La vida es una ficción que quiere ser leída

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¿Mi espacio feminista funciona?

¿Mi espacio feminista funciona?

Hace tiempo empecé a crear espacios de seguridad desde mi trinchera feminista, como un acto para cuidar, compartir y desarticularnos un poco de este constante lugar de competencia, superación y ganancia desde el que nos enunciamos siempre. Y hay cosas que con el paso del tiempo, muchas de mis compañeras de esta maravillosa experiencia de viaje me hicieron notar, así que este texto que ojalá te ayude, tiene su piso en esos errores que por normalización, contexto personal y/o cosas que aún no estaban en deconstrucción no pude atacar en su momento.
Desde este punto, donde los veo, te los comparto.

Las comunidades: Mi espacio es feminista
El punto de este espacio que yo creé no era sólo poder cuestionarnos dinámicas que podrían no ser simétricas ni precisamente equitativas, sino también poder compartir nuestras experiencias, dudas e inquietudes desde un lugar de seguridad con una conciencia de cuidado y respeto, como las consignas feministas que personalmente voy siguiendo. He tenido la fortuna de encontrarme con personas que comparten la visión donde el debate como una herramienta de crecimiento y confrontación propia, así que entre todo, con mucha suerte y mucho trabajo pudimos encontrar un espacio donde converger fuera sencillo, que no fácil. Lejos de lo que parece, me fue sencillo poder encontrar personas afines, aún dentro del maremoto que fue el tema en su momento y con todos los “Ni Feminismo ni machismo, humanismo”

Y ya sé, ya sé. Parece cuento de hadas pero con el paso del tiempo, muchas compañeras me mencionaron situaciones que eran incómodas, extrañas y poco afines con esta creación de espacios feministas.

¿Quién domina la conversación en espacios mixtos?

Esta pregunta fue la que más me reveló que algo estaba yéndose por el lado equivocado. Nuestra conversación, esa conversación feminista de creación y reividicación la estaban dominando.. hombres, que nos platicaban cómo hacer el correcto feminismo. Hombres que nos corregían nuestras acciones feministas. Hombres que no nos permitían dar una opinión sin darnos “la contraria sólo por el debate”. Compañeros relacionales que al dar su visión del mundo, ellos estaban bien y las que éramos incapaces de ver, resolver y actuar en consecuencia eran parejas mujeres.

Una de las razones por las que en su momento pasé por alto el que ellos dominaran la conversación es que yo creía que ellas no querían hablar. Incluso en las preguntas directas evitaban contestar, dando pase a que algún otro hombre hablara. Las pocas mujeres que daban comentarios suelen ser mujeres con una formación feminista mucho más confrontativa y que claro, tienen esa cosa tan hermosa llamada personalidad extrovertida. De alguna forma, mujeres que se enseñaron a hacerse escuchar en este man’s world. Incluso en nuestros espacios teníamos que luchar por la palabra.

Y claro, si ellos son quienes en su mayoría hablan, entonces el personaje pasivo que escucha siempre éramos… nosotras.
Es decir, el protagonista activo de los relatos de las mujeres son las mujeres. Siempre se enuncia desde el yo: Yo hice, dije y pensé. Y en la mayoría de hombres es: Yo hice PERO ELLA reaccionó así. Y de pronto de una denuncia, todo se volvía nosotras escuchar cómo ellos sufren por cosas que nosotras sobre-reaccionamos a lo que ellos inocentemente (¿?) hacen.

Al final entonces, hay que cuidar que los espacios mixtos no nos reproduzcan esas dinámicas de enunciación que tenemos en todo el mundo, dejar de reproducir la idea de que ser “neutro” es dejar “que las cosas pasen como tengan que pasar” ya que estamos tan acostumbrados a que las cosas sucedan de cierta manera que no vamos a poder observar las fallas de comunicación y el discurso que se tiene.
Como aquí hasta hace poco.

Todos son aliados hasta que…

Esta fue una situación que mi Yo feminista rechazó desde el inicio y que también tiene que ver con la forma en cómo interactuamos con el otro en los espacios comunes: Muchas de las compañeras dentro de las sesiones se sentían intimidadas, observadas y cazadas. Resulta que a varias de ellas después de este espacio de seguridad, las abordaban por fuera en una actitud para nada acorde con la intención del grupo. Las pequeñas violencias de conquista del cuerpo, opinión o preferencia del otro se hicieron presentes de un momento a otro.
Mis compañeras, aquellas para las que había creado el espacio, se sentían acosadas.

Otra cosa por las que mis compañeras no hablaban: Ya que siempre se buscaba compartir una experiencia para tener alguna especie de retroalimentación de la experiencia del otro, de pronto se volvía un debate por tener la razón. Entonces de pasar de ser un intercambio práctico pasaba a ser una lucha teórica e incluso académica. Incluso se han sentido intimidadas por el lenguaje tan especializado. Lo curioso es que viendo esa interacción, usualmente las mujeres cuestionan ideas. Y los hombres, personas.

Esa diferencia de perspectiva nos impide un diálogo lineal y de inmediato entramos en las dinámicas típicas de conversación: la jerarquía meritoria.

Sísifo y el eterno retorno

Hagamos un paréntesis: No todo está mal.
Entre todo, los espacios han podido ser un lugar de reflexión, confrontación y cuestionamiento. Un lugar donde surgen dudas de las dudas y que jamás terminamos de desentramar. Sin embargo ahora me enfoco en estos puntos tan relevantes porque es una forma de hacerme notar que las revisiones autocríticas deben ser constantes. Porque como una comunidad creciente, siempre encontraremos algo que deconstruír, algo que señalarnos y mejorar.

Es algo peculiar, además. Son cosas que no se pueden dar por hecho, ya que muchas personas son nuevas en la dinámica y proponer espacios diferentes resulta a veces confuso e incluso violento o extraño. Mi trabajo es no perder de vista estas situaciones para mantener un mínimo necesario al entablar estas maneras distintas de mirarnos.

La relevancia de los espacios separatistas

Cuando creé un espacio separatista dentro de los espacios feministas, muchos hombres entendieron pero hubo otros tantos que nada más no lograban ver porqué necesitamos espacios nuestros, solos, Una Habitación Propia diría mi comadre Virginia W. Y es que los espacios separatistas contienen una dinámica de comunicación bastante diferente, que parte regularmente de la empatía, comprensión y sororidad (cada una de estas en sus contextos y bajo las experiencias de cada una) además de necesidades que expresamos en el momento: A veces sólo queremos escuchar a otras, en ocasiones queremos ser escuchadas, en otros momentos necesitamos formular preguntas o poner en duda algo que nosotras considerábamos una respuesta, incluso hay situaciones en que sólo queremos hacernos compañía. Estar con otras mujeres. Escuchar, mirarlas y saber que no estamos solas. Crear estos espacios de cero meritocracia para poder reconocernos y escucharnos. Son importantes estos espacios porque desde aquí pueden formularse todos los temas que podríamos abordar en lugares mixtos. Necesitamos además usar los lugares mixtos como denuncia de algo que en espacios separatistas estamos logrando observar.

El espacio separatista se vuelve un refugio cuando incluso en otros espacios el discurso patriarcal anda asomando la cabeza o de vez en vez metiendo la mano por debajo de la mesa.

 

Aprender para enseñar a escuchar 

Creo que la parte más compleja de toda esta labor para mi, ha sido aprender a escuchar al otro desde un punto objetivo y no tomarme personal lo que dicen. Entender que usualmente decimos las cosas desde nuestra percepción del mundo y que eso no necesariamente es lo que está viendo el otro. También entender que hay puntos, comas y extensiones que no alcanzamos a ver de inmediato y a veces necesitamos que el otro nos señale que están sucediendo. Darnos cuenta que incluso en búsqueda de nuestro espacio ideal podemos revisar el “ideal”

Pero sobre todo, darme cuenta que el trabajo colectivo es un trabajo para todos. Por lo tanto, si queremos hacer o “educar” a que el otro nos escuche, a lo mejor tenemos que empezar por nosotros escucharnos, y después al otro. Sólo así he encontrado que se puede hacer eco de las cosas que están sucediendo.

 

Las propuestas nuevas

La mayoría de las situaciones las solucioné de una manera sencilla: Priorizar el diálogo de las mujeres. Como nuestro diálogo es por turnos entonces lo más lógico sería que la mediación se diera a partir de estos parámentros:

  1. Sólo hay 5 tomas de opinión por tema para los hombres, así que entre ellos deberán decidir quién enuncia y/o participa.
  2. Cada participación masculina tendrá un límite de 2 minutos.
  3. Un mismo hombre NO puede opinar dos veces en el mismo tema y probablemente tampoco en la misma sesión
  4. Dejar la academia para después: si es un espacio donde nos estamos mencionando a partir del “YO” entonces la academia, por mucho texto maravilloso, no es precisamente lo que nos ayudará a reivindicarnos: necesitamos un diálogo horizontal; las recomendaciones de textos y teoría podemos darlas al final y subirlas a la página o al evento.
  5. Lamentablemente fuera de estos espacios no podemos asegurar que no haya situaciones incómodas, lo que sí podemos hacer es escuchar cuando alguna compañera/hermana/afecto denuncie cualquier cosa y traerlo a la mesa como un punto a cuestionar.
  6. En espacios separatistas, cada sesión ponemos sobre la mesa las necesidades de cada una de las asistentes, así a nadie se presiona para hablar y se crea el espacio necesario para asentir o disentir de todo lo que suceda dentro

¿Estas cosas significan que nuestro espacio no funciona?
No. Entre todo esto, hemos logrado una convivencia bastante interesante, una cohersión y unión muy peculiar y hemos podido llevar a la mesa situaciones importantes que nos ha sido relevante señalar. Todas las dudas y situaciones planteadas desde las gafas violetas nos han ayudado precisamente a ver en qué podemos mejorar.

Sin duda aún no es un lugar perfecto y como todo proyecto bebé, necesita revisarse y darse sus propios “amika date cuenta” en medida de sus comunidades. Esta comunidad, en este particular momento necesita que hagamos énfasis en cada punto mencionado. Y mañana ¿quién sabe?

Todo esto a penas se está instalando y termina de cuajar. Mientras tanto, ya tenemos nuevas sesiones tanto separatistas como mixtas donde platicamos de cosas súper interesantes, compartimos puntos de vista y a veces “pateamos avisperos” ¿Te aventuras con nosotros?

Toda la información aquí



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