Mi miedo a la hoja en blanco

Mi miedo a la hoja en blanco

Una de mis cosas favoritas en el mundo es escribir: Me ayuda a reconectarme conmigo y con el mundo. Además ordeno mis ideas de una mejor forma cuando puedo verlas escritas, me deja verme desde una perspectiva externa. Tengo un hilo rojo con el lenguaje (aunque definitivamente me equivoco y no siempre soy buena con/en él) además, y de una forma sorprendente, vivo de escribir. Se ha vuelto una de las partes más importantes de mi vida, mi más grande medio de comunicación.

Desde hace días he estado teniendo un bloqueo enorme con las hojas en blanco. Me cuesta concentrarme, no puedo retener ideas. Me siento una completa zombie: nada en el mundo es lo suficientemente atractivo para desarrollar mi atención por más de 5 minutos, tengo problemas hasta para hilar dos ideas seguidas y definitivamente me molesta muchísimo no poder comunicarme a veces ni conmigo.

Me frustra porque me siento inútil y poco productiva. Siento que pierdo tiempo, que no soy suficientemente buena y definitivamente me percibo en esos momentos como alguien nada inteligente. Especialmente cuando sé que tengo trabajo por delante, pero no es únicamente en eso: también a veces noto que por más que me esfuerzo no puedo leer, no entiendo lo que hay frente a mi. Olvido lo que estaba a punto de hacer, me distraigo con todo y me siento desorientada. Me sucede con los libros, las recetas, los instructivos, los semáforos y las líneas peatonales, los artículos, los gestos, la comunicación no verbal. Es como un velo pesado de neblina entre el mundo y mi mirada.l

Por una parte creo que es parte de mi trastorno. A veces se me sale de las manos. A veces no puedo mantenerme en un solo lugar y en ocasiones cuando estoy así no me gusta salir de casa porque suele sucederme que este vacío mental también me provoca en ocasiones perderme en el titán que es esta ciudad. Confundo rostros, números y direcciones, lugares, personas y situaciones. Olvido muchas cosas y hay muchas otras que en mi mente están de una forma completamente distinta a como realmente son.

También me asusta. Y creo que es algo más que una hoja en blanco:
En vacío y la incertidumbre en cualquier sentido en mi vida, me asusta. Por eso escribo. Por eso leo. Por eso comparto.
Intento buscarme y encontrarme en cada cosa que toco y con la que tengo alguna especie de interacción. Intento dejar una parte de mi en cada cosa para tener a dónde recurrir cuando me siento perdida. Cuando no me encuentro o estoy confundida. Es una especie de impulso por encontrar en todo un espejo que me recuerde que no estoy mal.

Intento llenar cada espacio vacío con mis sombras y luces, oscuridades, pensamientos y sobre todo preguntas.

Hablando de preguntas.
¿Ustedes como lidian con su distracción? ¿Cómo pueden volver a escribir?

Top cinco de mujeres mexicanas destacables

Desde hace unos días me puse a investigar sobre mujeres mexicanas, buscando un poco de inspiración para mi día a día, alguien con quien me identificara mucho más y de quién asirme para hacer una especie de objetivos aspiracionales. Después de tanto buscar, encontré a estas cinco mujeres maravillosas (y pudieron ser muchas más) que me reconectaron con alguna idea, emoción o sensación, además me parece súper importante darles la importancia social debida. ¡Me encanta que formen parte de nuestra identidad y sean personas de las que podamos aprender!

 

 

Eulalia Guzmán

Una  Zacatecana fuera de serie, ya que la conocemos por ser la primera arqueóloga mexicana, aventurada en destacar la educación de las mujeres en México ¡Tanto que fue una de las primeras dos maestras de arqueología!, además de impulsar el conocimiento científico dentro de ésta área de estudio.

 

 

Carmen Mondragón 

Excéntrica, intrigante, inconforme, bella: Nació en 1984, la mandaron a estudiar desde muy pequeña a París, donde descubrió su pasión por la pintura y la poesía. Además de ser una mujer talentosa, inteligente y apasionada, también fue parte de una revolución de indumentaria: Al regresar, se volvió la pionera en México usando minifaldas. ¡Con ella, el arte, la pasión y la rebeldía es parte de nuestras vidas!

 

Lola Álvarez Bravo 

Fotografías increíbles, representaciones de la belleza en cada mujer que conoció, en cada lugar, magnificando los detalles que alcanzaba a observar, de las primeras mujeres en profesionalizarse retratando imágenes de su entorno. Pero esto es insuficiente para todas las ideas que tiene en la cabeza así que se convierte en una de las pioneras ¡Del Fotomontaje!

 

 

 

 

María del Pilar Roldán 

Ser hija de dos atletas no debe ser en absoluto sencillo; así fue el inicio de María del Pilar: sus padres eran dos tenistas súper destacados con lo que ella creció dentro de una familia deportista. Cuando era pequeña, María leyó “Los tres mosqueteros” y dejó todos los deportes aferrándose al esgrima, lo demás se dió como producto de su dedicación y esfuerzo: Fue la primer mujer en el continente americano en ganar una medalla en esgrima y la primer mexicana en ganar una medalla olímpica.

 

 

 

María Cristina Jurado 

 

Jaliciense de corazón, María Cristina solía ser Actriz famosa por comenzar a actuar en la época de oro del cine mexicano, y era la favorita para actuar de Femme Fatale y villana en muchas películas mexicanas. Es conocida también por ser la primera actriz latina en ser nominada a un premio por la Academia, y ganando un Globo de Oro en 1952, un Oscar en 1955 por Mejor actriz de reparto en “Lo que la tierra hereda”; y de 1955 a 1994 ganó 4 Ariel.

 

 

 

 

 

Como ves, cada una de estas mujeres representa de una forma única la belleza de la identidad mexicana, realzando con su esfuerzo, pasión y trabajo cada cualidad del espíritu tan bello que tenemos y que nos acompaña a seguir y conseguir nuestros sueños.

 

¿Quién más te inspira a crecer?

¿Aprendemos a leer para ser lectores?

¿Alguna vez te han enviado de tarea ayudar a leer a alguien? O en su defecto ¿Te dejaron de tarea leer algo? (aunque sea una vez, aunque sea hace tiempo)

Y es que, pareciera que el mayor fomento a la lectura que se ha hecho en niveles generales es ayudarnos a memorizar letras, palabras, definiciones, o formar frases complicadas y repetir incansablemente dichos que a veces sólo creemos saber que entendemos. Y así avanzamos los primeros años; los más importantes, leyendo letra a letra, palabra a palabra intentando interpretar.

 

Hasta que llega el día en que el profe “X” nos deja leer: “El periquillo Sarniento” así, de la nada, sin decirnos más, con el único interés de terminar el temario. De cumplir con el horario y la norma, porque somos demasiados en un salón como para explicar, o siquiera intentar atraernos. Te obligan a leer 30 minutos diarios en casa, de hoy a un mes. Te piden que anotes en una hoja a cada personaje, su relevancia, un acontecimiento. Una opinión que nunca va más allá del: “Me gustó, es padre, ojalá leyéramos más libros así.” O alguna copia de un artículo Wikipedia al que le quitamos palabras, para aparentar.

Pero Wikipedia no nos hace sentir. Y si no lo sientes ¿Realmente lo leíste?

 

De esa misma forma se nos fue el hipotético “amor por la lectura” que intentaron infundirnos, alimentarnos: con reseñas buscadas en google, con casas sin libros, niños sin conocer librerías, maestros que solo querían llegar a casa, chicos castigados en las bibliotecas de las escuelas, papás que se saltan esa tan importante tarea, porque era una de las que no se notaba la ausencia.

 

O eso creíamos.

 

Y así es como vamos por la vida creyendo saber leer, pero ¿saber leer nos hace lectores?
Porque una pareciera eslabón de la otra. Suenan igual, y hablan de lo mismo. Pero más que aprender un idioma, o una forma de comunicación con el otro, la lectura en realidad (y hablo de una realidad particular en construcción) es aquello que nos hace comunicarnos con nosotros. Que nos hace enfrentarnos a un nosotros.

 

Pero nadie nos lo dice.

 

Sólo lo descubrimos en medida de nuestro acercamiento a algún mensaje: al que sea, aunque sea mínimo. Pero es ese puente entre el leer y ser lector, el que nunca podemos ver tangible, y que nos cuesta trabajo reconocer. Sin embargo, a pesar de todo esto, habemos muchos que comenzamos a leer por “no sé qué clase de brujería”: cosas tan sencillas como tener un libro en casa. O varios. Llevar a nuestros niños a las bibliotecas, a las librerías, escucharlos leer, explicarles qué significan las palabras en nuestro mundo, y preocuparnos más por lo que sienten cuando leen que por lo que queremos que entiendan.

 

Reivindicar al libro de ese limitado papel de “aprendizaje” y “diversión”, para acompañarlo a ser nuestro amigo, nuestro guardia. Aquel que nos acompaña día y noche, en el tráfico, en el metro, en los días de sol, el que nos cuenta de cosas maravillosas o secretos aterradores:

 

Aquel en el que podemos reconocernos.
Desconocernos.

 

Dejar de hacer del libro, y el texto un bien material. Y hacerlo un amigo incondicional.

Leyendo.

 

Mi manual para la tristeza

Desde hace años tengo una tendencia a la tristeza intermitente e irracional. Así, sale de la nada, se dirige a cualquier parte y aterriza en mi sillón favorito. La mayoría de veces acepto mi tristeza, la vivo y la mantengo dentro de mi todo el tiempo que me es soportable, pero a veces me rebasa, me fastidia y prefiero animarme. Y es que hay una gran diferencia entre abrazar la tristeza y mantenerla dentro haciendo mella. Sí, todo esto es una aclaración: No huyo de mi, no taponeo mis emociones, no cubro mis dolencias. Las quiero y las acepto, pero no las mantengo más del tiempo que pareciera estrictamente necesario y así no sumirme en una espiral horrible de miseria autoinventada y destructiva.

Así que entre terapia, tratamiento y una convicción propia por no mantenerme atada a ese sentimiento, me dediqué a hacer listas tipo manuales de 10 cosas que me levantan el ánimo. Tiene mucho tiempo que hago estas listas (que también me ayudan a autodescubrirme, por cierto). Sin embargo me di cuenta que tiene tanto que las hago y tantas veces, que he desgastado las actividades que se me ocurrían y todo empieza a ser cíclico, por tanto monótono, así que termino por no resolver nada en absoluto. Hace unos días pedí ayuda en diversos grupos de apoyo de temas variados. (El grupo de Poliamor, el de Lecturas Feministas, de Sororidad, en mi grupo de amigos) y recibir diversas respuestas me entusiasmó muchísimo.

Descubrí a las muchas manos que hay afuera dispuestas a ayudar, pero también que una forma de volver a uno mismo es dimensionar esas emociones después de un tiempo, darles el tiempo y la formación adecuada para poder enfrentarlas.

El punto es que con todas las respuestas que recibí, hice más manuales con cosas nuevas y mejores formas de enfrentarme a ello. Más herramientas, caminos…
Y compañías.

En fin, si quieren las listas, las dejo aquí abajo.
Tengo link de descarga en PDF de todas las listas y también colocaré una plantilla donde puedas colocar todas las cosas para tu lista personalizada.
También tengo aquí las playlist que logré armar con las recomendaciones de todos_

Y ojalá te ayude.
¿Tienes más actividades?
Déjalas aquí abajo, seguro podemos anexarlas.

Por cierto: Si tú te sientes triste ahora, recuerda mucho mimarte bonito, darte besitos en el corazón.

 

 

Ver para leer

Mi nombre es éste y no otro, porque in-afortunadamente no elegí mi nombre, sino, me fue asignado como a todos nosotros; por mis padres. }
Mis padres, que leyeron dos textos con dos personajes tan opuestos y complementarios y que tienen el mismo nombre, que decidieron que yo fuera así: Una Mariana. 
Y así es como mi nombre contiene las historias de dos Marianas que no conozco y nunca conoceré en persona, pero que tengo la fortuna de ser como ellas. Ahora, cada que leo mi nombre me acuerdo de ellas. Y cada que mis padres leen sobre ellas, se acuerdan de mi. Y somos eso, historias y recuerdos.

Un día descubrí que si todo lo que pronuncias tiene recuerdos, tiene entonces, una historia. Y si tiene una historia, puede leerse. Todo el tiempo estamos leyendo una cantidad gigante de cosas y no nos damos cuenta. Eso incluye las etiquetas del shampoo cuando estamos en el baño, o los estados de Facebook de nuestros amigos cuando estamos “haciendo tarea”. O los twitts que revisamos en clase de química o literatura. Pero no hablo de sólo esa lectura. Antes de ello, hay otro tipo de lectura más personal, más íntima y que por ser tan constante pasa desapercibida: Leemos el mundo. Y es que, piensa en cuando tienes frío: La forma en la que los vellos de tus  brazos se erizan, como castañean tus dientes, la sensación que tiene tu piel, y así es como te explico: Estás leyendo tu cuerpo.

¿Recuerdas el aroma de la cocina de tu mamá cuando acaba de hacer sopa? Al recordar, estás leyendo tu memoria, pero cuando reconoces el olor, estás leyendo con tu olfato… ¡El aire!

Ahora, pensemos en algo que nos enseñaron desde pequeños: Antes de cruzar la calle mira a los dos lados. Así es como tus padres te enseñan a leer la circulación vial.
El último ejercicio: Piensa en las veces que te intentaste servir agua en un vaso, pero viste el garrafón casi vacío. Así lees los envases. Entonces piensa todas las infinitas formas en que leemos absolutamente todo: Los olores, colores, climas, temperaturas, texturas, formas, sabores, sonidos, tipos de flores, estados de la materia… Todo. Y si para la mayoría de lecturas, vemos… todas las cosas vemos que pueden leerse. En los álbumes lees fotos, que tienen protagonistas, historias y secretos. En las revistas lees imágenes que tienen un diseño y un producto. En las series lees a los personajes y que todos tienen un conflicto a resolver. En las películas… ¿Qué no leemos en las películas?

¿Te ha pasado que alguna vez te identificas con algún personaje de una película? ¿O que uno de ellos representa muchas cosas que son sumamente importantes para ti? ¿Que alguno de ellos hace exactamente lo que tú harías en su lugar? ¿Que lloras? ¿Que ríes? ¿Que te hace sentir un nudito en la panza o en la garganta?

Y eso sucede porque estás leyendo la película. No solo la imagen, no solo la emoción y los efectos especiales: La película misma. Esta parte, cuando te ves dentro del papel, cuando eres un personaje dentro de la película de una manera involuntaria, te vuelves parte de la película. El cómo eso afecta después tu forma de leer, pensar o ver un suceso, una posición o un objeto en el mundo, es leer. Cómo cambian tus miedos, cuando desaparecen, cuando se refuerzan, en cada instante en que cambia una idea o perspectiva para dar paso a un nuevo pensamiento… Es leer. Y esa es otra forma, cuando identificas la realidad, de la fantasía, los efectos especiales, las escenas de miedo, de tensión, de tristeza o de infinita felicidad, también estás leyendo la película. Cuando al ver el rostro de un actor entiendes que está feliz o triste. Cuando sabes que está mintiendo. Cuando su tono de voz te hace sospechar y comienza la música instrumental…

Estás leyendo una película. Yo lo descubrí en el momento en que después de ver una película me quedaba con unas ganas inmensas de reír o llorar. Y al final, cuando te sientes incómodo, satisfecho o triste, feliz, angustiado y con ganas de más, o abrumado, aburrido, ensimismado, pensativo…  Estás, a partir de la película, leyéndote.

Y es que, todo se resume a eso: Conocerte y reconocerte a partir de la forma y la capacidad que tengas de leer el mundo.

 

Funny Girl y el día que nos enseñó a renunciar

Hola, tengo spoilers


Fanny Brice, una chica Neoyorquina de la zona más deprimida de la ciudad tiene una personalidad que no se deja opacar por nada, la aspiración de ser artista en uno los shows más cotizados: llega a ser una de las Ziegfeld Follies y al lograrlo conocerá al amor de su vida… pero ¿Eso es lo único que nos comunica ésta historia?
En realidad ese es apenas el inicio del camino real de Fanny ya que descubre también que Nick (el amor de su vida) no sólo es inconsistente, además es un jugador de apuestas muy hábil. O eso creímos todos. Poco a poco, mientras Fanny asciende en el trabajo, Nick va en un declive interminable, en algún punto Nick es encarcelado por malversación de fondos.
Fanny jura que lo esperará.
Que no parará hasta poder sacarlo de allí.

Y mientras goza de una felicidad inconmensurable propia, la fama, el dinero y la dicha de poder dedicarse a todas estas cosas que siempre ha soñado, también una tristeza inmanejable por Nick: Fanny se la vive en un sube y baja emocional constante. En el punto más alto de su carrera y después de varios años Nick sale de la cárcel y va a verla a una función. Fanny canta “Who are you now?”, le dice que lo ama, que siempre va a amarlo y enseguida le pide el divorcio y el telón de fondo nos deja con la incertidumbre en los ojos.
¿Qué pasó con Fanny después? No hay forma de saberlo.

 

¿En qué sentido Fanny nos enseña a renunciar?

¿Cuántas no hemos conocido la historia de una chica súper enamorada de alguien que es tóxico para ella? Y no sólo eso, sino, nos aferramos: nos aferramos al otro, con todo y todo en nombre del amor, incluso cuando eso nos lastima, nos duele y no nos ayuda a crecer. Incluso cuando descubrimos que la relación se volvió unidireccional y por lo tanto, no existe tal relación y es que, muchas veces he visto ese patrón: Amigas, tías, jefas, primas, hermanas que son exitosas, se dedican a lo que les apasiona, aman cada día cuando despiertan y todo es feliz y perfecto hasta que llegan a la parte de la pareja y te das cuenta que enfrentan sufrimiento tras sufrimiento gratuito. Y es que, casi entraremos al círculo vicioso que es descubrir la idea del amor tan romantizada que nos han dado: por eso Funny Girl es mi favorita, rompe con la idea de “el amor todo lo soporta”. Fanny, simplemente al ver a Nick entiende que su felicidad, aquella a la que se ha aferrado y para la que ha trabajado incansablemente, ha sido producto completamente de su trabajo y esfuerzo.

De otra clase de amor del que no estamos acostumbrados:
El amor propio.
Fanny tiene el valor de pararse frente a Nick y decir: Te amo, pero no soy feliz contigo, gracias por todo.

¿Fanny es un personaje que podría ser real?

Claro: Mucho del empoderamiento que nos debemos, tanto como sociedad y como individuo es la valía de nuestra felicidad, aprender a decir “no, gracias” y desapegarnos de las cosas que no están completamente en nuestras manos. Amarnos, y aprender a amarnos con los constantes cambios, reconocer nuevas formas y fuentes de amor, aprender a ser felices, a abrazarnos y entender que la única persona que puede darte un amor incondicional y eterno, somos nosotros.

Renuncia.
Renuncia a todo aquello que te hace mal y agradece que haya existido.

 

Bonita

Sus padres en realidad no querían tener hijos, hasta que descubrieron que acababan de concebir.

Cuando su madre estaba embarazada de dos meses la mordió un perro. Y no pasó nada.
Un mes después de la mordida se cayó de sentón de una escalera, limpiando una lámpara. Y no pasó nada.
Unas semanas después, subiendo a un elevador la empujaron cuando las puertas cerraban, apretando su vientre. Y no pasó nada.

Días antes de nacer, su mamá tuvo una crisis de ansiedad donde intentó abortar. Y no pasó nada.

Cuando nació, el doctor les dijo que tenía un soplo en el corazón, que el bebé no era como los demás ni siquiera en la enfermedad, debían operarle lo más pronto posible y de no ser así, no podría correr, brincar, jugar… o caminar sin ayuda de un respirador y un tanque de oxígeno en la espalda.
La esperanza de vida era de 4 años.
Y sus padres sólo pensaron que con un tanque en la espalda, no sería bonita.

La nombraron al año de haber nacido, porque tenían miedo de ponerle el nombre equivocado y determinarla. La operaron con una cirugía de corazón abierto a los dos años: No pasó nada.

Dos días en una cama casi vertical, acomodada como lo que sus papás vieron: “una mariposa disecada”
Dormida, sin voz, sin movimiento y pensaron: “Se ve bonita.”

Tres años
Sus padres trabajan todo el día para no verla. La dejan al cuidado de una niñera. Aprende a leer. No pasa nada.

Cuatro años
No puede relacionarse con otros niños. Habla sola. Sus padres empiezan a preguntarse si hicieron bien en operarla. Le miran la cicatriz y piensan en una cirugía estética, encuentran esa marca como un mal recordatorio de que no querían tener hijos.
Procuran no tocarla en esa certeza.
La niñera le regala libros y libretas.
Entretenida y detrás de la ventana se ve bonita.

Cinco años
Comienza a tener cambios de humor espontáneos. No entienden cómo de la felicidad pasa a la rabia o a la tristeza. “Sonriendo se ve más bonita”. Piensan que sólo quiere llamar la atención y en esos momentos procuran no mirarla ni de reojo.
La mudan a un cuarto más grande, con menos juguetes y más libros.
Y no pasa nada.

Seis años
Conoce a Sabines. Sabe poemas de memoria y pregunta sobre el amor. Sus papás entienden con tantas preguntas, que tal ya no se aman. Que probablemente nunca lo hicieron.
No la abrazan; siempre está fría. Mirarla comienza a ser una carga.

Siete años
Aumentan sus cambios de humor; ahora también es agresiva. No teme a decir lo que piensa, y tampoco teme a ninguna clase de autoridad. Su volubilidad se ve también en la fuerza de su voz. Sus padres no se acercan porque le temen.
De lejos, dormida, se ve bonita.

Ocho años
Gana un concurso de oratoria. Dudan de si un día podrá ser como las demás: serena, obediente, sociable. Hace todas sus cosas sola. Autosuficiente, les dijeron los psicólogos. Se sienten satisfechos, no depende de ellos.
La dejan mucho tiempo sola.
Y no pasa nada.

Doce años
Conoce a un chico. Tiempo después es su novio. Cuando terminan, él le dice a sus amigos: “Ella no es bonita. No es como las demás.” Ella llora. Llora todo el día. Hay más cambios de humor. Rompe una ventana y se hace una cicatriz en el puño por eso.
Se da cuenta de que no amigos.

Quince años
Nadie la mira. Cuando está sola, se alza la falda para marcarse un número más en los muslos. Llora. Ensucia toallas de tela que entibia intentando recuperarse y lee a Pizarnik, a Vestrini. La encuentran en el baño. Sus papás piensan: “Con tanta cicatriz, nunca va a ser bonita”
Conoce a una chica. Desconoce lo que siente.
Y así desea que no pase nada.

Veinte años
Un papel clínico. “Trastorno Afectivo Bipolar”. La golpean e intenta defenderse, le abre la pierna a un hombre en ese ataque de ira, en el momento en que se siente indefensa, al regañarla sus padres le gritan: “Enojandote no eres bonita”
La encierran. Cuenta los días en las páginas de La campana de cristal.
Toma todas sus pastillas.
Y no pasa nada.

Veintidós años
Conoce a una chica. Reconoce lo que siente y al mirarla piensa:“No soy tan bonita”.
Va a clases de literatura y escribe cuentos que le regala a la ciudad; los deja en asientos, ventanas, manos desconocidas, bolsas, mochilas, jardines. Sus padres miran su letra. Y no es bonita.
Intenta hablar con los demás, no puede.
Y no pasa nada.

Veinticinco años
No era como las demás: Nunca lo imaginó. Nunca quiso.
Acostada, desnuda, fría, en silencio: es bonita.
Y ya no pasa nada.

El día que Jane Austen descubrió la risa crítica

Muchas veces hemos pensado en leer y escribir como parte de un proceso de desprendimiento sobre un tema, digamos: en términos de romance, se dice que si quieres olvidar a alguien escribas sobre ello y lograrás sacarlo de tu cabeza. Jane Austen escribió muchas novelas pero lejos de lo que podemos imaginar, ella escribe sobre el todo para criticar y reírse de las situaciones más no para olvidar.

Orgullo y Prejuicio, Jane Austen
Oh, very well, then.

Para ponernos en contexto: Jane Austen nació en una época privilegiada para las artes, además de ser hija de un tutor/clérigo, con lo que tuvo un acceso tanto a educación como a una posición social lo suficientemente acomodada para no tener que trabajar en el campo, sin que necesariamente pertenezca a la alta sociedad inglesa.

Aquí puedes encontrar su biografía

Su crítica sarcástica va en estos tres puntos:

Sus protagonistas no creen en el compromiso largo

Cassandra, la hermana más grande de Jane estuvo enamorada alguna vez, se comprometió con su novio, pero jamás pudo casarse y la forma de criticarlo es por medio del sarcasmo y la comicidad, ridiculizando la figura tan dura que había sobre la mujer que únicamente busca casarse y pertenecer a alguna familia con mayor estatus.

Se ríe de sí misma

También Jane estuvo enamorada alguna vez pero no logró comprometerse; ella pertenecía a un nivel económico inferior a Thomas, que aunque la amaba, no estaba permitido casarse bajo dichas circunstancias.
Posteriormente el primo de Thomas se le declara pero ella lo rechaza. De ésto se ríe con el paso del tiempo y toma esta experiencia como inspiración para un libro, donde también se da el final feliz que estaba buscando.

Critica y reivindica la figura de la mujer

Jane no permite que a sus protagonistas las eduquen únicamente en talentos:
las dota de inteligencia, astucia y razonamiento, alejándose del cliché de la mujer que sólo debe saber bordar y complacer.
Les otorga una voz y una personalidad que exige a su entorno amoldarse a sus deseos, sin despojarlas de humanidad, suponen un reto para el otro, mantienen un completo dominio de sí mismas y las situaciones sin hacerlas locas celosas o controladoras, teniendo como resutado divertidas conversaciones que entablan con otros personajes.

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¡Todos son maravillosos! ¡Ojalá los disfrutes!

¿Tener un credo me hace menos parte de una ética poliamorosa?

Si tu primera duda es ¿qué es el poliamor? Tal vez te interese checar primero ésta definición de Wikipedia para aclararnos un poquito el panorama.

 

¿Te ha tocado que a veces preguntas algo en una comunidad y en automático empiezan a contestar de una forma u tanto agresiva, como si tu pregunta fuese una pregunta tonta? Es decir: a lo mejor antes de ti el tema esta tan platicado, que volver a ello, pareciera tedioso.

Bueno: pasa en todas las comunidades: se crea una especie de superioridad moral no sé si por la antugüedad y la forma o tiempo que llevamos deconstruyendonos todos, tal vez porque al saber más que el otro, creemos que todos deberán tener el mismo nivel de introspección y aplicamos este poliamorómetro donde tenemos cómo medir “al buen poliamoroso” y al “polifake”, e incluso en esa misma vara vamos midiendo de ocasión en ocasión nuestros vínculos:
que conste, no estoy criticando del todo que exista, sí señalo cuando se usa para minimizar al otro. Me alegra que exista cuando eso hace la autocrítica más puntual.

Ahora, hace unos días me preguntaban si ser católico/cristiano está peleado con ser poliamoroso y que si puedes tener un credo que trata mal a las mujeres. Después de una acalorada discusión, creo que hay mucho que quiero platicarles, y que tengo que condensar de todas las reflexiones que hemos tenido al respecto. Creo que hay que iniciar diciendo independientemente de la cultura y el apego/dinámica social, el credo es una parte de la identidad del individuo que es inherente, podemos notarlo cuando incluso en las fiestas nacionales en muchas regiones se festejan días religiosos, por lo tanto, incluso auque no seas creyente, la religión o ciertos credos son parte de tu vida.

Pero hay personas que la viven mucho más de cerca y tienen una dinámica más apegada a su religión o creencia tradicional. Sin embargo, veo la alarma al respecto por parte de una parte de la comunidad, ya que el credo atenta directamente con la visión que se tiene de la ética, además del trato machista que se tiene hacia la mujer y por supuesto el culto a la monogamia que se tiene y entonces surge la pregunta ¿Puedes seguir una religión y al mismo tiempo ser poliamoroso?

Mi respuesta rápida siempre es un “Sí”, ya que el concepto de poliamor es la destrucción y reestructuración de algunos paradigmas sociales ya establecidos como la única norma y verdad, con lo que cualquier cosa (desde mi punto de vista) que tenga que ver con los vínculos con el otro y pueda/quiera ser cuestionado, puede ser desde la misma forma, destruído o reivindicado. Citar a los textos sería un truco fanático y fácil al cual recurrir, y lo pienso después de ésta forma: Tal vez el amor a un Dios, Diosa o Entidad etérea e inalcanzable es una nueva forma de amar al otro, y de amarse a través del otro, simultáneamente, de amar a lo que nos rodea.

Ahora, no es como si por tener un credo estuvieramos automáticamente banneados de deconstrucción y por lo tanto de espacios: si nuestro entorno se basa en romper y tomar lo que mejor nos va ¿porqué no aplicarla a los credos? ¿por qué no tener la capacidad de crítica de tomar una parte e incorporarla a nuestra vida en una forma positiva?
Es decir, en tiempos actuales, es bastante común tener  ese tipo de instrospección en función de la igualdad, equidad y empatía por nosotros y por el entorno (Me hace pensar incluso que la religión no cambiará si nosotros no la cuestionamos y si no la modificamos, o si seguimos viendola como aquel ente externo, la institución inamovible y todos estos conceptis que también podríamos estar depositando aquí, a falta de otros repositorios).

Aquí es donde entra la interpretación propia sobre cualquier idea que nos han enseñado, que además, no a todos nos han enseñado lo mismo, de la misma forma. Donde podemos debatir con nosotros y con los demás sobre las cosas que parecieran fijas en nuestra manera de relacionarnos.

Hablando del catolicismo ¿Por qué no apropiarnos y aplicar el “Amaros los unos a los otros”?
Quiero decir: Hablamos de la facilidad de romper paradigmas y propiarse de los que nos hagan bien de una forma directa, entonces habríamos de asirnos a aquellos que podemos llevar como parte de una ideología, reforzar nuestras percepciones del mundo y provocar que el entorno en que nos desarrollamos más allá de sentirse agredido, se sepa reinterpretado.

El ejemplo más directo sobre el cambio de paradigmas o la reivindicación de los conceptos, considero que es el del feminismo y la historia machista en las mujeres: Cuando una chica se reivindica como feminista, se le echa en cara la misoginia de la que ha sido parte, como si una naciera feminista y no fuere tanto el machismo como el feminismo un constructo de identificación social que se va modificando y creciendo paulatinamente como cualquier credo o ideología.

Acepta que lo eres/fuiste.
Y modifica aquello que tanto en tu sociedad como a ti, les moleste, para crear vínculos y mejores formas de comunicarnos. Recuerda que toda postura personal es política.

Religión y poliamor puede estar unido, y depende de cada individuo la reinterpretación e incorporación de los elementos en su vida.

El poliamorómetro es una [falsa (y tal vez narcisista)] idea del “correcto o incorrecto” poliamor, ya que éste es (todavía) un experimento entre vínculos que no tiene (y no “pretende” tener) una normalización específica, ni una superioridad moral, sino que su principal preocupación es que las formas de amor, sean éstas las que sean; resulten válidas para todos, y las personas puedan elegir qué quieren hacer con su vida, en este caso siempre con honestidad.

Se trata de una cosa simple: Tener la libertad de elección.

Terremotos y libros que tiemblan

Terremoto: la experiencia más impresionante que he vivido hasta este momento, y me afectó de tal forma que se instaló en mi cabeza de una manera yo creí eterna. Mi manera de enfrentarlo y relajar mi cuerpo respecto a esto, ha sido leer. Leer sobre experiencias similares y cosas increíbles que pueden pasar sobre la misma angustia, el mismo temor, la misma necesidad de saber que no estamos solos.

Por eso, dejaré aquí 5 textos que he revisado en estos días, y que me han ayudado de alguna forma, a curarme.

Terremoto 1985

Luz de luciérnagas, Edson Lechuga.


Esa muerte ficticia, esos dolores, esos sinsabores inútiles que nos hacemos cada día hasta el momento de nuestra epifanía me parece un dolor tan tangible y real que casi puedo tocarlo.
Y está allí, acomodadito a un lado de mi pecho, gritando por querer salir.

Tal vez llevo cargando algunas muertes ficticias, mentales desde hace mucho tiempo. Pero no sé si quiero soltar a mis muertos, que se convierten en todos los muertos que tengo, que he visto y a los que he acompañado desde el inicio.
Disponible en: Gandhi

 

 

Terremoto 1985 (2)

No sin nosotros, Carlos Monsiváis

Las consignas “No sin nosotros, “Nunca más un México sin nosotros, responden así a la certeza compartida:
Sólo se avanza en la democratización y en la lucha contra la desigualdad si se le pone límites a la exclusión o si se le elimina.

La primera parte de este libro se dedica a la crónica de algunos procesos primordiales de la sociedad civil en México 1985. En la segunda se reproduce la crónica de Carlos Monsiváis escrita en esos meses de dolor, confianza y energía.

Disponible en: Kobo

 

 

 Nada, Nadie. Las voces del temblor; Elena Poniatowska Terremoto 1985 (3)

Sentir de cerca tantos testimonios contagia de múltiples emociones. Rabia y coraje al enterarse o recordar la incapacidad y torpeza con la que actuaron las autoridades (desde entonces, desde siempre), orgullo de conocer casos de heroísmo y solidaridad ciudadana, asco por la mezquindad de funcionarios y empresarios que pusieron sus intereses por delante de la tragedia humana.

El saberse parte de alguna forma del cambio, avance o manifestación dentro de este gran labertinto que se volvió la ciudad cuando esto ocurrió de una forma tan similar, me provoca una especie de enamoramiento en la boca del estómago, que no me puedo sacar.

Disponible en:  Ediciones Era

 

8.8 El miedo en el espejo, Juan VilloroTerremoto 1985 (4)

 Juan Villoro cuenta cómo estuvo en condiciones de comparar la intensidad de dos de los terremotos más terribles que ha sufrido América Latina: el de 1985 en la ciudad de México y el de 2010 en Santiago de Chile.

Así que convencido de que estos desastres deben contarse con las más representativas de las voces implicadas, Villoro tomó los relatos de sus compañeros de temblor y construyó un concierto de impresiones en el que no faltan el suspenso o el absurdo.

 

Disponible en: Almadía

 

 

Ojalá te sirvan, los disfrutes y como a mi, te ayuden con algo importante.

Crónica de una ciudad que vibra

En la mañana me atravesaron pensamientos sobre los edificios, en mi curiosidad por las imágenes pensé en cómo sería ver una casa cortada en cuatro ángulos. Una sin una pared, una con un corte vertical para ver la distribución de los pisos. una con un corte horizontal para ver la distribución de un nivel y la última con corte transversal sólo para jugar con los espacios.

Es 19 de Septiembre.

13:00
Reviso por cuarta vez mi correo, para ver si ya llegaron noticias de la última entrega. Al mismo tiempo termino de hacer una cotización de material, y discuto por una tontería. El día está más pesado que de costumbre y miro el reloj al menos tres veces en 10 minutos.

13:10
Mi mejor amiga me dice que está cansada y le digo que también yo. -Ay, ya vámonos a nuestras casas- le digo. Ella se ríe. Y responde –  Idiota, mejor ve por un refresco y despiértate.
Lo pienso.
Reviso el teléfono de nuevo y decido que no, que mejor aguanto, falta menos para la hora de comida.

13:14
Escucho y siento cómo vibra mi silla, se escucha un sonido duro, hueco, pienso que es un tráiler pasando por la calle de atrás y descarto la idea de inmediato. Está temblando. Y siento un nudo en el estómago, el escalofrío en la espalda y nervios. A penas me da tiempo de arrancar mi teléfono del cargador y salir corriendo. Empujo el ventanal que tengo como primera puerta e intento caminar derecho, pero la vibración del suelo me lo impide. Abro la segunda puerta y sin querer la azoto. Ruego por que los vidrios no se revienten.
Salgo.

13:15
Estoy en el patio y veo salir a los chicos del otro edificio corriendo. Escucho murmullos y veo cómo los cables de los postes se mueven en un patrón ahora conocido. Me acerco a un automóvil para darme cuenta que baila sin ritmo aparente. Miro la cara de mis compañeros y noto que una de las chicas está a punto de desmayarse. Me pongo nerviosa. Escucho gritos y alguien se cae.

Este momento me dura una eternidad.

13:17
Mando audios a mis papás -Hola, estoy bien. Casi no tengo señal. Si están bien, no me contesten, no necesitamos saturarnos más. Si necesitan algo, márquenme. Cualquier cosa, encontraré modo de comunidarme. Los amo.-
Mensajeo a mis amigos con el mismo mensaje: ¿Necesitas algo? ¿Cómo te sientes?
Recuerdo que él trabaja en un piso 16 y la angustia me recorre el cuerpo. Me llegan mensajes aleatorios de chats en grupo, veo su mensaje: -Estoy bien, vi cómo caían edificios. Estoy bien-
Los chicos del trabajo bromeamos un poco, pensamos despacio en qué paso.
Recuerdo que ella trabaja en Insurgentes e intento marcarle. Llamo hasta el cansancio: Nada. Recuerdo el libro que me prestó, donde justo, habla de dos chicos en 1985.
Maldita sea.

Mantengo la compostura.
Respiro.
Prenden la radio de un auto.

13:20
No tengo señal. No hay internet. No hay línea. No hay luz.
Siento, por un segundo, que no existo.
Respiro.

Llegan mis jefes, nos dicen que su módem es de pilas, que tienen internet. Corremos a la terraza.
Veo a una compañera llorando. -No localizo a mis hijos- me dice entre berreos y suspiros -No sé si están bien, tienen a mi bebé- la abrazo. Y no entiendo su dolor, pero lo veo y me parte. Intento no llorar.

13:30
Siguen sin salir mis mensajes.
No recibo nada.
Veo a mi amiga sentada en las escaleras de la entrada. Está bien. Luce tranquila. Me quito la preocupación de la cabeza.

14:30
Nos retiran. Salimos casi corriendo (o se siente así) con las piernas hechas gelatina. Me tiemblan las manos. Camino rápido y decido ir a Insurgentes a ver qué paso con el piso 16.
Esucucho que me gritan y volteo.
Me espero. Lo abrazo. Siento que me deshago un poco y al mismo tiempo me siento a salvo. Estoy preocupada.

Buscamos agua. Caminamos a Insurgentes. -Vamos a ver a mi mamá- y pienso en las niñas. Avanzamos y se siente un ambiente extraño en el aire, si miras a lo lejos, puedes ver una capa de polvo volando sobre todas las cosas que hay, puedes percibir también el miedo y la incertidumbre de las personas.
No hay coches avanzando.

14:40
Llegamos a Insurgentes y vemos a gente caminando. Al grupo de chat me llegan mensajes -Estoy por Chilpancingo encerrada. No me dejan salir. Hay una fuga de gas- y siento la necesidad de correr a buscarla. No puedo. Caminamos despacio, atendemos indicaciones, vemos casas, calles, paredes derrumbadas. Un olor intenso a gas. Vidrios rotos por todos lados. Gente sentada en camellones. Gente caminando en todas direcciones. Siento náuseas. Me quedo callada.

15:00

Me parece eterno andar en esta avenida. Subo a una banqueta porque pasan muchas ambulancias por el asfalto. Veo a un chico con la mirada perdida y una sonrisa extraña. Me asusto. Escucho a una chica gritar. Camino hacia ellos e intento meterme en la discusión. Siento su mano jalándome, me doy cuenta que estoy siendo errática e imprudente.

Seguimos caminando.

15:38
Veo cómo, en medio de las ruinas y la calle vuelta loca, una hija se reúne con su padre. Siento el escalofrío. Siento alivio. Mis ojos se llenan de lágrimas que siento que se quedarán allí, atoradas. Tatuadas.
Pienso en mi madre y en las muchas veces que evité hablar con ella en un momento como éste y entiendo por qué siempre lo hago: me es más fácil contener mi histeria, que una histeria compartida.
Más adelante hay una escuela y veo a una chica llorar -No está. Tiene 6 años y no está ¿cómo la busco?- Y su novio la abraza -Está cerca, no te preocupes- y siento el nudo en la garganta, el dolor de estómago.

15:50
Estoy cansada, con calor y sedienta. Estamos cerca y me siento ansiosa por llegar. No me doy cuenta que estoy casi corriendo hasta que dice en voz alta -Cálmate, te estás acelerando.

16:00
Llegamos. Nos saluda el perro y vemos a las niñas en el suelo jugando – Fui por ella y estaba asustada, pero todo bien. La chiquita es la que se soltó a llorar en cuanto nos vieron, pero no pasa nada- las miro, sin tocarlas. Las saludo y abrazo. Las beso. No digo nada, pero siento que me vuelve la calma al cuerpo. Empiezo a sentir cansancio. Sed. Dolor de cabeza.

16:10
Pienso en que unos amigos estaban en su casa porque su hijo había tenido cirugía y pregunto por ellos -Están bien, sólo se cayó su librero, pero no les pasó nada a ellos- y me relajo. Comienzo a recordar a cada uno de mis amigos.
Entiendo que estoy segura y tengo la preocupación por otros ahogándome. Me recuesto en el sillón para poder descansar los pies.
Siento sus piernas y me dice -Ven, acomódate-

Me quedo dormida.

20:00
Llego a casa. Veo a mis mascotas. Las abrazo. Las estrujo.
Tomamos la mochila de emergencia y vamos a dar la vuelta por la zona. A buscar algo para comer. Velas. Encendedor. Cerillos. Refresco. Agua fría. Caminamos un rato.

Volvemos a casa. Comemos algo.
En la entrada nos avisan -No hay gas, se cerraron las llaves por precaución- y nos acostamos en mi colchón. Empezamos a platicar sobre lo que pasaba en nuestra cabeza todo el rato. Nos gana el sueño.

___

No sé qué hora es.

Mi celular no tiene batería, a mi computadora no le sirve el reloj. Vuelve la luz.
Leo y sé que todos a quienes conozco directamente están bien. Y siento alivio hasta que veo mi feed lleno de noticias: Derrumbes, desparecidos, gente bajo escombros, personas sin casa, edificios destruídos, necesidad de albergues, de comida, de herramientas, de material médico.
Y entiendo qué es lo que tengo que hacer ahora.

Respiro.
Pienso en que en esa misma mañana pensé en ver los cortes de edificios.
Y me arrepiento mil veces.

Empiezo a buscar y canalizar ayuda.

 

 

Unas horas después, me dejo caer en la cama para dormir esperando que todo sea sólo un sueño. Para mañana desear que esté de pie mi ciudad.

Mitos lectores

¿Te ha sucedido que cada vez que dices “me gusta leer” las personas a tu alrededor empiezan a asumir cosas y te tratan diferente? ¿O de pronto empiezan a creer que eres una especie rara y no saben cómo seguir un tema de conversación contigo? Es común, gracias a los prejuicios que se tienen sobre lo que es o no ser un lector, es por eso que aquí te dejo una lista de mitos que se dicen sobre los lectores… ¡porque también somos personas!

 

Un lector siempre lee: 

Nope. No todo el tiempo estamos leyendo un libro, también nos gusta volver a la realidad, además, sí, a veces se nos cansa la vista, como a todos.

Un lector lee todo

No necesariamente: así como las personas tienen gustos respecto a la música, la comida y cualquier otra cosa, los lectores tambén tenemos nuestras preferencias de libros. Aunque a primera instancia, si algo nos llama la atención; sí, lo tomamos para leerlo.

 

Siempre termina sus libros

Tal vez terminemos los que nos gustan, pero eso no nos obliga a terminar todos los que empezamos porque ¿a quién le gusta sentirse obligado a hacer algo que no quiere? Y pongamos de nuevo un símil con la música: aunque seas melómano, seguro habrá canciones o melodías que no te gustan, así como algunos rockeros no toleran el reggaeton, yo (por ejemplo) no puedo leer un libro que me traiga un poquito de texto de autoayuda.

Los lectores son ratones de biblioteca

Nope. No siempre estamos en los mismos lugares haciendo lo mismo, así como los futbolistas no siempre están en la cancha, tampoco nosotros siempre estamos en las bibliotecas (y mucho de esto es también gracias al libro electrónico ¡podemos estar en cualquier lugar!)

Son introvertidos

No: no leemos porque tengamos pocas habilidades sociales. Podemos o no. Es decir, ésta actividad y costumbre no es algo que determine nuestra personalidad, eso sí, cuando estamos muy concentrados, sí, nos gusta estar solos, donde podamos pensar y nos va a molestar sobremanera que nos estés interrumpiendo.

No les importa su apariencia física

¿Qué? Esta es un cliché muy marcado de las películas y las típicas figuras de lectores/bibliotecarios/introvertidos. No es que no nos importen, todo en nuestra vida tiene una prioridad diferente, dependiendo de cada persona y depende mucho de la formación de quien estemos hablando. Es decir, yo no me considero vanidosa, y no cuido mi imagen tanto como otras chicas, porque a mi me da un poco de flojera pero tengo amigas lectoras, que además les encanta maquillarse. Es más cuestión de personalidad.

No eres un buen lector si sólo lees bestsellers

¡Ay, no! El mito de la buena y la mala literatura! Los dejaré en algo simple: Se llama “lector” porque lee. Y mejor dejo el debate de la buena y la mala literatura para otro post.

Se quedan ciegos por tanto leer

¡No! Es decir, el cuánto se te lastime la vista, en general, depende de una infinidad gigante de factores y no únicamente de que leas.

Si lees eres más inteligente

No, no necesariamente: existen diferentes tipos de inteligencia y habilidades, por lo tanto, leer te ayuda a desarrollar sólo una clase de habilidades respecto a un tipo de inteligencia, pero no te hace necesariamente más inteligente.

Son súper altaneros

Aquí… depende. Creo que también va en función a la personalidad de cada uno, y la función de la lectura en su vida.

Seguro sólo hablas de libros
¡Oye! No nos subestimes, a lo mejor si hemos leído de muchos temas, tenemos muchas conversaciones… Lo que sí es que seguramente en algún punto, hará referencias a algunos textos, pero ¡Es inevitable! nuestras conexiones mentales y de memoria nos remiten directamente a ello.

 

 

Carta 113

  • *Está sonando I will follow you into the dark, así que allí justificaré todo, si hay un poco de drama*

Estuve muchos días pensando en si te mandaría mensaje o no.
En si querrías hablar.
En si querrías saber de mi o nos costaría trabajo volver a tener contacto.

Así que pensé en algo que me relajara y me dirigí directamente a mi computadora, a hacer una playlist. Y comencé a hacer una con tu nombre para poder recordarte bien y bonito en todo el día. Me dio mucho gusto saber que aún recuerdo las que solían ser tus canciones favoritas, las mías y lo mucho que compartimos, las veces que caminamos sintiendo que eramos invencibles, lo mucho que criticabamos, que nuestra confianza y comunicación no tenían límites. Y es aquí donde descubrí que estoy curada: que te recuerdo y recuerdo todo lo que pasamos, con mucho cariño, abrazada mucho a toda la nostalgia bonita que me deja haber conocido a una persona como tú, pero más específico, a ti, durante el tiempo que pudimos compartir.

¿Qué pasó en medio? Ya no importa. No a mi. Me he concentrado en recordarte los últimos días como la maravillosa persona que eres, y me di cuenta completamente que todo lo que dije es cierto: que puedo vivir en el mundo sabiendo que respiras, que te estás moviendo y que harás cosas grandes, sepa o no sepa de ti. Que tu crecimiento y tu amor hacia el mundo y los que lo habitan es algo enteramente tuyo e independiente de mi y de todo lo que pude haberte hecho sentir en cualquier sentido.

Ahora, casi un año después de nuestra última conversación, me siento muy feliz y nerviosa por la incertidumbre que supone este espacio en blanco que tengo enfrente en mi vida relativo a ti: Sábete, no espero nada. No deseo nada más que el que seas feliz. Seguiré afirmando la importante persona y figura que eres en mi vida y que aunque espero mis 30 con ansias, lo único que realmente quiero es que estés tranquilo y satisfecho con tu vida. Que no te azotes con tus decisiones, que cambies, crezcas, te multipliques en mil para poder hacer todo lo que quieres hacer, que no te tomes la vida demasiado en serio, que no extrañes lo que fuiste y estés más preocupado en quién eres y quién quieres ser. Que alimentes a tu pedacito de titán todos los días. Todavía tengo tu playera y me causa mucha gracia saber que ya no quepo en ella en un sentido literal y metafórico. Hemos mudado de piel y en serio, deseo que todo esté de maravilla, que tu vida sea lo que habías estado esperando. Que en caso de que algo suceda sepas lo increíble que eres y lo mucho que has modificado la vida de todos los que has conocido. Sé que han pasado muchas cosas en tu vida de las que probablemente no me entere nunca. Que habrá cosas en tu mundo que no podré ver y que todo el entorno en que nos relacionamos es básicamente polar. Siempre he admirado tu fuerza y tu capacidad, pero siempre te diré lo mismo: Úsala sabiamente.

Sé que no lo necesitas, pero aquí estoy. No importa cuántas veces nos alejemos del otro, si me necesitas, estoy porque nada me quita poder estar cerca de alguien a quien he querido tanto. Estoy emocionada ¿sabes? pensar en que hoy para mi es un día especial por tu causa, me emociona mucho, me hace volver un poco a la sensación que tenía hace unos años, a la Mariana que fui, sin extrañarla, sino alegrándome de todo lo que decidí. Y deseo que de verdad, eso esté pasando contigo.

Este último año aprendí algo importante, y es que no importa qué pase, te voy a querer y a recordar con la misma ternura que al inicio. Te respeto, y respetaré si no quieres saber de mi, apreciaré que me lo digas (si quieres, tampoco hay manda u obligación). Sé que muchos años hemos intentado volver a nuestra amistad y nos lo hemos saboteado: no te pido ser mi amigo. Sé feliz. Sé tú. Sé quien quieres ser y haz lo que se te antoje. He admirado siempre la presteza con que resuelves tu vida de lo más cerebral y me colma hasta las lágrimas saber que por un momento pude notar como cambiabas eso y te dejabas sentir el viento entre la ropa.

Ya no me obsesiono con volver a verte, o con cómo sería un reencuentro: si sucede, se dará. No desearé que tu camino se acerque al mío, si no es lo que tiene que pasar. Simplemente dejo que tu recuerdo me inunde, vaya y venga. Otro año, me pasé todo un día orando porque estés bien, porque las cosas se te dificulten para hacerte mejor persona.
Because I knew you, I have been changed for good

Gracias, por todas las risas. Por los buenos momentos, las lluvias internas y externas, las mareas y los huracanes. Eres el mejor, Capitán (Obvio).
Eres un ser maravilloso. Alguien a quien agradezco haber tenido la fortuna de encontrarme en la vida, porque qué bonitos ojos tristes tenías cuando te conocí. Y qué bonito fue verlos brillar, aunque sea por un ratito. Gracias por existir. Por ser parte del mundo. Por haber sido parte de mi mundo. Justo ahora los recuerdos vienen a mi como si fueran peticiones al cielo, y no quiero darle cabida a ninguno, porque el conjunto, este conjunto que simboliza tu existencia me es más importante.

Sábete que tengo un recetario que armé hace un par de años y que hoy me voy a preparar un pastel pensando en lo feliz que quiero que seas. Que me visto de negro festejandote en la distancia. Y que el único deseo que pediré al apagar las velas en tu lugar, es que seas genuinamente feliz.
Siempre que puedas.

 

Gracias.
Gracias.
Gracias.

 

Y terminaré esta carta, con la canción que hace poco menos de un año me ayudó a empezar a descubrir todo esto.

Te quiero.
Mariana.

De polialbercas y otras perversiones

Hace un año empecé a interactuar con un grupo de Poliamor, explorando mis formas de vincularme con el otro y encontré una gran comunidad que me abrazó de una manera increíble. Me aceptó y descubrió sin ponerme peros ni discriminarme.

Esta comunidad es sumamente activa, y por lo menos cada mes se ven, además de actividades extra por “grupitos” que llegan a ser hasta dos por semana. Yo jamás había ido a uno de estos eventos, un tanto porque no tenía tiempo y otro tanto porque estaba muy recelosa intentando llevar algunos procesos que me resultaban conflictivos: Lo evitaba un poco, es la verdad. Así que pasé un año intermitente haciendo amistades con cada persona dentro del grupo. Muchos salieron, muchos entraron y otros permanecían. Día a día, platicando de cosas irrelevantes como el clima, o importantes, como la violencia, Poliamor, sexo, drogas, responsabilidad social…

Un día, antes de involucrarme más con el grupo, o de comprometerme de la forma en la que hoy lo hago, un chico dijo que quería organizar una salida a un complejo vacacional, y como me gusta organizar cosas, fui de metiche a ver en qué ayudaba, de tal suerte que terminé organizando. Esto al final fue una albercada con solo miembros del grupo de poliamor

Empecé a hacer las maletas: dos trajes de baño, dos vestidos, bloqueador, flipflops, botiquín, toalla…
El día llegó: A las 6 de la mañana sonó la alarma y salimos corriendo al metro para reunirnos con una de las chicas que nos acompañarían. Nos encontramos y fuimos a la central, esperamos el camión, abordamos y nos quedamos dormidos dos horas. Nos encontramos el primer problema al bajar en la central de destino: no teníamos idea de cómo movernos en el pueblo, y lo más fácil fue llamarle al dueño del lugar en que estaríamos, pero no contestaba, así que nos la arreglamos como pudimos.

Comenzó el primer día en otra casa: llegar, checar, desempacar. Me maravillé con la casa en la que estaríamos, los espacios que son comunes, las camas, el calor, el cielo, la alberca. Y luego llegaron nuestros dos primeros invitados. Los nervios que sentí de verlos y saludarlos. Saber que eran de mi edad, que estaban aquí con la misma intención que yo: conocer, descansar.

Así fuimos a comer, nos paseamos por el pueblito buscando desayunar y empezamos a descubrir quiénes somos y qué está pasando en nuestras vidas. Comenzó con el pie derecho todo. He de ser sincera: organizar me gusta porque me hace sentir que puedo tener cosas bajo control. Nos metimos a la alberca mientras los demás llegaban: casi 8 horas una alberca para 6 personas. Comimos pizza y esperabamos ansiosamente a que los demás se fueran incorporando.

Entonces nos dieron las 11 de la noche ¡Y ya estabamos todos! La experiencia de abrazarnos y sabernos reales fue maravillosa, cenar juntos y empezar a convivir, ser parte de una comunidad con todas sus letras. En momentos ya muy guajiros, pensabamos en una comuna, en compartir nuestra vida como algo diario. Y desistimos a media idea. Pasar la noche jugando, haciendo preguntas y conociéndonos, todo esto con la emoción de quien ve por primera vez a su crush. ¡En serio, esa era la vibra!

El segundo y tercer día nos sirvieron para afianzar la confianza entre nosotros, reconocernos como individuos poliamorosos. Además hablamos de celos, de miedos, incertidumbres, la foma en que lidiabamos con cosas conflictivas en nuestras parejas, la empatía, compersión, las facilidades y dificultades con las que nos encontamos en el camino, el sexo, el género, la desnudez, el machismo, el feminismo, la educación… y es allí donde yo descubrí de una forma más clara: somos una comunidad. Andamos éste camino y no estamos solos; de hecho saber que hay un otro allí a tu lado te ayuda un montón a sentirte parte de un algo más grande que tú.

Llegó el tercer día, y con eso la hora de volver.
Recogimos maletas, rompimos un vaso, limpiamos la casa, nos vinculamos con el otro, olvidamos cargadores, calcetines y playeras. Tomamos nuestras cosas; arribamos a coches y camiones. Y la parte más íntima para mi pasó en este momento: de regreso, 6 personas sentadas en 4 lugares empezamos a hablar de miedos tangibles, de experiencias recientes, del camino complejo que tuvimos que recorrer cuando empezamos este andar, de las sensaciones que los celos nos evocan en el momento, la forma en que impactó nuestra vida el ser poliamorosos y la manera en que vemos el mundo ahora, el trabajo que nos cuesta a veces dormir, los errores que cometimos, los que seguramente tendremos. Lloramos un poco, reímos en la misma cantidad, pero sobre todo, hicimos un espacio seguro donde los seis pudimos establecer un algo que puede compararse con un colchón de emergencia, una red de apoyo para malabaristas, y una amistad bonita.

Al bajar del camión ya en la ciudad, empezamos a planear ir juntos a antros, bares, cocinar alitas, establecer conexiones constantes donde podamos acudir cuando el mundo se venga abajo. Nos dimos cuenta de la cosa más importante, no estamos solos, no estamos en procesos aislados y podemos entendernos, compartirlo y seguir creciendo con más confianza para avanzar en este camino que hemos decidido tomar.
Hice nuevos amigos.

Mi conclusión:

Fue increíble. A pesar de que los conocía únicamente por texto e incluso a algunos ni de allí, nos aventuramos a ir a una casa en renta con 15 personas más de las que no conocíamos más que las letras. Mi sorpresa fue llegar y familiarizarnos con los cuerpos y caras de personas con quienes había compartido cosas tan íntimas y sensibles, que sentí que me desmoronaba cuando los abracé para saludarlos. Podía sentir el amor, la aceptación, empatía y sorpresa de cada uno al saber quiénes eramos y que algunos no nos parecíamos a la foto de perfil que tenemos (me gustaría fuera chiste pero es anécdota). Somos algo más grande que la unión de un todo, y es que, cuando juntas tanto amor en un solo lugar en ciertos días, el resultado, más allá de un fin de semana de descanso; es en realidad la experiencia de sentirse amado, comprendido y retado para poder ser alguien mejor.

Esta situación es lo que me trae ahora a comprometerme tanto con una comunidad a la que amo, sin darme cuenta que ya pertenecía a ella.

 

Y me siento plena.

 

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