

(Ll)Oré por mi. Por lo miserable que había sido vivir mi vida sin hacerme caso, por abandonarme y dejarme caer siempre en función de alguien más. De algo más. De una otredad que nunca encontré. Porque busqué tanto tiempo algo afuera, cuando en realidad estaba dentro de mi. (Ll)Oré porque quise estar mejor, porque empecé a sentir que merecía estar mejor. Que la “yo” que era no era yo. (Ll)Oré deseando poder estar mejor de lo que podría imaginar, deseando salir del infierno que solita me había levantado.

 

Y respiré. Mucho.
Por primera vez en mi vida comencé a respirar profundo y por mi. Porque quería estar viva.

Respiré mucho y de verdad.

Allí me dí cuenta que aguantaría todo menos aventarme al precipicio.
Que ya sé qué es mi vida sin mi. Y no lo quiero de nuevo.
Me escribo esto para recordarme que las cosas han estado mal, que podrían estar de nuevo así, pero que en este momento, he salido de ese lugar y que en definitiva puedo volver a hacerlo. Que a veces hay que disfrutar nuestros infiernos, abrazar a mis demonios, a mis miedos: que no debo ni quiero intentar cambiarme en función a algo/alguien que no sea yo. Que huir de mis pesares es huir de mi. Que ahora necesito aprender a decir que no sin sentirme culpable.

Porque sí, suena aun cliché chafísima decir que si no te amas no puedes amar, pero hoy sé y entiendo que para poder querer, necesitas cuidarte, porque toda emoción, sentimiento y percepción es un tipo eco que resonará por siempre en todas las personas que conoces y tocas: por superficial y breve que sea el encuentro. Todo lo que sientes es lo que eres, lo propagas, crees y creas.

 

Así hoy, respeto mis errores. Los amo y los abrazo. Los beso y en mis momentos de debilidad suelo asirme a ellos, confiando en que sean lo mejor que pueden haberme pasado.
Cada acierto y cada error, cada paso andado y vuelto es lo que me hace ser yo.
Y así amo a esa mujer del espejo.
Y le beso las cicatrices.



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