¿Tener un credo me hace menos parte de una ética poliamorosa?

¿Tener un credo me hace menos parte de una ética poliamorosa?

Si tu primera duda es ¿qué es el poliamor? Tal vez te interese checar primero ésta definición de Wikipedia para aclararnos un poquito el panorama.

 

¿Te ha tocado que a veces preguntas algo en una comunidad y en automático empiezan a contestar de una forma u tanto agresiva, como si tu pregunta fuese una pregunta tonta? Es decir: a lo mejor antes de ti el tema esta tan platicado, que volver a ello, pareciera tedioso.

Bueno: pasa en todas las comunidades: se crea una especie de superioridad moral no sé si por la antugüedad y la forma o tiempo que llevamos deconstruyendonos todos, tal vez porque al saber más que el otro, creemos que todos deberán tener el mismo nivel de introspección y aplicamos este poliamorómetro donde tenemos cómo medir “al buen poliamoroso” y al “polifake”, e incluso en esa misma vara vamos midiendo de ocasión en ocasión nuestros vínculos:
que conste, no estoy criticando del todo que exista, sí señalo cuando se usa para minimizar al otro. Me alegra que exista cuando eso hace la autocrítica más puntual.

Ahora, hace unos días me preguntaban si ser católico/cristiano está peleado con ser poliamoroso y que si puedes tener un credo que trata mal a las mujeres. Después de una acalorada discusión, creo que hay mucho que quiero platicarles, y que tengo que condensar de todas las reflexiones que hemos tenido al respecto. Creo que hay que iniciar diciendo independientemente de la cultura y el apego/dinámica social, el credo es una parte de la identidad del individuo que es inherente, podemos notarlo cuando incluso en las fiestas nacionales en muchas regiones se festejan días religiosos, por lo tanto, incluso auque no seas creyente, la religión o ciertos credos son parte de tu vida.

Pero hay personas que la viven mucho más de cerca y tienen una dinámica más apegada a su religión o creencia tradicional. Sin embargo, veo la alarma al respecto por parte de una parte de la comunidad, ya que el credo atenta directamente con la visión que se tiene de la ética, además del trato machista que se tiene hacia la mujer y por supuesto el culto a la monogamia que se tiene y entonces surge la pregunta ¿Puedes seguir una religión y al mismo tiempo ser poliamoroso?

Mi respuesta rápida siempre es un “Sí”, ya que el concepto de poliamor es la destrucción y reestructuración de algunos paradigmas sociales ya establecidos como la única norma y verdad, con lo que cualquier cosa (desde mi punto de vista) que tenga que ver con los vínculos con el otro y pueda/quiera ser cuestionado, puede ser desde la misma forma, destruído o reivindicado. Citar a los textos sería un truco fanático y fácil al cual recurrir, y lo pienso después de ésta forma: Tal vez el amor a un Dios, Diosa o Entidad etérea e inalcanzable es una nueva forma de amar al otro, y de amarse a través del otro, simultáneamente, de amar a lo que nos rodea.

Ahora, no es como si por tener un credo estuvieramos automáticamente banneados de deconstrucción y por lo tanto de espacios: si nuestro entorno se basa en romper y tomar lo que mejor nos va ¿porqué no aplicarla a los credos? ¿por qué no tener la capacidad de crítica de tomar una parte e incorporarla a nuestra vida en una forma positiva?
Es decir, en tiempos actuales, es bastante común tener  ese tipo de instrospección en función de la igualdad, equidad y empatía por nosotros y por el entorno (Me hace pensar incluso que la religión no cambiará si nosotros no la cuestionamos y si no la modificamos, o si seguimos viendola como aquel ente externo, la institución inamovible y todos estos conceptis que también podríamos estar depositando aquí, a falta de otros repositorios).

Aquí es donde entra la interpretación propia sobre cualquier idea que nos han enseñado, que además, no a todos nos han enseñado lo mismo, de la misma forma. Donde podemos debatir con nosotros y con los demás sobre las cosas que parecieran fijas en nuestra manera de relacionarnos.

Hablando del catolicismo ¿Por qué no apropiarnos y aplicar el “Amaros los unos a los otros”?
Quiero decir: Hablamos de la facilidad de romper paradigmas y propiarse de los que nos hagan bien de una forma directa, entonces habríamos de asirnos a aquellos que podemos llevar como parte de una ideología, reforzar nuestras percepciones del mundo y provocar que el entorno en que nos desarrollamos más allá de sentirse agredido, se sepa reinterpretado.

El ejemplo más directo sobre el cambio de paradigmas o la reivindicación de los conceptos, considero que es el del feminismo y la historia machista en las mujeres: Cuando una chica se reivindica como feminista, se le echa en cara la misoginia de la que ha sido parte, como si una naciera feminista y no fuere tanto el machismo como el feminismo un constructo de identificación social que se va modificando y creciendo paulatinamente como cualquier credo o ideología.

Acepta que lo eres/fuiste.
Y modifica aquello que tanto en tu sociedad como a ti, les moleste, para crear vínculos y mejores formas de comunicarnos. Recuerda que toda postura personal es política.

Religión y poliamor puede estar unido, y depende de cada individuo la reinterpretación e incorporación de los elementos en su vida.

El poliamorómetro es una [falsa (y tal vez narcisista)] idea del “correcto o incorrecto” poliamor, ya que éste es (todavía) un experimento entre vínculos que no tiene (y no “pretende” tener) una normalización específica, ni una superioridad moral, sino que su principal preocupación es que las formas de amor, sean éstas las que sean; resulten válidas para todos, y las personas puedan elegir qué quieren hacer con su vida, en este caso siempre con honestidad.

Se trata de una cosa simple: Tener la libertad de elección.

Terremotos y libros que tiemblan

Terremoto: la experiencia más impresionante que he vivido hasta este momento, y me afectó de tal forma que se instaló en mi cabeza de una manera yo creí eterna. Mi manera de enfrentarlo y relajar mi cuerpo respecto a esto, ha sido leer. Leer sobre experiencias similares y cosas increíbles que pueden pasar sobre la misma angustia, el mismo temor, la misma necesidad de saber que no estamos solos.

Por eso, dejaré aquí 5 textos que he revisado en estos días, y que me han ayudado de alguna forma, a curarme.

Terremoto 1985

Luz de luciérnagas, Edson Lechuga.


Esa muerte ficticia, esos dolores, esos sinsabores inútiles que nos hacemos cada día hasta el momento de nuestra epifanía me parece un dolor tan tangible y real que casi puedo tocarlo.
Y está allí, acomodadito a un lado de mi pecho, gritando por querer salir.

Tal vez llevo cargando algunas muertes ficticias, mentales desde hace mucho tiempo. Pero no sé si quiero soltar a mis muertos, que se convierten en todos los muertos que tengo, que he visto y a los que he acompañado desde el inicio.
Disponible en: Gandhi

 

 

Terremoto 1985 (2)

No sin nosotros, Carlos Monsiváis

Las consignas “No sin nosotros, “Nunca más un México sin nosotros, responden así a la certeza compartida:
Sólo se avanza en la democratización y en la lucha contra la desigualdad si se le pone límites a la exclusión o si se le elimina.

La primera parte de este libro se dedica a la crónica de algunos procesos primordiales de la sociedad civil en México 1985. En la segunda se reproduce la crónica de Carlos Monsiváis escrita en esos meses de dolor, confianza y energía.

Disponible en: Kobo

 

 

 Nada, Nadie. Las voces del temblor; Elena Poniatowska Terremoto 1985 (3)

Sentir de cerca tantos testimonios contagia de múltiples emociones. Rabia y coraje al enterarse o recordar la incapacidad y torpeza con la que actuaron las autoridades (desde entonces, desde siempre), orgullo de conocer casos de heroísmo y solidaridad ciudadana, asco por la mezquindad de funcionarios y empresarios que pusieron sus intereses por delante de la tragedia humana.

El saberse parte de alguna forma del cambio, avance o manifestación dentro de este gran labertinto que se volvió la ciudad cuando esto ocurrió de una forma tan similar, me provoca una especie de enamoramiento en la boca del estómago, que no me puedo sacar.

Disponible en:  Ediciones Era

 

8.8 El miedo en el espejo, Juan VilloroTerremoto 1985 (4)

 Juan Villoro cuenta cómo estuvo en condiciones de comparar la intensidad de dos de los terremotos más terribles que ha sufrido América Latina: el de 1985 en la ciudad de México y el de 2010 en Santiago de Chile.

Así que convencido de que estos desastres deben contarse con las más representativas de las voces implicadas, Villoro tomó los relatos de sus compañeros de temblor y construyó un concierto de impresiones en el que no faltan el suspenso o el absurdo.

 

Disponible en: Almadía

 

 

Ojalá te sirvan, los disfrutes y como a mi, te ayuden con algo importante.

Crónica de una ciudad que vibra

En la mañana me atravesaron pensamientos sobre los edificios, en mi curiosidad por las imágenes pensé en cómo sería ver una casa cortada en cuatro ángulos. Una sin una pared, una con un corte vertical para ver la distribución de los pisos. una con un corte horizontal para ver la distribución de un nivel y la última con corte transversal sólo para jugar con los espacios.

Es 19 de Septiembre.

13:00
Reviso por cuarta vez mi correo, para ver si ya llegaron noticias de la última entrega. Al mismo tiempo termino de hacer una cotización de material, y discuto por una tontería. El día está más pesado que de costumbre y miro el reloj al menos tres veces en 10 minutos.

13:10
Mi mejor amiga me dice que está cansada y le digo que también yo. -Ay, ya vámonos a nuestras casas- le digo. Ella se ríe. Y responde –  Idiota, mejor ve por un refresco y despiértate.
Lo pienso.
Reviso el teléfono de nuevo y decido que no, que mejor aguanto, falta menos para la hora de comida.

13:14
Escucho y siento cómo vibra mi silla, se escucha un sonido duro, hueco, pienso que es un tráiler pasando por la calle de atrás y descarto la idea de inmediato. Está temblando. Y siento un nudo en el estómago, el escalofrío en la espalda y nervios. A penas me da tiempo de arrancar mi teléfono del cargador y salir corriendo. Empujo el ventanal que tengo como primera puerta e intento caminar derecho, pero la vibración del suelo me lo impide. Abro la segunda puerta y sin querer la azoto. Ruego por que los vidrios no se revienten.
Salgo.

13:15
Estoy en el patio y veo salir a los chicos del otro edificio corriendo. Escucho murmullos y veo cómo los cables de los postes se mueven en un patrón ahora conocido. Me acerco a un automóvil para darme cuenta que baila sin ritmo aparente. Miro la cara de mis compañeros y noto que una de las chicas está a punto de desmayarse. Me pongo nerviosa. Escucho gritos y alguien se cae.

Este momento me dura una eternidad.

13:17
Mando audios a mis papás -Hola, estoy bien. Casi no tengo señal. Si están bien, no me contesten, no necesitamos saturarnos más. Si necesitan algo, márquenme. Cualquier cosa, encontraré modo de comunidarme. Los amo.-
Mensajeo a mis amigos con el mismo mensaje: ¿Necesitas algo? ¿Cómo te sientes?
Recuerdo que él trabaja en un piso 16 y la angustia me recorre el cuerpo. Me llegan mensajes aleatorios de chats en grupo, veo su mensaje: -Estoy bien, vi cómo caían edificios. Estoy bien-
Los chicos del trabajo bromeamos un poco, pensamos despacio en qué paso.
Recuerdo que ella trabaja en Insurgentes e intento marcarle. Llamo hasta el cansancio: Nada. Recuerdo el libro que me prestó, donde justo, habla de dos chicos en 1985.
Maldita sea.

Mantengo la compostura.
Respiro.
Prenden la radio de un auto.

13:20
No tengo señal. No hay internet. No hay línea. No hay luz.
Siento, por un segundo, que no existo.
Respiro.

Llegan mis jefes, nos dicen que su módem es de pilas, que tienen internet. Corremos a la terraza.
Veo a una compañera llorando. -No localizo a mis hijos- me dice entre berreos y suspiros -No sé si están bien, tienen a mi bebé- la abrazo. Y no entiendo su dolor, pero lo veo y me parte. Intento no llorar.

13:30
Siguen sin salir mis mensajes.
No recibo nada.
Veo a mi amiga sentada en las escaleras de la entrada. Está bien. Luce tranquila. Me quito la preocupación de la cabeza.

14:30
Nos retiran. Salimos casi corriendo (o se siente así) con las piernas hechas gelatina. Me tiemblan las manos. Camino rápido y decido ir a Insurgentes a ver qué paso con el piso 16.
Esucucho que me gritan y volteo.
Me espero. Lo abrazo. Siento que me deshago un poco y al mismo tiempo me siento a salvo. Estoy preocupada.

Buscamos agua. Caminamos a Insurgentes. -Vamos a ver a mi mamá- y pienso en las niñas. Avanzamos y se siente un ambiente extraño en el aire, si miras a lo lejos, puedes ver una capa de polvo volando sobre todas las cosas que hay, puedes percibir también el miedo y la incertidumbre de las personas.
No hay coches avanzando.

14:40
Llegamos a Insurgentes y vemos a gente caminando. Al grupo de chat me llegan mensajes -Estoy por Chilpancingo encerrada. No me dejan salir. Hay una fuga de gas- y siento la necesidad de correr a buscarla. No puedo. Caminamos despacio, atendemos indicaciones, vemos casas, calles, paredes derrumbadas. Un olor intenso a gas. Vidrios rotos por todos lados. Gente sentada en camellones. Gente caminando en todas direcciones. Siento náuseas. Me quedo callada.

15:00

Me parece eterno andar en esta avenida. Subo a una banqueta porque pasan muchas ambulancias por el asfalto. Veo a un chico con la mirada perdida y una sonrisa extraña. Me asusto. Escucho a una chica gritar. Camino hacia ellos e intento meterme en la discusión. Siento su mano jalándome, me doy cuenta que estoy siendo errática e imprudente.

Seguimos caminando.

15:38
Veo cómo, en medio de las ruinas y la calle vuelta loca, una hija se reúne con su padre. Siento el escalofrío. Siento alivio. Mis ojos se llenan de lágrimas que siento que se quedarán allí, atoradas. Tatuadas.
Pienso en mi madre y en las muchas veces que evité hablar con ella en un momento como éste y entiendo por qué siempre lo hago: me es más fácil contener mi histeria, que una histeria compartida.
Más adelante hay una escuela y veo a una chica llorar -No está. Tiene 6 años y no está ¿cómo la busco?- Y su novio la abraza -Está cerca, no te preocupes- y siento el nudo en la garganta, el dolor de estómago.

15:50
Estoy cansada, con calor y sedienta. Estamos cerca y me siento ansiosa por llegar. No me doy cuenta que estoy casi corriendo hasta que dice en voz alta -Cálmate, te estás acelerando.

16:00
Llegamos. Nos saluda el perro y vemos a las niñas en el suelo jugando – Fui por ella y estaba asustada, pero todo bien. La chiquita es la que se soltó a llorar en cuanto nos vieron, pero no pasa nada- las miro, sin tocarlas. Las saludo y abrazo. Las beso. No digo nada, pero siento que me vuelve la calma al cuerpo. Empiezo a sentir cansancio. Sed. Dolor de cabeza.

16:10
Pienso en que unos amigos estaban en su casa porque su hijo había tenido cirugía y pregunto por ellos -Están bien, sólo se cayó su librero, pero no les pasó nada a ellos- y me relajo. Comienzo a recordar a cada uno de mis amigos.
Entiendo que estoy segura y tengo la preocupación por otros ahogándome. Me recuesto en el sillón para poder descansar los pies.
Siento sus piernas y me dice -Ven, acomódate-

Me quedo dormida.

20:00
Llego a casa. Veo a mis mascotas. Las abrazo. Las estrujo.
Tomamos la mochila de emergencia y vamos a dar la vuelta por la zona. A buscar algo para comer. Velas. Encendedor. Cerillos. Refresco. Agua fría. Caminamos un rato.

Volvemos a casa. Comemos algo.
En la entrada nos avisan -No hay gas, se cerraron las llaves por precaución- y nos acostamos en mi colchón. Empezamos a platicar sobre lo que pasaba en nuestra cabeza todo el rato. Nos gana el sueño.

___

No sé qué hora es.

Mi celular no tiene batería, a mi computadora no le sirve el reloj. Vuelve la luz.
Leo y sé que todos a quienes conozco directamente están bien. Y siento alivio hasta que veo mi feed lleno de noticias: Derrumbes, desparecidos, gente bajo escombros, personas sin casa, edificios destruídos, necesidad de albergues, de comida, de herramientas, de material médico.
Y entiendo qué es lo que tengo que hacer ahora.

Respiro.
Pienso en que en esa misma mañana pensé en ver los cortes de edificios.
Y me arrepiento mil veces.

Empiezo a buscar y canalizar ayuda.

 

 

Unas horas después, me dejo caer en la cama para dormir esperando que todo sea sólo un sueño. Para mañana desear que esté de pie mi ciudad.

Mitos lectores

¿Te ha sucedido que cada vez que dices “me gusta leer” las personas a tu alrededor empiezan a asumir cosas y te tratan diferente? ¿O de pronto empiezan a creer que eres una especie rara y no saben cómo seguir un tema de conversación contigo? Es común, gracias a los prejuicios que se tienen sobre lo que es o no ser un lector, es por eso que aquí te dejo una lista de mitos que se dicen sobre los lectores… ¡porque también somos personas!

 

Un lector siempre lee: 

Nope. No todo el tiempo estamos leyendo un libro, también nos gusta volver a la realidad, además, sí, a veces se nos cansa la vista, como a todos.

Un lector lee todo

No necesariamente: así como las personas tienen gustos respecto a la música, la comida y cualquier otra cosa, los lectores tambén tenemos nuestras preferencias de libros. Aunque a primera instancia, si algo nos llama la atención; sí, lo tomamos para leerlo.

 

Siempre termina sus libros

Tal vez terminemos los que nos gustan, pero eso no nos obliga a terminar todos los que empezamos porque ¿a quién le gusta sentirse obligado a hacer algo que no quiere? Y pongamos de nuevo un símil con la música: aunque seas melómano, seguro habrá canciones o melodías que no te gustan, así como algunos rockeros no toleran el reggaeton, yo (por ejemplo) no puedo leer un libro que me traiga un poquito de texto de autoayuda.

Los lectores son ratones de biblioteca

Nope. No siempre estamos en los mismos lugares haciendo lo mismo, así como los futbolistas no siempre están en la cancha, tampoco nosotros siempre estamos en las bibliotecas (y mucho de esto es también gracias al libro electrónico ¡podemos estar en cualquier lugar!)

Son introvertidos

No: no leemos porque tengamos pocas habilidades sociales. Podemos o no. Es decir, ésta actividad y costumbre no es algo que determine nuestra personalidad, eso sí, cuando estamos muy concentrados, sí, nos gusta estar solos, donde podamos pensar y nos va a molestar sobremanera que nos estés interrumpiendo.

No les importa su apariencia física

¿Qué? Esta es un cliché muy marcado de las películas y las típicas figuras de lectores/bibliotecarios/introvertidos. No es que no nos importen, todo en nuestra vida tiene una prioridad diferente, dependiendo de cada persona y depende mucho de la formación de quien estemos hablando. Es decir, yo no me considero vanidosa, y no cuido mi imagen tanto como otras chicas, porque a mi me da un poco de flojera pero tengo amigas lectoras, que además les encanta maquillarse. Es más cuestión de personalidad.

No eres un buen lector si sólo lees bestsellers

¡Ay, no! El mito de la buena y la mala literatura! Los dejaré en algo simple: Se llama “lector” porque lee. Y mejor dejo el debate de la buena y la mala literatura para otro post.

Se quedan ciegos por tanto leer

¡No! Es decir, el cuánto se te lastime la vista, en general, depende de una infinidad gigante de factores y no únicamente de que leas.

Si lees eres más inteligente

No, no necesariamente: existen diferentes tipos de inteligencia y habilidades, por lo tanto, leer te ayuda a desarrollar sólo una clase de habilidades respecto a un tipo de inteligencia, pero no te hace necesariamente más inteligente.

Son súper altaneros

Aquí… depende. Creo que también va en función a la personalidad de cada uno, y la función de la lectura en su vida.

Seguro sólo hablas de libros
¡Oye! No nos subestimes, a lo mejor si hemos leído de muchos temas, tenemos muchas conversaciones… Lo que sí es que seguramente en algún punto, hará referencias a algunos textos, pero ¡Es inevitable! nuestras conexiones mentales y de memoria nos remiten directamente a ello.

 

 

Carta 113

  • *Está sonando I will follow you into the dark, así que allí justificaré todo, si hay un poco de drama*

Estuve muchos días pensando en si te mandaría mensaje o no.
En si querrías hablar.
En si querrías saber de mi o nos costaría trabajo volver a tener contacto.

Así que pensé en algo que me relajara y me dirigí directamente a mi computadora, a hacer una playlist. Y comencé a hacer una con tu nombre para poder recordarte bien y bonito en todo el día. Me dio mucho gusto saber que aún recuerdo las que solían ser tus canciones favoritas, las mías y lo mucho que compartimos, las veces que caminamos sintiendo que eramos invencibles, lo mucho que criticabamos, que nuestra confianza y comunicación no tenían límites. Y es aquí donde descubrí que estoy curada: que te recuerdo y recuerdo todo lo que pasamos, con mucho cariño, abrazada mucho a toda la nostalgia bonita que me deja haber conocido a una persona como tú, pero más específico, a ti, durante el tiempo que pudimos compartir.

¿Qué pasó en medio? Ya no importa. No a mi. Me he concentrado en recordarte los últimos días como la maravillosa persona que eres, y me di cuenta completamente que todo lo que dije es cierto: que puedo vivir en el mundo sabiendo que respiras, que te estás moviendo y que harás cosas grandes, sepa o no sepa de ti. Que tu crecimiento y tu amor hacia el mundo y los que lo habitan es algo enteramente tuyo e independiente de mi y de todo lo que pude haberte hecho sentir en cualquier sentido.

Ahora, casi un año después de nuestra última conversación, me siento muy feliz y nerviosa por la incertidumbre que supone este espacio en blanco que tengo enfrente en mi vida relativo a ti: Sábete, no espero nada. No deseo nada más que el que seas feliz. Seguiré afirmando la importante persona y figura que eres en mi vida y que aunque espero mis 30 con ansias, lo único que realmente quiero es que estés tranquilo y satisfecho con tu vida. Que no te azotes con tus decisiones, que cambies, crezcas, te multipliques en mil para poder hacer todo lo que quieres hacer, que no te tomes la vida demasiado en serio, que no extrañes lo que fuiste y estés más preocupado en quién eres y quién quieres ser. Que alimentes a tu pedacito de titán todos los días. Todavía tengo tu playera y me causa mucha gracia saber que ya no quepo en ella en un sentido literal y metafórico. Hemos mudado de piel y en serio, deseo que todo esté de maravilla, que tu vida sea lo que habías estado esperando. Que en caso de que algo suceda sepas lo increíble que eres y lo mucho que has modificado la vida de todos los que has conocido. Sé que han pasado muchas cosas en tu vida de las que probablemente no me entere nunca. Que habrá cosas en tu mundo que no podré ver y que todo el entorno en que nos relacionamos es básicamente polar. Siempre he admirado tu fuerza y tu capacidad, pero siempre te diré lo mismo: Úsala sabiamente.

Sé que no lo necesitas, pero aquí estoy. No importa cuántas veces nos alejemos del otro, si me necesitas, estoy porque nada me quita poder estar cerca de alguien a quien he querido tanto. Estoy emocionada ¿sabes? pensar en que hoy para mi es un día especial por tu causa, me emociona mucho, me hace volver un poco a la sensación que tenía hace unos años, a la Mariana que fui, sin extrañarla, sino alegrándome de todo lo que decidí. Y deseo que de verdad, eso esté pasando contigo.

Este último año aprendí algo importante, y es que no importa qué pase, te voy a querer y a recordar con la misma ternura que al inicio. Te respeto, y respetaré si no quieres saber de mi, apreciaré que me lo digas (si quieres, tampoco hay manda u obligación). Sé que muchos años hemos intentado volver a nuestra amistad y nos lo hemos saboteado: no te pido ser mi amigo. Sé feliz. Sé tú. Sé quien quieres ser y haz lo que se te antoje. He admirado siempre la presteza con que resuelves tu vida de lo más cerebral y me colma hasta las lágrimas saber que por un momento pude notar como cambiabas eso y te dejabas sentir el viento entre la ropa.

Ya no me obsesiono con volver a verte, o con cómo sería un reencuentro: si sucede, se dará. No desearé que tu camino se acerque al mío, si no es lo que tiene que pasar. Simplemente dejo que tu recuerdo me inunde, vaya y venga. Otro año, me pasé todo un día orando porque estés bien, porque las cosas se te dificulten para hacerte mejor persona.
Because I knew you, I have been changed for good

Gracias, por todas las risas. Por los buenos momentos, las lluvias internas y externas, las mareas y los huracanes. Eres el mejor, Capitán (Obvio).
Eres un ser maravilloso. Alguien a quien agradezco haber tenido la fortuna de encontrarme en la vida, porque qué bonitos ojos tristes tenías cuando te conocí. Y qué bonito fue verlos brillar, aunque sea por un ratito. Gracias por existir. Por ser parte del mundo. Por haber sido parte de mi mundo. Justo ahora los recuerdos vienen a mi como si fueran peticiones al cielo, y no quiero darle cabida a ninguno, porque el conjunto, este conjunto que simboliza tu existencia me es más importante.

Sábete que tengo un recetario que armé hace un par de años y que hoy me voy a preparar un pastel pensando en lo feliz que quiero que seas. Que me visto de negro festejandote en la distancia. Y que el único deseo que pediré al apagar las velas en tu lugar, es que seas genuinamente feliz.
Siempre que puedas.

 

Gracias.
Gracias.
Gracias.

 

Y terminaré esta carta, con la canción que hace poco menos de un año me ayudó a empezar a descubrir todo esto.

Te quiero.
Mariana.

De polialbercas y otras perversiones

Hace un año empecé a interactuar con un grupo de Poliamor, explorando mis formas de vincularme con el otro y encontré una gran comunidad que me abrazó de una manera increíble. Me aceptó y descubrió sin ponerme peros ni discriminarme.

Esta comunidad es sumamente activa, y por lo menos cada mes se ven, además de actividades extra por “grupitos” que llegan a ser hasta dos por semana. Yo jamás había ido a uno de estos eventos, un tanto porque no tenía tiempo y otro tanto porque estaba muy recelosa intentando llevar algunos procesos que me resultaban conflictivos: Lo evitaba un poco, es la verdad. Así que pasé un año intermitente haciendo amistades con cada persona dentro del grupo. Muchos salieron, muchos entraron y otros permanecían. Día a día, platicando de cosas irrelevantes como el clima, o importantes, como la violencia, Poliamor, sexo, drogas, responsabilidad social…

Un día, antes de involucrarme más con el grupo, o de comprometerme de la forma en la que hoy lo hago, un chico dijo que quería organizar una salida a un complejo vacacional, y como me gusta organizar cosas, fui de metiche a ver en qué ayudaba, de tal suerte que terminé organizando. Esto al final fue una albercada con solo miembros del grupo de poliamor

Empecé a hacer las maletas: dos trajes de baño, dos vestidos, bloqueador, flipflops, botiquín, toalla…
El día llegó: A las 6 de la mañana sonó la alarma y salimos corriendo al metro para reunirnos con una de las chicas que nos acompañarían. Nos encontramos y fuimos a la central, esperamos el camión, abordamos y nos quedamos dormidos dos horas. Nos encontramos el primer problema al bajar en la central de destino: no teníamos idea de cómo movernos en el pueblo, y lo más fácil fue llamarle al dueño del lugar en que estaríamos, pero no contestaba, así que nos la arreglamos como pudimos.

Comenzó el primer día en otra casa: llegar, checar, desempacar. Me maravillé con la casa en la que estaríamos, los espacios que son comunes, las camas, el calor, el cielo, la alberca. Y luego llegaron nuestros dos primeros invitados. Los nervios que sentí de verlos y saludarlos. Saber que eran de mi edad, que estaban aquí con la misma intención que yo: conocer, descansar.

Así fuimos a comer, nos paseamos por el pueblito buscando desayunar y empezamos a descubrir quiénes somos y qué está pasando en nuestras vidas. Comenzó con el pie derecho todo. He de ser sincera: organizar me gusta porque me hace sentir que puedo tener cosas bajo control. Nos metimos a la alberca mientras los demás llegaban: casi 8 horas una alberca para 6 personas. Comimos pizza y esperabamos ansiosamente a que los demás se fueran incorporando.

Entonces nos dieron las 11 de la noche ¡Y ya estabamos todos! La experiencia de abrazarnos y sabernos reales fue maravillosa, cenar juntos y empezar a convivir, ser parte de una comunidad con todas sus letras. En momentos ya muy guajiros, pensabamos en una comuna, en compartir nuestra vida como algo diario. Y desistimos a media idea. Pasar la noche jugando, haciendo preguntas y conociéndonos, todo esto con la emoción de quien ve por primera vez a su crush. ¡En serio, esa era la vibra!

El segundo y tercer día nos sirvieron para afianzar la confianza entre nosotros, reconocernos como individuos poliamorosos. Además hablamos de celos, de miedos, incertidumbres, la foma en que lidiabamos con cosas conflictivas en nuestras parejas, la empatía, compersión, las facilidades y dificultades con las que nos encontamos en el camino, el sexo, el género, la desnudez, el machismo, el feminismo, la educación… y es allí donde yo descubrí de una forma más clara: somos una comunidad. Andamos éste camino y no estamos solos; de hecho saber que hay un otro allí a tu lado te ayuda un montón a sentirte parte de un algo más grande que tú.

Llegó el tercer día, y con eso la hora de volver.
Recogimos maletas, rompimos un vaso, limpiamos la casa, nos vinculamos con el otro, olvidamos cargadores, calcetines y playeras. Tomamos nuestras cosas; arribamos a coches y camiones. Y la parte más íntima para mi pasó en este momento: de regreso, 6 personas sentadas en 4 lugares empezamos a hablar de miedos tangibles, de experiencias recientes, del camino complejo que tuvimos que recorrer cuando empezamos este andar, de las sensaciones que los celos nos evocan en el momento, la forma en que impactó nuestra vida el ser poliamorosos y la manera en que vemos el mundo ahora, el trabajo que nos cuesta a veces dormir, los errores que cometimos, los que seguramente tendremos. Lloramos un poco, reímos en la misma cantidad, pero sobre todo, hicimos un espacio seguro donde los seis pudimos establecer un algo que puede compararse con un colchón de emergencia, una red de apoyo para malabaristas, y una amistad bonita.

Al bajar del camión ya en la ciudad, empezamos a planear ir juntos a antros, bares, cocinar alitas, establecer conexiones constantes donde podamos acudir cuando el mundo se venga abajo. Nos dimos cuenta de la cosa más importante, no estamos solos, no estamos en procesos aislados y podemos entendernos, compartirlo y seguir creciendo con más confianza para avanzar en este camino que hemos decidido tomar.
Hice nuevos amigos.

Mi conclusión:

Fue increíble. A pesar de que los conocía únicamente por texto e incluso a algunos ni de allí, nos aventuramos a ir a una casa en renta con 15 personas más de las que no conocíamos más que las letras. Mi sorpresa fue llegar y familiarizarnos con los cuerpos y caras de personas con quienes había compartido cosas tan íntimas y sensibles, que sentí que me desmoronaba cuando los abracé para saludarlos. Podía sentir el amor, la aceptación, empatía y sorpresa de cada uno al saber quiénes eramos y que algunos no nos parecíamos a la foto de perfil que tenemos (me gustaría fuera chiste pero es anécdota). Somos algo más grande que la unión de un todo, y es que, cuando juntas tanto amor en un solo lugar en ciertos días, el resultado, más allá de un fin de semana de descanso; es en realidad la experiencia de sentirse amado, comprendido y retado para poder ser alguien mejor.

Esta situación es lo que me trae ahora a comprometerme tanto con una comunidad a la que amo, sin darme cuenta que ya pertenecía a ella.

 

Y me siento plena.

 

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No tiene edad.

14 Agosto, 2017
Col. Del Valle, Ciudad de México
Letras poliamorosas Vol 6: El poliamor no tiene edad.

 

Llegar a una casa desconocida nunca es sencillo: Ya no solo el tema del tránsito en la ciudad y las calles enredadas que llevan a cualquier lado, también el hecho de ser desconocidos llegando, nos cambia. Siempre he creído que las casas son las partes más íntimas de una sociedad, donde todo es un reflejo de nuestra historia, vida y convergencia con el otro y con uno mismo, por lo tanto, abrir esos espacios siempre me ha parecido uno de los actos de amor más grandes para con el mundo, o para con los que amamos.

Así que, claro, me sentí feliz de poder llegar a una casa desconocida a quien ya apreciaba, y es que, les voy a contar el preludio: hace 1 año me uní al grupo de Poliamor Valle de México, esperando aprender y poder llevar mi vida de una forma mucho más sencilla, así que después de un año de hablar con muchas personas desconocidas, y familiarizarme con fotos, nombres y de vez en cuando voces (en una especie de relación a distancia) por fin me animé a asistir a una reunión de Letras. Al entrar me encontré con una cantidad inmensa de personas que estaban igual de ansiosas, nerviosas y emocionadas por compartir visiones del mundo.

 

Y es que, no puedo terminar de contarles lo maravilloso y divertido que ha sido ponerle cara a cada nombre, y poder abrazar completamente a cada persona con la que he intercambiado una infinidad de palabras, tristezas, alegrías, miedos, certezas, puntos de vista y dudas. Pero sobre todo, con quienes hemos creado una comunidad tan amena y conjunta: llena de una diversidad de colores, opiniones y miradas del mundo.

Entre los textos y las canciones que se presentaron, pudimos sumergirnos no sólo en la diversidad de visiones, sino también abrazar el principio básico del (Poli)amor: amarte para poder amar al otro. Estuvo fascinante escuchar música con Jarana canciones hechas para llegar al corazón de todos como una invitación a amar la música, el ritmo y las muchas notas que tiene cada cuerpo, voz y pensamiento, cuentos infantiles donde intentamos explicar de la forma más clara que amar es simplemente eso, que no es un bien que pueda estar restringido o moldeado a sólo una forma de expresión. Y nos invita a reflexionar la forma en la que educamos a aquellas personitas que irresponsablemente nos gusta llamar “el futuro” pero también, escuchar crónicas sobre la forma de interactuar con cuerpos desconocidos, liberarte no sólo de prejuicios, sino de miedos e incertidumbres hacia uno mismo, y que lejos de percibir un rechazo puedas sentir el apoyo de aquellos a quienes amas. La facilidad con la que puedes desenvolverte en el mundo cuando el amor fluye por tu vida como lo que es: un caudal que no puedes detener: no importa de dónde vengas, cuántos años tienes o hacia donde vas.

 

Debo confesar: la música siempre me emociona mucho, mueve fibras muy delgadas en mi cuerpo, y jamás pensé tener un tan buen recuerdo de una canción de Bon Jovi, sin embargo, en contra de todo pensamiento previo y como buena costumbre de la comunidad poliamorosa, me sorprendí cantando con una sonrisa una canción de desamor, abrazándome al momento y simplemente dejando que toda duda se desvaneciera entre mis dedos, que la lírica acompañara al recorrido que mi vista hacía cada cara, expresión y persona.

 

Percibir las voces y las experiencias tan bonitas concentradas en un sólo lugar, la manera en que la calidez de cada persona toca de formas tan particulares tu vida, tu humor y pensamiento te hace sentir y recordar que estás en un camino que no siempre será tranquilo, pero que puedes todavía dejar una huella en el mundo para facilitar a quien viene  después de ti: Allí, sentada siendo de las más chicas del grupo y entablando una amistad con las personas más grandes del mismo, te das cuenta: para querer, apapachar y conocer al otro, no hay edad.

Y no es todo: Al salir, después de re-conocerte en tantas personas increíbles, maravillosas y distintas, te quedas con una vibra tan linda y limpia que te hace sentir en casa, provoca que puedas estar feliz un mes más…

 

Hasta la siguiente reunión de Letras.

12 motivos para renunciar

En algunos trabajos he notado que los jefes actúan como si te estuvieran haciendo un favor al darte un trabajo, y en realidad ni te enseñan a mejorar tus actividades o costumbres, ni te permiten mejorar situaciones con prácticas que conoces. Muchas veces, incluso lejos de ayudarte, te enseñan malas prácticas. Y aún así, y otras muchas cosas (que enlisto aquí abajo) pretendo explicarles por qué nunca he renunciado a mis trabajos, pero siempre renuncio a mis malos jefes.

1.- La paga no equivale al trabajo que estás haciendo

Es de las que más me han sucedido. No tengo ni un solo problema en trabajar por el dinero que me gano, regularmente he sido proactiva, pero he llegado a lugares donde eso se va haciendo poco a poco como una obligación: me contrataron de becaria, y casi un año después era coordinadora de un equipo de 4 a 6 personas y evidentenemente mis actividades cambiaron muchísimo… pero seguía ganando como becaria.
Y me seguían tratando como tal.

2.- Evitan reconocer tus talentos para no darte algo más de lo que ellos consideran “justo”

¿Te ha pasado que aunque hagas el mejor diseño de tu vida, tus jefes siempre responden algo como: “Mmmh, está bien….” con cara de fuchi? ¿O que te dicen que “no eres tan bueno/a” en algo donde eres especialista… ¡O peor aún! te ponen a hacer cosas de las que no tienes idea, sin explicarte y esperando que cometas el error para retirarte la tarea asignada… con tal de no otorgarte nada poque “no sabes hacerlo”

3.- El sexismo y misoginia existe en diferentes formas

Esto funciona en mucho sentidos: no necesariamente es hacer comentarios directos hacia ti. En mi caso pasaron cosas como hablar de cualquier otra chica sólo con el adjetivo de: “Esa pendeja” “La puta esa” Y chistes constantes -por constantes me refiero a TODO EL TIEMPO sobre vaginas, tetas, porno, albures, e insinuaciones.
No tiene que ser directa para tener que sentirte ofendido: es sentido común.

4.- “Respeto” es un concepto inexistente

Típico: entre amigos no falta que te digas “wey” “idiota” “tarado” y aunque no es lo ideal, también está basado en un lazo de confianza al otro. Es la forma de manifestar tu conexión con aquel individuo con el que compartes mesa. Pero de eso a que el jefe grite cosas como: “Hablale a la putita esta, la gorda” “Hay que ser pendejo para no entender cómo mandar un mail” hay una GRAN diferencia. La violencia con la que hablas dentro de tus entornos y te diriges suele comunicar mucho del tipo de empresa en el que estás trabajando. Sabemos que las groserías son parte del entorno del mexicano, pero el que sea normal no significa que sea correcto.

5.- El hermano mongol del jefe

Ésta es mi persona favorita en el mundo laboral: siempre hay un dude contratado que no hace nada y nadie sabe por qué está allí. Más que ser Administrador, Community, Programador, Diseñador, Editor, parece que más bien, su trabajo es ser el chismoso que le lleva información al jefe y le pagan sólo hora nalga. Y todo ese trabajo que debía haber hecho esta persona pasa a tus manos. Y así terminas los viernes: con pendientes que no son tuyos a las 8 de la noche, desvelado y estresado porque el material era para ayer.

6.- Ser becario es equivalente a ser pendejo

Te contratan con menos de la mitad del sueldo que deberías tener, con un horario donde ellos entienden que “medio turno” son más de 5 horas, pero menos de 8, te dejan solo ir a sacar las copias y si estás de suerte… a comprar café de todos en la oficina. Cuando te ponen una actividad y la terminas, la revisan 10 personas diferentes que te piden mil modificaciones, para darte cuenta que tu primer borrador era perfecto y además el crédito se lo lleva alguien más. Por si fuera poco, te regañan porque deberías ser más proactivo y ser como “Chuchito” que lo resolvió rápido…

¿Te parece familiar?

7.- No existe inteligencia emocional ni resolución de conflictos

Esto me pasó más de una vez: una entrega se atrasó porque la persona que lo desarrollaba no asistió a la oficina. Y los que seguíamos en el equipo, no teníamos la más mínima idea de que eso nos lo habían pedido. Así que le avisan al jefe que no estaba ese detalle urgente y en lugar de resolver… Me gritó hasta que se cansó, haciendo todo el énfasis del mundo en lo tonta que fui por no adivinar el pensamiento y terminando con un: “Ya sé que no bería gritarte a ti, pero necesitaba sacar mi coraje. Y en realidad ni siquiera estaba enojado, sólo estoy frustrado”
Joyita.
Evidentemente renuncié. Pero si no tienen la capacidad de resolver conflictos pequeños como una porción de código… ¿Contratarías a esa empresa para que te resolviera la imagen pública de algo?

8.- No pagan

La primera vez, te retrasan el pago unos minutos. En RH te dicen que enviaron tu transferencia a las 5 de la tarde y cuando vas al banco descubres que tu pago entra hasta la siguiente semana porque las aprobaciones de transferencias bancarias se cierran a las 4 y por lo tanto la tuya no pasó. La segunda vez te pagan una semana después, porque el cliente se retrasó con los pagos. La tercera una quincena en realidad no sabían qué problema había con el banco pero “ya merito nos depositan” y la cuarta vez, bueno, nos enteramos que la empresa pide un préstamo en el banco porque no hay dinero…

9.- Mentiras desde el contrato

Uno de mis contratos decía que además de mi sueldo, me pagarían un curso escolar/idioma/colegiatura, y aparte mis prestaciones de ley. Oh sorpresa cuando descubrí que ni curso, ni prestaciones y en realidad, tampoco el salario mínimo.

10.- “Esto es lo que hay”

Entiendo que el material de trabajo que te asignan es probablemente el mejor que tienen para tu puesto, ya que las requisiciones lo ameritan pero ¿qué pasa cuando tú debes llevar tus cosas para poder hacer tu trabajo, porque “la empresa no tiene los recursos”? Sinceramente, si no pueden darte el material para trabajar ¿crees que tengan la capacidad de pagarte por tus servicios o conocimientos?

11.- No existe libertad de toma de decisiones / propuestas

Sí. Entiendo. Existe una jerarquía de puestos y está bien. Pero siempre te piden propuestas para realizar un proyecto y te topas con que si no es lo mismo que el jefe dice, entonces tu opinión no vale. O peor, que cuando estructuras un proyecto tiene que pasar por 4 personas y cuando llega al jefe ya está obsoleto, o debería tener muchas mejoras, y eso te convierte en el dinosaurio de los métodos. Hay una opción aún mejor: estás en junta, das tu opinión y te callan con un “los becarios/nuevos sólo entran a junta para aprender”

 

12.- “El cliente siempre tiene la razón”

Estás en un proyecto donde eres un expertazo: entonces comienzas a planear estrategias de trabajo y nuevas formas de revolucionar un “algo”, además te súper luces con tu equipo de trabajo y optimizas todo lo posible tanto costos como personal, equipo… para que tu jefe te diga: “Ok. Esta padre, pero el cliente quiere esto y eso es lo que le vamos a dar porque él siempre tiene la razón” a sabiendas de que el producto está mal. Y parece que no tienes otra opción más que aceptar.

 

La primera vez que renuncié fue súpe raro: amaba lo que hacía pero  me

sentía sumamente infeliz de la forma en que me desarrollaba en mi entorno. Con el paso del tiempo solo pueden pasar dos cosas; o te acostumbras y normalizas cosas tan simples como hacer algo de mala calidad, a más graves como la violencia introyectada de cualquier persona. Todas estas experiencias las coleccioné a lo largo de varios trabajos en diversas áreas, pero una cosa me queda muy clara:

 

Desde que cumplen uno de estos puntos, yo empiezo a dudar del trabajo y mis alertas rojas se encienden. Eso sí, nunca dejo que pasen al tercer strike.

 

 

 

*Todas las ilustraciones pertenecen a Magoz. Su blog aquí*

Saber pedir ayuda.

Como en todo, las altas y bajas emocionales me traían vuelta loca. Poco a poco fui descubriendo que había cosas que no podia manejar, ya no sólo de mi caracter, sino también del cómo me afectaban las cosas siempre. La manera en la que enfrentaba al mundo. Empecé a notar que en las mañanas me costaba un trabajo inhumano despertarme o levantarme de la cama; ya era mucho más difícil encontrar algo que me moviera y me motivara para bañarme, por poner otro ejemplo. Simplemente todas esas cosas que antes hacía de una manera tan sencilla me parecían actividades titánicas: todo rebasaba mi capacidad para mantenerme si quiera atenta.

Y así pasaron los días. Estaba intentando procurar que “no me afectara demasiado” y mantener mi discipolina (En estos días entendí la importancia de ésta, y es que cuando no tienes más motivos para poder avanzar, la disciplina es la que te ayuda a mantener un ritmo en tu vida, aunque éste sea muy bajo) pero me di cuenta que las cosas estaban sobrepasandome. No había cosa con la que no llorara e incluso comer se puso difícil para mi.
No comía porque no tenía hambre, pero cuando lo hacía simplemente no podía parar.

Empecé a darme cuenta que estoy era mucho más grande que yo, cuando no podía controlar nada en absoluto: mi enojo, rabia, tristeza, preocupación e inseguridad explotaban como si todo el tiempo fuera una olla exprés. Pero la parte más dolorosa: la “Epifanía” se dio cuando vi a las personas alrededor mío siendo afectadas por algo que yo no podía parar. Y comencé a preguntarme si “un día pasaría” si de verdad “estaba bien” y si “podía con esto sola” porque “siempre habia podido”. Y es que, con el paso del tiempo te crees estas cosas, porque sí, vivimos en esta clase de sociedad donde nos meten en la cabeza que todo el tiempo, tu único deber es SER FELIZ, aún cuando haya cosas que en sí mismas no generen felicidad; como la muerte de alguien. Y es que, piénsalo: Siempre te dicen “pero no llores, mejor alégrate porque estuvo vivo”
No dude. No.
Creo que hay un gran error en querer que todos estemos todo el tiempo felices: no somos capaces de mantener una vida solo así, y no es posible porque somos personas cambiantes que tienen un entorno fuera de sí que no pueden controlar.

Volviendo al tema:
Vi a todas estas personas cercanas a mi siendo igual de lastimadas que yo, porque no podía yo expresar otra cosa más que mi pesar, y porque tienen problemas propios. También me di cuenta de la comodidad que de alguna forma implica la tristeza: Sientes que toda la atención se centra en ti, y puede que sea verdad.. un rato, porque tanto terminas siendo una carga emocional para ti e inevitablemente no importa lo que los demás digan, no dejas de sentirte triste.

Al final del día, existieron muchísimas reflexiones que me hicieron darme cuenta que no tenía que hacerlo sola. Y por segunda vez en mi vida, y a pesar del miedo que le tengo, busqué una terapeuta en quién apoyarme y estuve un buen rato buscando a la persona adecuada para mi, alguien con quien me sintiera en confianza, segura y tranquila, pero sobre todo que su método fuera algo que a mi me pareciera bien y sintiera que me acomodaba para poder avanzar.

Terminé con una psicóloga mexicana que actualmente vive en Españan y da terapias vía Skype. Me ha acomodado increíble y me ha ayudado a mejorar, además de muchas otras cosas que implementé  y personas que conocí de a poquito en mi vida y me impulsan a seguir adelante.

No te voy a mentir: Todavía hay días en que la vida es una basura y no quiero moverme de mi cama. Pero justo esos días es cuando más puedo ver el avance que la terapia y las opersonas me han ayudado a alcanzar: mi tristeza si bien, existe, ya no me vence. No me tira. Y empiezo a usarla más como combustible de cambio, que pretexto para no comer.

¿Quieres alguna recomendación? Creo que en general lo que puedo decir es que necesitamos ser más honestos con nosotros. Pregúntate qué sientes y siempre hay que recordar que los sentimientos son verdaderos pero no necesariamente reales.

¿Pensar es no disfrutar?

Hace días leí en un grupo a algunas personas que opinaban que por teorizar o analizar algún tema estamos dejando de disfrutar todo lo que aquel tema nos otorga de manera práctica. Y me voló un poco los sesos pensarlo. Fue casi como si me dijeran que no puedes saborear mientras comes: como si usar la cabeza implicara la ruptura de una sensación.

¿Pero realmente es así?
La primera pregunta real que me surge es ¿En qué momento pensar y disfrutar son dos cosas que están “peleadas”? Porque hasta donde alcanzo a ver, en realidad son cosas que compaginan perfectamente: de: La clasificación del entorno es algo que hacemos todo el tiempo de una manera inconsciente, nuestro cerebro está educado para hacerlo de una forma automática. De hecho, en el momento en que reconoces la emoción/sensación o simplemente en el saber si algo te gusta o no, ya estás en automático usando la cabeza, y eso de una manera inmediata te lleva a la reflexión, con cosas simples o pequeñas “quiero hacerlo de nuevo” “ojalá -x- estuviera aquí” “Me hace falta…”

De alguna forma, para mi conlleva una clasde de irresponsabilidad intelectual el no pensar ni reflexionar lo que están haciendo y continuar por el simple hecho de “hacer” algo. Es como el típico (Y mal usado) “dejar fluir” donde atribuimos a cosas externas a nosotros un algo, para no responsabilizarnos de nada. Decir que el cosmos, que el cielo, que no estabamos pensando, para  no tener que hacer frente a la consecuencia de aquello a lo que nos enfrentamos.

¿No implica también una forma de desconocimiento de uno mismo? Es decir. Si sólo “disfrutas” y no piensas en ese disfrute ¿Cómo puedes hacer que algo suceda o no de nuevo? Lo pienso de una forma sencilla, muchas personas dicen que cuando tienes sexo no piensas, simplemente te dejas llevar. Yo creo que justo son esos momentos donde más piensas, para poder volver a disfrutar, con cosas tan simples como seguir haciendo una u otra cosa, o las posiciones en las que estás. Pero si simplemente sentimos, supongo que eso explica la facilidad de contagio de ETS, y embarazos no deseados. (Ojo aquí, evidentemente sólo estoy hablando de una práctica sexual consensuada)

 

Y es que es bien fácil, en este caso, no ponerse un condón y luego ser la víctima del “No pensé que me pasaría” Y ejemplos como éste, muchos.
Ahora, no mentiré no es fácil enfrentarse al tener que pensar: el pensar ocasionalmente duele, pero es gratis, y como decía mi jefe: “Lo gratis, nadie lo desperdicia”

Tal vez sea hora para todos de hacernos conscientes de que la comida tiene sabor, y entonces comer y saborear al mismo tiempo. Y de pensar en nuestra salud y ponernos un condón para tener sexo con alguien.  De pensar y hacer el mismo tiempo. Porque es el primer paso de ser responsables de nuestra vida y comenzar a vivirla en serio.

 

Estrías

Mucho tiempo me creí aquella idea de que las estrías sólo eran para las muejeres que habían sido mamás, o para quienes tuvieron músculos marcados en algún tiempo. Pero también que aquellos que tenían estrías y no pertenecían a ninguna de las dos categorías anteriores eran simplemente feas y desagradables. Así cuando las descubrí en mi cuerpo me sentí terrible: como si hubiera vivido mucho tiempo engañada. También me sentí fea. Hay que decirlo.

 

Durante mucho tiempo me obsesioné con mi piel y por lo tanto con mi peso y mi talla,

hasta llegar a un momento insano de mi obsesión. Por muchas razones, con mucha ayuda y cambios pude cambiar eso. Y entonces iba algo más difícil: Amar mi cuerpo.

 

Hay algo que la gente no entiende todavía y es que amar tu cuerpo es diferente a aceptarlo. Cuando sólo aceptas tu cuerpo existe una especie de resignación del “pues es asi” y poco a poco te acostumbras a vestir la piel que vistes, y amarla implica un trabajo y una perseverancia mucho más intensa. Amar tu cuerpo, sus formas y marcas es muy difícil sobre todo cuando siempre te están diciendo cómo se supone -debería- ser.

Hay días en que no lo logro, que por más que intento asir la piel que tengo, más bien se me marca mucho más y me causa una especie de dolor discreto.

Sin embargo, los días que sí lo puedo hacer, los días que amo las curvas y cicatrices de mi cuerpo, entonces me descubro de una especie de belleza no normalizada todavía. Y veo mi armario y me doy cuenta de lo torpe que he sido por privarme de usar los crop tops que tanto me gustan, las blusas cortas que compré y usé una vez solamente porque me daban miedo las miradas, lo superficial que me sentí por querer usar algo y sentir que el otro (que es un otro inasible pero existente) nunca iba a permitirmelo.

Y entonces, en esos días, me importa un clavo: Abrazo cada costra, cicatriz, marca, mancha, lunar como una historia dentro de mi cuerpo. En especial, las estrías. Las he convertido en un recordatorio de cada con mis amigos, de todas esas veces que me he sentado a comer con ellos hasta sentir que reviendo entre risas, llantos, dudas, gritos, a veces desacuerdos y discusiones. Los helados saliendo de la última clase de la universidad, las clases de ballet y las tardes en bicicleta, las salidas al cine con palomitas gigantes y hot dogs: los resignifiqué como el acto de amor que para mi implica el compartir un alimento y allí aprendí esto que de vez en cuando se me olvida:

No era la ropa o una talla lo que estaba haciendo que la pasara bien. Era yo.

 

Así que hoy me quedo con eso.
Puedo amar, y amarme.

Y la elasticidad de la piel no me va a impedir seguir disfrutando esos momentos.

No quiero leerte de nuevo.

¿No te ha pasado que encuentras libros que por más que intentas, no puedes conectar?

A mi me sucede frecuentemente. Y lejos de botarlos y no mirarlos de nuevo, los termino, porque la curiosidad y la expectativa es algo con lo que no sé lidiar. Pero después investigo y termino regalandolos a alguien que podrían gustale.
Sin embargo al terminar de leer estos, me encontré con la insatisfacción (Y son a los que les estoy buscnado nuevo hogar)

Decidí que no los quiero leer de nuevo.

 

1.- Al sur de la frontera, al oeste del sol; Haruki Murakami

¿De qué trata? 

Hajime, el narrador, nació «la primera semana del primer mes del primer año de la segunda mitad del siglo XX», una fecha singular, como su nombre: «Principio» en japonés. Sin embargo, le marcó mucho más ser hijo único, porque en las demás familias, si no eran dos hermanos, eran tres; si no eran tres, eran dos. De ahí que su mejor amiga de la infancia fuera otra hija única, Shimamoto, con la que compartió secretos y aficiones hasta que, tras la escuela primaria, perdieron el contacto. Muchos años después, Hajime, que vive una existencia relativamente feliz ─se ha casado, es padre de dos niñas y dueño de un club de jazz─, se reencuentra con Shimamoto. La atracción renace. Y Hajime, obsesionado, parece dispuesto a dejarlo todo por ella… Con inquietante sutileza, Murakami destila en esta trama clásica ─un amor perdido y recobrado, la consumación de una promesa de plenitud─ la indefinible sensación de desajuste con el mundo que acucia al hombre contemporáneo

¿Por qué lo voy a regalar?

Pocas veces estoy muy segura de cosas concretas: ésta vez considero que re-descubrí por qué no suelo reinicidir en algunos autores.
Es decir, es lindo la primera vez que lo lees. Tal vez la segunda (ya que la primera para mi, fue un cuento que me dejó el corazón gloriosamente estrujado, y la segunda, un libro)
Pero ésta vez, su pesimismo, esa necesidad tan latente de estar buscando un algo inexistente para hacerlo real y después dejarlo ir, quedar mal herido.
Creo que lo que quiero comunicar es que Murakami encontró su fórmula mágica: ser feliz, descubrir que no en realidad, ser pusilánime, tener malas decisiones, reivindicarse, darse cuenta que todo el problema siempre estuvo en su cabeza.

Y me cansa ese procedimiento. Es como revivir círculos viciosos que consideras que ya cerraste.
Ésta vez, aunque adoro los finales tristes, me causa un cansancio emocional que definitivamente no quiero experimentar constantemente.

Sin embargo tiene cosas interesantes, y me gusta muchísimo las pequeñas verdades casi universales que tiene el texto.

 

 

2.- Cinco amates apasionadas; Saikaku Ihara

¿De qué trata?

Es una nocela erótica/relatos publicados por primera vez en 1686, que describen el mundo vago y etéreo de ese Japón

¿Por qué lo regalaré?

No pude. Así, en serio no pude con estos relatos. Me parecen prefabricados en una caja de cartón donde solo acomodas algunas palabras y ¡Voilá!

Eso, o me gusta más el drama.
No me parece un libro maravilloso, y pienso en dos vertientes: una vez más, nos encontramos en una edición y traducción nefasta o el libro es realmente malo.
Esta manera “moral, buena y bonita” de retratar el erotismo no me gusta.

Es decir: creo que se meten demasiado en la realización de imagen de bondad que no permiten que el mundo se refleje como realmente es. ¿En serio pueden estar tan distanciadas dos culturas?

Eso, o Japón es de verdad un lugar muy sospechoso…

 

3.- Los siete reinos: Fuego; Kristin Cashore

¿De qué trata?

Ella es la última de su tipo. No es un tiempo muy tranquilo en Dells.  En el reino central, el joven Rey Nash está aferrándose al trono mientras los lords del norte construyen armas para derrocarlo. La guerra está cerca. Las montañas y el bosque están llenos de espías y traidores. Aquí es donde vive Fuego; una chica que tiene una belleza irresistible y puede controlar la mente de todos a su alrededor.

¿Por qué lo regalo?

En realidad aún estoy dudando si sacarlo de mi biblioteca:

Aunque no me parece tan genial como la última vez que lo leí, Kristin tiene una manera un particular y amorosa de unir sus historias; todo parece poco a poco tener sentido. Fuego definitivamente es un personaje que me gusta, pero no se ha ganado mis desvelos; siento que tiene rincones incosistentes. Pero me gusta, me recuerda este libro a la yo de 16 años. Y es delicioso.

No estoy segura de cómo me siento: creo que mis cambios de perspectiva que han nacido a partir de mi crecimiento no me dejan disfrutar tanto como cuando leí la primera parte. Es maravilloso y el universo que crea a cada instante me parece delicioso, pero no pude engancharme como otras veces; como con otros textos… Pero no puedo evitar sentir que ya no me pertenece.

 

4.- Aristoteles y Dante descubren los secretos del universo; Benjamín Sáenz

¿De qué trata?

Aristóteles es un chico enojado y con un hermano en prisión. Dante es el típico “sabelotodo” que tiene una mirada inusual sobre el mundo. Cuanto estos dos se conocen en la alberca de entrnamiento, pareciera que no tienen nada en común. Pero estos dos solitarios comienzan a pasar su tiempo juntos y comienzan a crear una amistad muy especial; del tipo que dura por siempre. Y es a partir de ésta amistad que Ari y Dante aprenderán las verdades más importantes de sí mismos y de las personas que quieren ser.

¿Por qué ya no está en el librero?

Antes de éste punto, aclararé: compré el libro porque nos presumían que era el nuevo libro juvenil de temática LGBT y aunque se desenvuelve de una manera simple, en momentos clave es muy ambiguo, se siente como la clase de cosas que dices para intentar dar a entender algo que tus papás de prohibieron pronunciar.

El inicio enamora: es sencillo sentirse parte de la historia, y ser empatico con los personajes. Especialmente me gusta Dante, me recuerda a alguien que quise mucho (Sí, mis lecturas siempre me recuerdan a alguien. Para eso son ¿O me equivoqué?)
Y el desarrollo lento me gusta, me hace sentir parte del entorno, puedo ver a piernas, a Ari, a Dante dentro de la camioneta, desnudos en la lluvia, diciendo estupideces, me encanta. PERO ¿En serio en esto termina? La inconsistencia de Ari me hace rabiar. ¿Es que no se le ocurrió una forma más creíble de hacerlo? Se siente como si casi un día Ari decidiera que es gay porque se siente presionado. Como si hubieran faltado páginas de la historia. Me siento algo estafada. ¿Y Bernardo? ¿Y las hermanas? No es como si un gay y un hetero no pudieran tener una amistad. ¿O sí es imposible?
Me parece que sin querer, está plagado de clichés e ideas algo erróneas sobre la comunidad gay. Sobre ser adolescente y sobre el problema de la búsqueda de identidad.
No, no, no.
Me niego a tener este final

 

5.- El teorema de Katerine; John Green

¿De qué trata?

Cuando se trata de relaciones, el tipo de Colin Singleton son las chicas de nombre Katherine. Y cuando se trata de chicas llamadas Katherines, Colin siempre es al que lo botan. Diecinueve veces, para ser exactos. Él es un niño prodigio con diez mil dolares en el bolsillo, una pasión por los anagramas y un amigo con exceso de peso y obsesionado con la jueza Judy. Colin esta en una misión para probar El Teorema de Previsibilidad Subyacente de Katherines, que logrará predecir el futuro de todas las relaciones, transformándolo de un prodigio desvanecido a un verdadero genio y finalmente le podrá ganar a la chica.
Dejar a un lado las expectativas y al amor entrar son parte de la divertidísima búsqueda de Colin de su pieza faltante y de la venganza de los botados de todas partes.

¿Por qué lo saqué?

No me parece una historia relevante; si quiera realmente interesante.
Entiendo que al terminar una relación recuerdes a la persona, pero por favor, llegar a estar con 19 personas que tienen el mismo nombre, es una exageración/obsesión.
Supongo que todos tenemos nuestras manías y formas de desenvolvernos en el mundo, de encontrar nuestro fin, pero me parece exagerado y dramático.
Sin embargo hay una cosa que adoré con el alma: La cueva. Ese lugar inextinguible al que no a cualquiera le permites pasar, me hizo remover muchas cosas que tenía guardadas, me reconcilio con una persona en el momento preciso.

Supongo que en realidad es el final que -más que esperaba- necesitaba el libro: estuve a punto de tirarlo contra la pared varias veces, no lo hice solo por morbo.
Este libro no es para mi.

 

6.- Un mexicano más; Juán Sánchez Andraka

¿De qué trata?

En palabras del autor:  Escribí Un mexicano más en 1966. En ese año me había iniciado en el ejercicio del magisterio en una escuela secundaria ubicada en la zona norte del Estado de Guerrero. Era mi primera plaza. Mi afán de participar en la formación integral de mis alumnos me provocó muchas ilusiones.

Me imaginé que en esa pequeña comunidad instalaríamos una biblioteca y que habitantes del pueblo y alumnos formarían grupos de lectura. Me imaginé una promoción cultural con talleres de arte, conferencias, conciertos y exposiciones.
Mis propuestas fueron recibidas con la frialdad de la mentalidad burocrática de la mayoría de mis compañeros de trabajo. Incluso, poco a poco, fui siendo objeto de burla por mis proyectos y hasta me llamaban agitador y politiquero. La discusión sobre el baile, que aquí relato, siucedió de veras. Fui catalogado como maestro problema. Así terminó mi carrera magisterial.

Fue el dramático choque con la realidad lo que me hizo concebir y escribir este pequeño libro que, desde aquel año 1966, ha sido leído por miles de mexicanos.
Aspiro a que la lectura de Un mexicano más provoque en mis lectores anhelos y acciones de cambio en el proceso educativo tan lleno de contradicciones. Todos somos responsables.

¿Por qué lo intercambié?

Terminé enojada cuando pasé la última página: Aunque por momentos me pareció un libro bastante moralista, también entendí el contexto y lo que intentaba comunicar. Por momentos ví a uno de mis mejores maestros reflejado en el maestro de español. Me enojó, me deprimió y me hizo pensar en las miles de cosas que están mal en nuestra educación, desde casa. En estos ideales que nos vamos forjando relativo al entorno que vivimos, de la manera en que se trata a las personas que intentan hacer un cambio, y simultáneamente esto solo me invita a desear con más vehemencia ser maestra, cambiar las ideas que tenemos insertadas como en automático por nuestras circunstancias.

Es verdad, una persona se forja a través de más personas; somos una mezcla de todos que lucha por encontrar un lugar.
La verdadera cuestión es el cómo elegimos a dónde elegir.

Me queda un sabor de boca un tanto extraño, porque también pude palpar la exageración provocada para hacer las situaciones incómodas más amenas, o la visión moralista excesiva de algunas cosas. El constante: “Malo, malo, maloso” me desespera.

 

7.- Canciones para Paula; Blue Jeans

¿De qué trata?

Canciones para Paula es una novela fresca y juvenil que cuenta la historia de Paula, una adolescente de 17 años que se enamora de Ángel, un chico un poco mayor que ella que conoce por internet. Sin embargo, cuando todo les va genial aparece Álex, a quien sólo conoce de un ratito pero cuyo encuentro es de cine. Además, Paula no sabe que tiene un admirador y que está más cerca de lo que se podría esperar… Todo un embrollo de amores y desamores de los que serán testigos sus mejores amigas, “Las Sugus”, que no se separarán de Paula.

Una novela cercana a la realidad actual de las adolescentes y al mundo de las redes sociales.

¿Por qué lo doné?

Hay un algo que me incomodó constantemente respecto a la acción del autor relativo a la novela, y es que se proyectó en ella. Desde el primer libro (Canciones para Paula) donde casualmente el autor es un autor de una novela por internet, pero en este segundo libro es demasiado insistente al respecto. Lo siento, para mi es incluso risible. Y que el detalle de hacer un constante recordatorio del “gran evento” para que no fuera en realidad tan grande el evento. Si bien es sabido que Sabes que te quiero es la secuela de CPP, igual puedes leerlo sin concer el primero y no morirás de spoilers. BTW, el que tenga capítulos tan cortos me ayudó muchísimo a seguir leyendolo, estuve muchas veces a punto de desistir.

Llegó por momentos a sacarme de mis casillas y a calificar el libro como muy rosa.
SIN EMBARGO el capítulo último habla de una conversación que debí haber tenido con alguien hace mucho tiempo y eso fue lo que se ganó mi corazón por completo.
Ese capítulo es para mi, el mejor capítulo.
Entre tanto, por un momento, regresé a mis 15 años.

 

¿A ti qué te parecieron?
¿Tienes algún libro en la lista de “regalar”?

Abrazos.
Emere.

XX

El fin de semana vi XX en Netflix, les platico:
 
Me llamó la atención que está promocionada como una antología de historias de terror contadas desde un enfoque femenino. Lo que en mi cabeza se tradujo como “Terror Feminista” y desde ese momento comencé a tener muuchas expectativas al respecto…
Tiene una estructura bastante peculiar: Está dividida en 4 narraciones sobre situaciones de terror comunes contadas desde una protagonista femenina.
A mi esto me hizo pensar directamente en todo el trabajo de interiorización, y cómo cualquier cosa puede revelarse como una historia de terror con el suspenso debido, también comencé a suponer que tendría muchos elementos desde dónde hacer un análisis. Como adentrarlo a un contexto contemporáneo personal de la visión de algunos de los muchos feminismos. No sé, algo que argumental e intelectualmente me retara.
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¿Qué fue lo que vi?
Me emocionó mucho encontrar estas imágenes de stop motion, porque siempre me han parecido demasiado creepys: lo que pensé directamente fueron dos cosas 1)Cuando era niña, vi una versión rusa de Alicia en el país de las maravillas que me dio un miedo terrible. 2) Que cada incidencia del stop motion entre las historias es un preludio o advertencia del mensaje condensado en cada historia.
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Pero nope.
Creo que fue un recurso que pudo ser explotado más. Se me ocurre tal vez que podría ser una revelación sutil del hilo conductor de las historias, además de ese preludio que yo esperaba..
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Ahora, las historias:
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La primera historia: me parece una forma bastante
interesante de enfrentarse al miedo que genera un vacío, sin embargo creo que en la ejecución visual le falta mucho trabajo para crear momento de tensión o una verdadera duda al respecto: aunque en el momento inicial el elemento principal es demasiado claro, llega un momento a perderse, digamos que en la narrativa se vió como un “ah, sí, y todo esto parte desde aquí”
Sin embargo tiene escenas bastante fuertes sobre el físico de los participantes, que también, pudieron aprovecharse de una mejor forma, porque incluso con esa clase de imágenes… no se siente una tensión.
PD: Tuvo una escena poderosísima, donde pudo haber terminado, pero la alargaron innecesariamente.
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 La segunda historia: me gusta el tratamiento que tiene.
Los colores, el tipo de enfoques, ¡Hasta las vestimentas! Me parecen pastante ad-hoc para el tipo de situación que se va desarrollando, sin embargo creo que hay tres momentos importantes donde considero que la trama DEBIÓ hacerme sentir un escalofrío gigante, o angustia… Tenía todos los elementos y no lo logró. Hay dos cruces importantes que pasan casi desapercibidos y que al mismo tiempo son casi risibles. Creo que le quita un poco de fuerza la aclaración final, y habría servido mejor si la misma información fuere una escena en sí. Aunque el final es conceptualmente arrollador no tuvo una proyección muy afortunada.
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La tercera historia: no tengo mucho que decir al respecto. Es la misma historia americana: unos tipos que van a un no sé dónde olvidado de la civilización, que se topan con algo que desconocen y luego todo sale mal. NOPE. Creo que me interesaría más saber de dónde nace aquello que aparece y provoca el problema. Es decir, sin un contexto sólo parece un “algo” aislado y sin terminar; completamente contrario al primer relato. Acaba de una forma predecible, muy rápida y el sentido de la urgencia del mismo, en lugar de parecer provocado para confundir al espectador en las acciones y proveer del suspenso termina luciendo como algo desorganizado y con un sin sentido total.
Ésta es la única historia que NO tiene “hijos” en la trama.
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La cuarta historia: Tiene mucho de dónde sacar cosas interesantes, desde la forma en la que está narrada hasta el contexto. Hay dos o tres escenas en especial que causan un intento de escalofrío, que manejadas de otra forma pudieron haber llegado al terror. Sin embargo le falta “algo” para poder crearlo, tal vez la atmósfera no estaba terminada. Éste relato en particular me gusta mucho, porque pudo extenderse. Creo que la lucha interna del co-protagonista pudo ser más reveladora y fuerte que lo poco que alcanzamos a ver. Creo que era demasiada historia para el tiempo que emplearon. El final es impactante y pudo ser un cierre perfecto, pero no había una estructura de la cuál asirse.
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Al final…
Considero que el problema principal es que no conectas con ninguno de los personajes. Me deja más la sensación que tienes cuando acabas de despertar de un sueño del que no entendiste nada. No te deja ni incómodo, ni pensativo realmente, ni siquiera con una sugerencia tangible de una sensación.  Considero que tienen que trabajar mucho en los puntos para causar estrés por la razón que sea. Me gustaría ver más allá que sólo una protagonista femenina: pensaba en la revelación de los infiernos personales, pero generales. Por favor: SI USAN STOP MOTION TAN CREEPY, DENLE UNA UTILIDAD MÁS ALLÁ DE SÓLO SER EL SEPARADOR.
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¿Vería otra película del tema?
Claro: no dejaré de apostar por las nuevas propuestas. Como primer exposición está padre, es un buen ensayo y donde se revelan los errores. Me encanta la aventura que supone que las mujeres estén revelando sus visiones del terror dentro del cine, pero procuremos que, pues, den miedo…

Historias en chat.

Dicen que lo único que se lee, son libros. Cada vez más adultos se apegan al formato físico como única forma de lectura.
Como perteneciente a una generación con una estrecha relación con la tecnología siento el deber de decir que estoy en completo desacuerdo, y es tan así, que las formas de leer se han revolucionado no únicamente al formato de libro electrónico, o pdf. Ha ido más allá.

En ésta entrada les presentaré unas aplicaciones que han ido un poco más allá en la forma de hacer fomento a la lectura: historias en Chat.
Si quieres descargar alguna, solo haz click sobre el nombre.

Hooked:

Es una App que descubrí porque (literalmente) la descargué al ver el logotipo. Ya sé, Kind of weird, pero está increíble; Es muy sencilla y lo único que hace es entrar a la app, e inmediatamente empiezan a enviarte los chats. Las historias son variadas, y se presentan de manera aleatoria, hasta que terminas el primer hook, entonces puedes revisar las categorías de otras historias y explorar entre las opciones.
Lo cool: Es simple, limpia e intuitiva. Entenderla no requiere de un gran esfuerzo.
Lo no cool: Solo algunas historias están en español, tienen un límite de mensajes que puedes ver y tienes que esperar cierto tiempo, o pagar para poder continuar leyendo.

 

 

Tap:

Se llama “tap” porque literalmente, tappeas la pantalla para poder ver el siguiente texto. También es formato de chat pero aquí permite que no solo tappees la pantalla, también (como en el chat de Messenger) puedes aplicar emojis a cada mensaje tanto enviado como recibido.
Lo cool: Te permite elegir las historias que quieres leer, tiene inicio de sesión a partir de tu correo o número de celular, y puedes configurar tu perfil de usuario. Después de cierto tiempo, te permite subir tus historias.
Lo no cool: Las historias están en inglés y te van “punteando” mientras más historias leas. Algunas no corresponden con la imagen que presentan (Es decir, la “portada” parece de terror pero termina siendo de amor) y responder con emojis los mensajes puede llegar a ser tedioso.

 

Mini Stories

Ésta app cuando abre, te lleva directamente a una conversación llamada “Default”. No tiene presentación ni instrucciones. Y poco a poco van cayendo los mensajes, mientras pulsas el botón “next”
Lo cool: 
Después de cierta cantidad de chats, te pide que crees tu sesión. Éste registro de sesión permite que puedas ver los otros chats, y darles like, para continuar leyendo, también te va recomendando chats de acuerdo a tus likes.
Puedes escribir tus historias y subirlas.
Lo no cool:
Ésto es muy triste, pero la app gasta mucha batería del móvil. Y puede que la calidad de algunas de las historias disminuya, ya que permiten que cualquiera pueda subir sus historias. Sólo tiene chats en inglés.

 

 

No Stranger:

Me encantó ésta app: Desde el inicio te permite ver las conversaciones que puedes tener con los “extraños”. La idea es que el chat se activa, y de pronto te van haciendo preguntas raras, en las que tienes opción de elegir las opciones de respuesta que te dan.

Lo cool: Te permite una mayor interacción con la app, y las preguntas que te hacen encaminan una historia increíble.

Lo no cool: Las respuestas te limitan mucho y el chat puede tornarse agresivo en algunos puntos. La historia habla sobre todo de muertes, suicidios y asesinatos. Así que puede volverse casi demasiado creepy.

 

 

YARN:

Desde el inicio te manda al menú de historias, para que puedas elegir qué es lo que más llama tu atención. No necesitas una sesión, y tiene temas súper variados.

Lo cool: Todos los días actualizan las historias que se muestran.

Lo no cool: La mayoría de las veces tú inicias el chat, pero si no sabes que tienes que tocar la pantalla, puedes perderte un buen rato esperando que algo pase. Y las historias no siempre son taan entretenidas.

 

Seen:

Mi app FAVORITA de todas. Desde el inicio te pide crear un usuario y puedes elegir las historias que van apareciendo. El diseño visual es idéntico al chat de Messenger.

Lo cool: A partir de tu creación de usuario customiza tus conversaciones en las historias y tal vez de pronto olvidas que es un bot. Te permite elegir tus respuestas en función a las preguntas que se hagan en la conversación. Es súper interactivo y tú decides el rumbo de la historia. Además, cuando eliges la respuesta, te aparece un “teclado en blanco” que debes pulsar, y simula que está escribiendo la respuesta que elegiste previamente. ¡Está increíble!

Lo no cool: Ocasionalmente, al terminar algunos capítulos hay publicidad insertada, tipo video que no puedes quitar hasta que termine.

 

La mejor parte de todas estas apps es que ¡Son de descarga gratuita! puedes encontrarlas para Android (para apple, desconozco, pero lo investigaré)

Así que, si eres “joven” checa todas estas apps, y cuéntame qué te parecieron, si encontraste alguna que te gustara más ¡y si en alguna has colaborado, regálanos el nombre de tu historia!

Si eres “adulto” y sigues pensando que sólo se leen libros, checa estas apps y déjate sorprender.