Paseos

Hay un chico que ha venido todas las tardes-noches a acompañarme cuando cierro la librería.
Sin falta saca a pasear a su perro a eso de las 8.
Está sentado en las bancas exteriores de la librería unos 30 minutos tomándose un americano.
Entonces me paga.
Va a dejar a su perro y vuelve.
Me ayuda a meter las bancas y se queda platicando conmigo sobre libros,
sobre el café, las revistas, el clima.
Sobre la vida.
De cualquier cosa que se le ocurre.

Por primera vez no siento esa necesidad latente de ser la que domina la conversación.
Tenía la peculiar sensación de escuchar atentamente su conversación sin buscar un punto por corregirle, sin necesitar un pretexto para llamar su atención. Solo me siento desinteresada por lo pequeño y escucho todo lo que puedo, procuro entenderlo, o al menos caminar al paso de sus pensamientos.
Me regaló muchas y buenas ideas. Antenoche estuvimos hablando sobre las manifestaciones que tiene el Dios particular de los individuos en la vida de cada uno.
De las casualidades y la bondad.
Pidió un americano para llevar.

 
Anoche besé a mi novia por la tarde en la puerta corrediza de la librería.
En la noche, llegó sin su perro, pidió de la forma más cortante un Espresso doble, para llevar.
Ni una palabra más.

Anoche él no volvió.

Hoy tampoco.

4 thoughts on “Paseos

    1. Pues sí. Pero no quedó en mi.
      Es triste ver cómo algunas cosas se desenvuelven. Por ahora agradeceré que en el mundo existan personas como él. 🙂

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