La vida es una ficción que quiere ser leída

La vida es una ficción que quiere ser leída

Una conversación

Una conversación

Mi depresión cambia de forma constantemente,
Un día es tan pequeña
como una luciérnaga en la palma de un oso,
al otro día es el oso.
En esos días me hago la muerta
hasta que el oso me deje sola.
A los días malos les llamo
“días oscuros”

Todos me dicen:
-Prueba prendiendo velas-
cuando veo una vela,
veo la carne de la iglesia,
el destello de una llama.

Las chispas de una memoria más joven
que el mediodía.
Estoy de pie junto a su ataúd abierto
y así aprendí que todas las personas que conozco
un día morirán.

Sin embargo no me asusta la oscuridad
y quizá eso sea parte del problema.
Así que me dicen:
“Pensé que el problema era
que no podías levantarte de la cama”

No. no puedo:
la ansiedad me mantiene como un rehén
dentro de mi casa, dentro de mi cabeza.

Así que preguntan: ¿De dónde salió la ansiedad?
La ansiedad es el primo que viene desde afuera
y que la depresión tuvo que invitar a la fiesta
¡Y la fiesta soy yo!
Solo que soy la fiesta a la que nadie quiere asistir.

Entonces me preguntan:
¿Por qué no intentas ir a fiestas reales
y ver a tus amigos?
Lo intento:
hago planes pero no quiero ir.
Hago planes porque sé que debería querer ir,
sé que algunas veces he querido ir.

No es tan divertido tratar de pasarlo bien
cuando no quieres pasarlo bien.

Verás: Cada noche el insomnio me atrapa
en sus brazos
y me sumerge en el pequeño brillo
de la estufa de la cocina.
El insomnio tiene esta manera tan romántica
de hacer que la luna luzca
como la mejor compañía.

Y me recomiendan:
¿Por qué no intentas contar ovejas?
Pero mentalmente solo puedo encontrar
razones para mantenerme despierta.
Así que camino
pero mis rodillas tartamudean
sonidos metálicos de cucharas sostenidas
por grandes y perdidos antebrazos.
Resuenan en mis oídos
como unas torpes campanadas de iglesia
que me recuerdan que estoy
caminando dormida en un océano de felicidad
donde no me puedo bautizar.

Me recuerdan: “la felicidad es una decisión”
pero mi felicidad es hueca
mi felicidad es una fiebre altísima
que está a punto de romperse.

Me gritan que soy buena exagerando
y simplemente me preguntan
si me da miedo la soledad o la muerte.
¡No, carajo! ¡Me da miedo seguir viviendo!
¡No me da miedo la soledad, estoy sola!

Creo que me lo enseñaron todas mis ausencias
un momento antes de irse:
Cómo convertir la rabia
en tristeza
y la tristeza en preocupaciones.

Así que cuando digo que he estado
muy ocupada últimamente,
me refiero a que he estado durmiendo en el sofá
viendo HBO
para no tener que confrontar
a un lado vacío en mi cama.
Pero mi depresión siempre me arrastra
de vuelta,
hasta que mis huesos de vuelven
fósiles olvidados
de una esquelética ciudad sumergida
y mi boca, un huesudo patio de dientes
que se rompieron para morderse a sí mismos.
Un auditorio hueco en mi pecho
que se desmaya por los ecos
de un simple latido de mi corazón.

Y yo simplemente soy
una descuidada turista aquí.

Nunca sabré realmente en qué lugares he estado
y aún nadie lo entiende.
¿Por qué no pueden ver
que tampoco yo puedo entenderlo?



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