La vida es una ficción que quiere ser leída

La vida es una ficción que quiere ser leída

Todos somos booktubers.

Todos somos booktubers.

Un día me senté frente a mi cámara grabando y empecé a decir todo lo que se me ocurría. Como siempre que comienzo a hablar, terminé platicando de libros.
De mi historia con los libros, así que esta vez comenzaré de esa misma forma:

Mi nombre es éste y no otro, porque des-afortunadamente no elegí mi nombre, sino, me fue asignado como a todos nosotros; por mis padres. Mis padres, que leyeron dos textos con dos personajes tan opuestos y complementarios y que tienen el mismo nombre, que decidieron que yo fuera así: Una Mariana.
Y así es como mi nombre contiene las historias de dos Marianas que no conozco y nunca conoceré en persona, pero que tengo la fortuna de ser como ellas. Ahora, cada que leo mi nombre me acuerdo de ellas. Y cada que mis padres leen sobre ellas, se acuerdan de mi. Y somos eso, historias y recuerdos.
Descubrí que si todo lo que pronuncias tiene recuerdos, tiene entonces, una historia. Y si tiene una historia, puede leerse.

Todo el tiempo estamos leyendo una cantidad gigante de cosas y no nos damos cuenta. Eso incluye las etiquetas del shampoo cuando estamos en el baño, o los estados de Facebook de nuestros amigos cuando estamos “haciendo tarea”. O los twitts que revisamos en clase de química o literatura. Pero no hablo de sólo esa lectura. Antes de ello, hay otro tipo de lectura más personal, más íntima y que por ser tan constante pasa desapercibida: Leemos el mundo.
Y es que, piensa en cuando tienes frío: La forma en la que los vellos de tus brazos se erizan, como castañean tus dientes, la sensación que tiene tu piel, y así es como te explico: Estás leyendo tu cuerpo. ¿Recuerdas el aroma de la cocina de tu mamá cuando acaba de hacer sopa? Al recordar, estás leyendo tu memoria, pero cuando reconoces el olor, estás leyendo con tu olfato… ¡El aire!
Ahora, pensemos en algo que nos enseñaron desde pequeños: Antes de cruzar la calle mira a los dos lados. Así es como tus padres te enseñan a leer la circulación vial. El último ejercicio: Piensa en las veces que te intentaste servir agua en un vaso, pero viste el garrafón casi vacío. Así lees los envases. Entonces piensa todas las infinitas formas en que leemos absolutamente todo: Los olores, colores, climas, temperaturas, texturas, formas, sabores, sonidos, tipos de flores, estados de la materia… Todo.

Comencé a leer a los tres años, porque mis papás no encontraban forma de mantenerme quieta. Y desde ese momento comencé a hablar sobre libros siempre que podía. Hasta que con el paso del tiempo, y notar que muchos de mis amigos no tenían el mismo interés, empecé a buscar foros y lugares donde pudiera hablar sin tener que restringirme.
Así crecí, hasta que llegué a la secundaria y pude usar internet sin vigilancia de mis padres. Y conocí a gente muy peculiar a la que podía (y puedo) pasarme el día escuchando todo lo que tengan que decir, y hablan de esto que amo y me interesa:
Aquellos que llamamos booktubers.

Pero ¿Qué es un booktuber?
Son simplemente chicos como cualquiera de nosotros que se atrevieron, justamente a tomar una cámara y hablar de algo que estaban experimentando y abrazando: Los libros que les gustaban. O no.
Y de pronto, este titán que es internet nos abrió una nueva forma de comunicarnos entre lectores. Ya no solo eran los foros, grupos o blogs: ahora también podíamos vernos y dialogar entre nosotros. Y siempre me he preguntado ¿Por qué es que nos gusta tanto hablar de esto que hacemos?
Llegué a mi conclusión de una forma poco rápida:
Si es verdad que amamos algo, queremos gritarlo al mundo, todo el tiempo. Queremos que todos se enteren y parte de nuestro sueño, es que el mundo pueda ver con el mismo amor aquello que amamos. Por eso compartimos todo el tiempo. Por eso nos emocionamos cuando nuestro equipo de fútbol metió un gol, o cuando a nuestra amiga le regalan ese boleto para el concierto de su cantante favorito, cuando estamos en una fiesta con nuestros mejores amigos, cuando nos regalan algo.
Y lo gritamos.
Subimos fotos a Facebook, twitter, Instagram.
A cuantos lugares podamos.
Y es que a veces pareciera que las cosas no son reales, hasta que las compartimos: Así la lectura. Así el conocimiento. Así las emociones. A veces tenerlas no es suficiente. Y gritarlo es solo la primera parte.
Pasa algo bien padre con la literatura: vive a partir de las comunidades. Mientras más gente lea algo, más vida tiene ese algo. Se mueve. Escuchas a mucha gente opinar, amando, odiando o siendo indiferentes, pero lo están haciendo vivir. Por eso es tan trascendental que hablemos todo el tiempo de lo que amamos, con todos los que podamos.

Hay algo bien padre en los videos.
Y es que cuando te grabas, puedes verte pensando: puedes leerte teniendo todos tus pensamientos y encuentras en ese video, algo que encuentras en el libro; un espejo donde siempre podemos aprender a conocernos. A reconocer lo que hay afuera de mi, sin que tenga que ser otro, y al mismo tiempo, cuando me veo en una pantalla, soy otro. Es confuso, lo sé. Pero es la parte más intrigante.

A mi me gusta grabarme hablando de algún libro, porque es un lugar donde puedo hablar de lo que estoy sintiendo sin sentirme juzgada. Donde puedo entregar todo aquello que experimenté en las manos de otro, confiando en que no sentirá lo mismo, pero en que probablemente sentirá algo, y que el la diferencia de esta experiencia podamos establecer un diálogo que nos una. Y es que, nos enseñan que leer es para “aprender” pero ¿Sí es para eso? Pero sobre todo ¿para aprender qué? A lo mejor nos quieren enseñar matemáticas cuando nosotros queremos aprender historia. O no.

Así cuando escribimos o grabamos un comentario o una opinión sobre un algo en particular, cada like o cada respuesta se vuelve para nosotros un laboratorio donde podemos provocar que cada tubo de ensayo reviente, o que los líquidos cambien de color. Y es igual de importante si estamos de acuerdo que si no lo estamos: establecer ese contacto con el otro y esa comunicación con el otro es lo que nos mantiene vivos, y, como les decía antes, mantener esto que amamos, vivo. Latiendo.

Y me han preguntado últimamente: ¿cómo es que grabo un video de algo que leí?
Y es sencillo.
Solo comienzo platicando de las cosas que sentí, que pensé, que viví mientras estaba leyendo el texto. Lo que sea. Se convierte en parte de tu vida, y al platicarlo con el otro, te vuelves parte de su vida.

Hay que mantener siempre claro que no a todos nos gustará lo mismo, pero esas
opiniones encontradas, casi completamente opuestas, son lo que nos incitará a aprender, conocer y cambiar.
Para mi, hacer videos de esto, que amo, se ha convertido en una forma de comunicarme conmigo, de decirme qué es lo que está pasando en mi vida, y también es una forma de hablar con otro, con alguien más que no necesariamente conozco que no está solo, que yo también estoy pasando por eso. Que río, lloro y lo acompaño en este proceso tan maravilloso que es leer.

Pero mejor aún, que lo escucho y lo leo en este acto tan valiente que es opinar.


La cámara y el video es un pretexto para dar una opinión: simplemente comienza un día a platicar con todos de lo que lees en el mundo, en las noticias, en la tele, en los libros, en los parques. Comienza a hablar de aquello que amas. Y sé que seremos muy afortunados si entonces un día te dan muchas ganas, tomas una cámara y te vemos en Youtube.

 

 



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